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Ragú de níscalos a mi manera ǂ estilo comfort food

Seguro que más de uno estará tentado de no leer esta entrada porque los níscalos no son santo de su devoción. Si os digo la verdad, yo misma he pertenecido a ese club durante mucho tiempo. En realidad, siempre he disfrutado más cogiéndolos que comiéndolos pero eso ya es cosa del pasado. Ahora he descubierto que me encantan y la culpa la tiene la receta que hoy quiero compartir con vosotros. Quién sabe si a lo mejor os pasa como a mi.

En mis andanzas culinarias he descubierto que, no en pocas ocasiones, el hecho de que algunos alimentos no resulten especialmente apetecibles tiene más que ver con su preparación que con su falta de potencial. Sucede como con las personas. A algunos ingredientes, cuando les das otro toque, parece como si les hubieran pasado el Photoshop. Vamos que no los reconoce ni la madre que los parió.
La verdad es que en esta ocasión tengo que darles las gracias a mis tíos de Ontalvilla (Armando y Josefina) porque sin los níscalos que nos regalaron hace poco, nunca me habría puesto a experimentar y no habría disfrutado de esta experiencia inolvidable. Como sé el cariño con el que mis tíos los recogieron para nosotros pensé que tenía que darles un destino que estuviera a la altura de las circunstancias y a juzgar por los comentarios en la mesa creo que lo he conseguido porque fue de esas veces en las que entre los comensales hubo absoluta unanimidad. Ahora ya sé que el año que viene estaré esperando impaciente la llegada del otoño para saborearlos otra vez.

La verdad es que el ragú aromatizado con vino de Jerez resulta por si solo espectacular pero si además le añadimos unos huevos, patatas fritas y un toque final que luego os desvelaré, el resultado es un plato que si le dáis una oportunidad estoy segura de que os conquistará. ¿Queréis saber cómo prepararlo?

Delicioso pollo a la HORTENSIA con salsa de pimientos y almendras al brandy

Hoy mi yaya Horten, mi sorianita (como le decía yo), habría cumplido 94 años. Parece mentira que ya hayan pasado catorce meses desde que falleció. Pero no quiero ponerme triste, al contrario. Como hoy era su cumple quería dedicarle este plato que a ella le habría encantado, por eso he decidido ponerle su nombre. Qué mejor homenaje que una receta tan extraordinaria como ella, elaborada con un pollo criado en casa por sus sobrinos (Armando y Josefina) en su pueblo, en su Ontalvilla de Valcorba (Soria). ¡Cómo lo habría disfrutado! Además de que la materia prima es extraordinaria, viene cargada de recuerdos. Los míos se remontan a la infancia, cuando en mis visitas al pueblo ayudaba a mi abuela a desplumar algún pollo de la tía Pilar o unos pichones, o la acompañaba a recoger los huevos que habían puesto las gallinas. Entonces no tenía ni idea de lo afortunada que era de poder compartir con ella todas esas experiencias, todos esos momentos que para mi estaban llenos de magia. La magia de descubrir el verdadero significado de las cosas.

 
Quienes hemos tenido la suerte de probar un pollo de verdad sabemos que su sabor y su textura son insuperables, nada que ver con los que venden en el super. Pero hasta que el pollo de casa llega a la cazuela hay un proceso previo que no podemos saltarnos. En primer lugar, una vez que se ha sacrificado al animal, deber de ser introducido de inmediato en un cubo o cazuela grande con agua caliente (casi hirviendo) para escaldarlo y facilitar así el desplumado que se realizará a continuación. Después de que le hemos retirado las plumas, el pollo todavía seguirá teniendo algunos pelillos (como veis en la fotografía) así que para quitárselos lo mejor es socarrarlo. Hoy en día nos serviría un soplete de los que se emplean en repostería. Es fácil, en un par de minutos habremos acabado y ya tendremos el pollo listo para cocinar.

Como veis, todo esto que nos ahorramos cuando cogemos la bandejita del super aunque claro, el sabor también nos lo dejamos por el camino. De todos modos, los que no tenéis la suerte de disfrutar con un pollo criado en casa, podéis probar igualmente esta receta porque la combinación de sabores es extraordinaria. Como os podéis imaginar cuando tenemos una materia prima de excelente calidad, la preparación tiene que estar a la altura de las circunstancias y esta receta lo está, os lo aseguro, así que si os animáis a probarla no os defraudará. Es de esas recetas que acaban cosechando la unanimidad de todos los comensales. Preparad la barra de pan porque con el pollo a la Hortensia la vais a necesitar.

Delicioso bacalao a la Ghiotta para estrenar nuevo look

Sí, por fin estoy de vuelta y como veis traigo novedades. Hoy, además de compartir con vosotros una receta deliciosa y sorprendente, estreno nuevo diseño para el blog. Espero que os guste la forma en la que he organizado la información y sobre todo que os resulte útil y fácil de manejar. Ese es el propósito.

A partir de ahora la columna derecha irá renovándose con nuevas secciones que incluirán también las últimas novedades mientras que en la parte central, justo debajo del primer post, podréis encontrar secciones fijas como los imprescindibles de temporada, ideas para sorprender o básicos para el día a día.

Quienes seguís habitualmente el blog sabéis que mi cocina es sobre todo mediterránea. Pues bien a partir de ahora, sin renunciar a esas mismas raíces, mi compromiso será también con los productos de temporada: quiero que estén más presentes en el blog. En este mundo globalizado en el que vivimos donde podemos encontrar prácticamente de todo en cualquier época del año a veces es fácil perder la noción de lo que es de temporada y lo que no. Por eso me apetece recuperar esa forma de comer que nos permite disfrutar de los productos que nos ofrecen las distintas estaciones en su mejor momento. Espero que me acompañéis en este nuevo viaje. Ya zarpamos. ¿Os subís a bordo? Hoy ponemos rumbo a Sicilia con una receta deliciosa que os va a sorprender. Por cierto, una idea estupenda para estas Navidades así que tomad buena nota.


El bacalao a la Ghiotta es un plato típico de la región de Messina, en el noreste de Sicilia. Si os gustan los contrastes de sabores econtraréis aquí un bocado delicioso, una auténtica exquisitez sazonada con esa mezcla de ingredientes que ha hecho tan popular la cocina de la isla y que no es sino el legado de todas las culturas que han pasado por esas tierras a lo largo de los siglos (fenicios, griegos, romanos, cartagineses, bizantinos, sarracenos, normandos, franceses, españoles). 

No os dejéis asustar por la lista de ingredientes, ni siquiera aunque no hagáis muy buenas migas con alguno de ellos. Yo particularmente no soy muy amiga de las alcaparras pero reconozco que en su justa media en esta preparación son indispensables para redondear la exhuberante variedad de matices del plato.  Parece mentira que una combinación de ingredientes tan variopintos (tomate, aceitunas verdes, alcaparras, apio) pueda resultar tan excitante al paladar. Si soy sincera tengo que confesaros que al principio no las tenía todas conmigo pero después de haberlo probado es uno de los platos de bacalao más deliciosos que he comido nunca, animaros vosotros también. Sólo os puedo decir que en la mesa consiguió la aprobación de todos los comensales, lo cual no siempre es fácil ¿verdad?

Kokkinisto de pollo

Bueno, últimamente he estado un poco desconectada de Internet y ahora por fin llegan mis vacaciones así que este blog se tomará un descanso hasta finales de septiembre. Pero antes de irme quería dejaros con un buen sabor de boca. La receta que os traigo hoy es uno de los platos más populares de la cocina tradicional griega, tan rico como la mousaka o el pastitsio aunque fuera de la península helénica no sea tan conocido. No me negaréis que el nombre no es bonito (precioso diría yo). El término Kokkinisto significa algo así como estofado en salsa roja. En realidad se trata de un guiso cocinado en una salsa aromatizada con especias y cuyos ingredientes principales son el tomate y el vino tinto (de ahí su nombre y su color).  Podemos preparar Kokkinisto casi con cualquier cosa, fundamentalmente carnes: cordero, ternera,  pollo o cerdo. Pero también hay Kokkinistos de pulpo que están igual de ricos. Lo mejor es que se trata de un guiso sencillo con un toque diferente. Como veréis lo más largo es la lista de ingredientes pero nos os asusteís, seguro que casi todos están en vuestra despensa. 


INGREDIENTES

Aceite de oliva virgen extra, una cebolla de tamaño medio, cuatro dientes de ajo, un pollo entero troceado, una lata mediana de tomate triturado (unos 400 grs), una cucharada colmada de puré de concentrado de tomate, dos hojas de laurel seco (pequeñas) o una grande, 1/2 palo de canela, dos clavos de olor, tres bayas de pimienta de jamaica, una cucharadita de orégano seco, 80 grs. de vino tinto, una cucharada de vinagre de vino tinto y media cucharadita de azúcar.

Ragú rápido

Antes de ponerme con la receta de hoy os quería comentar que al final de este post encontraréis las listas de participantes para las dos modalidades del sorteo, junto con el número que le ha correspondido a cada uno. El viernes haré públicos los nombres de los dos ganadores. Os deseo mucha suerte a todos.

Y aprovechando que hoy el tiempo parece que nos da un respiro quería compartir con vosotros esta receta realmente deliciosa, perfecta para un día nublado. Lo mejor es que se hace en un momento y la podemos servir así tal cual o acompañando a un puré de patatas, un poco de arroz o de pasta, como plato único. Para los que no lo sepáis un ragú es un guiso, un estofado, normalmente de carne pero puede hacerse también de ave, pescado o verduras. La ventaja de este plato es que se puede dejar hecho la noche anterior y así al día siguiente en los 8 minutos que tarda en cocerse la pasta,  tenemos lista nuestra comida. No os quejaréis A mi me sorprendió la mezcla de ingredientes, por eso precisamente me animé a probarla. ¿Queréis saber qué lleva?

500 grs. de carne picada (Nigella utiliza sólo carne de cordero pero yo puse 600 grs. de una mezcla de ternera y cerdo al 50%), 125 grs. de panceta a dados (yo no le puse), 75 grs. de cebolla (caramelizada si la compráis de bote ya preparada), 80 ml de vino de Marsala,  1 lata de 400 grs. de tomate triturado, 75 grs. de lentejas (yo utilicé de bote), 125 ml. de agua, 50 grs. de queso rallado (ella utiliza cheddar pero yo puse parmesano)

Si no tenemos cebolla de bote caramelizada y vamos a utilizar cebolla fresca lo primero que haremos será picarla finita y ponerla a dorar en una sartén con un dedo de aceite a fuego medio-alto, removiendo continuamente hasta que veamos que empieza a ponerse de color caramelo. En ese momento la sacamos y retiramos el exceso de aceite (si lo hubiera) porque queremos sólo el equivalente a 2 ó 3 cucharadas. En ese aceite vamos a freír la panceta en daditos hasta que empiece a dorarse. Cuando esté lista añadimos la carne picada y con ayuda de un tenedor o una cuchara la vamos "rompiendo" para soltar los "grumos" de carne y que no nos quede un bloque compacto. Cuando se haya dorado por todas partes incorporamos la cebolla carmelizada, el vino que hayamos elegido para aromatizar el guiso, los tomates, las lentejas y el agua y llevamos a ebullición. Dejamos cocer durante 20 minutos removiendo de vez en cuando y ya lo tenemos listo para servir. Una vez fuera del fuego si queremos lo mezclamos con la pasta o con un arroz blanco, espolvoreamos con queso y ya podemos disfrutar de un pequeño instante de placer. Ummm.....

Por cierto aunque en la receta Nigella utiliza vino de Marsala como es un vino que no se encuentra fácilmente en nuestras casas, si queréis podéis sustituirlo por un Oporto o incluso por un Pedro Ximénez. Pero si simplemente le añadís vino tino también resultará delicioso. Por otra parte yo nunca utilizo lentejas de bote pero en esta ocasión para mayor comodidad las incluí y la verdad es que me gustó el resultado así que para esta preparación son perfectas. Y nada más, solo animaros a probarlo un día que las temperaturas os den una tregua y ya me contaréis.



Tortilla de patatas guisada -deliciosa-

Ay madre, que blogger me ha triplicado el borrador de esta receta. A ver si hoy tampoco la voy a poder publicar. Muchos sabréis (lo habéis vivido en vuestras propias carnes) que la semana pasada blogger se volvió loco. A mi me desapareció esta receta, bastantes comentarios, algunos seguidores. En fin, un desastre. Llevo intentando publicarla desde el miércoles. Primero se me borró y luego durante varios días no me dejaba acceder para poder editar y enviar. Así que crucemos los dedos para ver si por fin hoy puede ser....

La tortilla de patata es sin duda alguna la receta estrella de la cocina española. No hay un hogar en el que no se prepare con cierta frencuencia ni una receta que, con tan pocos ingredientes tan sumamente humildes, nos proporcione mayor satisfacción. Como la mayoría sabéis hacerla hoy os propongo otra alternativa, una vuelta de tuerca más, la tortilla guisada. Pero no quiero olvidarme de que precisamente por ser algo tan común en nuestras cocinas siempre damos por sentado que todo el mundo sabe cómo hacerla y no siempre es así.


Cuando estaba en el primer año de carrera al finalizar los exámenes de junio me fui a la playa con unas amigas. Alquilamos un apartamento y nos tiramos descansando una semanita: sol, playa, piscina y más sol. El único esfuerzo que teníamos que hacer consistía en preparar la comida. Por aquel entonces todavía no sabía cocinar así que a parte de salchichas y la socorrida pasta con tomate de bote (por supuesto hervir y servir) nuestras cuatro cabecitas pensaron en algo rápido, fácil y rico y entonces se nos ocurrió hacer una tortilla de patata. Alguien preguntó ante el estupor de las demás, ¿sabéis exactamente cómo se hace?  Por favor, qué pregunta, era sólo una tortilla así que muy difícil no podía ser. A fin de cuentas todo el mundo sabía hacerla, ¿no? así que no hacía falta llamar a mamá, todo estaba controlado. Y dicho y hecho, nos pusimos manos a la obra de inmediato. Pelamos las patatas, batimos los huevos, lo mezclamos todo y a la sartén. Sí, habéis oído bien, ni se nos pasó por la cabeza que las patatas primero se tienen que freir así que bien cruditas fueron directas a la sartén por supuesto con el fuego fuertecito para que se hicieran bien. Sí, lo habéis adivinado, también se nos quemó la tortilla y para completar la ley de Murphy al ir a darle la vuelta se nos cayó la mitad en la encimera, salvo la costra chamuscadita que se quedó bien pegada al fondo. Aún así nos animamos a probar un pegote que se podía salvar pero ¡qué horror! la patata estaba ¿cruda?  Así que imaginaros dónde acabó todo: directamente en la basura. Por eso la primera parte de la receta de hoy se la quiero dedicar a todos aquellos que se enfrentan a su primera tortilla de patata. Para que no os pase como a mi. Veréis que si seguís mis consejos os va a quedar deliciosa.

Tangía de cordero

Hoy damos un salto y nos pasamos a la otra orilla del Mediterráneo. La verdad es que no conozco demasiado la gastronomía marroquí por eso tenía ganas de probar uno de sus guisos, hecho en casa. Y para una primera toma de contacto que mejor que algo sencillo y sin sabores excesivamente marcados como esta tangía de Jamie Olvier. Seguro que todos hemos oído hablar de los tajines pero sabéis ¿qué es una tangía? Es un guiso de cocción lenta típicamente marroquí. La misma palabra sirve también para designar el nombre del recipiente en el que cocina (como sucede con nuestra paella o con el mismo tajín). En realidad son ollas de barro como la que podéis ver aquí. Las tangías se cocinan durante varias horas entre las brasas. Para prepararlas lo único que hay que hacer es ir poniendo los ingredientes, en general muy sencillos, en capas, para que sea el fuego quien haga el resto del trabajo. Finalmente se cubre la boca de la tangía con papel grueso o papel albal (como podéis ver aquí) en el que se marca el nombre del propietario y se lleva a un horno comunal donde se cocina lentamente. La cocina del plato único es muy popular en Marruecos, en especial entre los solteros, aunque todo el mundo hace uso de estos hornos. La gente deja allí sus tangía (pucheros) de camino al trabajo, llenos de carne y verduras y el hornero se ocupa del fuego para que los guisos se hagan lentamente. Al final del día los sencillos pero sabrosos estofados  esperan impacientemente a que sus propietarios los recojan en el camino de vuelta a casa.  Pero no os precupéis si no tenéis una olla tangía porque se puede utilizar cualquier recipiente que pueda ir al horno empleando el mismo sistema. Yo usé una fuente honda de pirex que tiene su tapa de cristal. Aun así cubrí la parte superior primero con papel albal y puse la tapa encima. Si no tenéis tapa con el papel albal bien cerrado también sirve.


INGREDIENTES

Un puñado de aceitunas variadas con hueso, 2 limones picados en trocitos, aceite de oliva virgen, un buen pellizco de azafrán, 250 grs. de calabaza, 2 puerros limpios y en trozos, 350 grs. de patatas, 1 cabeza de ajos sin pelar (los dientes separados y simplemente aplastados con el cuchillo), 800 grs. de cordero (si puede ser cuello de cordero mejor) cortado en trozos de 10 cm, 2 cucharadas de mantequilla, sal, pimienta recién molida y 500 ml de agua. 

Si queréis acompañar este plato de cous-cous, como hice yo, necesitarés también 250 grs. de cous-cous, aceite, sal y una cucharada de mantequilla.

Yo utilicé aceitunas gordales. Respecto a los limones una apreciación: si tuviérais limones en conserva típicos de Marruecos (encurtidos en sal y zumo de limón) los podríais utilizar de hecho Jamie los pone en su receta aunque cuando él hizo este guiso en televisión utilizó limones frescos sin más, no hay ningún problema.  Si no os gusta el sabor del limón con las carnes podéis prescindir de ellos. En cuanto a las especias si os gusta podéis añadirle también algo de comino molido o incluso (mejor en mi opinión) podéis sustituir el azafrán por Ras el Hanout, una mezcla de especias muy popular en Marruecos que aquí en España se encuentra ya en cualquiera de nuestros hipermercados. Su nombre significa "lo mejor de la tienda" y es una mezcla que cada tendero elabora dándole su toque personal con alrededor de 30-40 especias diferentes entre las que no suelen faltar: comino, cardamomo, jengibre, cúrcuma, cilantro, pimienta, pimentón, clavos, nuez moscada, canela, chile. En Alcampo la econtráis seguro. Por cierto, en la receta original Jamie utiliza 2 zanahorias pero yo no tenía y lo sustituí por calabaza y el resultado me pareció increíble. Me encantó su sabor. Nunca la había probado como parte de un guiso pero al final estaba deliciosa.


Para empezar precalentamos el horno a 150ºC. Cogemos el recipiente en el que vayamos a cocinar nuestro plato y ponemos las aceitunas y los limones picados, un chorrito de aceite de oliva y el azafrán. Los cubrimos con las verduras troceadas más bien en porciones grandes (sino con la cocción tan prolongada se harían puré). Añadimos por encima los dientes de ajo y los trozos de cordero. Ponemos algo de mantequilla, un buen pellizco de sal y pimienta e incorporamos 500 ml de agua. 

Cerramos bien nuestro recipiente con papel de aluminio ajustándolo bien y colocando encima su tapa si la tenemos. Dejamos que se cocine lentamente durante tres horas y media en el horno o hasta que el cordero esté muy tierno y se separe del hueso. 

Cuando el guiso esté listo si lo vamos a acompañar de cous-cous lo elaboraremos siguiendo las instrucciones del fabricante. Aquí en España lo que se encuentra mayoritariamente es el cous-cous que venden precocido y que resulta muy fácil de hacer. Se hierve el agua con algo de aceite y sal. Se retira el recipiente del fuego y se añade el cous-cous. Se remueve y se deja reposar unos tres minutos. A continuación se añade algo de mantequilla y se remueve con un tenedor para que se suelten bien los granitos. Se vuelve a colocar sobre el fuego y se remueve regularmente con el tenedor durante 2 ó 3 minutos. Y ya lo tenemos listo para servir.

En el momento de emplatar colocamos un montoncito de cous-cous y sobre él las verduras y la carne de nuestro tangía. Podemos regarlo con la salsita que se nos habrá formado al cocer la carne, de ese modo resultará más gustoso. La salsa la ponemos en un recipiente a parte para que cada uno se sirva lo que quiera. Si nos hubiera sobrado mucha cantidad incluso la podemos utilizar para cocer en ella nuestro cous-cous así estaría mucho más sabroso. Veréis cómo os sorprende la jugosidad y la melosidad de la carne. Es lo que tienen las cocciones lentas a baja temperatura.

Por supuesto si no os gusta el cordero podeís utiilzar también diferentes piezas de caza o de pollo, el resultado será igual de satisfactorio.

Pollo en pepitoria

La pepitoria es uno de esos platos que nos recuerdan a la cocina tradicional de nuestras abuelas. Quién no ha oído hablar del pollo en pepitoria, aunque originariamente y hasta hace sólo unas décadas fuera la gallina la que se degustaba en esta preparación sin olvidar que también se conocen pepitorias menos famosas de cordero, cabrito, perdiz, conejo, liebre o pavo. Por cierto, sabíais que la gallina es un ave originaira de la India que llegó al Mediterráneo oriental hacia el siglo VIII a.C. para hacer compañía a las ocas, patos y pintadas que habitaban los corrales y surtían de carne y huevos a los egipcios, fenicios, griegos y otros pueblos de la región. Ellos la distribuyeron por el Mediterráneo.

Aunque la pepitoria es un guiso tradicional tipicamente español, el origen del término parece provenir del francés, idioma en el que "petite-oie" significaba oca o ganso pequeño, ya que en su versión francesa el plato se elaboraba con los menudillos de esta ave (alas, mollejas, corazón, yemas y cuello). De hecho también en algunas regiones de España, se llama pepitoria a los platos guisados con menudillos, asaduras de cordero o cabritos.

Aunque a juzgar por los ingredientes, entre los que no suele faltar el azafrán o los frutos secos, la creencia popular atribuye su origen a la cocina árabe aunque ya en el siglo XIII aparecen en recetarios hispanoárabes fórmulas que podrían ser el antecedente de este guiso. Lo que sí que es cierto es que su sabor gusta tanto a grandes como pequeño así que si todavía no lo habéis probado, esta es vuestra oportunidad.



INGREDIENTES

4 dientes de ajo, 3-4 rebanadas de pan (también sirve el pan bimbo), 35-40 grs. de almendras, sal, pimienta, 1 kg. de pollo limpio y en trocitos, 1-2 cucharadas de vinagre fuerte de vino, 1 cebolla mediana picada, agua, unas hebras de azafrán, una pizca de canela, 1 clavo, 3 ó 4 gramos de pimienta, 1 pizca de comino, 1 hoja de laurel, 2 yemas de huevo cocido (opcional)

En pirmer lugar ponemos a calentar algo de aceite en una sartén donde vamos a freir el pan, los ajos y en último lugar las almendras, retirándolos según se ballan dorando pero sin que se nos vayan a quemar. Los ponemos en el vaso de la batidora junto con las hebras de azafrán previamente tostadas, 3 ó 4 de granos de pimienta, una pizca de canela, 1 clavo, la punta de una chucharilla de cominos, sal y un poco de agua. Lo trituramos todo bien y reservamos.

Conejo agridulce

Hoy vengo otra vez con dos premios bajo el brazo. Para quienes tenemos un blog el mejor premio es sin duda saber que al otro lado hay gente que lee lo que escribimos, que entra de vez en cuando para ver lo que hemos publicado, en definitiva, que disfruta con nuestras recetas. Pero cuando el reconocimiento además viene de compañeros bloggeros, la satisfacción es si cabe todavía mayor, porque ellos mejor que nadie saben el esfuerzo, la dedicación y el cariño que se esconde detrás de cada entrada porque también es su pan de cada día. Así que estos premios valen su peso en oro, sobre todo por el cariño con el que se entregan, eso es seguramente lo más importante. Por eso es un placer recoger el Premio al blog más dulce que me ha otorgado Maleka y otro Stylish Blogger Award esta vez de manos de Calohe.




A Maleka ya os la presenté en el post anterior pero si todavía hay por ahí algún despistado os vuelvo a poner el enlace a su blog porque encontraréis en él cosas deliciosas. Hoy nos ha hecho un pan de pueblo rico, rico. Para visitarlo sólo tenéis que pinchar aquí. Gracias Maleka por pensar en mi otra vez, de corazón.

A Calohe seguramente ya la conoceréis casi todos porque es una veterana y porque su página es una auténtica joya, una delicia. La verdad es que este premio me llena doblemente de satisfacción porque el suyo fue uno de los blogs que yo seguía asiduamente antes de empezar a escribir el mío. Era y sigue siendo uno de mis preferidos. Por eso ver que ahora es ella la que se acuerda de mi me llena de satisfacción. Gracias Calohe, no sabes la ilusión que me ha hecho. Y para que no os perdáis las cosas tan deliciosas que prepara podéis seguirla aquí. Hoy nos propone una empanada estilo Mondoñedo, deliciosa.




Me vais a perdonar que otra vez no vuelva a entregar los premios que me han concecido a ningún blog en particular porque creo que todos os lo merecéis.

Y ahora sí, vamos con la receta. Hoy os traigo otra receta de mi queridísima Tessa Kirós. Supongo que a estas alturas, con todo lo que os he hablado de ella, no debe quedar ya nadie que no la conozca pero si todavía hay algún despistado que no sabe quién es podéis echar un vistazo aquí.

No sé si os ha pasado alguna vez que habéis comprado un libro de cocina que tenía una pinta impresionante y cuando llegáis a casa emocionadísimos y por fin os sentáis a ojearlo con calma, descubrís que las recetas no son lo que os esperábais. Vamos que el libro en cuestión resulta ser un fiasco. A mi por lo menos sí que me ha pasado. Lo que no me había sucedido nunca hasta ahora era la situación inversa. O sea que compras un libro que te parece que está bien y cuando llegas a casa y lo ojeas con detenimiento descubres que está todavía mejor. Pues sí, eso es lo que me ha pasado con los libros de Tessa Kirós. Como por arte de magia, cada vez que los abro descubro nuevas recetas maravillosas que la vez anterior habían pasado desapercibidas. No dejan de sorprenderme a pesar de que los he ojeado ya todos mil veces. Me encantan.


Esta es una de esas recetas que desde el principio llamaron mi atención y el resultado la verdad es que está muy rico. Para los que no os guste el conejo os diré que según la propia Tessa Kirós se puede preparar igualmente con pollo troceado y sin piel así que animaros. ¿Qué versión os gusta más?

Pollo con salsa de mostaza y puerros


Quienes seguís habitualmente este blog ya habéis podido comprobar que me encanta la selección española de fútbol y la de baloncesto. Lo que todavía no sabíais es que también adoro a los chicos de la selección de balonmano. La verdad es que me parece espectacular verlos jugar y me da pena que a pesar de las medallas que han cosechado para el deporte español la única vez que los pobres han acaparado la atención de la prensa fue cuando saltó la noticia del noviazgo de la infanta Cristina con el entonces jugador del Barcelona y de la Selección nacional, Iñaki Urdangarín. Y eso que en 2005 fueron CAMPEONES del MUNDO tras arrollar a Croacia en la final (40-34) con un equipo que jugaba como los ángeles con nombres como Mateo Garralda, Juanín García, Juancho Pérez, Rolando Uríos, Raúl y Alberto Entrerríos, David Barrufet, José Javier Hombrados, etc. No sé si alguna vez habéis visto un partido de balonmano pero es impresionante verlos lanzar en suspensión. Parece que estuvieran flotando cuando arman el brazo antes de tirar. De verdad, espectacular.

Y, ¿por qué os cuento todo esto? pues porque estos días en Suecia se está celebrando el campeonato del mundo de balonmano y nuestros chicos han pasado ya a la segunda ronda. Ayer jugaban contra la favorita, Francia (actual campeona del Mundo, de Europa y medalla de oro olímpica, ya véis poca cosa) y fueron capaces de empatar un partido en el que siempre estuvieron por detrás en el marcador. Vamos que el resultado supo a victoria. Los diez últimos minutos fueron de vértigo, estaban que se salían. Les metieron un parcial de 7-1. Si queréis lo podéis ver aquí. La semana que viene les esperan rivales difíciles: Noruega, Islandia y Hungría. Daneses e islandeses no han sufrido ninguna derrota en estos primeros partidos por lo que ya han demostrado que son un hueso difícil de roer. Ojalá nuestros chicos tengan mucha suerte y puedan luchar por las medallas, se lo merecen. Ya os contaré.

Bueno cambiando de tercio, hoy os traigo una receta bastante sencilla, rápida, con pocas calorías y un sabor estupendo, si como yo, sois de esos a los que les gusta el puerro. Perfecta para salir del paso airosamente en un momento. ¿Qué más se puede pedir? Que os guste. Espero que sí.



INGREDIENTES


3 muslos de pollo partidos en dos por sus respectivas articulaciones, 1 yogur natural con azúcar de caña de Milbona (Lidl), el blanco de 2 puerros, 1 chorrito de vino blanco, la medida correspondiente a la 1/3 parte del yogur de mostaza Calvé, sal, pimienta, 1 cucharadita de aceite de oliva virgen, un poco de mantequilla.



La receta es muy sencilla. Si la hacéis en olla superápida, como yo, en 6 minutos la tenéis lista. En primer lugar cortaremos cada muslo de pollo en dos partes, por las articulaciones. En nuestra olla ponemos una cucharadita de aceite de oliva y un trocito de mantequilla. El aceite evita que se esta última se nos queme. Seguidamente troceamos el puerro. Si al final queremos triturar la salsa no hace falta que lo hagamos con mucho cuidado sino procuraremos hacer todos los trocitos del mismo tamaño. Rehogamos durante medio minuto. Salpimentamos y rápidamente incorporamos los trocitos de pollo a los que previamente les habremos quitado la piel. Yo prefiero utilizar sólo los muslos porque las pechugas tienen un punto de cocción diferente y no nos quedarían tan jugosas. Rehogamos durante medio minuto hasta que la carne se selle bien por todas partes pero sin coger color. Queremos que nos quede blanquita. A continuación incorporamos un chorrito de vino y dejamos rehogar hasta que se evapore el alcochol (un par de minutos). En ese momento añadimos nuestro yogur natural y mezclamos. Cogemos como medida el vaso del yogur y le añadimos al guiso 1/3 parte de mostaza Calvé. Cerramos la olla y esperamos a que suba. Yo la dejo 6 minutos antes de retirarla del fuego pero vosotros debéis guiaros por los tiempos de vuestra olla. Si es superápida (Perfect o Duromatic) con el tiempo que os he indicado os bastará. Sino tendréis que probar. Esperamos a que baje la presión y abrimos. Si queremos podemos sacar los trozos de pollo y triturar la salsa o bien lo servimos directamente, tal cual. Espero que os guste. Un besito.

P.D. A los que no os guste el puerro podéis probar a sustituirlo por champiñones y en la salsita cambiar la mostaza por curry en polvo. Está igual de rico. Los champiñones para que no se deshagan en vez de laminarlos, simplemente cortarlos en dos o en cuartos dependiendo del tamaño. Os quedará un platito muy rico.

Albóndigas toscanas (con setas y queso pecorino) y una visita muy especial


Bueno, ya estoy de vuelta otra vez así que Feliz Año Nuevo y muchas gracias a todos los que estos días os habéis pasado por aquí para desearme Feliz Navidad. Espero que hayáis disfrutado mucho de las fiestas y que los Reyes hayan sido muy generosos con vosotros. Y a los que os hayan traido carbón, ya sabéis, a portaros mejor en 2011 (je,je,je).

No sé vosotros pero a mi estos días se me han pasado volando, bueno en general todo el mes de diciembre. Supongo que será porque he estado bastante liada. Y entre todas las cosas que he hecho estas Navidades hay una que quería compartir con vosotros. Se trata de una visita muy especial. Desde que descubrí el blog de Pandora siempre he disfrutado mucho leyendo todo lo que publica. Si hay alguien que todavía no lo conoce (lo dudo), no podéis dejar de visitarla porque no sólo es una excelente cocinera sino también una persona extraordinaria, pinchad aquí. Desde el principio yo sentía que había una sintonía especial entre nosotras, algo casi mágico que pasa a veces con algunas personas. Con frecuencia, cuando la leo, no puedo evitar dibujar una sonrisa de complicidad, porque parece que me estuviera leyendo el pensamiento. Y eso fue precisamente lo que pasó. Después de que lleváramos un tiempo intercambiándonos correos, contándonos muchas cosas y descubriendo todo lo que teníamos en común un día recibo un email suyo en el que me cuenta que su marido Jose es de Vitoria y que todos los años en Navidad se acercan para pasar unos días con su familia ya que ellos viven en Cádiz. Enseguida se me encendió una lucecita. Logroño y Vitoria están cerca, pensé, así que me encantaría acercarme un día para tomar un café. Y se me revolucionó la adrenalina como si fuera una adolescente a la que le dicen que va a conocer a George Clooney. Claro que entonces una vocecita interior me tranquilizó: Susana, calma, que sólo vienen unos días para disfrutar de su familia y de los amigos a los que durante el resto del año no pueden ver así que no creo que tengan tiempo para nada más. Tal vez en otra ocasión. Pero entonces para mi sorpresa, al seguir leyendo el correo, Pandora me decía que ya que ella no conocía Logroño y que estaba cerca de Vitoria, podía acercarse una mañana y así quedábamos y nos tomábamos un café. No podía parar de reírme. Otra vez me había leído el pensamiento. Estaba como loca de contenta porque me hacía muchísima ilusión y se lo agradecía de mil amores porque venir a pasar pocos días con la familia y guardar uno para venirse a hacerme una visita a mi, menudo detallazo. A los que seguís su blog, seguro que ya os suena la historia porque ella ya os lo había contado aquí. Pasó el tiempo y por fin llegó el día y nos encontramos al mediodía en pleno centro de Logroño, en el Espolón. Nada más verlos a lo lejos enseguida supe que eran ellos. Y fue exactamente como me lo imaginaba. Parecía que nos conociéramos de toda la vida, no parábamos de hablar, por los codos. Qué os puedo decir de Elvira y Jose para no quedarme corta. Son simplemente estupendos, gente extraordinaria. Vamos que fue un placer.

Pandora tuvo el detallazo de regalarme una caja de galletitas que había hecho ella misma y que estaban deliciosas. No me dio tiempo de hacerles ninguna foto porque no pude resistir la tentación y ya las iba probando camino de casa pero podéis verlas en su blog. Además estaban tan bien presentadas en su cajita metálica (monísima) y con su papel de seda. Se notaba que las había hecho con mucho mimo, como todo lo que ella hace. Y junto con las galletas había también un tarrito de mermelada de manzana casera que es una auténtica delicia. Como me dijo Pandora, sabía a tarta de manzana, exquisita, digna de estar en los mejores establecimientos Gourmet. Lo cierto es que nunca había probado una mermelada tan rica y en casa todos fueron de la misma opinión. No sabéis como estaba en una tostada sobre un lecho de queso mascarpone. Ummmmm...... Gracias Elvi, no te imaginas como la disfruté. Todavía me estoy relamiendo.

Bueno, el caso es que como llegaron al mediodía nos fuimos de tapas por la famosísima calle Laurel, conocida también como la Senda de los Elefantes, por las trompas que se pillan algunos. Situada en el casco antiguo de la ciudad, es la zona de chiquiteo por excelencia. En a penas 200 metros se concentran más de 50 establecimientos entre bares y restaurantes. Y a diferencia de lo que sucede en otros lugares cada bar está especializado en un tipo de pincho. Algunos, como El Soriano, se permiten el lujo de trabajar un sólo producto y tener siempre la barra llena, no en vano son uno de los bares con más solera. Vamos que nadie que pase por la Laurel se puede ir de allí sin probar su pincho de champis con gambas. Absolutamente recomendable. Delicioso diría yo. Así que claro, cómo no los iba a llevar allí. Y nada mejor para acompañar un buen pincho que un crianza de la tierra y para los que (como yo) no les guste el vino, pues un buen mosto que está igual de rico. Después de tapear en varios sitios acabamos en La Gota de Vino, donde degustamos su delicioso "Zorropito" con ese alioli que le da el sabor tan característico. Y allí que nos plantamos en una mesa hasta que nos dieron las tantas cotorreando sin parar. Para cuando quisimos darnos cuenta ya eran las cinco. La verdad es que estábamos tan a gusto que yo ni caí en que sólo nos habíamos tomado tres pinchos. Vamos que de la emoción casi los dejo sin comer, pobres. Luego volvimos al Espolón para merendar en la pastelería Viena, la más chic de la ciudad. Y para rematar la tarde nos fuimos a ver tiendas con cositas de cocina. Y claro, no podían irse sin que los llevara a la tienda de Genieve Lethu. Ya os he hablado de ella en otro post, aquí. A Elvi le encantó. Yo como siempre me lo hubiera llevado todo. La verdad es que el día se me pasó volando. Cuando quisimos darnos cuenta ya eran casi las ocho. Fue un día genial. Espero que ellos disfrutaran tanto como yo. Chicos, gracias por venir. Sois estupendos. Besos.

Bueno, ahora toca volver a la rutina así que para empezar el año algo sencillito, después de las complicaciones navideñas. Un plato de los de toda la vida aunque con un toque diferente. Es curioso porque las albóndigas son uno de esos universales de la cocina que están presentes en todas las culturas gastronómicas. Cada región (cada casa diría yo) tiene su propia versión. Resulta sorprendente cómo algo tan sencillo presenta tan amplia variedad gracias a la incorporación de distintos ingredientes y de especias que hacen que adquieran una u otra personalidad. Las que os traigo hoy si por algo destacan es por su jugosidad. Resultan muy, muy esponjosas. Nada que ver con esas bolas de carne apelmazada que nos encontramos a veces. La receta pertene a uno de los libros que me trajeron los Reyes "Cocina italiana. Recetas fáciles para disfrutar de una comida italiana." de Maxime Clark. El libro está genial y trae un montón de fotos. Hombre, no es como los libros de mi queridísima Tessa Kirós pero está muy bien.



En la propia Toscana hay varias versiones de este plato. El añadido de patata y miga de pan es típico del sentido toscano del ahorro. Algunas propuestas pasan las albóndias por harina o por polenta antes de ponerlas a freír. Si utilizamos más cantidad de patata eso ayuda a crear una película exterior crujiente que mantiene la forma del interior más cremoso. Yo no las hice así y me quedaron bien aunque resultan más quebradizas.

INGREDIENTES

100-150 grs. de boletus o en su defecto cualquier otra seta, 500 grs. de carne de ternera picada, 2 dientes de ajo, 150-300 grs. de puré de patata o arroz hervido, 9 cucharadas soperas de queso pecorino recién rallado o en su defecto queso idiazábal ahumado o parmesano, 4 cucharadas soperas de perejil picado y otra más para espolvorear por encima al servir, 100 grs. de miga de pan del día anterior, la cantidad de leche necesaria para empapar el pan, 1 huevo batido y una yema, sal y pimienta.

Para la salsa de tomate vamos a necesitar: cucharadas soperas de aceite de oliva, 2 cebollas pequeñas picadas, finas, 2 latas de tomate triturado de 4oo grs, 4 cucharadas soperas de albahaca picada fina.



En primer lugar tenemos que lavar bien las setas y trocearlas en cubitos pequeños. En una sartén con un diente de ajo entero, a fuego fuerte y con muy poquito aceite ponemos las setas a rehogar durante unos minutos. Seguidamente las sacamos y dejamos que se enfríen. Mientras ponemos las patatas a cocer en agua fría. Cuando empiecen a hervir dejamos durante 20-25 minutos dependiendo del tamaño. Debemos pincharlas de vez en cuando con la punta de un cuchillo para comprobar cuando están hechas. En ese momento las retiramos del fuego y las sacamos para que se enfríen. Una vez estén tibias las pelamos y con ayuda de un tenedor las machacamos al tiempo que salamos y le añadimos un chorrito de aceite de oliva. Seguidamente las ponemos en un cuenco grande con la carne picada, el queso pecorino, las setas, el perejil y el ajo picado bien, bien finito (mejor hacerlo con el triturador de ajos). Mezclamos todo bien. Empapamos el pan en la leche para que se humedezca y lo dejamos durante unos segundos. A continuación escurrimos para que no choree y lo añadimos a la mezcla junto con un huevo crudo (entero) y la yema de otro. Sazonamos con la y pimienta y mezclamos bien. Lo ideal es dejarlo en la nevera de un día para otro para que se amalgamen los sabores pero sino con un par de horas puede ser suficiente.

Para la salsa de tomate calentamos el aceite de oliva en una sartén. Añadimos la cebolla bien picadita y la rehogamos durante 5-10 minutos, hasta que se alande. Seguidamente incorporamos el tomate. Dejamos cocer a fuego medio durante 30 minutos removiendo de vez en cuando. En el último minuto añadimos las hojas de albahaca.

Al día siguiente sólo tenemos que hacer unas bolitas con la mezcla de carne y freílas en la sartén por tandas, unos 2 minutos por cada cara, hasta que estén hechas y de color marrón dorado. A continuación las pasamos a la cazuela donde tenemos la salsa de tomate y rehogamos todo junto unos 5 minutos, hasta que comience a hervir. Espolvoreamos con perejil picado y servimos.

NOTA. - Yo las hice con 300 grs de puré de patata y quedaron muy cremosas y más suaves de sabor. Si las queréis más contundentes añadirle menos cantidad de patata.

Pollo a la riojana


Hoy quiero compartir con vosotros esta forma de guisar el pollo que es muy típica de La Rioja. Como ya os habréis dado cuenta en nuestra cocina hay un ingrediente que no puede faltar nunca, el chorizo. Para que os hagáis una idea os diré que tengo una amiga que es de Aragón y está casada con un chico de Logroño y se queja siempre de que cuando cocina su marido le añade chorizo a todo y claro así es muy difícil mantener la línea y no caer en la tentación de rebañar el plato. Aunque de vez en cuando no viene mal darse un pequeño homenaje. Y si es con embutido riojano mucho mejor. Ya os he dicho alguna vez que nuestra industria chacinera es de las mejores de España. Algunas carnicerías elaboran el que probablemente sea (como dice algún cartel) el mejor chorizo del mundo. Asi que si queréis probarlo, esta es una buena oportunidad.



INGREDIENTES

1 Pollo sin piel y troceado, 1 trozo generoso de chorizo riojano picante y más bien fresco, 1 lata de tomate natural triturado de tamaño mediano, 6-8 pimientos rojos de bote en tiras, un chorro de vino blanco, sal, pimienta, aceite de oliva, romero, tomillo, 2 dientes de ajo y si se quiere unas patatas fritas en daditos como acompañamiento (opcional).

Guiso corso de carnede cerdo con setas y castañas

Hace un tiempo os dije que adoraba al cocinero británico Rick Stein. Su "Odisea Francesa" y sus "Escapadas por el Mediterráneo" son sencillamente maravillosas. Suelen repetirlas de vez en cuando en Canal Viajar así que si tenéis la oportunidad no dejéis de verlas. Creo que uno de los motivos por los que me gustan tanto las dos series es que combinan dos cosas que para mi resultan fascinantes, los viajes y la cocina. Y qué mejor escenario para disfrutar de ambas que el Mediterráneo.



INGREDIENTES

1 Kg. de carne de cerdo (yo utilicé lomo), tomillo, romero, laurel, clavo, pimienta negra en grano, 1 cebolla, 2 tallos de apio, 4 dientes de ajo, clavos de olor, pimienta en grano, vino tinto para marinar la carne, chorizo, 2 cucharadas de puré concentrado de tomate, algo de harina, un chorrito de vermut blanco o vino blanco, setas variadas o boletus (frescos o secos), castañas asadas, sal, pimienta y perejil fresco.





ELABORACIÓN

Viendo a Rick Stein no hace falta demasiadas explicaciones ya que en este caso una imagen vale más que mil palabras. Sólo tenenéis que poner las hierbas, verduras, especias y el vino tinto a marinar con la carne. Mejor si lo dejáis de un día para otro, durante 24 horas. Yo piqué las verduras bien finitas porque luego no me gusta encontrar trozos grandes, eso va a gustos. Al día siguiente escurrimos el vino de la marinada y doramos la carne y la verdura en la cazuela. Seguidamente añadimos las rodajas de chorizo, la pasta de tomate y espolvoreamos con harina. Regamos con un buen chorro de vermut blanco e incorporamos también el vino que habremos utilizado para la marinada. Su utilizamos setas secas las añadimos ahora junto con el caldo en el que las hemos rehidratado un poco. Dejamos cocer durante aproximadamente una hora. Si vamos a utilizar setas y boletus frescos, los añadiremos ahora. Dejamos al fuego 10 minutos más junto con las castañas ya cocidas. Espolvoreamos con perejil y listo para servir. Está muy rico.

Alcachofas con cordero, de una gran cocinera

Hoy os traigo una receta muy especial aunque esta vez no soy yo quien cocina. Hoy vengo a mesa puesta porque yo sólo he hecho las fotos. La receta es de una cocinera de lujo a la que hoy quiero rendir mi particular homenaje, mi madre. Desde que tengo uso de razón siempre la he visto tratando de hacer felices a los demás de la manera que mejor sabía, con esos guisos que tanto nos gustan. Porque en casa, para que vamos a mentir, todos tenemos buen apetito. Cuantas veces se ha quedado hasta las tantas preparando algo delicioso para el día siguiente. Yo, ya desde pequeñita, observaba siempre muy atenta todo lo que ella hacía y sin saberlo fui aprendiendo muchas cosas que luego me han servido para aprender muchas más. Claro que mi madre tuvo también la suerte de tener una buena maestra porque mi abuela también cocinaba como los ángeles. Así que ahora ya sabéis de quién es la culpa de mi afición a la cocina. Claro que no penséis que me lo han puesto fácil porque con estos antecedentes tengo un público muy exigente en casa que no se come cualquier cosa. Aunque este plato sí, lo devoran. A mi particularmente me encanta el sabor que el cordero le da a las alcachofas. Creo que hay pocas formas de cocinarlas que me gusten más. Así que gracias mamá por este y todos los platos que con tanto cariño nos has cocinado siempre. Feliz día de la madre.



INGREDIENTES

Un brazuelo de cordero troceado, alcachofas, patatas, ajo, aceite y perejil



ELABORACIÓN

A pesar de lo que os pueda parecer este es un plato rápido y facil de preparar. Os dejo con las explicaciones de mi madre. Cuando compréis el brazuelo de cordero tenéis que pedirle al carnicero que os lo trocee a vuestro gusto. Una vez en casa ponéis algo de aceite en la olla a presión y salteais unos ajos. A continuación añadís la carne para rehorgar. En cuanto coja algo de calor incorporáis algo de caldo y cerráis la olla. Dejaremos cocer aproximadamente unos 15 minutos o hasta que la carne esté tierna. Seguidamente retiramos del fuego, bajamos la presión con agua fría y abrimos la olla. Incorporamos las alcachofas que ya habremos limpiado y troceado y volvemos a cerrar la olla. Dejamos cocer otros 4-5 minutos y volvermos a repetir el proceso. Retiramos del fuego, bajamos la presión con agua fría y abrimos la olla. Incorporamos unas patatitas cortadas en cubitos que habremos frito en la sartén con anterioridad. Si fuera necesario dejamos cocer sin tapa otros cinco minutos más y listas para servir. Como la mayoría de los guisos está mucho mejor de un día para otro. Lo que sí os aseguro es que está delicioso. Yo me puese la botas.

Albóndigas Cloto

Hace mucho tiempo que escuché hablar por primera vez de esos platos a los que se les conoce con el apelativo de "Mar y montaña". La verdad es que me llamó mucho la atención, supongo que por la novedad (para mi), dada la falta de tradición en la cocina del interior de recetas con esas características. El recetario tradicional siempre se ha nutrido de los productos de la zona y aquí el mar como que no lo tenemos muy a mano. Es por eso que, desde hace ya tiempo, tenía pendiente una receta de mar y montaña. Un día se me ocurrió, por qué no, hacer unas albóndigas basadas en ese concepto. Y casualmente pocos días después el cocinero Sergio Fernández apuntaba en uno de sus programas (Cocinamos contigo) la idea de mezclar en un guiso carne de cerdo y calamares. Así que pensé, bingo, ya tengo los ingredientes para mis albóndigas. Si lo dice Sergio es que tiene que estar rico, rico, porque este chico cocina divino de la muerte. Ahí quedo la idea hasta que hace unos días buscando otra cosa topé, de nuevo por casualidad, con un guiso de patatas, cerdo y calamares y volví entonces a retomar la vieja idea de mis albóndigas. Esta vez sí, pensé para mi y de paso decidí incorporar también las patatas al guiso. De forma que como veis en la gestación de esta receta intervino afortunadamente el azar ¿o tal vez fue otra cosa?

Para saberlo primero deberíamos preguntarnos si creemos en el destino, cuestión a la que el ser humano ha tratado de responder desde antiguo. Los griegos personificaron el destino en la figura de Moira, una diosa que acabó por transformarse en tres mujeres ancianas que respondían a los nombres de Átropo, Cloto y Láquesis. La Moiras eran las responsables de todo cuanto le sucedía a cada ser humano. Átropo, la inconmovible, era la encargada de tejer el hijo que daba inicio a una nueva vida. Por su parte Cloto, la hilandera, lo enrollaba formando un ovillo en el que estaban presentes todas las vivencias, infortunios y alegrías que le deparaban a ese nuevo ser. Todo cuando le sucedía a ese individuo era cosa de Cloto. Finalmente intervenía Láquesis quien, con sus tijeras, cortaba el fino hilo cuando se aproximaba la hora de la muerte. El poder de las Moiras era tan grande que ni siquiera los dioses del Olympo osaban transgredir su voluntad. Ni el mismísimo Zeus podía intervenir para ayudar a ningún mortal, so pena de perturbar las leyes eternas e inmutables del cosmos.




Visto lo cual pensé que debía agradecer enormemente a Cloto que me hubiera llevado de la mano para tejer esta receta. Y nada mejor para hacerlo que bautizar este plato con su nombre, de ahí lo de Albóndigas Cloto. Por cierto, ¿os habéis dado cuenta de que Cloto también es la responsable de que hayáis pasado por aquí? (Je, je, je). Bueno y ya de paso, a ver si con esta receta me la meto en el bote y quién sabe si a lo mejor este año en mi ovillo está el premio gordo de la primitiva o en su defecto un morenazo atractivo, interesante e inteligente todo para mi. Así que gracias Cloto y toma nota, estas albóndigas van por ti.

Manitas de cerdo en salsa de almendras

Hace unos días Ana publicó en su blog una deliciosa receta que no quería dejar en mi lista de pendientes hasta el año que viene así que he aprovechado estos días más fresquitos para ponerme manos a la obra. Estas manitas son uno de esos platos contundentes de la cocina de siempre que tanto nos reconfortan en los días más crudos del invierto. Son los sabores de antaño, la comida de puchero, de las abuelas. Y como no podía ser de otro modo, rico, rico. Aquí os dejo el enlace de Ana para que veáis su paso a paso, impresionante.



INGREDIENTES


3 manitas de cerdo partidas por la mitad, 1 vaso de vino blanco, una hoja de laurel, una cebolla, una cabeza de ajos, 2 tallos de chorizo, sal, una pizca de azafrán, unas bolitas de pimienta negra, 200 gr. de tomate frito casero, 150 gr. de almendras fritas, 3 rebanadas de pan frito y 2 ajos fritos.

ELABORACIÓN

Ponemos agua en la olla y le añadimos un buen chorrito de vinagre blanco. A continuación metemos muestas manitas de cerdo y dejamos cocer sin tapar hasta que comience a hervir. Dejamos hervir durante 3 ó 4 minutos, sacamos nuestras patitas y tiramos el agua de cocción. De ese modo eliminamos las impurezas de nuestras patitas y ese sabor fuerte del caldo. Volvemos otra vez a introducir las manitas en la olla esta vez junto con los gramos de pimienta, la cabeza de ajos, el chorizo cortado en rodajitas gruesas y la sal. Cubrir de agua. Yo le pongo también un vasito de vino blanco. Cerramos ahora sí la olla y cocemos hasta que estén tiernas las manitas. Como mínimo unos 30-35 minutos.

Carrilleras de ternera en salsa de pimientos con ciruelas {para mi las mejores}

No sé si os ha pasado a vosotros pero yo, a menudo, me llevo una gran decepción cuando como fuera de casa. Normalmente casi siempre acabo pensando que el plato en cuestión me gusta más como lo preparo yo, o que aquello tampoco es para tanto. Y claro, cuando uno paga por algo y no encuentra la satisfacción que busca es inevitable cierto desencanto. Algo, por supuesto, que sólo nos sucede a quienes disfrutamos con la comida. El resto, los que simplemente se alimentan, se limitan a mirarnos como si fuéramos extraterrestres venidos de un planeta rarísimo. Lo bueno es que por ese mismo motivo, cuando uno encuentra algo que le agrada de verdad, dada la excepcionalidad de la ocasión, la alegría es muchísimo mayor. Eso mismo me sucedió a mi el fin de semana pasado. Ya os dije que había estado en Málaga. Pues bien, el viernes salimos a cenar por ahí y acabamos en un sitio que fue todo un descubrimiento. Me gustó el aspecto casero que tenía el local así que decidimos entrar. Y ¡qué suerte! Probamos un lomo ibérico adobado con un poquito de pimentón que estaba para quitarse el sombrero. Toda una orgía para el paladar. Yo no cabía en sí de satisfacción así que felicité al dueño del local, vamos que me faltó sólo plantarle dos besos. Y ya puestos felicité también al padre de la criatura que andaba por allí, un señor ya jubilado, muy simpático, que durante años ha regentado un restaurante en pleno centro de Madrid con mucho éxito y que ahora que su hijo acababa de instalarse en Málaga había venido a echarle una mano. La cocina es casera, elaborada con productos de gran calidad y eso se nota, vaya que si se nota. Si vais por Málaga no dudéis en pasaros por allí. Nosotros volvimos al día siguiente y nos deleitamos esta vez con las costillas de cerdo ibérico, de verdad, para chuparse los dedos. El sitio se llama "El Puchero" y creo recordar que está en la calle Maestranza.

Con la receta de hoy me pasó exactamente lo contrario. Siempre que pido carrilleras en un restaurante, sea cual sea la preparación, acabo pensando en que no tienen ni punto de comparación con la receta que yo hago en casa. Las he probado incluso en restaurantes de cierta reputación pero aunque no estén mal yo no puedo evitar compararlas con la receta que os pongo hoy y siempre, siempre, siempre salen mal paradas. Así que, después de probar unas cuantas, he llegado a la conclusión de que, para mi, esta es la mejor manera de preparar unas carrilleras de ternera que te quitan el sentido. Y como suele pasar con todos los guisos, un consejo, prepararlas de víspera, están muchísimo mejor.


INGREDIENTES
4 carrilleras de ternera, 2 cebollas, 75 grs. de mantequilla, 1 cucharada de aceite, un vaso de vino tinto, agua o caldo para cubrir la carne, 16 ciruelas pasas grandes sin hueso, 20 pimientos del piquillo, sal y pimienta