Bueno, ya estoy de vuelta otra vez así que Feliz Año Nuevo y muchas gracias a todos los que estos días os habéis pasado por aquí para desearme Feliz Navidad. Espero que hayáis disfrutado mucho de las fiestas y que los Reyes hayan sido muy generosos con vosotros. Y a los que os hayan traido carbón, ya sabéis, a portaros mejor en 2011 (je,je,je).
No sé vosotros pero a mi estos días se me han pasado volando, bueno en general todo el mes de diciembre. Supongo que será porque he estado bastante liada. Y entre todas las cosas que he hecho estas Navidades hay una que quería compartir con vosotros. Se trata de una visita muy especial. Desde que descubrí el blog de Pandora siempre he disfrutado mucho leyendo todo lo que publica. Si hay alguien que todavía no lo conoce (lo dudo), no podéis dejar de visitarla porque no sólo es una excelente cocinera sino también una persona extraordinaria, pinchad
aquí. Desde el principio yo sentía que había una sintonía especial entre nosotras, algo casi mágico que pasa a veces con algunas personas. Con frecuencia, cuando la leo, no puedo evitar dibujar una sonrisa de complicidad, porque parece que me estuviera leyendo el pensamiento. Y eso fue precisamente lo que pasó. Después de que lleváramos un tiempo intercambiándonos correos, contándonos muchas cosas y descubriendo todo lo que teníamos en común un día recibo un email suyo en el que me cuenta que su marido Jose es de Vitoria y que todos los años en Navidad se acercan para pasar unos días con su familia ya que ellos viven en Cádiz. Enseguida se me encendió una lucecita. Logroño y Vitoria están cerca, pensé, así que me encantaría acercarme un día para tomar un café. Y se me revolucionó la adrenalina como si fuera una adolescente a la que le dicen que va a conocer a George Clooney. Claro que entonces una vocecita interior me tranquilizó: Susana, calma, que sólo vienen unos días para disfrutar de su familia y de los amigos a los que durante el resto del año no pueden ver así que no creo que tengan tiempo para nada más. Tal vez en otra ocasión. Pero entonces para mi sorpresa, al seguir leyendo el correo, Pandora me decía que ya que ella no conocía Logroño y que estaba cerca de Vitoria, podía acercarse una mañana y así quedábamos y nos tomábamos un café. No podía parar de reírme. Otra vez me había leído el pensamiento. Estaba como loca de contenta porque me hacía muchísima ilusión y se lo agradecía de mil amores porque venir a pasar pocos días con la familia y guardar uno para venirse a hacerme una visita a mi, menudo detallazo. A los que seguís su blog, seguro que ya os suena la historia porque ella ya os lo había contado
aquí. Pasó el tiempo y por fin llegó el día y nos encontramos al mediodía en pleno centro de Logroño, en el Espolón. Nada más verlos a lo lejos enseguida supe que eran ellos. Y fue exactamente como me lo imaginaba. Parecía que nos conociéramos de toda la vida, no parábamos de hablar, por los codos. Qué os puedo decir de Elvira y Jose para no quedarme corta. Son simplemente estupendos, gente extraordinaria. Vamos que fue un placer.
Pandora tuvo el detallazo de regalarme una caja de galletitas que había hecho ella misma y que estaban deliciosas. No me dio tiempo de hacerles ninguna foto porque no pude resistir la tentación y ya las iba probando camino de casa pero podéis verlas en su
blog. Además estaban tan bien presentadas en su cajita metálica (monísima) y con su papel de seda. Se notaba que las había hecho con mucho mimo, como todo lo que ella hace. Y junto con las galletas había también un tarrito de mermelada de manzana casera que es una auténtica delicia. Como me dijo Pandora, sabía a tarta de manzana, exquisita, digna de estar en los mejores establecimientos Gourmet. Lo cierto es que nunca había probado una mermelada tan rica y en casa todos fueron de la misma opinión. No sabéis como estaba en una tostada sobre un lecho de queso mascarpone. Ummmmm...... Gracias Elvi, no te imaginas como la disfruté. Todavía me estoy relamiendo.
Bueno, el caso es que como llegaron al mediodía nos fuimos de tapas por la famosísima calle Laurel, conocida también como la Senda de los Elefantes, por las trompas que se pillan algunos. Situada en el casco antiguo de la ciudad, es la zona de chiquiteo por excelencia. En a penas 200 metros se concentran más de 50 establecimientos entre bares y restaurantes. Y a diferencia de lo que sucede en otros lugares cada bar está especializado en un tipo de pincho. Algunos, como
El Soriano, se permiten el lujo de trabajar un sólo producto y tener siempre la barra llena, no en vano son uno de los bares con más solera. Vamos que nadie que pase por la Laurel se puede ir de allí sin probar su pincho de champis con gambas. Absolutamente recomendable. Delicioso diría yo. Así que claro, cómo no los iba a llevar allí. Y nada mejor para acompañar un buen pincho que un crianza de la tierra y para los que (como yo) no les guste el vino, pues un buen mosto que está igual de rico. Después de tapear en varios sitios acabamos en
La Gota de Vino, donde degustamos su delicioso "Zorropito" con ese alioli que le da el sabor tan característico. Y allí que nos plantamos en una mesa hasta que nos dieron las tantas cotorreando sin parar. Para cuando quisimos darnos cuenta ya eran las cinco. La verdad es que estábamos tan a gusto que yo ni caí en que sólo nos habíamos tomado tres pinchos. Vamos que de la emoción casi los dejo sin comer, pobres. Luego volvimos al Espolón para merendar en la pastelería Viena, la más chic de la ciudad. Y para rematar la tarde nos fuimos a ver tiendas con cositas de cocina. Y claro, no podían irse sin que los llevara a la tienda de Genieve Lethu. Ya os he hablado de ella en otro post,
aquí. A Elvi le encantó. Yo como siempre me lo hubiera llevado todo. La verdad es que el día se me pasó volando. Cuando quisimos darnos cuenta ya eran casi las ocho. Fue un día genial. Espero que ellos disfrutaran tanto como yo. Chicos, gracias por venir. Sois estupendos. Besos.
Bueno, ahora toca volver a la rutina así que para empezar el año algo sencillito, después de las complicaciones navideñas. Un plato de los de toda la vida aunque con un toque diferente. Es curioso porque las albóndigas son uno de esos universales de la cocina que están presentes en todas las culturas gastronómicas. Cada región (cada casa diría yo) tiene su propia versión. Resulta sorprendente cómo algo tan sencillo presenta tan amplia variedad gracias a la incorporación de distintos ingredientes y de especias que hacen que adquieran una u otra personalidad. Las que os traigo hoy si por algo destacan es por su jugosidad. Resultan muy, muy esponjosas. Nada que ver con esas bolas de carne apelmazada que nos encontramos a veces. La receta pertene a uno de los libros que me trajeron los Reyes "
Cocina italiana. Recetas fáciles para disfrutar de una comida italiana." de Maxime Clark. El libro está genial y trae un montón de fotos. Hombre, no es como los libros de mi queridísima Tessa Kirós pero está muy bien.
En la propia Toscana hay varias versiones de este plato. El añadido de patata y miga de pan es típico del sentido toscano del ahorro. Algunas propuestas pasan las albóndias por harina o por polenta antes de ponerlas a freír. Si utilizamos más cantidad de patata eso ayuda a crear una película exterior crujiente que mantiene la forma del interior más cremoso. Yo no las hice así y me quedaron bien aunque resultan más quebradizas.
100-150 grs. de boletus o en su defecto cualquier otra seta, 500 grs. de carne de ternera picada, 2 dientes de ajo, 150-300 grs. de puré de patata o arroz hervido, 9 cucharadas soperas de queso pecorino recién rallado o en su defecto queso idiazábal ahumado o parmesano, 4 cucharadas soperas de perejil picado y otra más para espolvorear por encima al servir, 100 grs. de miga de pan del día anterior, la cantidad de leche necesaria para empapar el pan, 1 huevo batido y una yema, sal y pimienta.
Para la salsa de tomate vamos a necesitar: cucharadas soperas de aceite de oliva, 2 cebollas pequeñas picadas, finas, 2 latas de tomate triturado de 4oo grs, 4 cucharadas soperas de albahaca picada fina.
En primer lugar tenemos que lavar bien las setas y trocearlas en cubitos pequeños. En una sartén con un diente de ajo entero, a fuego fuerte y con muy poquito aceite ponemos las setas a rehogar durante unos minutos. Seguidamente las sacamos y dejamos que se enfríen. Mientras ponemos las patatas a cocer en agua fría. Cuando empiecen a hervir dejamos durante 20-25 minutos dependiendo del tamaño. Debemos pincharlas de vez en cuando con la punta de un cuchillo para comprobar cuando están hechas. En ese momento las retiramos del fuego y las sacamos para que se enfríen. Una vez estén tibias las pelamos y con ayuda de un tenedor las machacamos al tiempo que salamos y le añadimos un chorrito de aceite de oliva. Seguidamente las ponemos en un cuenco grande con la carne picada, el queso pecorino, las setas, el perejil y el ajo picado bien, bien finito (mejor hacerlo con el triturador de ajos). Mezclamos todo bien. Empapamos el pan en la leche para que se humedezca y lo dejamos durante unos segundos. A continuación escurrimos para que no choree y lo añadimos a la mezcla junto con un huevo crudo (entero) y la yema de otro. Sazonamos con la y pimienta y mezclamos bien. Lo ideal es dejarlo en la nevera de un día para otro para que se amalgamen los sabores pero sino con un par de horas puede ser suficiente.
Para la salsa de tomate calentamos el aceite de oliva en una sartén. Añadimos la cebolla bien picadita y la rehogamos durante 5-10 minutos, hasta que se alande. Seguidamente incorporamos el tomate. Dejamos cocer a fuego medio durante 30 minutos removiendo de vez en cuando. En el último minuto añadimos las hojas de albahaca.
Al día siguiente sólo tenemos que hacer unas bolitas con la mezcla de carne y freílas en la sartén por tandas, unos 2 minutos por cada cara, hasta que estén hechas y de color marrón dorado. A continuación las pasamos a la cazuela donde tenemos la salsa de tomate y rehogamos todo junto unos 5 minutos, hasta que comience a hervir. Espolvoreamos con perejil picado y servimos.
NOTA. - Yo las hice con 300 grs de puré de patata y quedaron muy cremosas y más suaves de sabor. Si las queréis más contundentes añadirle menos cantidad de patata.