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Ragú de níscalos a mi manera ǂ estilo comfort food

Seguro que más de uno estará tentado de no leer esta entrada porque los níscalos no son santo de su devoción. Si os digo la verdad, yo misma he pertenecido a ese club durante mucho tiempo. En realidad, siempre he disfrutado más cogiéndolos que comiéndolos pero eso ya es cosa del pasado. Ahora he descubierto que me encantan y la culpa la tiene la receta que hoy quiero compartir con vosotros. Quién sabe si a lo mejor os pasa como a mi.

En mis andanzas culinarias he descubierto que, no en pocas ocasiones, el hecho de que algunos alimentos no resulten especialmente apetecibles tiene más que ver con su preparación que con su falta de potencial. Sucede como con las personas. A algunos ingredientes, cuando les das otro toque, parece como si les hubieran pasado el Photoshop. Vamos que no los reconoce ni la madre que los parió.
La verdad es que en esta ocasión tengo que darles las gracias a mis tíos de Ontalvilla (Armando y Josefina) porque sin los níscalos que nos regalaron hace poco, nunca me habría puesto a experimentar y no habría disfrutado de esta experiencia inolvidable. Como sé el cariño con el que mis tíos los recogieron para nosotros pensé que tenía que darles un destino que estuviera a la altura de las circunstancias y a juzgar por los comentarios en la mesa creo que lo he conseguido porque fue de esas veces en las que entre los comensales hubo absoluta unanimidad. Ahora ya sé que el año que viene estaré esperando impaciente la llegada del otoño para saborearlos otra vez.

La verdad es que el ragú aromatizado con vino de Jerez resulta por si solo espectacular pero si además le añadimos unos huevos, patatas fritas y un toque final que luego os desvelaré, el resultado es un plato que si le dáis una oportunidad estoy segura de que os conquistará. ¿Queréis saber cómo prepararlo?

Malloreddus alla campidanese

No sabéis las ganas que tenía de probar por fin los malloreddus. Siempre me ha intrigado esta pasta con una forma un tanto peculiar. No os diré a qué me recordaron la primera vez que los vi (seguro que más de uno lo habrá pensado también) pero sí que no he parado hasta dar con ellos y como el resultado me ha parecido muy interesante y sé que os gustará hoy ponemos rumbo a Cerdeña, esa enigmática isla bañada por las aguas del Mar Tirreno y el Mar Mediterráneo.


Todos sabéis que Italia es el país de la pasta. Cada región tiene sus especialidades. Algunas se diferencian casi exclusivamente en el nombre. Lo que unos llaman fettuccine, en Bolonia, por ejemplo, se conocen como tagliatelle, en Génova como Bavette y en Liguria como Linguine. Lo mismo sucede con los spaguetis, vermicelli, capellini o bigoli. Vamos, lo que viene siendo un lío de padre y muy señor mío. La verdad, siempre me ha parecido sorprendente que el ser humano sea el único animal sobre la faz de la tierra que parece no estar muy interesado en comunicarse con los de su misma especie. Sólo así se entiende que una misma cosa pueda tener diez nombres diferentes en un radio de 90 Km. ¿No es para volverse loco? Así no hay quien se aclare. Incluso en la misma Cerdeña los malloreddus se conocen también como gnochetti sardi (ñoquis sardos) y con algunos otros apelativos provenientes de otros tantos dialectos locales (maccarrones cravaos, maccarrones caidos, etc.) En lo que parece que hay unanimidad es en que los malloreddus (junto con la fregola de la que os hablaré en otra ocasión) son los dos tipos de pasta más populares de Cerdeña. Tradicionalmente se sirven con ragús/salsas a base de carne como ésta deliciosa que os traigo hoy, típica de una de las ocho provincias en la que se divide la isla, la región de Medio-Campidano. Y ¿qué tiene de especial esta receta? Pues un toque muy interesante que le aportan las semillas de hinojo y que hacen que la santísima trinidad de la cocina italiana, la base de casi todos sus sofritos  (la combinación de cebolla, apio y zanahoria) adquiera una dimensión totalmente diferente. ¿Queréis saber cómo prepararla?

Calabacines con pesto de salvia para estrenar nuevo look

Si pensábais que os habíais librado de mi definitivamente tengo que deciros que estábais equivocados. Sí, he vuelto para quedarme (je,je,je) y como os habréis dado cuenta, empiezo una nueva etapa con un cambio de aires así que he renovado el blog para adaptarlo más a mi personalidad, sin perder en absoluto la funcionalidad del diseño anterior, pensando sobre todo en vosotros. Espero que os guste. Por mi parte, sólo puedo decir que en esta nueva casa me siento como pez en el agua. Es como si la luz del Mediterráneo volviera otra vez a inundarlo todo y ya sabéis que eso me encanta. Tenía muchísimas ganas de compartir el nuevo diseño con vosotros. Bueno, no sólo el nuevo diseño sino también un montón de recetas que os he preparado para las próximas semanas.


Una de las cosas de las que más ganas tenía de hablaros es de un sabor que he descubierto en los últimos meses y que me ha parecido fascinante. Se trata de una hierba aromática muy popular en Italia: la salvia. Nunca antes había tenido la oportunidad de probarla fresca hasta esta pasada primavera y tengo que deciros que ha sido un descubrimiento feliz que está dando mucho de sí. Iré compartiendo algunas de esas recetas con vosotros. Empiezo hoy con esta pequeña pincelada. Sé que muchos os resistís a utilizar las hierbas aromáticas en la cocina y menos aún frescas lo cual es una lástima porque, en mi opinión, es una forma maravillosa de aportar, en sólo unos segundos, ese toque de sabor extra que marca la diferencia. Algo así como "la versión moderna" de los cubitos de caldo que tanto han usado nuestras abuelas. Gracias a las hierbas aromáticas, por ejemplo, a menudo bastan un par de ingredientes para conseguir un plato suculento con el mínimo esfuerzo.

Risotto de pera y queso de cabra de Tessa Kirós

Hace tiempo que debería haber compartido esta receta con vosotros porque fue una de las primeras que me enamoró de Limoncello and linen water (el último libro de Tessa Kirós). Sabéis lo que adoro sus libros y sus recetas así que podéis imaginar que no tardé mucho tiempo en ponerme manos a la obra. Después de descubrir el sorprendente resultado del risotto de fresas estaba segura de que éste también me iba a encantar y así fue. La verdad es que que los italianos son unos maestros a la hora de utilizar las frutas en sus risottos, algo que sinceramente jamás se me hubiera ocurrido antes. Es asombroso como con ingredientes tan sencillos se puede conseguir un plato con tanto sabor. Si os gusta la combinación de la fruta con el queso seguro que esta receta os va a encantar y a vuestros comensales, sin duda alguna, les sorprenderá.
Podéis utilizar el queso que más os guste. Incluso uno azul podría quedar bien aunque en ese caso tendréis que ser más comedidos con las cantidades porque su sabor suele ser más fuerte. Os aconsejo entonces que lo incorporéis poco a poco en el momento final y que vayáis probando hasta dejarlo a vuestro gusto, sin que el queso enmascare el sabor del resto de los ingredientes. La receta original empleaba pecorino (queso de oveja curado) aunque yo he preferido sustituirlo en parte por rulo de cabra porque junto con la pera hacen una de mis combinaciones de sabor favoritas. ¿Os apetece disfrutarla?

Tomates rellenos, dos versiones -deliciosos-

Como diría Jesulín, en dos palabras: im-presionantes. Da igual si los coméis en crudo o asados en el horno, vuestras papilas gustativas van a experimentar un placer insospechado. Sí, sí, sí ya sé que os dije no hace mucho que los tomates al horno no me entusiasmaban demasiado porque quedan muy deslavados pero sin duda, eso fue antes de probar esta receta. Mon dieu, qué cosa más rica, ¡incluso saben a tomate!  La verdad, son uno de los bocados más maravillosos que he disfrutado últimamente. En casa han tenido un éxito rotundo en sus dos variantes: tanto en crudo como asados en el horno aunque a mi son estos últimos los que de verdad me han robado el corazón. No puedo sino recomendároslos encarecidamente.

Llegados a este punto seguro que alguno os estaréis preguntando, con buen criterio, cómo es que me dio por preparar una receta que acabo de reconocer que nunca me ha entusiasmado. Pues bien, la culpable es Diana Henry, una de mis escritoras gastronómicas favoritas. Ya os he hablado de ella en otras ocasiones. Me encantan sus libros, su forma de cocinar. Por eso cuando vi esta receta inmediatamente me sentí identificada con el comentario: "Sé lo que estáis pensando, los tomates rellenos al horno están entre las peores cosas que podéis comer: insípidos, aguados, poco sazonados. Pero si te encargas de condimentarlos y preparas un buen relleno, estarán gloriosos." Así que me dije: por qué no voy a darles otra oportunidad, seguro que Diana Henry tiene razón. Y vaya si la tenía, por algo me encanta esta mujer.


INGREDIENTES

3 cazos de arroz blanco, 12 tomates en rama (es importante que sean todos más o menos del mismo tamaño, en este caso medio), el zumo de 1 limón (o medio si es demasiado grande), 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra,  2 dientes de ajo finamente picados, 40 grs. de mantequilla, un puñado generoso de hojas de albahaca frescas (unos 30 - 40 grs.) y 100 grs. de queso parmesano rallado.
Yo he hecho algunas modificaciones en las cantidades respecto de la receta original y en alguna otra cosa más. Además de quitar algún ingrediente (cebolla y nuez moscada) he añadido también algún  otro, zumo de limón.

ELABORACIÓN

Bueno, vamos a empezar preparando el arroz. Ponemos en un recipiente abundante agua y algo de sal.  Cuando rompa a hervir lo añadimos. Los tiempos de cocción no son demasiado precisos porque incluso dos paquetes de la misma marca no siempre tardan igual. Lo importante es saber cual tiene que ser el resultado: Los granos de arroz nos deben quedar al dentes, con un puntito crujiente en su interior. Con el calor que guardan dentro se terminarán de cocinar. Si los vais a hacer al horno no los dejéis más de 11-12 minutos porque luego se os pasarán. Si los vais a tomar en crudo podéis dejarlos un par de minutos más, como mucho. 

Mientras el arroz se va haciendo vamos a preparar los tomates. Después de lavarlos bien les cortamos la parte de arriba en horizontal como si quisiéramos quitarles una tapa y con ayuda de una cucharilla sacabocados retiramos fácilmente la carne del interior. También se puede hacer con un cuchillo o con una cuchara pero de la otra manera es más rápido. Una vez los hemos vaciado todos picamos la pulpa que hemos sacado para hacer pequeños daditos, picamos también los trozos que hemos cortado del sombrero y deshechamos la parte gelatinosa con las pepitas. A continuación ponemos un par de cucharadas de aceite de oliva virgen extra en una cazuela, picamos los dientes de ajo bien finitos y los dejamos a fuego medio durante un minuto. En ese momento añadimos los trozos de tomate que hemos picado, los salpimentamos y los dejamos al fuego durante 3-4 minutos.

Ahora salamos generosamente el interior de los tomates y los colocamos sobre una fuente boca abajo dejándolos reposar durante unos 15 minutos mínimo. La sal sacará el agua de vegetación que tan desagradable resulta cuando se encharcan los tomates en el horno. Así ya no nos pasará más.

Para entonces debemos tener el arroz ya casi listo. Comprobamos la textura para ver si lo podemos retirar ya del fuego. Una vez esté listo, escurrimos bien, lo pasamos a un bol grande y a continuación lo mezclamos con la mantequilla que se derretirá repartiéndose homogeneamente.  Seguidamente añadimos el parmesano, las hojas de albahaca frescas finamente picadas (reservar unas pocas para espolvorear por encima antes de servir si los vamos a comer crudos), el zumo de limón. Y finalmente incorporaremos los trozos de tomate picados que teníamos en el fuego. Es importante que los saquéis con una espumadera porque no nos interesa el caldillo del tomate sino sólo su pulpa así que recordad escurridlo bien para evitar que se queden aguados. Mezclamos todo y reservamos.

Cuando los tomates hayan reposado el tiempo necesario cogeremos un trozo de papel de cocina limpio para pasárselo por el interior eliminando así cualquier resto de aguilla que haya podido quedar. Tienen que estar bien secos. Ahora los rellenamos con el arroz que ya hemos condimentado.

Si los vais a comer en crudo sólo tenéis que meterlos en la nevera para que se refresquen antes de servir. Quedarán todavía más deliciosos si los acompañáis con un poco de pistou.

Si los vais a comer asados (es mi recomendación) los ponéis sobre una bandeja de horno y los dejáis durante 15 minutos a 180ºC. A continuación apagáis el horno y los dejáis dentro otros 30 minutos más. Pasado ese tiempo podéis sacarlos. La mejor manera de degustarlos es cuando están a penas tibios. No hay ni punto de comparación. Si los tomáis calientes, recién salidos del horno, os perderéis un montón de matices y el resultado aunque no será malo ya no será espectacular. De verdad, la diferencia es abismal. Merece la pena esperar un poquito.

Cuando los hice como no sabía si me iban a gustar en el horno, decidí servirlos todos en crudo salvo uno que fue el que me comí yo para probar (para mi gusto el más rico de todos con diferencia). Es el que se ve ahí al fondo de la fotografía. Se puede apreciar que, una vez asado, la piel se desprende fácilmente con solo tirar un poco. Podéis incluso servirlos ya sin piel en la mesa o bien que la retire cada comensal, al gusto. Y resultado, de verdad, espectacular. Los mejores tomates asados del mundo. No puedo imaginar un sabor mejor, de veras. Y si no sabéis que versión os gusta más probad a hacer las dos y ya me contaréis. 

Tarta provenzal de tomate y albahaca -deliciosa-

¿Queréis una cena rápida y deliciosa para este fin de semana? Pues anotaros esta receta porque os va a encantar. Ejemplifica a la perfección mi regla de oro favorita: máximo sabor, mínimo esfuerzo. Cuando la descubrí por primera vez en el maravilloso libro Food from Plenty de Diana Henry no podía imaginar que me gustaría tanto. En realidad, me animé a probarla sólo porque la recomendaba una de mis escritoras de cocina favoritas. Los tomates al horno nunca me han entusiasmado, los encuentro muy deslavados. Pero cual fue mi sorpresa al comprobar que en esta tarta se intensifica su sabor y se vuelven más dulces. El resultado es un bocado exquisito, frangante, una superposición de matices insuperables. ¿Os lo imagináis? Mascarpone, parmesano, albahaca, tomates y un toque secreto que luego os desvelaré y que acaba de redondear el plato con un toque muy especial. Un magnífico ejemplo de la cocina Provenzal: refinada y exquisita. La tenéis que probar.



Y como es una receta triunfadora la preparé la noche de la final para celebrar que íbamos a ganar, claro que entonces no imaginaba que sería por goleada (en la porra yo había puesto 2-1). Desde luego estos chicos son el mejor ejemplo de que en España cuando tiramos del carro todos juntos, podemos hacer grandes cosas. No deberíamos olvidarlo. El problema es que hay demasiados intereses en juego. Mucha gente que se preocupa sólo de lo suyo que es mirar a ver cómo pueden pegarse la vida padre a costa de los demás. Estos chicos les han dado a todos una lección y no sólo en lo deportivo. Me maravilló cuando Fernando Torres le regaló a Mata el pase para marcar el último gol, cuando él se quedaba sólo frente al portero y de superarlo se convertía automáticamente en el mayor goleador de la eurocopa. Sólo los campeones con mayúsculas, los que lo son dentro y fuera del campo, son capaces de semejante generosidad. Desde aquí toda mi admiración y mi más sincera enhorabuena. 


INGREDIENTES

1 plancha de hojaldre, 1 tarrina de queso mascarpone de 250 grs., 75-100 grs. de queso parmesano rallado, 2 dientes de ajo grandes, 6 tomates de tamaño medio, un puñado de hojas de albahaca frescas (no se pueden sustituir por albahaca seca), sal, pimienta y dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra.

La única dificultad que tiene esta receta consiste en tener a mano un puñado de albahaca fresca. Siento deciros que no podéis sustituirla por albahaca seca, si lo hacéis arruinaréis el plato. Puestos a utilizar tarritos es mejor poner orégano aunque ya os aviso que el resultado estará rico pero ya no será espectacular. La diferencia es algo así como pasar de conducir un Porsche a tener un Fiat Panda. Sin el aroma de la albahaca fresca el plato está más triste que Marilyn sin su Chanel Nº5. Para los que todavía no lo hayáis hecho, animaros a poner una maceta de albahaca en vuestras vidas. Vuestra cocina de verano lo agradecerá. Yo ya no sabría vivir sin ellas durante estos meses. 

Por lo demás, ya os he dicho que es una receta escandalosamente fácil. Primero desenrollamos la plancha de hojaldre. A mi de todos los que he probado hasta ahora el que más me gusta es el de Lidl. A continuación extendemos la tarrina de mascarpone sobre él, como si fuéramos a huntar el queso en un pan de molde. La única precaución es dejar una distancia de 2-3 dedos desde el borde para evitar que el queso se salga durante la cocción en el horno. Sobre el mascarpone espolvoreamos el parmesano repartiéndolo homogéneamente. Picamos unas hojitas del albahaca y las esparcimos sobre el relleno. Y ahora nuestro toque secreto, los dos dientes de ajo. Es importantísimo que estén picados lo más finamente posible. Si tenéis un machacador os quedarán perfectos, si no trocearlos con el cuchillo. La clave está en repartirlos bien sobre los quesos para que a cada bocado nos encontremos un trocito. Como no se van a dorar en el horno pero tampoco se van a quedar crudos, aportan al plato un matiz muy interesante. No llega a tener la suavidad del ajo asado ni la fuerza del crudo, es un término medio que como casi todo en la vida, resulta muy equilibrado. Ahora sólo nos queda extender sobre nuestra plancha de hojaldre las rodajas de tomate que habremos cortado previamente. Es importante que intentemos hacerlas lo más finas posibles, todas del mismo grosor. Si utilizáis la placa de hojaldre de Lidl lo más cómodo es hacer la tarta rectangular (yo esta vez me empeñé en hacerla redonda pero es más engorroso). Haced dos os tres filas de rodajas de tomate que pondremos  sobre la capa de quesos de modo que toda la superficie quede cubierta. Las rodajas deberán colocarser montándolas unas sobre otras (como se aprecia en la fotografía). Cuando hayamos terminado, salpimentamos los tomates y los regamos con las dos cucharaditas de aceite. Metemos la bandeja al horno y seguimos las instrucciones del fabricante para hacer el hojaldre. Cuando utilizo el de Lidl precaliento el horno a 220ºC y luego lo dejo durante unos 20 minutos a 200ºC, hasta que está dorado. Pero ojo, no intentéis avalanzaros sobre ella nada más salir del horno. Hay que dejarla reposar unos minutos. La mejor manera de saborear intensamente esta tarta es tomándola cuando está tibia. Entonces ummmm...empieza la magia y ya solo queda disfrutar. Espero que os guste. Buen fin de semana.


Carpaccio de calabacín al parmesano

Sí, sí, sí, estamos en la final después de un partido en el que hasta el último momento tuvimos el corazón en un puño. Creo que grité tanto que debieron oírme incluso desde Donetsk.  Lo mejor la prórroga: vibrante, emocionante, intensa pero el gol se nos resistía esta vez así que nos fuimos a los penaltis. Y ahí sí ¡qué nervios! Me temblaba todo y es que me pongo histérica, como si me fuese la vida en ello. Soy incapaz de verlos con tranquilidad. Necesito taparme los ojos, los cierro con fuerza como si eso pudiera ayudar un poquito a empujar el balón y entonces cruzo los dedos mientras espero escuchar la voz del comentarista radiando la parada de Casillas o cantando otro gol de los nuestros.  Qué alivio cuando por fin Cesc nos dio la victoria. Sí, no ha sido un sueño, ya estamos en la final. ¿Será verdad eso de que no hay dos sin tres? Señores, hagan sus apuestas.... 
  

Lo que sí apostaría tranquilamente es que con estos calores a nadie le apetece pasarse horas en la cocina. Uf, me entran sudores sólo de pensarlo. Por eso cuando descubrí esta ensalada de la mano de Manuela Darling-Gansser me dije, voy a darle una oportunidad y tengo que deciros que el resultado me encantó. No sólo no sabe a calabacín sino que además está riquísima y lo mejor de todo, es que se prepara en un santiamén.  ¿Os animáis a probarla?


INGREDIENTES

3 ó 4 calabacines pequeños, el zumo de un limón (si no os gusta lo podéis sustituir por vinagre de vino blanco), unas 8 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, pimienta negra recién molida y 50-75 grs. de parmesano o grana padano.


Es importante utilizar calabacines pequeños (cuanto más mejor) porque de este modo estarán más tiernos y tendrán menos semillas en la parte central. Ahora es la época del año perfecta para encontarlos así. Si tenéis un pelador en casa podéis utilizarlo, como he hecho yo, para cortarlos en tiras finitas. Deshechad la parte central si tiene semillas. Con este corte el calabacín no sólo queda genial, como podéis ver en las fotos, sino que además se prepara muy rápido. Si no tenéis alguno de estos artilugios podéis cortarlo en rodajas delgaditas. En ese caso una mandolina también os podría ayudar para ir más rápido pero no es necesaria, se pueden cortar a cuchillo.


Una vez que hemos troceado ya el calabacín, lo salpimentamos. Siempre es mejor utilizar pimienta recién molida. Podéis emplear la negra o una mezcla de vuestras pimientas preferidas. Eso sí, hay que ser generosos porque le va muy bien al plato (mirad las fotos). A continuación lo aliñamos como si se tratara de cualquier otra ensalada, a nuestro gusto. Las cantidades que yo os he dado son orientativas. Lo mejor es que probéis hasta conseguir el punto que os apetezca. Y ahora viene el parmesano, abundante. Espolvoreamos bien por todo y voilà, listo para servir. Que lo disfrutéis.

Ensalada de bulgur a la italiana

Uf, con estos calores sólo apetecen cosas bien fresquitas así que inspirándome en el famoso Tabbouleh libanés (una refrescante ensalada a base de perejil, bulgur y tomate) preparé mi propia ensalada con bulgur y la verdad es que estaba muy rica. A lo mejor algunos os estáis preguntando qué es ese ingrediente del que seguro ya habéis oído hablar. Pues bien, el bulgur es uno de los imprescindible en la cocina de Oriente Medio. Con él se pueden elaborar deliciosos guisos, ensaladas, incluso postres. La palabra "bulgur" es sinónimo de "trigo partido", pues se elabora a partir de dicho cereal. El bulgur es en realidad trigo precocido sometido después a un procedimiento de secado antes de ser finalmente troceado. Según sea el color del grano (rubio o rojo) así como el tamaño de los trocitos resultantes (más o menos grandes), el tipo de bulgur varía. Los más grandes se emplean en preparaciones en las que se puede sustituir fácilmente por arroz y los de grano más fino se prefieren para la elaboración de ensaladas o en repostería. Si lo buscáis en las estanterías de las grandes superficies seguramente no lo encontraréis. Es más fácil dar con él en los herbolarios y tiendas de productos ecológicos. Pero si os apetece disfrutar de esta ensalada y no tenéis bulgur a mano la podéis hacer igualmente sustituyéndolo por cous-cous o por arroz.


INGREDIENTES

75 grs. de bulgur, 400 grs. de tomates frescos, 1 bote de garbanzos ya cocidos, 50 grs. de perejil fresco, 50 de rúcola, 75 grs. de aceitunas negras deshuesadas, 1/2 taza de aceite de oliva virgen extra, 1 cucharada de piñones, 1 cucharada de parmesano o grana padano, 12 hojas de albahaca frescas y 10 gotas de limón

Yo las aceitunas negras cuando las necesito deshuesadas las compro en Lidl. Me gusta cómo saben los botecitos que venden allí y además así nos ahorramos bastante trabajo. Pero si tenemos aceitunas con hueso tendremos que deshuesarlas una a una. Hay un aparatito que nos hace la vida más fácil y que sirve también para deshuesar cerezas pero sino podemos simplemente con el cuchillo ir quitando y picando la carne de las aceitunas.


Para empezar con nuestra ensalada tenemos que preparar el bulgur siguiendo las instrucciones del fabricante. El que yo utilicé tuve que cocerlo durante 15 minutos añadiendo el triple de agua que de bulgur. En estos casos suelo medir las cantidades en cazos así poniendo dos cazos de bulgur sé que tengo que añadir seis cazos de agua y me resulta más sencillo. Otros fabricantes indican simplemente que hay que tenerlo a remojo así que lo mejor es que sigáis las instrucciones que se indican en el embase. Si lo cocéis, como hice yo, aseguraros de refrescarlo bajo el grifo de agua fría una vez terminado para detener la cocción. Mientras se hace vamos picando los demás ingredientes. Los tomates los partimos en cuartos para sacarles las pepitas y retirar tanto jugo como nos sea posible. Yo no los pelé y quedaron muy ricos pero si preferís podéis hacerlo. Seguidamente partimos el tomate en pequeños dados y reservamos. A continuación cortamos las aceitunas en rodajas y reservamos igualmente. Picamos el perejil y la rúcola tan fino como nos sea posible y mezclamos todos los ingredientes en un cuenco junto con el bulgur. Ahora vamos a hacer nuestro aceite con sabor a pesto. Sólo tenemos que poner en el robot de cocina todos los ingredientes (aceite, piñones, parmesano, albahaca y gotas de limón) y triturar hasta que nos quede una salsa fina. Con esta salsita vamos a aderezar nuestra ensalada. 

Si la ensalada la preparamos con antelación (p.ej. a primera hora de la mañana) es mejor añadir las hojas verdes en el último momento para que no se queden demasiado mustias. Y si fuéramos a preparar la ensaladapor ejemplo la noche anterior, es mejor dejar a parte también el tomate porque de otro modo soltaría demasiada agua y estropearía igualmente nuestro plato.  Bueno pues si os animáis a prepararla espero que la disfrutéis tanto como yo.

 

Albóndigas toscanas (con setas y queso pecorino) y una visita muy especial


Bueno, ya estoy de vuelta otra vez así que Feliz Año Nuevo y muchas gracias a todos los que estos días os habéis pasado por aquí para desearme Feliz Navidad. Espero que hayáis disfrutado mucho de las fiestas y que los Reyes hayan sido muy generosos con vosotros. Y a los que os hayan traido carbón, ya sabéis, a portaros mejor en 2011 (je,je,je).

No sé vosotros pero a mi estos días se me han pasado volando, bueno en general todo el mes de diciembre. Supongo que será porque he estado bastante liada. Y entre todas las cosas que he hecho estas Navidades hay una que quería compartir con vosotros. Se trata de una visita muy especial. Desde que descubrí el blog de Pandora siempre he disfrutado mucho leyendo todo lo que publica. Si hay alguien que todavía no lo conoce (lo dudo), no podéis dejar de visitarla porque no sólo es una excelente cocinera sino también una persona extraordinaria, pinchad aquí. Desde el principio yo sentía que había una sintonía especial entre nosotras, algo casi mágico que pasa a veces con algunas personas. Con frecuencia, cuando la leo, no puedo evitar dibujar una sonrisa de complicidad, porque parece que me estuviera leyendo el pensamiento. Y eso fue precisamente lo que pasó. Después de que lleváramos un tiempo intercambiándonos correos, contándonos muchas cosas y descubriendo todo lo que teníamos en común un día recibo un email suyo en el que me cuenta que su marido Jose es de Vitoria y que todos los años en Navidad se acercan para pasar unos días con su familia ya que ellos viven en Cádiz. Enseguida se me encendió una lucecita. Logroño y Vitoria están cerca, pensé, así que me encantaría acercarme un día para tomar un café. Y se me revolucionó la adrenalina como si fuera una adolescente a la que le dicen que va a conocer a George Clooney. Claro que entonces una vocecita interior me tranquilizó: Susana, calma, que sólo vienen unos días para disfrutar de su familia y de los amigos a los que durante el resto del año no pueden ver así que no creo que tengan tiempo para nada más. Tal vez en otra ocasión. Pero entonces para mi sorpresa, al seguir leyendo el correo, Pandora me decía que ya que ella no conocía Logroño y que estaba cerca de Vitoria, podía acercarse una mañana y así quedábamos y nos tomábamos un café. No podía parar de reírme. Otra vez me había leído el pensamiento. Estaba como loca de contenta porque me hacía muchísima ilusión y se lo agradecía de mil amores porque venir a pasar pocos días con la familia y guardar uno para venirse a hacerme una visita a mi, menudo detallazo. A los que seguís su blog, seguro que ya os suena la historia porque ella ya os lo había contado aquí. Pasó el tiempo y por fin llegó el día y nos encontramos al mediodía en pleno centro de Logroño, en el Espolón. Nada más verlos a lo lejos enseguida supe que eran ellos. Y fue exactamente como me lo imaginaba. Parecía que nos conociéramos de toda la vida, no parábamos de hablar, por los codos. Qué os puedo decir de Elvira y Jose para no quedarme corta. Son simplemente estupendos, gente extraordinaria. Vamos que fue un placer.

Pandora tuvo el detallazo de regalarme una caja de galletitas que había hecho ella misma y que estaban deliciosas. No me dio tiempo de hacerles ninguna foto porque no pude resistir la tentación y ya las iba probando camino de casa pero podéis verlas en su blog. Además estaban tan bien presentadas en su cajita metálica (monísima) y con su papel de seda. Se notaba que las había hecho con mucho mimo, como todo lo que ella hace. Y junto con las galletas había también un tarrito de mermelada de manzana casera que es una auténtica delicia. Como me dijo Pandora, sabía a tarta de manzana, exquisita, digna de estar en los mejores establecimientos Gourmet. Lo cierto es que nunca había probado una mermelada tan rica y en casa todos fueron de la misma opinión. No sabéis como estaba en una tostada sobre un lecho de queso mascarpone. Ummmmm...... Gracias Elvi, no te imaginas como la disfruté. Todavía me estoy relamiendo.

Bueno, el caso es que como llegaron al mediodía nos fuimos de tapas por la famosísima calle Laurel, conocida también como la Senda de los Elefantes, por las trompas que se pillan algunos. Situada en el casco antiguo de la ciudad, es la zona de chiquiteo por excelencia. En a penas 200 metros se concentran más de 50 establecimientos entre bares y restaurantes. Y a diferencia de lo que sucede en otros lugares cada bar está especializado en un tipo de pincho. Algunos, como El Soriano, se permiten el lujo de trabajar un sólo producto y tener siempre la barra llena, no en vano son uno de los bares con más solera. Vamos que nadie que pase por la Laurel se puede ir de allí sin probar su pincho de champis con gambas. Absolutamente recomendable. Delicioso diría yo. Así que claro, cómo no los iba a llevar allí. Y nada mejor para acompañar un buen pincho que un crianza de la tierra y para los que (como yo) no les guste el vino, pues un buen mosto que está igual de rico. Después de tapear en varios sitios acabamos en La Gota de Vino, donde degustamos su delicioso "Zorropito" con ese alioli que le da el sabor tan característico. Y allí que nos plantamos en una mesa hasta que nos dieron las tantas cotorreando sin parar. Para cuando quisimos darnos cuenta ya eran las cinco. La verdad es que estábamos tan a gusto que yo ni caí en que sólo nos habíamos tomado tres pinchos. Vamos que de la emoción casi los dejo sin comer, pobres. Luego volvimos al Espolón para merendar en la pastelería Viena, la más chic de la ciudad. Y para rematar la tarde nos fuimos a ver tiendas con cositas de cocina. Y claro, no podían irse sin que los llevara a la tienda de Genieve Lethu. Ya os he hablado de ella en otro post, aquí. A Elvi le encantó. Yo como siempre me lo hubiera llevado todo. La verdad es que el día se me pasó volando. Cuando quisimos darnos cuenta ya eran casi las ocho. Fue un día genial. Espero que ellos disfrutaran tanto como yo. Chicos, gracias por venir. Sois estupendos. Besos.

Bueno, ahora toca volver a la rutina así que para empezar el año algo sencillito, después de las complicaciones navideñas. Un plato de los de toda la vida aunque con un toque diferente. Es curioso porque las albóndigas son uno de esos universales de la cocina que están presentes en todas las culturas gastronómicas. Cada región (cada casa diría yo) tiene su propia versión. Resulta sorprendente cómo algo tan sencillo presenta tan amplia variedad gracias a la incorporación de distintos ingredientes y de especias que hacen que adquieran una u otra personalidad. Las que os traigo hoy si por algo destacan es por su jugosidad. Resultan muy, muy esponjosas. Nada que ver con esas bolas de carne apelmazada que nos encontramos a veces. La receta pertene a uno de los libros que me trajeron los Reyes "Cocina italiana. Recetas fáciles para disfrutar de una comida italiana." de Maxime Clark. El libro está genial y trae un montón de fotos. Hombre, no es como los libros de mi queridísima Tessa Kirós pero está muy bien.



En la propia Toscana hay varias versiones de este plato. El añadido de patata y miga de pan es típico del sentido toscano del ahorro. Algunas propuestas pasan las albóndias por harina o por polenta antes de ponerlas a freír. Si utilizamos más cantidad de patata eso ayuda a crear una película exterior crujiente que mantiene la forma del interior más cremoso. Yo no las hice así y me quedaron bien aunque resultan más quebradizas.

INGREDIENTES

100-150 grs. de boletus o en su defecto cualquier otra seta, 500 grs. de carne de ternera picada, 2 dientes de ajo, 150-300 grs. de puré de patata o arroz hervido, 9 cucharadas soperas de queso pecorino recién rallado o en su defecto queso idiazábal ahumado o parmesano, 4 cucharadas soperas de perejil picado y otra más para espolvorear por encima al servir, 100 grs. de miga de pan del día anterior, la cantidad de leche necesaria para empapar el pan, 1 huevo batido y una yema, sal y pimienta.

Para la salsa de tomate vamos a necesitar: cucharadas soperas de aceite de oliva, 2 cebollas pequeñas picadas, finas, 2 latas de tomate triturado de 4oo grs, 4 cucharadas soperas de albahaca picada fina.



En primer lugar tenemos que lavar bien las setas y trocearlas en cubitos pequeños. En una sartén con un diente de ajo entero, a fuego fuerte y con muy poquito aceite ponemos las setas a rehogar durante unos minutos. Seguidamente las sacamos y dejamos que se enfríen. Mientras ponemos las patatas a cocer en agua fría. Cuando empiecen a hervir dejamos durante 20-25 minutos dependiendo del tamaño. Debemos pincharlas de vez en cuando con la punta de un cuchillo para comprobar cuando están hechas. En ese momento las retiramos del fuego y las sacamos para que se enfríen. Una vez estén tibias las pelamos y con ayuda de un tenedor las machacamos al tiempo que salamos y le añadimos un chorrito de aceite de oliva. Seguidamente las ponemos en un cuenco grande con la carne picada, el queso pecorino, las setas, el perejil y el ajo picado bien, bien finito (mejor hacerlo con el triturador de ajos). Mezclamos todo bien. Empapamos el pan en la leche para que se humedezca y lo dejamos durante unos segundos. A continuación escurrimos para que no choree y lo añadimos a la mezcla junto con un huevo crudo (entero) y la yema de otro. Sazonamos con la y pimienta y mezclamos bien. Lo ideal es dejarlo en la nevera de un día para otro para que se amalgamen los sabores pero sino con un par de horas puede ser suficiente.

Para la salsa de tomate calentamos el aceite de oliva en una sartén. Añadimos la cebolla bien picadita y la rehogamos durante 5-10 minutos, hasta que se alande. Seguidamente incorporamos el tomate. Dejamos cocer a fuego medio durante 30 minutos removiendo de vez en cuando. En el último minuto añadimos las hojas de albahaca.

Al día siguiente sólo tenemos que hacer unas bolitas con la mezcla de carne y freílas en la sartén por tandas, unos 2 minutos por cada cara, hasta que estén hechas y de color marrón dorado. A continuación las pasamos a la cazuela donde tenemos la salsa de tomate y rehogamos todo junto unos 5 minutos, hasta que comience a hervir. Espolvoreamos con perejil picado y servimos.

NOTA. - Yo las hice con 300 grs de puré de patata y quedaron muy cremosas y más suaves de sabor. Si las queréis más contundentes añadirle menos cantidad de patata.

Berenjenas gratinadas con longaliza


Hola, ya estoy de vuelta y antes de poneros otra receta quería daros las gracias por todos los comentarios que me habéis dejado en la entrada anterior. Me ha hecho muchísima ilusión compartir con vosotros mi nuevo descubrimiento. Y sobre todo, por qué no decirlo, me siento encantada al comprobar que no soy un bicho raro. Y es que a veces cuando uno pone mucha pasión en algo es inevitable que quienes no la comparten no lo acaben de entender y por mucho que traten de disimular en algún momento se les escapa una de esas miradas que vienen a decir "a esta, definitivamente, se le ha ido la olla", ¿cómo puede ser que esté tan emocionada si son sólo unos libros? y además de cocina. Pues sí, emocionada hasta la médula y ya veo que no soy la única y eso me encanta. Qué sería de la vida sin esos momentos que nos hacen comprender que la felicidad está en los pequeños detalles. Me entendéis, ¿verdad?


Y qué mayor felicidad que disfrutar de un plato sencillo y delicioso en buena compañía. Y para eso nada mejor que llevaros de la mano de mi querida Tessa Kirós. Esta mujer es impresionante. No sólo sus libros tienen un encanto especial, estoy segura de que ella también. Mirad su biografía. Tessa nació en Londres. Su padre era oriundo de la isla de Chipre y su madre finlandesa. Pero la mezcla de culturas en su vida no había echo nada más que empezar. Su familia se mudó a Sudáfrica cuando ella tenía sólo cuatro años y allí permaneció hasta cumplir los dieciocho. Decidió entonces comenzar a viajar para aprender algo más sobre las distintas formas de vivir y comer en diferentes culturas. Trabajó en restaurantes de Sydney, Atenas, Méjico y Londres antes de empezar a escribir sus libros, con los recuerdos que se llevó consigo de los distintos países en los que estuvo, con las recetas que durante tanto tiempo le han acompañado, muchas de las cuales han sido generosamente cedidas por sus amigos. En definitiva, como ella misma dice, libros que contienen las recetas que adora. ¿No os parece emocionante? Yo debo confesar que a veces siento también ese impulso de marcharme a conocer otros lugares. Tal vez por eso me gusta tanto su historia, sus libros y sus recetas. Espero que vosotros también lo disfrutéis. Os dejo con una receta deliciosa inspirada en sus berenjenas estofadas.




INGREDIENTES

2 berenjenas grandes, 2 dientes de ajo, 1 bote grande de tomate triturado, 1 tallo de apio, 3 tallos de longaniza fresca, 70 grs. de queso parmesano, 100 grs. de queso Feta, pimentón (opcional) y aceite de oliva

ELABORACIÓN

La receta original emplea carne de ternera picada para el relleno pero yo en vi en la carnicería unas longanizas frescas con una pinta estupenda y pensè que ni la propia Tessa Kirós hubiera podido resistirse así que me las llevé. Y la verdad, creo que fue un acierto. La receta original hierve las berenjenas pero yo las hice directamente en el microondas. Primero las partimos por la mitad a lo largo. Las espolvoreamos generosamente con sal y las dejamos sudar durante media hora para que suelten el líquido de vegetación que puede amargar. Las lavamos bien y seguidamente las colocamos sobre un plato o fuente que pueda ir al horo y las cubrimos con papel film de forma que queden herméticamente cerradas. Las dejamos cocer a pontencia máxima durante 5 minutos. No importa que no terminen de hacerse porque las vamos a meter al horno. Mientras tanto en una cazuela habremos puesto algo de aceite y los dos dientes de ajo bien picados. Ponemos a fuego medio hasta que empiecen a tomar color. En ese instante añadimos la lata de tomate triturado y dejamos a fuego medio-alto durante unos 20-25 minutos hasta que la salsa se haya concentrado bastante. Tessa utiliza Passata que es en realidad una salsa de tomate más concentrada aun pero yo creo que así tal cual la hice está perfecta. Cuando tengamos las berenjenas listas les quitamos el papel film y con ayuda de un sacabocados o en su defecto de una cucharilla vamos sacando la pulpa. Ponemos algo de aceite en la sartén, un diente de ajo y el apio bien picados. Dejamos rehogar a fuego medio durante 10 minutos. Seguidamente subimos el fuego y añadimos la carne de las berenjenas para que se dore bien. Nos interesa que cojan algo de color. Cuando estén listas incorporamos la longaniza que previamente habremos abierto por la mitad y quitado la piel para sacar el relleno. La troceamos ayudándonos de las manos (como si fuéramos a desmenuzarla). La salteamos junto con la berenjena durante un par de minutos. En la receta original en este momento es cuando se incorporaba una cucharadita de pimentón pero yo no lo hice porque pensé que la longaniza ya lleva especias y tiene la personalidad suficiente como para no necesitarla pero si pensáis que le iría bien la podéis añadir ahora. Seguidamente ponemos las 3/4 partes de nuestra salsa de tomate, mezclamos y dejamos que de un hervor todo junto. Ya fuera del fuego añadimos el queso parmesano y rellenamos con la farsa nuestras barquitas de berenjena. Las colocamos sobre una fuente que pueda ir al horno. Espolvoreamos con el queso Feta desmenuzado y cubrimos un poquito con lo que nos sobraba de salsa de tomate espesa. LLevamos al horno a 180ºC durante 30-35 minutos y listas para comer, deliciosas. Si preferís podéis sustituir la longaniza por butifarra fresca. Tiene que estar igual de rica, o incluso mejor. Espero que os guste.

Parmigiana di melanzana


"Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong..."

Desde que la vi por primera vez supe que Memorias de África sería para siempre mi película favorita. Y en efecto, la he vuelto a ver muchas veces y nunca deja de emocionarme la historia de Karen Blixen y Denys Finch-Hatton, dos seres extraordinarios condenados a amarse a pesar de no entenderse. Les unía un enorme respeto y la pasión que ponían en todo cuanto compartían. La película habla de las necesidades de los seres humanos, de la libertad, de la comunicación, del respeto, de la amistad, de la fugacidad de las cosas. Todo ello maravillosamente hilvanado y aderezado con una banda sonora capaz de fundirse con las emociones que transmite la película y una fotografía espectacular que retrata como nadie la belleza natural del continente africano. Seguro que, después de ver Memorias de África, más de uno ha soñado con recorrer esos parajes. Y que me decís de la escena del avión. Simplemente deliciosa.

Lo que no sé si todos sabéis es que los protagonistas de la película fueron personajes de carne y hueso. Karen Dinesen fue en realidad una escritora danesa nacida en 1885. En 1914 se casó con su primo, el barón Bror Blixen-Finecke. Tras la boda se trasladaron a vivir a Kenia. Aunque se divorciaron en 1921, la escritora permaneció en África hasta 1931, año en que regresó a Dinamarca. En dos de sus libros, Lejos de áfrica y Sombras en la hierba, narra con emoción y nostalgia sus vivencias en Kenia, los éxitos y fracasos de su plantación, y su tristeza al abandonar el sencillo estilo de vida africano que tanto admiró, elementos todos ellos que continúan presentes en la película Memorias de África.

Ahora que se cumplen 25 años del estreno de la película no quería dejar pasar la ocasión sin rendir mi humilde homenaje a los genios que hicieron posible esta obra maestra del séptimo arte. Gracias.

La receta que os traigo hoy refleja a la perfección ese estilo de vida sencillo del que tanto disfrutó Karen Dinesen en el continente africano. Estoy segura de que a ella esta parmigiana le habría encantado.



INGREDIENTES

Berenjenas, queso Taleggio o queso de oveja curado, albahaca, salsa de tomate casera, queso parmesano, aceite de oliva y sal