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Buñuelos de bacalao

Bueno, después de las vacaciones quería compartir esta receta con vosotros. Son unos buñuelos de bacalao que preparé en Semana Santa y que según mi padre, sabían a gloria bendita. Y en esto él es el experto porque mi abuela paterna era una extraordinaria cocinera y ella los bordaba cualquiera que fuera el ingrediente del relleno. A falta de sus recetas y consejos decidí echar mano de un libro de Rick Stein que me encanta, Mediterranean escapes. Ya os he hablado de él en alguna ocasión porque su forma de cocinar y sus programas de televisión me vuelven loca. Este libro recoge las recetas de una de mis series favoritas, Las escapadas mediterráneas de Rick Stein donde por supuesto no podía faltar una pincelada de la gastronomía española. Como os imaginaréis los buñuelos de bacalao son de esos platos de la cocina de toda la vida a los que en cada casa acaban dándole su toque personal. Hay quién le añade cerveza o levadura  a la masa, otros le ponen patata, algunos incorporan piñones, azafrán. Hay tantas combinaciones como se os ocurran y todas suelen tener en común el bacalao, el ajo, el perejil y los huevos que dan ligazón a la masa. Si os animáis a probarlos veréis que su sabor es suave y delicado y el interior, como se aprecia en las fotografías, queda muy, muy cremoso.
INGREDIENTES
500 grs. de bacalado en salazón, 1 hoja de laurel, 400 grs. de patatas, 50 grs. de harina, 3 huevos medianos,  2-3 dientes de ajo grandes, un puñado de perejil fresco, sal y pimienta

Para nuestro falso alioli necesitaremos:

6 cucharadas colmadas de mahonesa, un diente de ajo grande y 8-10 gotitas de limón
Antes de empezar con la receta tenemos que desalar el bacalao. Lo mejor es preguntar en la tienda donde lo hemos comprado cuanto tiempo necesita pues dependerá en buena medida del grosor de las piezas. Lo normal es tenerlo a remojo en la nevera bien cubierto con agua durante 48 horas y realizando 2 ó 3 cambios al día. En el último podemos sustituir el agua por leche para conseguir que quede más cremoso. 

Una vez desalado el bacalao lo introducimos en un cazo con agua fría, sal y una hoja de laurel y lo dejamos hasta que empiece a hervir. El agua debe cubrir por completo el bacalao. Cuando empiece el primer hervor apagamos el fuego, tapamos el cazo y dejamos reposar durante unos 10 minutos.  Transcurrido ese tiempo pasamos el bacalao a un plato y reservamos el líquido resultante de la cocción. Cuando se haya templado el pescado con ayuda de un tenedor retiramos la piel. A mi me gusta aprovecharla para darle un plus de sabor a las patatas que ya tendremos peladas y cortadas como si fuesen para tortilla. Seguidamente las incorporamos al cazo donde hemos puesto a hervir el bacalao y añadimos también las pieles que le acabamos de quitar. Dejamos al fuego durante unos 15 minutos hasta que las patatas estén bien cocidas y empiecen a deshacerse. Durante este tiempo absorberán el sabor que el bacalao y sus pieles han dejado en el agua quedando así más sabrosas.  Mientras se hacen vamos desmenuzando el bacalao procurando quitarle bien todas las espinas. Cuando las patatas estén listas retiramos las pieles y las escurrimos bien para evitar un exceso de agua. Seguidamente, con ayuda de un tenedor las machacamos y mezclamos con el bacalao. Salpimentamos y reservamos.

Mientras tanto en otro cazo ponemos a hervir 300 ml de agua junto con dos cucharadas de aceite de oliva. Cuando se produzca el primer hervor retiramos del fuego y añadimos la harina que mezclaremos con ayuda de una cuchara de madera para que se integre bien, hasta formar una pasta. Conviene dejarla reposar unos minutos antes de incoroporar los huevos para evitar que cuajen por un exceso de temperatura. Una vez que se ha enfriado un poco los añadimos uno a uno. Nos ayudaremos de una cuchara de madera de para incorporarlos bien a la pasta. Hasta que no se haya integrado totalmente el primero no incorporaremos el siguiente, siguiendo el mismo proceso con los otros dos.

Una vez lista la pasta le añadiremos la mezcla de patatas y bacalao, los dientes de ajo bien picados y el perejil fresco al gusto. Llevamos nuevamente nuestro cazo al fuego para conseguir espesar la mezcla, como si estuviéramos trabajando con una bechamel. Es importante que el fuego esté suave (yo lo puse al 5) y que no dejemos de remover constantemente durante unos 10 minutos. Transcurrido ese tiempo nuestra pasta tendrá un aspecto como de bechamel para croquetas. Ya podemos pasarla a una fuente y dejarla reposar al menos 30 minutos para que coja algo de cuerpo. También podemos prepararla con antelación y dejarla reposando toda la noche en la nevera que es exactamente lo que hice yo. En ese caso es mejor cubrir la fuente con papel film para evitar que se forme una costra en la superficie. Al día siguiente, cuando los vayamos a freír ponemos un par de dedos de aceite en una sartén y con ayuda de una cuchara vamos haciendo bolitas o quenelles como hice yo y las echamos en el aceite. No importa si quedan irregulares.  Lo importante es que el fuego no esté muy alto para que no se quemen. Yo lo puse al 5 y los dejé hasta que se doraban por una cara, entonces les daba la vuelta. Cuando estén listos sacamos con una espumadera y añadimos sal en escamas por encima.

Quedan estupendos si los acompañamos con una salsa tipo alioli para mojar. Yo para no complicarme la vida la suelo preparar batiendo 6 cucharadas soperas de mahonesa de bote con un diente de ajo grande y unas 8 gotitas de limón y queda deliciosa. Y con los buñuelos forman la pareja perfecta. Espero que os gusten.

Alacachofas con vinagreta de mostaza de Rick Stein (Deliciosas)

Hoy os traigo una receta sencilla y absolutamente deliciosa de la mano de uno de mis cocineros favoritos.  Ya os he hablado de él en más ocasiones. Sus series de televisión me encantan, sobre todo sus Escapadas por el Mediterráneo. Si tenéis ocasión de verla, no perdáis la oportunidad, es maravillosa. Suelen ponerla todos los años en Canal Viajar cuando llega el buen tiempo. Es una mezcla entre un documental sobre gastronomía y uno de viajes, en esta ocasión con el Mediterráneo como escenario de fondo. La serie hace un recorrido por Cataluña, Palma de Mallorca, Cerdeña, Italia, Grecia, Turquía y Marruecos,  un auténtico placer para los sentidos lleno de color y de aromas que casi, casi se escapan de la pantalla. La receta que hoy os traigo pertenece al libro de otra de sus series maravillosas  La odisea francesa de Rick Stein


Hubo una época en la que esta receta podía encontrarse en todos los bistos de nuestros vecinos franceses. Algunos os preguntaréis, ¿qué es un bistró? Se trata de un pequeño establecimiento popular en el que se sirven bebidas, café y también quesos y platos sencillos a precios económicos. Etimológicamente no hay acuerdo sobre sus orígenes. Según algunos expertos la palabra bistró proviene del ruso: быстро que significa 'rápido'. Según parece, los soldados rusos que ocuparon Francia tras las Guerras Napoleónicas muchas veces se dirigían a los civiles franceses en los restaurantes demandando que le sirvieran la comida con rapidez: "¡bistró!, 'bistró!", de esta forma la palabra se convirtió en un neologismo. Según otras versiones el concepto de bistró se desarrolló en Francia, concretamente en París donde los dueños de algunos apartamentos complementaban sus ingresos ofreciendo comida a precios razonables en un ambiente agradable y casero, con menús sencillos y prácticos. Sea como fuere en estos bistrós durante mucho tiempo se pudieron degustar deliciosos platos de alcachofas aderezadas con vinagreta de mostaza.


Pero un buen día, estas alcachofas desaparecieron de las cartas de los bistrós, sin dejar rastro. Supongo que, como tantas otras cosas, por cuestión de modas. Seguro que a todos nos ha pasado con alguna receta que sin que hubiera ningún motivo aparente y a pesar de que en casa tenía muchísima aceptación, un buen día dejó de formar parte de nuestros menús, tal vez relegada al olvido por otras más novedosas. Así que abrimos el baúl de los recuerdos para rescatar este delicioso bocado. Espero que os guste.


Ya veréis que la única complicación que tiene la receta radica en limpiar bien las alcachofas. Claro que si queremos disfrutar de esta verdura a la que muchos consideran la reina de la huerta, sea cual sea la receta que vayamos a preparar, debemos quitarle las hojas exteriores antes o después así que de cualquier manera no nos vamos a librar. Salvo que utilicemos alcachofas de bote o congeladas, claro está. Las primeras no os las recomiendo en absoluto porque casi todas saben a limón que matan. Y, ¿para qué gastarnos dinero en unas alcachofas si saben a limón? ¿Os comeríais unos limones que supieran a alcachofa? Seguro que no. Las congeladas la verdad es que no las he probado pero hace poco alguien me comentó que las compraba en Mercadona y que estaban buenas, será cuestión de probar. Como ya el otro día os explicaba cómo limpiar las alcachofas no lo voy a repetir. Si alguien todavía no lo tiene claro lo puede leer aquí.


INGREDIENTES

2 docenas de alcachofas frescas, 1 cucharada de mostaza de Dijón, 2 cucharadas de vinagre de vino blanco, 8 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, sal, pimienta, un manojo de perejil fresco.

Yo utilicé mostaza Calvé porque es la que suelo tener en casa porque nos gusta mucho, eso ya va en gustos. Con tal de que sea de buena calidad, el resultado estará delicioso.


Para empezar con nuestra receta tenéis que limpiar bien las alcachofas. Una vez que las tenemos todas listas las vamos a cocer. Para ello ponemos nuestra olla al fuego con suficiente agua como para que quepa toda la verdura. Cuando empiece a hervir salamos el agua y añadimos las alcachofas cortadas por la mitad (a lo largo) de pocas en pocas para evitar que se interrumpa el hervor. Eso nos garantizará que queden luego bien "blanquitas". Ya veís en las fotos que no se ponen negras. Tapamos la olla y dejamos cocer durante 4 minutos desde el momento en el que suban las dos rayas. Si no tenéis una olla superrápida tendréis que aumentar el tiempo de cocción hasta conseguir que las alcachofas queden blanditas pero sin llegar a deshacerse. Una vez transcurridos los cuatro minutos abrimos la olla después de bajar la presión. Yo la abro seguidamente después de colocarla debajo del grifo para evitar que se cocinen en exceso. Con una espumadera las sacamos de la olla, las escurrimos y las colocamos en una fuente o plato de servir. Las bañamos con la vinagreta que habremos hecho emulsionando 3 ó 4 partes de aceite con una de vinagre  y otra de mostaza (dependiendo de si os gusta más o menos fuerte). Si las vamos a comer a continuación es mejor dejarlas reposar unos cinco minutos para que cojan bien el sabor de la salsa. Están igual de deliciosas si las comemos frías o simplemente tibias. Buen provecho.




Os recuerdo que está en marcha el sorteo de un robot de cocina junto con más premios. Si todavía no os habéis apuntado y queréis saber cómo participar, simplemente pinchad aquí.

Guiso corso de carnede cerdo con setas y castañas

Hace un tiempo os dije que adoraba al cocinero británico Rick Stein. Su "Odisea Francesa" y sus "Escapadas por el Mediterráneo" son sencillamente maravillosas. Suelen repetirlas de vez en cuando en Canal Viajar así que si tenéis la oportunidad no dejéis de verlas. Creo que uno de los motivos por los que me gustan tanto las dos series es que combinan dos cosas que para mi resultan fascinantes, los viajes y la cocina. Y qué mejor escenario para disfrutar de ambas que el Mediterráneo.



INGREDIENTES

1 Kg. de carne de cerdo (yo utilicé lomo), tomillo, romero, laurel, clavo, pimienta negra en grano, 1 cebolla, 2 tallos de apio, 4 dientes de ajo, clavos de olor, pimienta en grano, vino tinto para marinar la carne, chorizo, 2 cucharadas de puré concentrado de tomate, algo de harina, un chorrito de vermut blanco o vino blanco, setas variadas o boletus (frescos o secos), castañas asadas, sal, pimienta y perejil fresco.





ELABORACIÓN

Viendo a Rick Stein no hace falta demasiadas explicaciones ya que en este caso una imagen vale más que mil palabras. Sólo tenenéis que poner las hierbas, verduras, especias y el vino tinto a marinar con la carne. Mejor si lo dejáis de un día para otro, durante 24 horas. Yo piqué las verduras bien finitas porque luego no me gusta encontrar trozos grandes, eso va a gustos. Al día siguiente escurrimos el vino de la marinada y doramos la carne y la verdura en la cazuela. Seguidamente añadimos las rodajas de chorizo, la pasta de tomate y espolvoreamos con harina. Regamos con un buen chorro de vermut blanco e incorporamos también el vino que habremos utilizado para la marinada. Su utilizamos setas secas las añadimos ahora junto con el caldo en el que las hemos rehidratado un poco. Dejamos cocer durante aproximadamente una hora. Si vamos a utilizar setas y boletus frescos, los añadiremos ahora. Dejamos al fuego 10 minutos más junto con las castañas ya cocidas. Espolvoreamos con perejil y listo para servir. Está muy rico.

Cassoulet au confit de Canard

Un delicioso guiso de alubias con pato


Por fin llegó la primavera y con ella los primeros rayos de sol después de muchos meses de frío bajo el cielo grisáceo y plomizo del invierno. Enseguida empezarán a subir las temperaturas definitivamente y con ellas cambiarán también las costumbres culinarias de nuestros hogares. El horno que tanto nos acompañó durante el invierno irá entrando poco a poco en una especie de letargo que acabará con la llegada de los primeros fríos en septiembre. Con el paso de los meses las ensaladas y los gazpachos irán haciéndose sitio en nuestras neveras y pronto nos olvidaremos de aquel viejo y fiel amigo que tantas satisfacciones nos dio durante el invierno. Nuestro pobre compañero, destronado, nos observará sigiloso, recordando con nostalgia aquellos meses lejanos en los que se sabía el Rey de la cocina. Aunque, bien pensado, en nuestro corazoncito siempre habrá un sitio para él, incluso cuando el calor sea sofocante. Y es que despedirse de un buen amigo por una larga temporada, aunque sepamos que dentro de unos meses nos volveremos a ver, resulta difícil. Por eso me resisto todavía a decirle adiós y aprovecho cada momento con intensidad, como si fuera el último.


Ayer mi amigo y yo disfrutamos enormemente con este plato que no conocía y del que ya me he enamorado. Está delicioso. Sobre todo si se come al día siguiente. Creo que a día de hoy, es mi plato de alubias favorito. Y por el sabor, creo que va a ser difícil de superar. Juzgad vosotros mismos.



En esta ocasión he viajado hasta Francia ya que el Cassoulet es un plato típico de la región de Toulousse y debe su mombre al puchero de barro en el que se cocina (cassolle). Como sucede con los grandes platos, hay mil variantes. Cada familia tiene su propia receta. La mía a su vez también es una compilación de varias. Espero que la disfrutéis.

Pastitsio

Una deliciosa alternativa griega a la lasaña

Grecia y su cocina me traen recuerdos maravillosos, como si de un sueño se tratara. Y es que así empezó todo, en la nebulosa de la noche. Un programa de radio me dio la oportunidad de hacer un viaje inesperado que finalmente se convirtió en una aventura que me llevó a recorrer, durante varios años, una parte del mundo antiguo. Y ahora que se acerca la Semana Santa, época en la que solíamos viajar, no puedo por menos que sentir una terrible añoranza de aquellos viajes en los que tanto aprendí y con los que tanto disfruté. Una enorme añoranza por volver a encontrarme con unos compañeros de viaje que pronto se convirtieron en amigos. Juntos recorrimos Atenas, el Peloponeso, Las Cícladas, Rodas, Turquía, Siria, Jordania y algunos sitios más. Juntos vivimos momentos inolvidables que quedaron para siempre grabados en nuestra memoria. Juntos vimos, por primera vez, los lugares donde se forjó la historia, nuestro pasado y también nuestro presente. Nunca podré agredecer lo suficiente a Coty y a Bernardo que me inculcaran ese amor por el mundo antiguo que ellos llevan en las venas.

Recuerdo momentos especialmente emotivos como el día que visitamos la Colina de Pnix en Atenas, el lugar donde se reunía la Asamblea (la Ekklesía) para decidir sobre los asuntos de Estado. Todos los hombres atenienses mayores de 18 años podían participar directamente en la adopción de las decisiones públicas con su voto, sin distinción de clases. Entre otras cosas, la asamblea tenía la última palabra en lo referente a la legislación ateniense, las declaraciones de guerra, la firma de la paz o la estrategia militar. Poseía también la facultad de llamar a los magistrados a rendir cuentas ante ella al final del año de su mandato.
Los griegos empezaron a llamar a los temas que se trataban en la Asamblea “politikoí”, (raíz de donde deriva por ejemplo la palabra política) para distinguirlos de los asuntos personales y de los intereses privados de los ciudadanos llamados “ἰδιωτικός” “idiotikós”. Tiene gracia que sea éste el origen de la palabra idiota. Llama la atención la evolución que sufrió su significado: de referirse simplemente a aquél que se preocupaba sólo de sí mismo, de sus intereses privados y particulares, sin prestar atención a los asuntos públicos, hasta adquirir finalmente ese matiz peyorativo que tiene hoy en día. En la Antigüedad grecorromana la vida pública era de gran importancia para los hombres libres. Ser un idiota (persona preocupada sólo de lo suyo) pasó pronto a adoptar la acepción actual del término, pues era considerado deshonroso no participar en la democracia. Así que, bien pensado, muchos de los que hoy en día se denominan “políticos”en realidad son “idiotas” (preocupados únicamente en defender sus propios intereses).

Fue muy emocionante, en ese primer viaje, recorrer los escenarios en los que la democracia ateniense dio sus primeros pasos. Se me saltaban las lágrimas cuando allí mismo el profesor Bernardo Souvirón nos leyó el discurso fúnebre de Pericles en honor a los atenienses muertos en el primer año de la Guerra del Peloponeso. Sus palabras constituyen una de las descripciones más vibrantes y emotivas jamás escritas sobre la democracia. Escucharlas allí, en el mismo lugar en el que Pericles tantas veces se dirigió a la Asamblea, fue simplemente mágico.

"Tenemos un régimen de gobierno que no envidia las leyes de otras ciudades, sino que más somos ejemplo para otros que imitadores de los demás. Su nombre es democracia, por no depender el gobierno de pocos, sino de un número mayor; de acuerdo con nuestras leyes, cada cual está en situación de igualdad de derechos en las disensiones privadas."

Desde aquí quiero mandar un cariñoso abrazo a aquellos amigos con los que durante tanto tiempo tuve la fortuna y el placer de compartir esa aventura con la que emprendimos un viaje en el tiempo, al pasado. Nunca olvidaré todo lo que aprendí, lo que disfruté. Para esos amigos a los que llevo siempre en mi memoria, este plato delicioso del que tantas veces hemos disfrutado juntos a orillas del Mar Egeo. Ojalá las Moiras vuelvan a entrelazar nuestros hilos y nos lleven de nuevo rumbo a Itaca...
 

INGREDIENTES
para el PASTITSIO

500 grs. de macarrones , 2 huevos ligeramente batidos, 50 grs. de queso Kefaloriti o parmesano, 2 cucharadas de mantequilla, pan rallado

Ingredientes para la salsa blanca

Mantequilla, harina, leche, nuez moscada

Ingredietes para la salsa de carne

Aceite de oliva,1 cebolla, 4 dientes de ajo, 2 ramas de apio, 1 kg. de carne de tenera picada, 200 ml de vino tinto, 400 grs. de tomates en lata, 2 cucharadas de concentra e tomate, 1 palito de canela, 1/4 cucharadita de clavo, 1 ducharadita de orégan seco, 2 cucaradas de orégano fresco, 3 hojas de laurel, sal y pimienta negra.


ELABORACIÓN

Para elaborar la salsa de carne, ponemos el aceite de oliva en una cazuela, añadimos la cebolla bien picada, el ajo y el apio y doramos ligeramente durante unos minutos. Añadimos la carne picada y dejamos al fuego durante 3 ó 4 minutos. Añadimos el vino, los tomates, el concentrado de tomate, el palito de canela, el clavo, el orégano, las hojas de laurel, la sal y la pimienta y dejamos cocer durante 30-40 minutos.

Seguidamente elaboraremos nuestra salsa blanca que aromatizamos con nuez moscada, sal y pimienta negra.



Una vez tengamos la pasta cocida al dente la mezclaremos con parte de la salsa blanca, el queso que hayamos elegido y los dos huevos. Y con esa preparación hiremos haciendo capas, como si de una lasaña se tratara, alternando una de pasta con otra de carne. Terminamos cubriendo con una generosa capa de salsa blanca espolvoreada con nuestro queso. Llevamos al horno a gratinar y listo para servir.

Para elaborar el pastitsio podéis utilizar cualquier tipo de pasta tubular estriada o lisa. Yo particularmente prefiero emplear una que no sea demasiado grande. En el video veréis que Rick Stein utiliza unos tortiglioni pero a mi siempre me han gustado más con macarrones o con unas plumitas.

No dejéis de probar este plato porque es sencillamente delicioso. Mediterráneo en estado puro.

Pollo con sobrasada, calabacines y alubias

Rick Stein's MEDITERRANEAN ESCAPES


La semana pasada recibí unos libros que estaba esperando. No os podéis imaginar la alegría que me llevé cuando, al llegar a casa después del trabajo, el paquete estaba allí. Por fin tenía en mis manos los libros de Rick Stein. Adoro a ese hombre. Ya os dije el otro día que Memorias de África era mi película favorita. Pues si me dejaran en una isla desierta y me dieran a escoger, entre los objetos que me llevaría sin dudarlo estarían, por supuesto, esa maravillosa película de la que os hablaba y los dvds de la serie de Rick Stein "Escapadas por el Medieterráneo". Me encanta. Me fascina. Me vuelve loca. La serie está a medio camino entre los documentales de viajes y de gastronomía. Su fotografía es espectacular. Sientes como en cada imagen te invaden la luz y los colores del Mediterráneo. Es un recorrido por la cocina popular que se adentra en los hogares de las gentes comunes que viven a orillas del Mare Nostrum.

Precisamente la serie empieza con este vídeo que quiero compartir con vosotros. Es un adelanto de lo que os espera si tenéis ocasión de ver y disfrutar el resto. Rick Stein comienza contando que cuando terminaron que grabar "La Odisea Francesa", un documental del mismo estilo en el que recorrieron el Canal du Midi en Francia hasta su desembocadura en el Mediterráneo, se plantearon por qué no continuar el viaje y explorar ese espacio que comparte una tradición gastronómica con elementos comunes: aceite de oliva, tomates, ajos, mezzes, antipasti. Recorrer esa cultura a través de platos sencillos pero llenos de sabor. Como dice Rick Stein comer es importante así que por qué no lo disfrutamos más.
Y como os podéis imaginar. Hoy tenía que compartir con vosotros una de las deliciosas recetas del libro Rick Stein's Mediterranean Escapes. Y qué mejor que empezar el viaje por el Mediterráneo en casa. Esta vez nos vamos hasta las Islas Baleares para disfrutar de uno de sus productos estrella, la sobrasada.


INGREDIENTES

Judías blancas (pueden ser de bote, ya cocidas), salsa de tomate casera, pollo troceado, aceite de oliva, guindilla (opcional), sobrasada, vino blanco, calabacines, perejil, sal y pimienta

Parmigiana di melanzana


"Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong..."

Desde que la vi por primera vez supe que Memorias de África sería para siempre mi película favorita. Y en efecto, la he vuelto a ver muchas veces y nunca deja de emocionarme la historia de Karen Blixen y Denys Finch-Hatton, dos seres extraordinarios condenados a amarse a pesar de no entenderse. Les unía un enorme respeto y la pasión que ponían en todo cuanto compartían. La película habla de las necesidades de los seres humanos, de la libertad, de la comunicación, del respeto, de la amistad, de la fugacidad de las cosas. Todo ello maravillosamente hilvanado y aderezado con una banda sonora capaz de fundirse con las emociones que transmite la película y una fotografía espectacular que retrata como nadie la belleza natural del continente africano. Seguro que, después de ver Memorias de África, más de uno ha soñado con recorrer esos parajes. Y que me decís de la escena del avión. Simplemente deliciosa.

Lo que no sé si todos sabéis es que los protagonistas de la película fueron personajes de carne y hueso. Karen Dinesen fue en realidad una escritora danesa nacida en 1885. En 1914 se casó con su primo, el barón Bror Blixen-Finecke. Tras la boda se trasladaron a vivir a Kenia. Aunque se divorciaron en 1921, la escritora permaneció en África hasta 1931, año en que regresó a Dinamarca. En dos de sus libros, Lejos de áfrica y Sombras en la hierba, narra con emoción y nostalgia sus vivencias en Kenia, los éxitos y fracasos de su plantación, y su tristeza al abandonar el sencillo estilo de vida africano que tanto admiró, elementos todos ellos que continúan presentes en la película Memorias de África.

Ahora que se cumplen 25 años del estreno de la película no quería dejar pasar la ocasión sin rendir mi humilde homenaje a los genios que hicieron posible esta obra maestra del séptimo arte. Gracias.

La receta que os traigo hoy refleja a la perfección ese estilo de vida sencillo del que tanto disfrutó Karen Dinesen en el continente africano. Estoy segura de que a ella esta parmigiana le habría encantado.



INGREDIENTES

Berenjenas, queso Taleggio o queso de oveja curado, albahaca, salsa de tomate casera, queso parmesano, aceite de oliva y sal