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Cordero asado con vinagreta de granadas ǂ un toque griego espectacular

Estamos casi en Navidad y hubiera sido imperdonable por mi parte no compartir con vosotros esta receta que es simplemente espectacular y que causa sensación desde el mismo momento en el que la sacas a la mesa. No, no es sólo el impacto visual. Todavía recuerdo el primer día que la preparé, las caras de asombro de los comensales. Aunque es cierto que al ver las granadas hubo quien se temía lo peor, también lo es que su cara cambió radicalmente al probar el primer bocado. Me encanta cuando después de unos segundos de silencio se empiezan a escuchar los primeros uuuuummmmms, seguidos de "esto está muy rico". Y  no creáis que esta vez era tarea fácil porque todos los comensales habían probado el cordero asado con la vinagreta extraordinaria que prepara mi madre y no era sencillo salir airosa de la inevitable comparación. 
Desde pequeña recuerdo siempre las Navidades con el sabor de esa vinagreta acompañando a los asados. Cuando era niña la veía como si fuera una pócima mágica que transformaba todo lo que tocaba en algo insuperable. Cuánta razón tenía y es que hay mucho de magia en la vinagreta que prepara mi madre, tanta que parece como si el hechizo funcionara sólo con ella. Por más veces que lo he intentado a mi nunca me sale igual aunque siga sus instrucciones al pie de la letra. ¿Será que sólo ella conoce la pócima secreta? En fin, que cuando no puedes superar algo, lo mejor es hacer otra cosa totalmente diferente.

Y eso fue precisamente lo que hice: crear mi propia vinagreta inspirándome en la receta de mamá y en una receta griega del maravilloso libro de María Bernardis del que ya os he hablado en otra ocasión. El resultado, como os decía, fue una auténtica delicia. Vamos, hasta mi madre sucumbió a sus encantos. Creo que esta vez la magia la hice yo (je,je,je) y ahora también podéis hacerla vosotros. ¿Queréis saber cómo? Pues pasad hasta la cocina....

Pollo asado con una salsa de uvas y Pedro Ximénez espectacular

La verdad es que últimamente no hago más que ver racimos de uvas enormes en todas las fruterías y no he podido resistirme a utilizarlas en la preparación de un plato salado aunque tengo que confesaros que el resultado ha superado con creces todas mis expectativas. Si habéis probado alguna vez el pollo con uvas (yo sí) y el resultado no ha sido el que esperábais (digamos que no es santo de mi devoción) tenéis que probar esta receta, espectacular, que nada tiene que ver con la anterior. Incluso aunque no os gusten las uvas, la receta os encantará.

Creo que en más de una ocasión os he hablado de la originalidad con la que los italianos incorporan la fruta en multitud de recetas saladas con un resultado sorprendente. En el blog podéis encontrar algunos ejemplos que merece la pena probar: risotto de pera y queso de cabra o risotto de fresas. Sin embargo, en el caso de las uvas lo normal es añadirlas en los guisos o asados más como guarnición de la carne. La verdad, siempre he pensado que las uvas podían dar más de sí y ahora lo he comprobado. El resultado es uno de los mejores asados de pollo que he comido jamás.


Y ¿cuál es el secreto? Pues un relleno exquisito y una deliciosa salsa elaborada con Pedro Ximénez y zumo de uva natural. Sí, lo habéis adivinado: las uvas no están "de adorno". Al contrario, las he licuado para conseguir una salsa que será vuestra perdición. El resultado os sorprenderá no sólo por su insuperable sabor sino también por los matices totalmente inesperados que descubriréis en cada bocado. Y es que el relleno es un arroz aromatizado con canela y vino lo cual, a pesar de ser una combinación de sabores inusual para un asado, da como resultado en boca una auténtica orgía, uno de esos platos que consiguen cosechar la unanimidad de todos los comensales (sí,sí, también del rarito que a todo le pone pegas). Y qué deciros del conjunto: realmente adictivo. ¿Queréis saber cómo se prepara?

Risotto de pera y queso de cabra de Tessa Kirós

Hace tiempo que debería haber compartido esta receta con vosotros porque fue una de las primeras que me enamoró de Limoncello and linen water (el último libro de Tessa Kirós). Sabéis lo que adoro sus libros y sus recetas así que podéis imaginar que no tardé mucho tiempo en ponerme manos a la obra. Después de descubrir el sorprendente resultado del risotto de fresas estaba segura de que éste también me iba a encantar y así fue. La verdad es que que los italianos son unos maestros a la hora de utilizar las frutas en sus risottos, algo que sinceramente jamás se me hubiera ocurrido antes. Es asombroso como con ingredientes tan sencillos se puede conseguir un plato con tanto sabor. Si os gusta la combinación de la fruta con el queso seguro que esta receta os va a encantar y a vuestros comensales, sin duda alguna, les sorprenderá.
Podéis utilizar el queso que más os guste. Incluso uno azul podría quedar bien aunque en ese caso tendréis que ser más comedidos con las cantidades porque su sabor suele ser más fuerte. Os aconsejo entonces que lo incorporéis poco a poco en el momento final y que vayáis probando hasta dejarlo a vuestro gusto, sin que el queso enmascare el sabor del resto de los ingredientes. La receta original empleaba pecorino (queso de oveja curado) aunque yo he preferido sustituirlo en parte por rulo de cabra porque junto con la pera hacen una de mis combinaciones de sabor favoritas. ¿Os apetece disfrutarla?

Deliciosas alubias al estilo de Nueva Inglaterra

Sigo con las entradas programadas y hoy quiero compartir con vosotros esta receta sorprendente y deliciosa por igual. Recuerdo muy bien que eso fue exactamente lo que pensé cuando la descubrí por vez primera hace ya algunos años. Desde entonces he preparado diferentes versiones cada invierno y después de probar varias me quedo con ésta que es mi adaptación de las alubias al estilo de Vermont de una de mis escritoras favoritas, Diana Henry. Sí, ya lo sabéis, me encanta cómo cocina esta mujer.

Antes de que salgáis corriendo después de leer la lista de ingredientes, dejadme que os haga una pregunta ¿Os gustan las costillas a la barbacoa? Si la respuesta es sí, qué me diríais si os sirvo un guiso de alubias con panceta acompañado de este delicioso ingrediente. Si se os hace la boca agua sólo de pensarlo, estáis de enhorabuena porque eso es precisamente lo que podéis encontrar en esta receta: un plato de cuchara que recuerda el inconfundible sabor de las costillas a la barbacoa. Si os gustan los sabores agridulces, tenéis que darle una oportunidad.
Esta manera de preparar las alubias es muy popular en toda Nueva Inglaterra (región situada en el noreste de EEUU que comprende los estados de: Maine, New Hampshire, Vermont, Massachusetts, Rodhe Island y Connecticut). Las más conocidas son las alubias de Boston. En realidad a la ciudad se la conoce como la ciudad de las alubias y sus habitantes comparten con los toscanos, su pasión por el consumo de esta legumbre. Pues bien, de entre todas las maneras de prepararlas, ésta es sin duda la más apreciada en la región desde la época colonial, cuando la melaza se convirtió en el primer edulcorante de los Estados Unidos. 

Sí, lo habéis adivinado, el ingrediente estrella de este plato es la melaza. Tranquilos, no tendréis que volveros locos para encontrarla. En España se comercializa bajo el nombre de "miel de caña" en grandes superficies como por ejemplo El Corte Inglés o Mercadona. Tenemos la inmensa fortuna de contar con una buena producción procedente de la zona "tropical" granadina y malagueña, la única región de Europa donde se cultiva la caña de azúcar. En Mercadona suelen tener miel de caña "Ingenio Nuestra Sra. del Carmen" y es una verdadera delicia.

A estas alturas seguro que alguno os estaréis preguntando cómo es que a los habitantes de Boston se les ocurrió un buen día ponerle miel de caña a las alubias. Aunque no conocemos la historia con detalle es fácil adivinar que uno acaba incorporando al puchero aquello que tiene más a mano y en Boston la melaza corría a raudales y nunca mejor dicho. Veréis, en el S. XX la ciudad contaba con una producción ingente de melaza como consecuencia de la floreciente industria local dedicada a la elaboración de ron. Sí, en efecto, para fabricar ron industrial es imprescindible tener melaza. Por ese motivo la caña de azúcar que se cultivaba en las Antillas y Bahamas era enviada a Boston para la fabricación de ron. Tanta melaza había en la ciudad que en 1919, como consecuencia del estallido de un enorme tanque de almacenamiento, buena parte de la misma fue inundada por la melaza, causando estragos y docenas de muertos entre la población. Todavía hoy se dice que en los días de calor el olor de la melaza fluye a través del pavimento de las calles de Boston. No sé si será cierto pero de lo que sí estoy segura es de que al pasear por sus calles no será difícil encontrar una ventana abierta de la que salga el delicioso aroma de este guiso. ¿Os atrevéis a probarlo?

Minitarta de galletas de chocolate decorada con rosas para celebrar San Valentín

Hoy antes de compartir con vosotros esta maravillosa tarta de galletas quería deciros que durante unas tres semanas voy a estar ausente de Internet aunque seguiré publicando las entradas que tengo programadas. El motivo es que tengo algunas molestias en la mano como consecuencia de la utilización del ratón y el único remedio para que desaparezcan es descansar durante una temporada. Así que como os decía, durante estas tres semanas seguiré publicando las entradas que ya tengo escritas y leeré vuestros comentarios desde el móvil pero esa será mi única actividad en la red. Espero que os gusten las recetas que os tengo preparadas.
Hoy no os traigo exactamente una receta sino más bien una idea para celebrar San Valentín y sorprender a vuestra pareja. Es una minitarta hecha con una base de galletas de chocolate y decorada con unas rosas comestibles.
La verdad es que el resultado es una preciosidad. Una de esas veces en las que las fotografías no hacen justicia. No os imagináis lo que es tenerla en la mano. Mide algo menos de 14 centímetros de alto, con una base de diez. Yo la hice para regalar y me costó desprenderme de ella porque es absolutamente espectacular. Tan bonita que da pena comérsela y regalarla (je,je,je).

Caponata de Navidad

Bueno, ya estoy de vuelta y hoy os traigo una receta que os va a sorprender. No sé si seréis capaces de adivinar a simple vista cuál es el ingrediente principal. Antes de desvelaros el misterio os hablaré de los orígenes de este plato tradicional siciliano. Aunque hay caponatas en otras partes de Italia (muy diferentes a la que os presento hoy) sin duda la más famosa es la caponata siciliana, el emblema gastronómico de la isla. Seguramente muchos ya la conocéis pero para aquellos que todavía no habéis oído hablar de ella os diré que se trata de un delicioso plato de verduras aliñado con una salsa agridulce elaborada a base de vinagre y azúcar. Aunque fuera de Italia la más conocida es la caponata de verano (cuyo ingrediente principal es la berenjena)  hay una caponata para cada estación del año. En realidad, hay una caponata en cada región de Sicilia, en cada familia me atrevería a decir yo: las variaciones son infinitas pues los sicilianos la preparan con cualquiera de las verduras que abundan en la isla. Por supuesto, en su elaboración no podían faltar esos ingredientes tan característicos de su cocina: Pasas, alcaparras, aceitunas, eneldo, piñones, almendras, ajo, albahaca, menta o tomates se unen a la fiesta para sazonar las verduras y darle si cabe todavía más alegría al plato. Las posibilidades son infinitas. El resultado no sólo es un espectáculo para la vista sino también un placer para el paladar capaz de disfrutar en cada bocado con una explosión de matices insuperable.
Como plato de la cocina popular que es, sus orígenes se remontan a la antiguedad. Inicialmente fue un guiso propio de pescadores al que junto con las verduras se incorporaba la materia prima más recurrente en alta mar: el pescado. Sin embargo con el paso del tiempo la preparación se extendió por toda la isla, se incorporaron nuevos ingredientes y la costumbre de añadir productos del mar se fue perdiendo consolidándose la versión que conocemos hoy en día, sólo con vegetales. A pesar de ello todavía podemos encontrar algunas variantes que incorporan atún en conserva, anchoas en salazón, gambas, pulpo.

Según parece, los marineros tenían por costumbre servir la caponata encima de un trozo de pan, consiguiendo así que la jugosidad de las verduras y su salsa lo ablandara. La razón es que el pan que se consumía a bordo debía ser especial: un pan sin humedad que permitía su óptima conservación durante largos periodos de tiempo. Al tratarse de una especie de pan tostado y duro las verduras se servían sobre él para conseguir que se ablandara ligeramente. En algunas regiones de Italia se utilizaba para estos menesteres un tipo de pan llamado friselle, característico por su forma redondeada con un agujero central.

Delicioso bacalao a la Ghiotta para estrenar nuevo look

Sí, por fin estoy de vuelta y como veis traigo novedades. Hoy, además de compartir con vosotros una receta deliciosa y sorprendente, estreno nuevo diseño para el blog. Espero que os guste la forma en la que he organizado la información y sobre todo que os resulte útil y fácil de manejar. Ese es el propósito.

A partir de ahora la columna derecha irá renovándose con nuevas secciones que incluirán también las últimas novedades mientras que en la parte central, justo debajo del primer post, podréis encontrar secciones fijas como los imprescindibles de temporada, ideas para sorprender o básicos para el día a día.

Quienes seguís habitualmente el blog sabéis que mi cocina es sobre todo mediterránea. Pues bien a partir de ahora, sin renunciar a esas mismas raíces, mi compromiso será también con los productos de temporada: quiero que estén más presentes en el blog. En este mundo globalizado en el que vivimos donde podemos encontrar prácticamente de todo en cualquier época del año a veces es fácil perder la noción de lo que es de temporada y lo que no. Por eso me apetece recuperar esa forma de comer que nos permite disfrutar de los productos que nos ofrecen las distintas estaciones en su mejor momento. Espero que me acompañéis en este nuevo viaje. Ya zarpamos. ¿Os subís a bordo? Hoy ponemos rumbo a Sicilia con una receta deliciosa que os va a sorprender. Por cierto, una idea estupenda para estas Navidades así que tomad buena nota.


El bacalao a la Ghiotta es un plato típico de la región de Messina, en el noreste de Sicilia. Si os gustan los contrastes de sabores econtraréis aquí un bocado delicioso, una auténtica exquisitez sazonada con esa mezcla de ingredientes que ha hecho tan popular la cocina de la isla y que no es sino el legado de todas las culturas que han pasado por esas tierras a lo largo de los siglos (fenicios, griegos, romanos, cartagineses, bizantinos, sarracenos, normandos, franceses, españoles). 

No os dejéis asustar por la lista de ingredientes, ni siquiera aunque no hagáis muy buenas migas con alguno de ellos. Yo particularmente no soy muy amiga de las alcaparras pero reconozco que en su justa media en esta preparación son indispensables para redondear la exhuberante variedad de matices del plato.  Parece mentira que una combinación de ingredientes tan variopintos (tomate, aceitunas verdes, alcaparras, apio) pueda resultar tan excitante al paladar. Si soy sincera tengo que confesaros que al principio no las tenía todas conmigo pero después de haberlo probado es uno de los platos de bacalao más deliciosos que he comido nunca, animaros vosotros también. Sólo os puedo decir que en la mesa consiguió la aprobación de todos los comensales, lo cual no siempre es fácil ¿verdad?

Espaguetis con ragú de lentejas y nuevo libro de Tessa Kirós

Una de las cosas que esperaba con impaciencia a la vuelta de mis vacaciones era el nuevo libro de Tessa Kirós, Limoncello and Linen water y por fin ha llegado, ya es mío. Así que aunque ando bastante liada estos días no he podido resisitirme a compartir con vosotros este momento tan emocionante. No sé que tienen los libros de Tessa Kirós que me reconfortan tanto. Y me temo que éste que tengo ahora entre mis manos se convertirá rápidamente en uno de mis favoritos. No sólo está lleno de buenas recetas (como los anteriores) sino que además tiene un encanto especial que lo hace único, diferente, maravilloso, irresistible. En este libro Tessa ha querido rendir homenaje a las madres, las suegras y en especial a todas las matriarcas que han pasado por su vida y de las que ha aprendido tantas lecciones. Y qué mejor manera de hacerlo que recopilar algunas de sus recetas y todos esos consejos que ha ido heredando de su sabiduría popular. Seguro que muchas os sentiréis identificadas.


La primera parte recuerda el estilo de los libros de principios del siglo pasado en los que se instruía a las futuras amas de casa sobre las tareas del hogar. Sus páginas destilan un aire retro absolutamente maravilloso, lleno de nostalgia. Me ha hecho recordar a mis dos abuelas que ya no están. El libro tiene el encanto de los tiempos pasados, de las cosas hechas con cariño, sin prisas, de los detalles que convierten cuatro paredes en un verdadero hogar. Podemos aprender a preparar desde un delicioso licor de limón casero (limoncello) hasta un agua de plancha (linen water) para conseguir que nuestra ropa limpia huela estupendamente bien. Entre medias encontramos multitud de sugerencias imprescindibles para un buen fondo de despensa: aceites, vinagres o sales aromatizadas, azúcares perfumados, licores, conservas, mermeladas. También hay consejos. ¿Sabíais que el membrillo se coloca dentro de los armarios como ambientador porque desprende una fragancia muy agradable? Eso sí, nos recomiendan ponerlo dentro de un bol para evitar que pueda manchar algo. Aunque de todos los consejos me quedo con éste, absolutamente genial, de la madre de Tessa Kirós: "Nunca corráis detrás de un hombre o de un autobús - simpre hay otro en camino." Cierto.


Pollo frito marinado en buttermilk -delicioso-

Por los mails que recibo ya sé que algunos esperáis como agua de mayo una nueva receta. No sabéis cómo me llenan de satisfacción esos comentarios aunque al mismo tiempo sienta también una responsabilidad muy grande que espero no defraudar. Me encanta cuando me escribís para contarme vuestras impresiones sobre lo que más os gusta o simplemente para perdirme consejo sobre algo y tengo que decir que me ha sorprendido muy gratamente comprobar que los más decididos a la hora de utilizar el correo sois los chicos así que esta receta de hoy va dedicada especialmente a todos vosotros. Gracias por estar ahí, por seguir este blog y por animarme siempre con vuestros comentarios, es muy gratificante.

Tanto como encontrarme con el premio Indalo de Diamante que me concedió el otro día Trini Altea. No sabéis que sorpresa tan agradable. Recibir el reconocimiento de una compañera y magnífica cocinera siempre es una satisfacción y un orgullo enorme. Los que no la conozcáis podéis pasaros por su blog para comprobarlo. Aunque agradezco enormemente el detallazo de Trini al pensar en mi para este premio, hace ya tiempo que decidí no participar en este tipo de cadenas porque me resulta imposible escoger a quién entregárselo después. Siempre me parecería que injustamente se quedan otros muchos compañeros en el tintero así que permitidme que simplemente lo comparta con todos vosotros y le de las gracias a Trini, otra vez.

Y bueno, volviendo al tema que hoy nos ocupa, hoy traigo otra receta de Tessa Kirós. Algunos pensaréis que quizá soy un poco exagerada pero como ya he confesado muchas veces, puede que mi absoluta admiración por ella tenga muy poco de objetiva, lo sé. Pero es que cuando pruebas una de sus recetas y te sorprende y luego pruebas la siguiente y te vuelve a sorprender y lo intentas de nuevo y otra vez se te escapa un ummmmmmm.... muy, muy, muy, muy largo, es imposible no enamorarse de su cocina. Y lo que más me gusta es que sus recetas te conquistan sin necesidad de utilizar espumas, deconstrucciones, escerificaciones ni ingredientes que parecen sacados de la lista de la compra de algún vecino extraterrestre. La cocina de Tessa conquista por sus sabores, por su exquisita sencillez, por su honestidad a la hora de cocinar. Nunca se olvida de nombrar a las personas de las que ha aprendido las distintas recetas.

Y lo que más me gusta de sus libros es que siempre incluye algún comentario personal que suele ser muy clarificador. Por ejemplo, la receta de pollo de hoy llamó mi atención porque Tessa decía que se la dió una amiga quien a su vez le aseguraba que esta forma de cocinar el pollo frito, muy popular en todo el sur de Estados Unidos, conseguía una carne más blandita y jugosa y puedo aseguraros que estaba en lo cierto. El pollo queda suave, suave al morderlo, un auténtico placer. ¿Queréis saber cuál es el secreto que utilizan los profesionales americanos del pollo frito? Pues muy fácil, dejar marinar el pollo en buttermilk. ¿En qué has dicho? ¿Butter, qué? Si, ya sé, ¿pero no acabas de decirnos que tu no eres de esas que llenan la lista de la compra con ingredientes extraterrestres? A ver bonita si te aclaras. Sí, lo sé, parece una contradicción pero no lo es. Es que detrás de ese nombre tan grandilocuente se esconde algo que todos tenéis en la nevera, seguro: Una mezcla de leche y zumo de limón, eso es lo que vamos a utilizar para marinar nuestro pollo. Ah vale, haber empezado por ahí. No os asustéis porque al contrario de lo que pueda parecer la receta es fácil, fácil y el resultado serguro que os sorprenderá.


El buttermilk en español suero de mantequilla o mazada (también llamado a veces suero de leche) es un ingrediente muy común en la repostería de los países del Este de Europa o de Estados Unidos. También es muy apreciado como bebida en la India, en los Países Bajos, Dinamarca o Alemania. Se trata de un producto lácteo de color blanco-amarillento, líquido, menos espeso que la nata, con un contenido bajo en grasa y de sabor ligeramente ácido. En realidad si montamos la nata en exceso ésta se separa en dos componentes: la parte grasa se transforma en mantequilla (si le añadimos las hierbas que más nos gusten tenemos una mantequilla casera con el sabor que nosotros queramos) y si escurrimos bien la mantequilla nos encontraremos con otra parte líquida que es nuestro buttermilk (suero de mantequilla). Si alguien alguna vez se ha pasado al intentar montar la nata, sin saberlo, habrá obtenido el suero que andamos buscando. Sin embargo, con este método se consigue poca cantidad por lo que en la actualidad bajo el nombre de buttermilk lo que se comercializa (en la mayor parte de los casos) es leche desnatada o semidesnatada a la que se le ha añadido bacterias de ácido láctico para conseguir un sabor ligeramente ácido mediante la correspondiente fermentación. Este es precisamente el proceso que vamos a emular para marinar nuestro pollo de un modo sencillo. Por supuesto, los que queráis comprar buttermilk en algún hipermercado o lo tengáis ya en casa, os ahorraréis este pequeño trabajo que bien merece la pena.

INGREDIENTES

 1 pollo entero troceado, 4 dientes de ajo, 2 tallos de romero, 500 ml de buttermilk ( ó 500 ml de leche semidesnatada tibia más 3-4 cucharadas de zumo de limón), 125 grs. de harina, 3-4 cucharaditas de pimentón dulce, aceite de oliva, unas rodajas de limón y 1 bolsa la plástico para congelar alimentos.

ELABORACIÓN

La elaboración es muy sencilla. Lo importante para conseguir una carne tierna y jugosa es el tiempo de marinado. Tessa recomienda dejarlo entre 12 y 24 horas. Yo hice dos tandas. La primera (la de la fotografía) estuvo marinando unas 14 horas y la segunda cerca de 30. Tengo que decir que la diferencia entre una y otra fue significativa así que os recomiendo dejarlo cuanto más mejor. Alrededor de 24-28 horas estará bien. 

Para hacer nuestro adobo necesitaremos 500 ml de leche semidesnatada y 3 ó 4 cucharadas de limón. Para obtener un buen resultado es importante que la leche esté tibia. No podemos utilizar la leche directamente del frigorífico. Mezclamos con una cuchara y dejamos reposar mínimo 15 minutos. Transcurrido ese tiempo observaremos que la leche adquiere una consistencia más densa y que se forman pequeños "grumitos" como si estuviera cortada.  Los que vayáis a utilizar buttermilk comprado omitís este paso y empezáis directamente aquí. 

Ahora vamos a troceando nuestro pollo. A mi además me gusta quitarle la piel así que si sois de los míos, este es el momento. Seguidamente añadiremos los dientes de ajo bien picados (es mejor utilizar un triturador) y las ramitas de romero troceadas, procurando repartirlo todo homogéneamente. Cuando tengamos listo el pollo, lo sazonamos, cogemos una bolsa para congelar alimentos y lo metemos dentro. Añadimos la mezcla de leche y el zumo de limón o nuestra buttermilk comprada. Cerramos bien la bolsa de manera que quede lo más ajustada posible. Así conseguiremos que todos los trozos de pollos estén cubiertos con el buttermilk. Metemos nuestra bolsa en un bol grande y dejamos macerar en la nevera durante 24 horas.  Ya véis que no es muy complicado. Cuesta más explicarlo que hacerlo.

Para freír el pollo una vez que esté listo necesitamos mezclar previamente 125 grs. de harina con 3 ó 4 cucharaditas de pimentón dulce. Tessa ponía sólo 2 pero yo utilicé 3 porque me parecía poco. Con 3 el resultado fue muy sutil. Si queréis más sabor añadir una cucharadita extra. Id sacando uno a uno los trozos de pollo de nuestra marinada y rebozándolos bien en la mezcla de harina y pimentón. No importa si algún trozo de ajo o de romero se queda pegado. A continuación los freímos en abundante aceite (como 2 ó 3 dedos). Para que se hagan bien por dentro sin que se nos quemen por fuera, el aceite no tiene que estar muy, muy caliente. Mi cocina de inducción tiene hasta 10 intensidades de fuego y yo utilicé el 5. Los dejé 13 minutos por cada y al sacarlos los puse sobre papel absorvente para eliminar el exceso de grasa.Y ya podéis lanzaros sobre ellos porque los trozos de pollo van a volar, nunca mejor dicho :)  Si os gusta podéis esprimir por encima un poco de zumo de limón.

Pero lo más importante no es la receta en sí, sino que os quedéis con la técnica para darle vuestro toque personal porque tiene mil posibilidades. A lo mejor queréis añadir otros sabores en el rebozado: una mezcla de vuestras hierbas preferidas, queso parmesano, curry, pimentón picante, maíz frito triturado, mostaza en polvo, etc... O tal vez queráis utilizar solo filetes de pechuga de pollo. Tessa nos da una idea para servirlos: dentro de pan de hamburguesa acompañados simplemente con un poco de lechuga y mahonesa. ¿Quién se puede resistir? Si hacemos los filetes finitos con 2-3 minutos por cada lado será suficiente para disfrutar de un manjar digno de dioses. No me digáis que no os he avisado.

Tortilla Alaska al estilo Banoffee -delicioso-

Gracias al concurso de los 300 seguidores os estoy conociendo mejor a muchos de vosotros, sobre todo a los que me seguís desde el anonimato. Poco a poco os iré contestando a todos, sólo os pido un poquito de paciencia. Los despitados que todavía no se hayan apuntado al sorteo del robot de cocina pueden hacerlo aquí

Una de las cosas que más me ha llamado la atención a cerca de vuestros gustos ha sido comprobar que los más golosos echábais en falta más recetas dulces. Así que me he puesto manos a la obra y esta receta de hoy os la quiero dedicar especialmente a vosotros y deciros que a partir de ahora me acordaré de vosotros más a menudo. Espero que no sea solo cuando me suba a la báscula (je,je,je). Me vais a arruinar la operación bikini. No sabéis cómo me he puesto con este postre. Imposible describiros lo delicioso que estaba y sí, hablo en pasado porque ya no quedan ni las migas y eso que lo hice ayer por la tarde. En casa ha sido todo un éxito a pesar de que ninguno somos muy de merengue (de hecho a mi no me gusta) pero no nos hemos podido resistir. Creo que se ha convertido ya en uno de mis favoritos. Um, ¡qué rico!


 Este poste es una afortunadísima versión de la tortilla Alaska, incorporando el contraste de sabores que encontramos en la tarta banofee y el resultado es simplemente espectacular. Si alguien está pensando que algo tan delicioso tiene que resultar complicadísimo, le diré que está de enhorabuena porque este es un postre que podemos preparar en sólo diez minutos. Poned el cronómetro en marcha y veréis que no os engaño. Yo, como soy un poco masoca, he hecho la versión larga, elaborándolo todo en casa, pero veréis que la versión exprés es igual de espectacular. 

Algunos estaréis pensando que se me ha ido la olla. "Pero no dice que es un postre, ¿entonces por qué se llama tortilla Alaska?" Bueno, eso deberíamos preguntárselo mejor a su inventor, el físico americano Benjamín Thonson de Rumford. Para demostrar que las claras de huevo son malas conductoras del calor ideó un ingenioso experimento que consistía en cubrir totalmente una bola de helado con claras de huevo batidas, o sea merengue. Al flambear su preparación comprobó que el helado no se derretía demostrando así que estaba en lo cierto, las claras de huevo eran malas conductoras del calor. En realidad lo único que hacía que el helado se derritiera era el pripio calor ambiental. El Sr. Benjamín denominó a su postre  tortilla noruega aunque en español se le conoce como tortilla Alaska o tortilla sorpresa. ¿Os animáis a probar?

Tortilla de patatas guisada -deliciosa-

Ay madre, que blogger me ha triplicado el borrador de esta receta. A ver si hoy tampoco la voy a poder publicar. Muchos sabréis (lo habéis vivido en vuestras propias carnes) que la semana pasada blogger se volvió loco. A mi me desapareció esta receta, bastantes comentarios, algunos seguidores. En fin, un desastre. Llevo intentando publicarla desde el miércoles. Primero se me borró y luego durante varios días no me dejaba acceder para poder editar y enviar. Así que crucemos los dedos para ver si por fin hoy puede ser....

La tortilla de patata es sin duda alguna la receta estrella de la cocina española. No hay un hogar en el que no se prepare con cierta frencuencia ni una receta que, con tan pocos ingredientes tan sumamente humildes, nos proporcione mayor satisfacción. Como la mayoría sabéis hacerla hoy os propongo otra alternativa, una vuelta de tuerca más, la tortilla guisada. Pero no quiero olvidarme de que precisamente por ser algo tan común en nuestras cocinas siempre damos por sentado que todo el mundo sabe cómo hacerla y no siempre es así.


Cuando estaba en el primer año de carrera al finalizar los exámenes de junio me fui a la playa con unas amigas. Alquilamos un apartamento y nos tiramos descansando una semanita: sol, playa, piscina y más sol. El único esfuerzo que teníamos que hacer consistía en preparar la comida. Por aquel entonces todavía no sabía cocinar así que a parte de salchichas y la socorrida pasta con tomate de bote (por supuesto hervir y servir) nuestras cuatro cabecitas pensaron en algo rápido, fácil y rico y entonces se nos ocurrió hacer una tortilla de patata. Alguien preguntó ante el estupor de las demás, ¿sabéis exactamente cómo se hace?  Por favor, qué pregunta, era sólo una tortilla así que muy difícil no podía ser. A fin de cuentas todo el mundo sabía hacerla, ¿no? así que no hacía falta llamar a mamá, todo estaba controlado. Y dicho y hecho, nos pusimos manos a la obra de inmediato. Pelamos las patatas, batimos los huevos, lo mezclamos todo y a la sartén. Sí, habéis oído bien, ni se nos pasó por la cabeza que las patatas primero se tienen que freir así que bien cruditas fueron directas a la sartén por supuesto con el fuego fuertecito para que se hicieran bien. Sí, lo habéis adivinado, también se nos quemó la tortilla y para completar la ley de Murphy al ir a darle la vuelta se nos cayó la mitad en la encimera, salvo la costra chamuscadita que se quedó bien pegada al fondo. Aún así nos animamos a probar un pegote que se podía salvar pero ¡qué horror! la patata estaba ¿cruda?  Así que imaginaros dónde acabó todo: directamente en la basura. Por eso la primera parte de la receta de hoy se la quiero dedicar a todos aquellos que se enfrentan a su primera tortilla de patata. Para que no os pase como a mi. Veréis que si seguís mis consejos os va a quedar deliciosa.

Cerdo con almejas -delicioso-

Por fin puedo presentaros la nueva imagen del blog. Espero que os guste y sobre todo que os resulte útil y más cómoda para navergar. Todavía incorporaré algunas novedades  pero la verdad es que estoy más que satisfecha con el resultado.


Veréis, siempre me ha encantado el mar aunque desde que estuve en Grecia esas aguas azul turquesa me gustan todavía más. Hay algo hipnótico en el azul brillante, en el tranquilizador sonido de las olas, la suave brisa, esa luz especial que todo lo impregna. Así que pensé, por qué no traerme un pedacito del Mediterráneo hasta la puerta de casa.  Pues dicho y hecho, el nuevo blog es una ventana abierta al mar. Por fin podré levantarme los fines de semana y desayunar viendo  romper las olas en el acantilado. Y quién no ha estado en la playa disfrutando de un buen pescaíto frito, unas coquinas, unos deliciosos espetos... o sea cocina Mediterránea en estado puro. Así que tomad asiento y pediros una cañita mientras disfrutáis de las vistas. Yo voy calentando el puchero. Hoy con un plato que tiene algo de mar pero que, sobre todo, sabe a gloria. Hacedme caso, quedaros a comer, os vaís a chupar los dedos.

¿Arroz con leche? -delicioso y sorprendente-

Os propongo un juego para que lo pongáis en práctica este fin de semana. Hoy os tragio un arroz con leche muy especial. La receta es de mi querida Tessa Kirós. Pero no penséis que es un arroz con leche convencional, no. Mirad bien la foto. ¿Qué veis? ¿Un delicioso tazón de arroz con leche espolvoreado con canela? Pues la verdad es que no. Está exquisito, sí pero no es un arroz con leche, al menos no estrictamente, ¿o si? Me explico, en realidad es un "Risotto al latte", o sea un risotto con leche. Es decir que no se trata de un plato dulce sino de uno salado aunque curiosamente los ingredientes en ambas preparaciones son muy parecidos. El resultado en ambos casos es espectacular. De verdad, es uno de los mejores arroces o risottos que he probado nunca. Y lo que véis por encima no es canela sino nuez moscada. La verdad es que si lo servís en tazones o cuencos individuales dará el pego. Seguro que vuestros comensales os dicen: Pero bueno, en esta casa qué pasa, hoy empezamos por los postres.... Y veréis cómo se van a sorprender. Y vosotros también porque más fácil y rico no puede ser.


Como suelo hacer casi siempre la receta que yo he elaborado es una adaptación de la que Tessa Kirós nos propone en su libro Venezia, Food&Dreams . La verdad es que junto con Apples for jam, para mi son sus dos mejores obras grastronómicas. Tessa utiliza cebolla para aromatizar el arroz pero yo he preferido emplear ajo porque deja un toque muy sutil que combina a la perfección con el sabor del queso (Grana Padano). De verdad, está increíble. Así que os dejo la lista de los ingredientes que he utilizado yo y los que propone ella, vosotros decidís.


MIS INGREDIENTES

1'5 litros de leche entera, 3 cazos de arroz (rasos), 2 dientes de ajo de tamaño medio/grande, 1 cucharadita de mantequilla, 4 ó 5 cucharadas de aceite de oliva, 100 grs. de queso Grana Padano (en su defecto se puede utilizar también Parmesano, un buen queso de oveja tipo Idiazábal o un manchego curado) y nuez moscada al gusto.

Los ingredientes de Tessa Kirós

1'5 litros de leche entera, 3 cucharadas de aceite de oliva, 1 pequeña cebolla o chalota, 300 grs. de arroz, nuez moscada, 1 cucharadita de mantequilla y 4 cucharadas de parmesano.


La elaboración es muy sencilla. En un cazo ponemos a hervir la leche. Mientras tanto en la cazuela donde vayamos a cocinar el arroz ponemos el aceite de oliva y seguidamente pelamos y picamos los ajos muy finitos (mejor con un triturador de ajos). Cuando estén listos los incorporamos al aceite en frío. Ahora sí, encendemos el fuego al 6-7. Cuando los ajos empiecen a "chisporrotear" removemos durante 5 segundos y añadimos rápidamente los cazos de arroz. No queremos que el ajo coja color, simplemente que perfume un poco el aceite. Rehogamos bien el arroz con una cantidad de aceite generosa para que se impregne bien. Cuando esté comenzaremos a añadir la leche (que tiene que estar bien caliente) cazo a cazo, conforme veamos que el líquido va desapareciendo. Es importante poner sal en la leche antes de incorporarla al arroz. Dejamos al 4 durante 22 minutos removiendo constantemente. Si en cualquier risotto es importante aquí mucho más porque si dejáramos de remover la leche se pegaría al fondo de la cazuela de inmediato. Cuando hayan transcurrido los 22 minutos debemos tener un arroz de apariencia bastante caldoso. Tenemos que tener en cuenta que con el reposo y lo que le vamos a añadir a continuación va a espesar y sino nos quedaría algo más parecido a una pasta para croquetas que a un risotto cremoso y delicado. Ya fuera del fuego incorporamos la cucharadita de mantequilla y a continuación el queso Grana Padano en tres veces. Dejamos reposar 2 ó 3 minutos para que se asienten los sabores y servimos inmediatamente. Os encantará, probadlo.

Magdalenas de coco al instante


No os ha pasado alguna vez que os apetece tomar algo dulce y no tenéis en casa ni siquiera una triste onza de chocolate. Y basta que no tengáis nada para que os apetezca todavía más. Os recomiendo que vayáis a vuestra despensa a ver si os queda un bote pequeño de leche condensada y un paquetito de coco rallado porque en 2 minutos tenéis listo un dulce con el que quitaros ese antojo. Eso sí, absteneros los que no seais muy golosos.

La verdad es que la idea no es mía. La encontré hace tiempo en un blog portugués cuyo nombre no soy capaz de recordar. Ni siquiera sé cómo llegué hasta allí pero si me encuentra ella a mi la citaré encantada. El caso es que varias semanas después, al descubrir que no tenía nada dulce para acompañar el café, mi subconsciente vino al rescate refrescando mi memoria con aquella receta. Este fue el resultado. Rico, rico y más fácil y rápido no puede ser. Lo más difícil esperar los 15 minutos de horneado. ¿Os atrevéis?


INGREDIENTES
1 bote pequeño de leche condensada, 1 huevo y coco rallado (100-125 grs.)

ELABORACIÓN
Lo primero es poner el horno a calentar porque lo demás no nos va a llevar a penas tiempo. Todo el esfuerzo que debemos realizar consiste en abrir nuestro bote de leche condensada y verterlo en un bol donde vamos a añadir la yema de huevo y el coco rallado. Difícil, verdad. Mezclamos y después de tan agotador esfuerzo que nos habrá llevado menos de un minuto rellenamos con esta mezcla nuestras cápsulas. Podemos colmar los moldes porque no se nos van a salir. Y a esperar 15 minutos hasta que estén listas. Os aconsejo descansar durante ese tiempo porque del esfuerzo estaremos agotados (je,je,je).

Carrilleras de ternera en salsa de pimientos con ciruelas {para mi las mejores}

No sé si os ha pasado a vosotros pero yo, a menudo, me llevo una gran decepción cuando como fuera de casa. Normalmente casi siempre acabo pensando que el plato en cuestión me gusta más como lo preparo yo, o que aquello tampoco es para tanto. Y claro, cuando uno paga por algo y no encuentra la satisfacción que busca es inevitable cierto desencanto. Algo, por supuesto, que sólo nos sucede a quienes disfrutamos con la comida. El resto, los que simplemente se alimentan, se limitan a mirarnos como si fuéramos extraterrestres venidos de un planeta rarísimo. Lo bueno es que por ese mismo motivo, cuando uno encuentra algo que le agrada de verdad, dada la excepcionalidad de la ocasión, la alegría es muchísimo mayor. Eso mismo me sucedió a mi el fin de semana pasado. Ya os dije que había estado en Málaga. Pues bien, el viernes salimos a cenar por ahí y acabamos en un sitio que fue todo un descubrimiento. Me gustó el aspecto casero que tenía el local así que decidimos entrar. Y ¡qué suerte! Probamos un lomo ibérico adobado con un poquito de pimentón que estaba para quitarse el sombrero. Toda una orgía para el paladar. Yo no cabía en sí de satisfacción así que felicité al dueño del local, vamos que me faltó sólo plantarle dos besos. Y ya puestos felicité también al padre de la criatura que andaba por allí, un señor ya jubilado, muy simpático, que durante años ha regentado un restaurante en pleno centro de Madrid con mucho éxito y que ahora que su hijo acababa de instalarse en Málaga había venido a echarle una mano. La cocina es casera, elaborada con productos de gran calidad y eso se nota, vaya que si se nota. Si vais por Málaga no dudéis en pasaros por allí. Nosotros volvimos al día siguiente y nos deleitamos esta vez con las costillas de cerdo ibérico, de verdad, para chuparse los dedos. El sitio se llama "El Puchero" y creo recordar que está en la calle Maestranza.

Con la receta de hoy me pasó exactamente lo contrario. Siempre que pido carrilleras en un restaurante, sea cual sea la preparación, acabo pensando en que no tienen ni punto de comparación con la receta que yo hago en casa. Las he probado incluso en restaurantes de cierta reputación pero aunque no estén mal yo no puedo evitar compararlas con la receta que os pongo hoy y siempre, siempre, siempre salen mal paradas. Así que, después de probar unas cuantas, he llegado a la conclusión de que, para mi, esta es la mejor manera de preparar unas carrilleras de ternera que te quitan el sentido. Y como suele pasar con todos los guisos, un consejo, prepararlas de víspera, están muchísimo mejor.


INGREDIENTES
4 carrilleras de ternera, 2 cebollas, 75 grs. de mantequilla, 1 cucharada de aceite, un vaso de vino tinto, agua o caldo para cubrir la carne, 16 ciruelas pasas grandes sin hueso, 20 pimientos del piquillo, sal y pimienta