Pollo en escabeche

Como sigo sin ordenador, hoy otra entrada programada. Un plato que me hace retroceder a la infancia. No recuerdo un sólo verano en el que mi madre no nos prepara un delicioso escabeche y es que, con el calor, nada mejor que un plato bien fresquito que podemos tener hecho de antemano. Este año todavía no habíamos comido ninguno y estos días me ha tocado prepararlo a mi. Como quería elaborar mi propia versión del escabeche decidí echar un vistazo a mis libros de cocina y sorprendentemente ni siquiera en los manuales antiguos aparecían muchas recetas de este tipo. Sin embargo el escabeche es un clásico de nuestra gastronomía nacido de la necesidad de conservar los alimentos en una época en la que, a falta de modernos frigoríficos como los actuales, resultaba imprescindible ingeniar la manera de conservar durante más tiempo las viandas perecederas. De esta necesidad nacieron también los ahumados, los salazones, las conservas en manteca o aceite. Gracias a ello hoy podemos disfrutar de platos deliciosos como el que os traigo. Son esos sabores tradicionales con los que disfruta toda la familia. He querido compartirlo con vosotros porque me parece una pena que este tipo de recetas se vayan olvidando cuando resultan especialmente deliciosas en verano. La versión que os traigo está inspirada en un libro de cocina muy interesante titulado "La cocina popular de Málaga". Está lleno de las recetas que se cocinan en los fogones de esa tierra tan maravillosa y como muestra el escabeche de hoy que, de verdad, si pudiérais probarlo, está delicioso.

INGREDIENTES

1 Pollo grande ya limpio y troceado, 1/2 ligro de vino blanco, 1/2 litro de vinagre de vino blanco, 1/2 litro de aceite de oliva virgen extra, 2 hojas de laurel, 4 dientes de ajo (sin pelar9, 1 zanahoria, tomillo fresco (al gusto), romero fresco (al gusto), pimienta negra en grano (al gusto aunque debe ser abundante


ELABORACIÓN

Es un plato sencillo. Sólo tenéis que sofreir el pollo para sellar la carne. A continuación salpimentamos y sacamos de la cazuela. Es mejor hacerlo en dos tandas. En la misma cazuela donde hemos rehogado la carne salteamos la zanahoria cortada en rodajitas durante un par de minutos. A contuinuación añadimos la carne y seguidamente los líquidos, los dientes de ajo, las hierbas aromáticas y los granos de pimienta negra. Dejamos cocer durante 15-20 minutos y retiramos del fuego. Tapamos bien la cazuela y dejamos reposar así durante media hora. Pasado ese tiempo podemos destapar la olla. Dejamos enfriar y metemos a la nevera. Es mejor dejar reposar un par de días antes de probarlo (si podéis) porque de ese modo se asientan los sabores y el resultado es, si cabe, más delicioso aún. Espero que os guste porque es una delicia. El escabeche se puede elaborar incorporando también otros vegetales o añadiendo sólo aceite y vinagre al puchero y también está igual de delicioso.

Empanada de pimientos casi griega


Bueno, pues de momento mi ordenador sigue en la UVI a la espera de que nos digan si saldrá de esta o no así que continuo escribiendo desde la biblio. Parece que no pero hoy en día sin Internet, como que uno no se apaña. En fin, es lo que tienen las cosas, que muchas veces te das cuenta de lo que las necesitas cuando no las puedes tener.

Hoy quería compartir con vosotros una receta muy facilita y para mi gusto deliciosa, inspirada en la cocina griega. Creo que ya os he dicho en alguna otra ocasión que en Grecia se hacen empanadas casi con cualquier ingrediente. La tradición de elaborar este tipo de preparaciones se remonta muy atrás en el tiempo. De hecho ya en el siglo V a. C. aparecen referencias a este tipo de pasteles en las obras de Aristófanes. Aquí en España también tenemos, sobre todo en el norte, gran tradición en la elaboración de empanadas y sobra decir que también están muy ricas. Pero que queréis que os diga, he probado unas cuantas recetas de masa de empanada y ninguna me acaba de convencer así que esta vez decidí cambiar la masa hecha en casa por hojaldre comprado y el resultado ha sido simplemente espectacular. Claro que el relleno también estaba riquísimo y todo en su conjunto, delicioso. Si os gustan los ingredientes no dudéis en hacerla porque, de verdad, os va a encantar. La mezcla de pimientos y queso feta, ummm... ¡qué rica! No os la podéis perder. Para mi ha sido todo un descubrimiento.

INGREDIENTES
Dos placas de masa de hojaldre (yo utilizo el de Lidl porque me gusta más), pimientos de bote, atún en aceite, queso feta, azúcar, sal, nata líquida y 2 huevos (uno para el relleno y otro para pintar la empanada)

ELABORACIÓN
La elaboración es muy sencilla y rápida. Empezamos haciendo el relleno. Lo primero de todo será cortar nuestros pimientos en tiras. ¿Cuántos vamos a necesitar? Los suficientes para cubrir toda la superficie de la masa. Una vez los tengamos listos (en tiras) los espolvorearemos con una cucharadita de azúcar. Mezclamos bien y llevamos al micro durante 40-60 segundos para que el azúcar se funda y se adhiera a nuestros pimientos, de este modo luego se "caramelizarán" ligeramente en el horno mejorando su sabor. Una vez los tengamos listos los mezclaremos con el atún desmenuzado, al gusto. Finalmente añadiremos el queso feta en pequeños trocitos para que esté bien esparcido por la mezcla. Estiramos nuestro hojaldre y forramos la base del molde con una capa. Yo utilicé unos moldecitos individuales de Emile Henry que son una monada y que quedan estupendos pero cualquiera os puede servir. Lo único importante es que tengan algo de profundidad para que podamos meter bastante relleno y nos queden las empanadas gorditas. A continuación cogemos el huevo y separamos la llema de la clara. Utilizamos esta última para pintar el hojaldre que acabamos de colocar en nuestro molde, de ese modo crearemos una finísima película que lo impermeabilizará evitando que luego se reblandezca con la humedad del relleno. Seguidamente colocamos encima la mezcla de pimientos, atún y queso Feta llenando casi por completo el espacio. Una vez lista batimos un huevo con un chorrito generoso de nata y volcamos lo que quepa sobre el relleno. Cubrimos con la otra placa de hojaldre, doblamos los bordes para cerrarlos, pintamos con la yema de huevo y llevamos al horno siguiendo las indicaciones del fabricante. Normalmente el hojaldre se hornea a 180-200ºC durante 20-25 minutos. Cuando esté lista la empanada se saca, la dejáis reposar un ratito y a disfrutar. Tibia o incluso al día siguiente ligeramente templada en el micro está deliciosa. Espero que os guste.

Ensalada de arroz antioxidante


Desde ayer estoy sin ordenador así que mientras se arregla el desaguisado me temo que no podré visitar vuestros blogs. Creo que la situación reviste cierta gravedad, claro que no es la primera vez que lo he dado por perdido y ha vuelto a resucitar. De momento tendré que conformarme con ir poniendo las entradas cuando pueda, como hoy, desde la biblio. Para probar voy a dejarla programada a ver si se publica el sábado.



Si todo funciona a la perfección (si veis esta receta el sábado será buena señal) tal vez pueda dejar programadas algunas entradas más antes de irme de vacaciones en Septiembre. Y es que tengo unas cuantas recetas que me gustaría compartir con vosotros antes de que acabe el verano.



Pero no quería dejar pasar este finde sin poneros esta receta que a mi me ha encantado. Es diferente a las ensaladas de arroz que había probado hasta ahora pues nunca antes había utilizado frutas pero el resultado me ha gustado mucho. Y además de estar rica es una potente fuente de antioxidantes, vitaminas y minerales así que, qué mas se puede pedir.



INGREDIENTES

Arroz de grano largo, orejones, arándanos desecados, apio, jamón de york, nueces, yogur líquido (tipo Actimel), aceite, zumo de naranja, vinagre.



ELABORACIÓN

La elaboración es sencilla sólo tenéis que cocer el arroz de grano largo siguiendo las instrucciones del fabricante. Recordad lavarlo bien siempre antes de ponerlo en el agua a cocer para eliminar el almidón y conseguir que quede más suelto y que luego no se nos pegue y se apelmace. Tenéis que lavarlo bien hasta que veáis que el agua ya no sale blanca. Seguidamente troceamos el resto de ingredientes en cubitos (apio, orejones, arándanos, jamón de york, nueces. Hay que ser generosos. Y finalmente sólo tenemos que preparar una vinagreta utilizando un yogur líquido (tipo Actimel), 3 cucharadas de aceite, 1 cucharadita de vinagre balsámico y si queréis podéis incorporar también el zumo de media naranja. Revolvéis bien y a comer fresquita. Os gustará.

Pastichio con puerros -delicioso-

Ya sabéis que me encanta la cocina mediterránea, sobre todo la europea. En realidad me chiflan los platos caseros que elaboran las mamás y las abuelas a lo largo y ancho de todo el Mediterráneo. Esa cocina tradicional, hecha con mucho amor, cuyos sabores ni siquiera Ferrán Adriá ha podido superar. Es curioso cómo compartiendo los mismos ingredientes básicos (aceite de oliva, verduras, frutas...) cada región tiene sus propios matices creados gracias a la utilización de hierbas, especias o quesos que la diferencian de las demás. El plato que hoy os traigo podría perfectamente pertenecer a esta categoría. Es un plato sencillo a la par que delicioso. Una de esas joyas a las que no se les hace justicia, tal vez porque nunca lo encontraremos en la carta de ningún afamado restaurante. Esa es la idiosincrasia de nuestros días, pagamos sumas significativas de dinero por platos que están muy lejos de resultar tan apetecibles como los que cocinamos en nuestra propia casa.

A veces cuando viajo, sobre todo a un país extranjero, me pregunto que comerán en sus casas las gentes del lugar y siempre pienso que me encataría poder entrar en sus cocinas para probar el auténtico sabor de la cocina tradicional y aprender de primera mano esas recetas. Claro que como no resulta muy factible eso de invadir la intimidad ajena, lo suyo es buscar sitios sencillos en los que come la gente del lugar, apartados de los locales típicos de comida para turistas. A veces se encuentran verdaderos tesoros.



Esta receta que os pongo hoy es uno de ellos. En realidad es una variación del Pastitsio que ya os he puesto aquí aunque el resultado de parecido sólo tiene el nombre. Sin embargo las dos recetas son igualmente deliciosas. Así que para aquellos que visitáis mi cocina desde el hemisferio sur y para los que, en el hemisferio norte, queráis aprovechar algún día más fresquito para encender el horno (aquí estamos teniendo un montón) os dejo esta receta con la que disfrutaréis como si estuviérais en una de esas cocinas maravillosas que mira al Mar Egeo.

INGREDIENTES

1/2 kg. de macarrones, 1 kg. de puerros ya limpios, mantequilla, 4 huevos, 350 ml. de nata líquida, queso feta (opcional), queso rallado, aceite de oliva, sal y pimienta


ELABORACIÓN

En primer lugar tenemos que limpiar bien, bajo el grijo, nuestros puerros. En la parte más gruesa conviene hacerles uno cuantos cortes en vertical para que el agua limpie bien la tierra que siempre queda entre las capas más externas. Una vez limpios los picamos finitos. Cuando los tengamos listos en una cazuela añadimos un chorrito de aceite y la mantequilla y seguidamente los puerros salpimentados. La combinación con la mantequilla resulta deliciosa pero es necesario añadir un pequeño chorrito de aceite de oliva para evitar que se nos queme. Los vamos a dejar rehogando durante cinco minutos. Mientras tanto cocemos la pasta. Cuando estén listas las dos cosas mezclamos bien. Si queréis podéis añadir a la mezcla trocitos de queso Feta desmenuzados, le da un sabor delicioso. Ponemos todo en la fuente que vayamos a llevar al horno. A continuación espolvoreamos generosamente con nuestro queso rallado que utilizaremos para gratinar. Seguidamente mezclamos los huevos y la nata y vertemos homogéneamente por la fuente. Llevamos al horno a 180º C durante 15-20 minutos. Sacamos, dejamos reposar 5 minutos y listo para servir.

Algunas variaciones de este plato utilizan el relleno para hacer capas alternando cada una con otra de rodajas de tomate. En otras versiones junto con el tomate se le añade también aceitunas negras bien picaditas. Otra opción es añadir algo de vino blanco cuando estamos rehogando los puerros. O si preferís podéis sustituir la nata líquida por una bechamel clarita. Y también tiene que estar delicioso si le añadimos unas gambas. No os quejaréis de que no os doy ideas. Ale, ahora a prepararlo y Kalí sas órexi (buen provecho).

Torta caprese

Ayer por la tarde preparé esta tarta para mi hermano Oscar y su novia Cristina. No puedo hablaros de su sabor en primera persona porque ya os digo que fue un regalo, pero el olor que desprendía al hornearse era simplemente delicioso, tanto que me costó desprenderme de ella sin haberle hincado antes el diente. Intenté convencer a mi hermano para que me dejara probarla y así poder contaros algo sobre ella pero no coló. Lo único que conseguí fue que se ofreciera a darme su veredicto después de probarla. Así que según sus propias palabras os diré que estaba deliciosa. Lo que sí pude comprobar es que al hornearse se forma una costra crujiente en la superficie mientras que, según mi catador oficial, el interior se mantiene húmedo y jugoso.

La Torta Caprese es típica de la preciosa Isla de Capri situada en el Mar Tirreno, al sur del Golfo de Nápoles. Es una de esas recetas que, como la Tarta Sacher, ha traspasado fronteras. En el caso que nos ocupa muy probablemente ayudada por la fama internacional de esta isla de ensueño que no en vano es conocida como la Perla del Mediterráneo. Sobre sus orígenes circulan varias versiones pero todas coinciden en que, como tantas otras genialidades culinarias, La Torta Caprese nació como resultado de un error.

Según una de esas versiones los orígenes de la Torta Caprese parecen remontarse a 1920, año en el que un cocinero de Capri llamado Carmine di Fiore, estaba preparando un pastel de almendras encargado por tres mafiosos norteamericanos que habían venido a la isla para conocer a Al Capone. Con las prisas al pastelero se le olvidó agregar harina y cuando se dió cuenta ya era demasiado tarde así que los tres gansters se llevaron el pastel sin harina. Los americanos quedaron tan entusiasmados con el resultado que desde ese momento el pastelero comenzó a elaborar esta tarta para todos sus clientes.

Sin embargo, según otra de las versiones, el inventor de la Torta Caprese fue un hombre llamado Capocchiella, en cuyas venas según parece corría sangre del pintor español Esteban Blasco. Capocchiella era pinche de cocina en el restaurante Fontelina que, aún hoy en día, domina el famoso Faraglioni (uno de los lugares más solicitados para zambullirse en la Isla por lo espectacular de sus vistas, tres lenguas de roca que son el símbolo de Capri). Cuando el chef y pastelero que regentaba el local dejó su puesto de imprevisto Capocchiella ocupó su lugar. Según cuenta la leyenda en una madrugada del año 1950 en la que se encontraba elaborando una tarta de almendras tradicional, el cansancio y el sueño hicieron que Capocchiella por error añadiera cacao a la tarta al confundirlo con harina. El chef introdujo la tarta en el horno y se quedó dormido hasta que el olor a chocolate le despertó. Cuando la sirvió a los invitados, el éxito fue rotundo. Preguntado por su nombre, Capocchiella un tanto sorprendido, decidió bautizarla como Torta Caprese.

Sean o no ciertas estas explicaciones, la verdad es que la Torta Caprese según parece, no lleva harina y sí chocolate y cacao. Y lo mejor de todo es que no sólo está deliciosa sino que además resulta muy fácil de preparar. Si os animáis aquí tenéis la receta. Ah, y no se os ocurra regalarla, os arrepentiréis.

INGREDIENTES

250 grs. de almendras no muy finamente molidas, 250 grs. de azúcar, 250 grs. de chocolate, con 66% de cacao, 150 grs. de mantequilla, 1 huevo, 1 cucharada de cacao en polvo y una pizca de sal


ELABORACIÓN

En primer lugar vamos a derretir al baño María el chocolate junto con la mantequilla. Mientras tanto separamos las claras de las yemas y montamos las primeras a punto de nieve. Las yemas las batimos bien junto con el azúcar hasta que blanqueen y doblen su volúmen. Seguidamente incorporamos a esta mezcla el chocolate y la mantequilla ya derretidos. Con mucho cuidado vamos añadiendo la preparación resultante a las claras que ya teníamos montadas. Lo haremos con cuidado utilizando movimientos envolventes (para que no se nos baje la preparación). Finalmente añadimos las almendras y el cacao amargo. En alguna receta le ponen también algo de vainilla, cáscara de naranja y ron pero yo no lo hice. Vertemos la mezcla en nuestro molde que previamente habremos huntado con mantequilla y espolvoreado a continuación con harina para evitar que se nos pegue. Llevamos al horno a 170ºC durante 45- 50 minutos. Lista para disfrutar.

P.D. Edito para añadir que al final sí que he probado la tarta (je,je,je) así que ahora ya puedo hablar con conocimiento de causa. Me guardaron un buen trozo y tenían razón, estaba muy rica. Es una torta compacta por lo que lo importante es que el interior quede bien jugoso para que esté deliciosa. Yo lo dejé sólo 45 minutos y así quedó perfecta aunque ya sabéis que cada horno es un mundo. Cuando la saqué todavía no estaba cuajada del todo pero el calor residual le dio el toque pefecto. Por cierto, algunas versiones añaden algo de levadura a esta torta y también las hay que la aromatizan con ron y ralladura de naranja, otras recomiendan triturar las almendras dejando la piel marrón (yo no lo hice). Creo que un par de cucharadas de licor y un ligero toque a naranja la harían más deliciosa aún. Habrá que probar la próxima vez.

Pochas en ensalada



Hoy quiero compartir con vosotros esta ensalada de pochas que en casa nos gusta mucho. Es una forma estupenda de disfrutar de las legumbres también en verano. Así están deliciosas.

Seguro que muchos os estaréis preguntando que son las pochas (o pochos) y es que fuera de La Rioja, Navarra y alrededores resulta imposible encontrarlas. Las pochas son las alubias blancas tiernas. Se recogen cuando las vainas están aún casi verdes (antes de su madurez). Su nombre se debe al color desvaído que presenta la vaina en el momento de la recolección. A diferencia del resto de legumbres se consumen frescas, lo que hace que resulten extraordinariamente mantecosas y al no necesitar remojo, muy fáciles de cocinar. Son, con diferencia, las más exquisitas y finas de todas las alubias. Las podemos encontrar en el mercado durante los meses de agosto y septiembre. La buena noticia es que si las congelamos podremos disfrutar de su delicado sabor durante todo el año. Así que ya sabéis, si venís a La Rioja en verano no os olvidéis de hacer acopio no sólo de buen vino sino también de deliciosos embutidos y como no, de un manjar del que sólo disfrutaréis si venís a vernos, las pochas.

Las pochas se venden normalmente en sus vainas. En los mercados las encontraréis como podéis ver aquí. Una vez en casa tendremos que desgranarlas. Si las vamos a congelar debemos lavarlas bien antes de meter directamente al frío. Cuando las queramos consumir podemos sacarlas y dejar que se descongelen o bien guisarlas directamente tal cual. Ya veis que más fácil no puede ser.

En La Rioja hay múltiples formas de cocinar las pochas: solas o de vigilia, con cordero, con costilla, con rabo de cerdo, con codornices. Todas están igual de deliciosas, aunque ahora en verano aprovechando que apetece más algo fresquito podemos prepararlas en ensalada. Con esta combinación de ingredientes el resultado es muy apetecible. Probadla y ya me diréis.

INGREDIENTES para cuatro personas

450 grs. de pochas ya desgranadas, 1 cebolla pequeña, 1 tomate pequeño, 1/2 pimiento rojo, 1 codillo de cerdo salmuerizado, 1 rama de apio, 4 dientes de ajo, 8 granos de pimienta negra, 2 hojitas de laurel, 250 grs. de tomates cereza, 65 grs. de pepinillos en vinagre, perejil picado, 2 cucharadas colmadas de mahonesa, 2 cucharadas colmadas de mostaza Calvé, 8 cucharadas de aceite de oliva virgen y 2 cucharadas de vinagre de sidra.



ELABORACIÓN


En primer lugar vamos a cocer el codillo de cerdo. Yo compré uno de la marca El Pozo en Carrefour. Es cómodo porque no hay que desalarlo, sólo lavarlo un poco como hacemos con cualquier verdura. En una olla a presión doramos el codillo bien por todos los lados. Seguidamente ponemos agua hasta que quede cubierto más o menos a la mitad. Añadimos 1 rama de apio partida en dos, 3 dientes de ajo sin pelar, 8 granos de pimienta negra, 2 hojitas de laurel y un pelín de sal. Cerramos la olla y una vez que la válvula ha subido, dejamos cocer durante 55 minutos.

Mientras se va haciendo nuestro codillo cocemos las pochas. Es muy sencillo, sólo temos que ponerlas en una cazuela, añadir la cebolla partida en dos, el tomate también a la mitad, un diente de ajo, y medio pimiento rojo partido en dos trozos. Cubrimos de agua, dos dedos por encima de las pochas. Salamos y dejamos cocer a fuego suave durante 35-40 minutos.

Cuando tengamos el codillo y las pochas listos, los sacamos y dejamos enfriar hasta que estén a temperatura ambiente. En ese momento picamos menudito el codillo y reservamos.

Mientras tanto vamos preparando la viangreta. Mezclamos en una ensaladera grande la mahonesa, la mostaza, el aceite de oliva, el vinagre y la sal. Emulsionamos bien con un tenedor o con ayuda de unas varillas para que se integren perfectamente todos los componentes.

Seguidamente troceamos los pepinillos en pequeñas rodajitas. Los tomatitos los cortamos en cuartos. A continuación es muy importante que los salemos y los dejemos escurrir dentro de un colador (sobre un bol) durante media hora. La sal hará que pierdan parte del agua de vegetación y así concentrarán su sabor y sobre todo evitaremos se nos aguachine la ensalada.

Ahora que ya tenemos listos todos los ingredientes mezclamos e integramos con nuestra vinagreta. Dejamos en la nevera un par de horas y procuramos sacar unos 15 minutos antes de servir para que no esté demasiado fría ya que así se saborea mejor. Antes de servir podéis espolvorear con algo de perejil y ya estará lista para que disfrutéis de una ensalada de pochas diferente.

P.D. Si no podéis conseguir pochas podéis sustituirlas por alubias blancas, incluso de bote, en cuyo caso os evitáis el tener que cocerlas.

Pasta marinera


No sé a vosotros pero a mi el verano me sabe a mar así que me apetecía preparar una pasta que al menos con el sabor, lograra transportarme hasta alguna playa lejana de aguas azules. Es un plato sencillo pero si os gustan los mejillones seguro que disfrutáis con estos tiburones en salsa marinera.

INGREDIENTES

4 dientes de ajo, aceite de oliva, 1 chorrito de vino blanco (yo utilicé Barbadillo), 1/2 vaso de agua, 1 pizca de pimentón dulce, 1 lata grande de tomates pelados, 2 cucharadas de pasta de tomate (concentrado), 1 Kg. de mejillones, pejeril picado, 400 grs. de tiburones, 2 dl de nata líquida, 1 ó 2 cayenas (opcional), albahaca (opcional) y 1 cucharada de azúcar.


ELABORACIÓN

Tenemos que empezar abriendo los mejillones a la marinera. Para eso ponemos algo de aceite en una cazuela grande, ponemos al fuego y añadimos los ajos picados lo más fino posible. Antes de que empiecen a coger color añadimos el pimentón. Damos unas vultas rápidas para que no se nos queme y seguidamente incorporamos los mejillones ya limpios, el vino blanco y el agua. Tapamos la cazuela y dejamos que hierva a fuego fuerte. A continuación vamos retirando los mejillones conforme se vayan abriendo para que no se queden secos. Una vez están todos fuera los sacamos de las conchas y colamos el líquido resultante para evitar que caiga la arena que pudieran haber soltado los mejillones y algunas impurezas y lo pasamos a una cazuela limpia. Dejamos reducir a fuego suave durante 5 minutos. Mientras tanto en otra cazuela vamos preparando la salsa de tomate. Si os gusta el picante en una cazuela con algo de aceite ponemos a freir los dos dientes de ajos restante junto con las cayenas (1 ó 2 dependiendo de si os gusta más o menos picante). Mientras tanto escurrimos todo el líquido de la lata y trituramos los tomates. Añadimos el puré a la cazuela y dejamos rehogar a fuego fuerte hasta que tengamos una salsa de tomate espesa. En ese momento añadimos una cucharada de azúcar y retiramos del fuego. Ya fuera incorporamos un puñado de hojas de albahaca fresca picadas (esto es opcional aunque le da un toque muy interesante). Una vez lista nuestra salsa de tomate añadimos la reducción del caldo que han soltado los mejillones y la nata líquida. Dejamos que la salsa se amalgame y rectificamos de sal si fuera necesario. En ese momento incorporamos la pasta (los tiburones) que habremos cocido previamente a nuestra salsa y retiramos del fuego. Y ya está, lista para servir.