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Cordero asado con vinagreta de granadas ǂ un toque griego espectacular

Estamos casi en Navidad y hubiera sido imperdonable por mi parte no compartir con vosotros esta receta que es simplemente espectacular y que causa sensación desde el mismo momento en el que la sacas a la mesa. No, no es sólo el impacto visual. Todavía recuerdo el primer día que la preparé, las caras de asombro de los comensales. Aunque es cierto que al ver las granadas hubo quien se temía lo peor, también lo es que su cara cambió radicalmente al probar el primer bocado. Me encanta cuando después de unos segundos de silencio se empiezan a escuchar los primeros uuuuummmmms, seguidos de "esto está muy rico". Y  no creáis que esta vez era tarea fácil porque todos los comensales habían probado el cordero asado con la vinagreta extraordinaria que prepara mi madre y no era sencillo salir airosa de la inevitable comparación. 
Desde pequeña recuerdo siempre las Navidades con el sabor de esa vinagreta acompañando a los asados. Cuando era niña la veía como si fuera una pócima mágica que transformaba todo lo que tocaba en algo insuperable. Cuánta razón tenía y es que hay mucho de magia en la vinagreta que prepara mi madre, tanta que parece como si el hechizo funcionara sólo con ella. Por más veces que lo he intentado a mi nunca me sale igual aunque siga sus instrucciones al pie de la letra. ¿Será que sólo ella conoce la pócima secreta? En fin, que cuando no puedes superar algo, lo mejor es hacer otra cosa totalmente diferente.

Y eso fue precisamente lo que hice: crear mi propia vinagreta inspirándome en la receta de mamá y en una receta griega del maravilloso libro de María Bernardis del que ya os he hablado en otra ocasión. El resultado, como os decía, fue una auténtica delicia. Vamos, hasta mi madre sucumbió a sus encantos. Creo que esta vez la magia la hice yo (je,je,je) y ahora también podéis hacerla vosotros. ¿Queréis saber cómo? Pues pasad hasta la cocina....

Pollo asado con una salsa de uvas y Pedro Ximénez espectacular

La verdad es que últimamente no hago más que ver racimos de uvas enormes en todas las fruterías y no he podido resistirme a utilizarlas en la preparación de un plato salado aunque tengo que confesaros que el resultado ha superado con creces todas mis expectativas. Si habéis probado alguna vez el pollo con uvas (yo sí) y el resultado no ha sido el que esperábais (digamos que no es santo de mi devoción) tenéis que probar esta receta, espectacular, que nada tiene que ver con la anterior. Incluso aunque no os gusten las uvas, la receta os encantará.

Creo que en más de una ocasión os he hablado de la originalidad con la que los italianos incorporan la fruta en multitud de recetas saladas con un resultado sorprendente. En el blog podéis encontrar algunos ejemplos que merece la pena probar: risotto de pera y queso de cabra o risotto de fresas. Sin embargo, en el caso de las uvas lo normal es añadirlas en los guisos o asados más como guarnición de la carne. La verdad, siempre he pensado que las uvas podían dar más de sí y ahora lo he comprobado. El resultado es uno de los mejores asados de pollo que he comido jamás.


Y ¿cuál es el secreto? Pues un relleno exquisito y una deliciosa salsa elaborada con Pedro Ximénez y zumo de uva natural. Sí, lo habéis adivinado: las uvas no están "de adorno". Al contrario, las he licuado para conseguir una salsa que será vuestra perdición. El resultado os sorprenderá no sólo por su insuperable sabor sino también por los matices totalmente inesperados que descubriréis en cada bocado. Y es que el relleno es un arroz aromatizado con canela y vino lo cual, a pesar de ser una combinación de sabores inusual para un asado, da como resultado en boca una auténtica orgía, uno de esos platos que consiguen cosechar la unanimidad de todos los comensales (sí,sí, también del rarito que a todo le pone pegas). Y qué deciros del conjunto: realmente adictivo. ¿Queréis saber cómo se prepara?

Ensalada de Navidad / Christmas salad

Granadas, cebada, feta, menta, nueces... {y un aliño espectacular}

Me encanta esta ensalada que me recuerda irremediablemente a la Navidad. Veréis, en mi casa esta época del año se celebra de forma tradicional. Son días en los que suele cocinar más mi madre porque es ella quien siempre ha preparado el menú a base de marisco, asados y algunos otros imprescindibles como su famosa ensaladilla rusa que siempre cosecha una ovación espectacular. Durante esos días sólo hay una máxima: nada de experimentos en la cocina ni de ingredientes que los comensales en su vida hayan oído nombrar. En la mesa sólo hay sitio para productos de primera con una elaboración tradicional. Por eso antes, cuando yo cocinaba con menos frecuencia, todos los años me "peleaba" con mi madre para que esos días me dejara cocinar. Nunca lo conseguía hasta que una vez por fin pude convencerla para que me dejara preparar una ensalada ligera, con la excusa de que era el acompañamiento ideal para el asado. Para no desentonar con el clasicismo del resto de los platos hice una ensalada (de escarola con granadas, nueces, queso y un aliño con un toque especial) que formó parte del menú de Navidad durante varios años. Desde entonces las granadas siempre me recuerdan a la Navidad.
Es una de esas frutas que espero impacientemente durante muchos meses. Y cuando por fin están aquí me apetece probarlas de mil maneras: como en la Caponata de Navidad que preparé el año pasado y que tuvo mucho éxito en casa, incluso entre aquellos no muy aficionados a su ingrediente principal.  Esta vez inspirándome en aquella ensalada de granadas que preparaba hace unos años y en una ensalada de cebada de uno de mis libros de cocina griega, My greek family table, surgió esta receta que es simplemente espectacular.  No os asustéis si la idea de utilizar cebada no os resulta demasiado atractiva porque os voy a dar más opciones. Cualquiera de ellas quedará fenomenal con mi aliño mágico. Veréis como transforma los sabores dándoles un toque especial. Si os gustan las granadas os encantará ¿Queréis saber cómo prepararla?

Caponata de Navidad

Bueno, ya estoy de vuelta y hoy os traigo una receta que os va a sorprender. No sé si seréis capaces de adivinar a simple vista cuál es el ingrediente principal. Antes de desvelaros el misterio os hablaré de los orígenes de este plato tradicional siciliano. Aunque hay caponatas en otras partes de Italia (muy diferentes a la que os presento hoy) sin duda la más famosa es la caponata siciliana, el emblema gastronómico de la isla. Seguramente muchos ya la conocéis pero para aquellos que todavía no habéis oído hablar de ella os diré que se trata de un delicioso plato de verduras aliñado con una salsa agridulce elaborada a base de vinagre y azúcar. Aunque fuera de Italia la más conocida es la caponata de verano (cuyo ingrediente principal es la berenjena)  hay una caponata para cada estación del año. En realidad, hay una caponata en cada región de Sicilia, en cada familia me atrevería a decir yo: las variaciones son infinitas pues los sicilianos la preparan con cualquiera de las verduras que abundan en la isla. Por supuesto, en su elaboración no podían faltar esos ingredientes tan característicos de su cocina: Pasas, alcaparras, aceitunas, eneldo, piñones, almendras, ajo, albahaca, menta o tomates se unen a la fiesta para sazonar las verduras y darle si cabe todavía más alegría al plato. Las posibilidades son infinitas. El resultado no sólo es un espectáculo para la vista sino también un placer para el paladar capaz de disfrutar en cada bocado con una explosión de matices insuperable.
Como plato de la cocina popular que es, sus orígenes se remontan a la antiguedad. Inicialmente fue un guiso propio de pescadores al que junto con las verduras se incorporaba la materia prima más recurrente en alta mar: el pescado. Sin embargo con el paso del tiempo la preparación se extendió por toda la isla, se incorporaron nuevos ingredientes y la costumbre de añadir productos del mar se fue perdiendo consolidándose la versión que conocemos hoy en día, sólo con vegetales. A pesar de ello todavía podemos encontrar algunas variantes que incorporan atún en conserva, anchoas en salazón, gambas, pulpo.

Según parece, los marineros tenían por costumbre servir la caponata encima de un trozo de pan, consiguiendo así que la jugosidad de las verduras y su salsa lo ablandara. La razón es que el pan que se consumía a bordo debía ser especial: un pan sin humedad que permitía su óptima conservación durante largos periodos de tiempo. Al tratarse de una especie de pan tostado y duro las verduras se servían sobre él para conseguir que se ablandara ligeramente. En algunas regiones de Italia se utilizaba para estos menesteres un tipo de pan llamado friselle, característico por su forma redondeada con un agujero central.

Delicioso bacalao a la Ghiotta para estrenar nuevo look

Sí, por fin estoy de vuelta y como veis traigo novedades. Hoy, además de compartir con vosotros una receta deliciosa y sorprendente, estreno nuevo diseño para el blog. Espero que os guste la forma en la que he organizado la información y sobre todo que os resulte útil y fácil de manejar. Ese es el propósito.

A partir de ahora la columna derecha irá renovándose con nuevas secciones que incluirán también las últimas novedades mientras que en la parte central, justo debajo del primer post, podréis encontrar secciones fijas como los imprescindibles de temporada, ideas para sorprender o básicos para el día a día.

Quienes seguís habitualmente el blog sabéis que mi cocina es sobre todo mediterránea. Pues bien a partir de ahora, sin renunciar a esas mismas raíces, mi compromiso será también con los productos de temporada: quiero que estén más presentes en el blog. En este mundo globalizado en el que vivimos donde podemos encontrar prácticamente de todo en cualquier época del año a veces es fácil perder la noción de lo que es de temporada y lo que no. Por eso me apetece recuperar esa forma de comer que nos permite disfrutar de los productos que nos ofrecen las distintas estaciones en su mejor momento. Espero que me acompañéis en este nuevo viaje. Ya zarpamos. ¿Os subís a bordo? Hoy ponemos rumbo a Sicilia con una receta deliciosa que os va a sorprender. Por cierto, una idea estupenda para estas Navidades así que tomad buena nota.


El bacalao a la Ghiotta es un plato típico de la región de Messina, en el noreste de Sicilia. Si os gustan los contrastes de sabores econtraréis aquí un bocado delicioso, una auténtica exquisitez sazonada con esa mezcla de ingredientes que ha hecho tan popular la cocina de la isla y que no es sino el legado de todas las culturas que han pasado por esas tierras a lo largo de los siglos (fenicios, griegos, romanos, cartagineses, bizantinos, sarracenos, normandos, franceses, españoles). 

No os dejéis asustar por la lista de ingredientes, ni siquiera aunque no hagáis muy buenas migas con alguno de ellos. Yo particularmente no soy muy amiga de las alcaparras pero reconozco que en su justa media en esta preparación son indispensables para redondear la exhuberante variedad de matices del plato.  Parece mentira que una combinación de ingredientes tan variopintos (tomate, aceitunas verdes, alcaparras, apio) pueda resultar tan excitante al paladar. Si soy sincera tengo que confesaros que al principio no las tenía todas conmigo pero después de haberlo probado es uno de los platos de bacalao más deliciosos que he comido nunca, animaros vosotros también. Sólo os puedo decir que en la mesa consiguió la aprobación de todos los comensales, lo cual no siempre es fácil ¿verdad?