Mostrando entradas con la etiqueta aperitivos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta aperitivos. Mostrar todas las entradas

Mi receta de tapenade -deliciosa-

Sí, hoy quiero compartir con vosotros mi receta del archiconocido paté de aceitunas. Ya sé que hay cientos de versiones en la red pero creo que ésta merece la pena fundamentalmente por dos motivos:  por su insuperable sabor (en casa nos vuelve locos a todos) y por su extremada sencillez. Seguramente es la receta más fácil que hayáis preparado nunca. Si pensábais que el salmorejo de espárragos a la mostaza estaba realmente tirado, tenéis que probar el tapenade, es a prueba de vagos.

Como os decía el tapenade es un paté de aceitunas, en este caso negras, típico de la región francesa de  Provenza aunque por extensión se utiliza el mismo término para referirse a cualquier pasta cuyo ingrediente principal sean las aceitunas. Este tipo de preparaciones, conocidas también como olivada, se encuentran a lo largo de todo el Mediterráneo con distintos ingredientes en Grecia, Italia o España, incluso en Portugal. Lo que no todo el mundo sabe es que el nombre proviene de vocablo provenzal (tapeno) que significa "alcaparra". O sea que aunque nosotros asociamos la tapenade con una pasta de aceitunas, en Provenza, al menos inicialmente, lo que prevalecía en esta pasta era el sabor de las alcaparras, a diferencia de lo que sucede en otros patés de este tipo. Pero no os asustéis si no os entusiasma demasiado este ingrediente porque en mi tapenade no las vais a encontrar.


Antes de que leáis los ingredientes y hagáis una mueca de desaprobación os confesaré un par de cosas:  Sí, he utilizado aceitunas de bote deshuesadas. Las uso siempre en esta receta,  no sólo por comodidad sino también porque el resultado es espectacular, os lo aseguro. Por supuesto, si preferís utilizar unas buenas aceitunas de mesa y disfrutar un ratito quitándoles a todas el hueso, adelante. Aunque sinceramente, yo soy de las que pienso: para que voy a trabajar más si puedo conseguir la misma graficación con el mínimo esfuerzo, ¿no os parece? 

Intuyo algunas caras de desaprobación. Ya sé que las malas lenguas dicen que las aceitunas deshuesadas no saben a nada y razón en realidad no les falta. Pero algo mágico sucede cuando las mezclamos con mi ingrediente secreto: los filetes de anchoa en aceite. De pronto es como si recuperaran su personalidad intensificando su sabor. El resultado es simplemente espectacular. Y lo mejor de todo es que no se aprecia el sabor de las anchoas que a mi particularmente me resulta un poco desagradable por lo fuerte. Y el del ajo (aunque os parezca mucho) tampoco lo vais a notar. Bueno, pues vamos a ello.


INGREDIENTES

1 lata de filetes de anchoa en aceite de oliva de 50 grs (29 grs. peso escurrido), 2 dientes de ajo grandes, 2 botes de aceitunas deshuesadas de 350 grs. (150 grs. peso escurrido) y 25 grs de aceite de oliva virgen extra.


ELABORACIÓN

Tan sencilla como abrir los dos botes de aceitunas y ponerlos en el vaso de nuestro robot de cocina. Incorporar los dos dientes de ajo pelados, los filetes de anchoa en aceite de oliva y el aceite y triturar. En menos de dos minutos tenéis listo vuestro delicioso paté.


SUGERENCIAS y COMENTARIOS

En la cocina hay algunos indispensables que no pueden faltar nunca en nuestra despensa porque consiguen sacarnos de un apuro ya sea si tenemos una visita inesperada o si sufrimos un antojo de esos que no podemos aguantar: ¡Necesito picar algo ya! Así que aseguraros de tener siempre un par de botes de aceitunas deshuesadas y una lata de filetes de anchoa en aceite, os salvarán la vida más de una vez.

Respecto a las aceitunas, yo las compro en Lidl. Os lo comento porque cuando empezamos a hacer este paté en casa hace ya por lo menos seis años probamos varias marcas que no nos gustaron demasiado hasta que dimos con éstas y desde entonces no hemos vuelto a cambiar. Si las tenéis en casa ya vais sobre seguro y si hacéis allí la compra acordaros de añadir a vuestra lista un par de botes la próxima vez.

Sobre los filetes de anchoa, lo más importante es que sean de buena calidad y a buen precio. Hasta ahora en casa siempre hemos gastado los de la marca Aldaz, extraordinarios. Pero lamentablemente la fábrica acaba de cerrar así que estos días he comprado unas cuantas latas diferentes para buscarles un sustituto. Cuando las vaya probando ya os contaré con cual me quedo.

Como os decía al principio, al tratarse de una receta popular la tapenade tiene infinidad de variantes, tantas como personas que la preparan. Ésta es simplemente mi versión, la que nos gusta en casa pero hay mil posibilidades. En Francia entre los ingredientes pueden encontarse también las alcaparras, la mostaza, el brandy, el zumo de limón, la albahaca e incluso el atún. Otras versiones emplean también tomates secos, higos secos, diferentes hierbas (tomillo, romero, orégano) y distintos frutos secos (anacardos, almendras, nueces, piñones).  Hay mil posibilidades pero de momento os invito a que probéis ésta, estoy convencida de que os encantará.

Salmorejo de espárragos a la mostaza -delicioso-

Ya sé que últimamente no hago mas que deciros que todo está riquísimo pero qué queréis que diga si es verdad.  La crema fría de hoy es una de esas recetas que deberían convertirse en un básico del verano por su sabor absolutamente delicioso, sorprendente y refrescante. Por si ésto fuera poco, es ridículamente fácil de preparar. ¡No hay que cocinar nada!

Ya sé que cuando algo me encanta os doy la tabarra en grado sumo pero es que quiero asegurarme de que lo vais a probar sí o sí. ¿Por qué? Pues porque he descubierto un pedacito de cielo y quiero compartirlo con vosotros.


Veréis, normalmente pruebo muchas recetas que no siempre acaban publicándose en el blog. A veces porque es algo que ya está muy trillado, otras porque el resultado no es exactamente el que yo esperaba, a veces porque la fotografía o la receta no están mal pero tampoco acaban de convencerme.


Por eso cuando encuentro algo que me hace disfrutar muchísimo siento la necesidad imperiosa de compartirlo con vosotros para que podáis disfrutar igual que yo.

Y la receta de hoy es de esas que no quiero guardarme sólo para mi así que permitidme que os ponga deberes: aprovechad uno de estos días de calor axfisiante para regalaros un momento de placer en la cena o a media tarde. Cerrar los ojos, poner todos los sentidos en lo que estáis haciendo y simplemente, ¡¡¡disfrutad!!! que de momento es gratis.


INGREDIENTES

Una lata de espárragos blancos de medio kilo con su caldito, un yogur griego sin azúcar (yo utilicé el de Día), dos cucharadas de mahonesa colmadas, tres cucharadas de mostaza (yo utilicé Calvé), dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, unas hojas de albahaca para espolvorear (opcional).


Bueno, pues ahora llega el momento de realizar el esfuerzo titánico que requiere esta receta: poner todos los ingredientes en el vaso de la batidora y darle al botón de triturar. No añadáis desde el principio todo el juguito que trae la lata. En un primer momento poned sólo la mitad y luego vais incorporando el resto hasta conseguir que la crema tenga la textura y  el sabor deseados. Probad por si es necesario rectificar algún ingrediente, colad y llevar a la nevera para que se refresque antes de disfrutar.


SUGERENCIAS

No se os ocurra comprar para esta receta los espárragos más caros de la tienda. Aprovechad esas latas que traen más piezas y que por lo tanto son más baratas. Como los vamos a triturar nos da igual que los espárragos sean más delgados porque lo que nos importa es su sabor. Hombre, tampoco os paséis y compréis unos espárragos que sean todo hebras porque luego no saben a nada. Ya entendéis lo que os quiero decir, ¿verdad?

En casa nos encanta la mostaza, la utilizamos muchísimo. Yo recuerdo siempre que cuando era pequeña y mis padres me llevaban a la feria, me encantaba comer esos perritos calientes que tanto me gustaban y siempre, siempre, siempre les ponía mostaza. Después con el tiempo, todas las mostazas que he probado tratando de encontrar otra vez aquel sabor han sido un rotundo fracaso. No, no me estoy refiriendo a las mostazas tipo de Dijon, en grano, etc... que me encantan. El caso es que hasta que descubrí la mostaza Calvé hace ya muchos años, nunca había vuelto a probar una mostaza tan rica. De hecho dejé de comer mostaza una temporada hasta que descubrí ésta de la que os hablo. Desde entonces en casa ya no entra otra mostaza y aquí hay un consenso absoluto. No, no digo esto porque los de Calvé me hayan regalado nada para que les haga publicidad. Os hablo sólo de mi experiencia. Y os lo digo porque he probado otras mostazas por ahí que arruinarían el manjar más exquisito si le ponemos tres cucharadas. Por eso mi consejo es que si tenéis vuestra mostaza favorita que os encanta (siempre que no sea del tipo de Dijon o en grano porque son demasiado fuertes para esta receta) usadla. Pero si tenéis que comprar una de propio para esta receta, elegid la de Calvé, notaréis la diferencia y el resultado será absolutamente espectacular, os lo aseguro. Si os animáis a probarla vosotros mismos me lo diréis.

Ah, si la servimos en vasitos es perfecta para una comida o una cena con amigos, incluso para las celebraciones de Navidad. Sorprenderéis muy gratamente a vuestros comensales.

Tarta provenzal de tomate y albahaca -deliciosa-

¿Queréis una cena rápida y deliciosa para este fin de semana? Pues anotaros esta receta porque os va a encantar. Ejemplifica a la perfección mi regla de oro favorita: máximo sabor, mínimo esfuerzo. Cuando la descubrí por primera vez en el maravilloso libro Food from Plenty de Diana Henry no podía imaginar que me gustaría tanto. En realidad, me animé a probarla sólo porque la recomendaba una de mis escritoras de cocina favoritas. Los tomates al horno nunca me han entusiasmado, los encuentro muy deslavados. Pero cual fue mi sorpresa al comprobar que en esta tarta se intensifica su sabor y se vuelven más dulces. El resultado es un bocado exquisito, frangante, una superposición de matices insuperables. ¿Os lo imagináis? Mascarpone, parmesano, albahaca, tomates y un toque secreto que luego os desvelaré y que acaba de redondear el plato con un toque muy especial. Un magnífico ejemplo de la cocina Provenzal: refinada y exquisita. La tenéis que probar.



Y como es una receta triunfadora la preparé la noche de la final para celebrar que íbamos a ganar, claro que entonces no imaginaba que sería por goleada (en la porra yo había puesto 2-1). Desde luego estos chicos son el mejor ejemplo de que en España cuando tiramos del carro todos juntos, podemos hacer grandes cosas. No deberíamos olvidarlo. El problema es que hay demasiados intereses en juego. Mucha gente que se preocupa sólo de lo suyo que es mirar a ver cómo pueden pegarse la vida padre a costa de los demás. Estos chicos les han dado a todos una lección y no sólo en lo deportivo. Me maravilló cuando Fernando Torres le regaló a Mata el pase para marcar el último gol, cuando él se quedaba sólo frente al portero y de superarlo se convertía automáticamente en el mayor goleador de la eurocopa. Sólo los campeones con mayúsculas, los que lo son dentro y fuera del campo, son capaces de semejante generosidad. Desde aquí toda mi admiración y mi más sincera enhorabuena. 


INGREDIENTES

1 plancha de hojaldre, 1 tarrina de queso mascarpone de 250 grs., 75-100 grs. de queso parmesano rallado, 2 dientes de ajo grandes, 6 tomates de tamaño medio, un puñado de hojas de albahaca frescas (no se pueden sustituir por albahaca seca), sal, pimienta y dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra.

La única dificultad que tiene esta receta consiste en tener a mano un puñado de albahaca fresca. Siento deciros que no podéis sustituirla por albahaca seca, si lo hacéis arruinaréis el plato. Puestos a utilizar tarritos es mejor poner orégano aunque ya os aviso que el resultado estará rico pero ya no será espectacular. La diferencia es algo así como pasar de conducir un Porsche a tener un Fiat Panda. Sin el aroma de la albahaca fresca el plato está más triste que Marilyn sin su Chanel Nº5. Para los que todavía no lo hayáis hecho, animaros a poner una maceta de albahaca en vuestras vidas. Vuestra cocina de verano lo agradecerá. Yo ya no sabría vivir sin ellas durante estos meses. 

Por lo demás, ya os he dicho que es una receta escandalosamente fácil. Primero desenrollamos la plancha de hojaldre. A mi de todos los que he probado hasta ahora el que más me gusta es el de Lidl. A continuación extendemos la tarrina de mascarpone sobre él, como si fuéramos a huntar el queso en un pan de molde. La única precaución es dejar una distancia de 2-3 dedos desde el borde para evitar que el queso se salga durante la cocción en el horno. Sobre el mascarpone espolvoreamos el parmesano repartiéndolo homogéneamente. Picamos unas hojitas del albahaca y las esparcimos sobre el relleno. Y ahora nuestro toque secreto, los dos dientes de ajo. Es importantísimo que estén picados lo más finamente posible. Si tenéis un machacador os quedarán perfectos, si no trocearlos con el cuchillo. La clave está en repartirlos bien sobre los quesos para que a cada bocado nos encontremos un trocito. Como no se van a dorar en el horno pero tampoco se van a quedar crudos, aportan al plato un matiz muy interesante. No llega a tener la suavidad del ajo asado ni la fuerza del crudo, es un término medio que como casi todo en la vida, resulta muy equilibrado. Ahora sólo nos queda extender sobre nuestra plancha de hojaldre las rodajas de tomate que habremos cortado previamente. Es importante que intentemos hacerlas lo más finas posibles, todas del mismo grosor. Si utilizáis la placa de hojaldre de Lidl lo más cómodo es hacer la tarta rectangular (yo esta vez me empeñé en hacerla redonda pero es más engorroso). Haced dos os tres filas de rodajas de tomate que pondremos  sobre la capa de quesos de modo que toda la superficie quede cubierta. Las rodajas deberán colocarser montándolas unas sobre otras (como se aprecia en la fotografía). Cuando hayamos terminado, salpimentamos los tomates y los regamos con las dos cucharaditas de aceite. Metemos la bandeja al horno y seguimos las instrucciones del fabricante para hacer el hojaldre. Cuando utilizo el de Lidl precaliento el horno a 220ºC y luego lo dejo durante unos 20 minutos a 200ºC, hasta que está dorado. Pero ojo, no intentéis avalanzaros sobre ella nada más salir del horno. Hay que dejarla reposar unos minutos. La mejor manera de saborear intensamente esta tarta es tomándola cuando está tibia. Entonces ummmm...empieza la magia y ya solo queda disfrutar. Espero que os guste. Buen fin de semana.


Tarator -delicioso-

Después de este pequeño paréntesis vuelvo con un montón de cosas que contaros. Tenía muchísimas ganas de compartir con vosotros esta receta absolutamente deliciosa. La culpa es de la salsa que acompaña a las verduras, os va a encantar. Pero antes de hablaros del tarator os tengo que presentar a alguien. Es imperdonable que no os haya hablado de ella antes porque es, junto con Tessa Kirós, mi escritora de libros de cocina favorita. Se trata de Diana Henry, autora entre otros de Food from plenty, libro en el que aparece esta receta.
   

Y ¿quién es ella? os estaréis preguntando. Pues alguien que después de llevar 12 años trabajando como productora en televisión, un buen día decidió que quería ganarse la vida con la que siempre había sido su gran pasión: la cocina. Así que cogió lápiz y papel y se puso manos a la obra. Y gracias a ese pequeño milagro hoy podemos disfrutar de unos libros que son auténticos tesoros. Abrir cualquiera de sus páginas es como sumergirse en un viaje donde los protagonistas son los sentidos: historias que llegan desde rincones lejanos, evocadoras fotografías, el aroma de las especias y las hierbas frescas que convierten productos humildes en auténticas exquisiteces, como la receta de hoy, sencilla pero a la vez deliciosa y sorprendente.


Me pasa con Diana Henry como con Tessa Kirós: que soy capaz de sentir en sus páginas la pasión que ponen en todo lo que cocinan. La manera de contar sus recetas, ilustrándolas con anécdotas personales, les da una intensidad a sus libros que los convierte en algo más que simples recetarios. Son libros hechos para soñar: soñar con historias que nos llevan a descurbrir sabores que jamás imaginamos traídos de rincones que tal vez nunca visitaremos.

¿Os podéis creer que cuando me voy a dormir y necesito relajarme siempre acabo cogiendo algún libro de Tessa o de Diana? Ya sé que la mayor parte de la gente prefiriría una novela y sí, tenéis razón, los tengo todos y los he visto un millón de veces pero qué le voy a hacer si cada vez que los abro mi imaginación echa a volar y envuelta en esos sueños me resulta más fácil caer en brazos de Morfeo.


Pensad por un momento en la receta de hoy.  El protagonista indiscutible de este plato es la salsa que lo acompaña, el tarator. A algunos quizás os suene ese nombre porque en la zona de los Balcanes se conoce así a una sopa fría elaborada a base de pepino, yogur, eneldo, ajo y nueces. Pero nuestro protagonista de hoy es el tarator turco y a diferencia del búlgaro no se trata de una sopa sino de una salsa espesa aunque tan deliciosa que bien podría comerse a cucharadas y cuya consistencia recuerda a la de los pestos italianos. Como os podéis imaginar, al tratarse de un plato popular podemos encontrarnos infinidad de variantes pero por lo general se elabora utilizando nueces, pan, ajo, aceite, leche y zumo de limón. ¿A qua resulta sorprendente? No lleva nada raro y sin embargo seguro que no sois capaces de imaginar, ni por un momento, el sabor tan absolutamente delicioso que se crea con esa combinación de ingredientes. Es pura alquimia o simplemente magia.

Por supuesto que hay otras versiones en las que se sustituye el aceite por tahini (pasta de sésamo), algunas incorporan cayena o perejil e incluso hay quien lo elaborar utilizando otros frutos secos pero hacedme caso si os digo que la combinación que hoy os traigo es realmente espectacular. Si la probáis la vais a utilizar muchas veces este verano porque es perfecta para acompañar un pescado o una carne a la plancha. Incluso si lo utilizáis con una coliflor simplemente cocida o salteada transformaréis en segundos un plato aburrido en uno de otra galaxia. Pero es que el tarator está tan rico que incluso lo podéis huntar sobre unas tostadas, solo o acompañado de queso. De verdad, es un auténtico vicio, veréis como os engancha.


INGREDIENTES para el TARATOR

25 grs. de pan (yo utilicé una rebanada de pan de molde), 8-10 cucharadas soperas de leche, 50 grs. de nueces, 1 diente de ajo grande, 75 grs. de aceite de oliva virgen extra, el zumo de medio limón

Además para preparar nuestra receta de verduras que vamos a acompañar con el tarator necesitamos 500 grs. de judías verdes (mejor si son frescas pero si os da pereza podéis utilizarlas congeladas, no será lo mismo pero el tarator lo mejorará), 175 grs. de queso feta desmenuzado, 2 cucharaditas de perejil fresco bien picado (ella sugiere utilizar perejil, menta o cilantro pero yo esta vez no quise arriesgarme con sabores más intensos para apreciar merjor el tarator) 1 pimiento rojo mediano cortado en finas tiras, un chorro generoso de zumo de limón (yo no le puse) y la cáscara de un limón rallada (yo tampoco se la puse)

ELABORACIÓN

En primer lugar tenéis que cocer la alubia verde, como lo hacéis habitualmente. El año pasado ya os expliqué cómo conseguir que quede deliciosa cuando la compramos fresca así que podéis leerlo aquí. Si utilizáis la congelada, seguid las instrucciones del fabricante. Y si la queréis cocer con vuestra olla superrápida bastará con que pongáis un dedo de agua en el fondo, que coloquéis seguidamente vuesta cesta para cocer al vapor y dentro de ella la verdura ya limpia y troceada (si es fresca) o directamente congelada si es de bolsa. Una vez que suban las dos rayitas bajamos el fuego y lo dejamos al 4-5 (lo necesario para que se mantengan las dos rayitas sin que suban más) durante 3 minutos. Pasado ese tiempo apagamos la placa y esperamos a que la presión baje totalmente (unos 10-15 minutos) para abril la olla y sacar la verdura.

Mientras tanto preparamos nuestro tarator. Tan sencillo como poner todos los ingredientes en el vaso de la batidora y triturar. Es importante que la probéis una vez que todo se haya amalgamado para rectificar si fuera necesario. No todos los aceites de oliva tienen la misma intensidad, ni todos los dientes de ajo grandes son igual de grandes (a lo mejor tenéis que añadir más porque no se nota a penas) y lo mismo pasa con los limones. 

Colocad la verdura en una fuente de servir y espolvorear por encima el queso feta desmenuzado, el pimiento rojo en tiras y el perejil (o la hierba que vayáis a utilizar). Diana en ese momento aliñaba la alubia verde con aceite de oliva y zumo de limón pero yo no le puse nada y estaba riquísima. A mi como más me gusta es tomarlo tibio pero si preferís, ahora que llega el calor, también lo podéis comer directamente de la nevera, como si fuera una ensalada.

Os recomiendo que el tarator lo sirváis a parte para que cada uno pueda añadirse la cantidad que quiera. Probad primero con una cucharadita por persona y si queréis luego añadís más. Es importante que lo mezcléis bien para que toda la verdura se impregne de la salsa y luego a disfrutar. Por cierto, si os sobra podéis conservarlo perfectamente en el frigorífico durante 3 ó 4 días pero no creo que dure (je,je,je).

Que disfrutéis del fin de semana y sobre todo, animaros a probar el tarator. Ummmmm.........  La semana que viene os traeré algo igualmente delicioso. Gracias por estar ahí. Un besito.

Buñuelos de bacalao

Bueno, después de las vacaciones quería compartir esta receta con vosotros. Son unos buñuelos de bacalao que preparé en Semana Santa y que según mi padre, sabían a gloria bendita. Y en esto él es el experto porque mi abuela paterna era una extraordinaria cocinera y ella los bordaba cualquiera que fuera el ingrediente del relleno. A falta de sus recetas y consejos decidí echar mano de un libro de Rick Stein que me encanta, Mediterranean escapes. Ya os he hablado de él en alguna ocasión porque su forma de cocinar y sus programas de televisión me vuelven loca. Este libro recoge las recetas de una de mis series favoritas, Las escapadas mediterráneas de Rick Stein donde por supuesto no podía faltar una pincelada de la gastronomía española. Como os imaginaréis los buñuelos de bacalao son de esos platos de la cocina de toda la vida a los que en cada casa acaban dándole su toque personal. Hay quién le añade cerveza o levadura  a la masa, otros le ponen patata, algunos incorporan piñones, azafrán. Hay tantas combinaciones como se os ocurran y todas suelen tener en común el bacalao, el ajo, el perejil y los huevos que dan ligazón a la masa. Si os animáis a probarlos veréis que su sabor es suave y delicado y el interior, como se aprecia en las fotografías, queda muy, muy cremoso.
INGREDIENTES
500 grs. de bacalado en salazón, 1 hoja de laurel, 400 grs. de patatas, 50 grs. de harina, 3 huevos medianos,  2-3 dientes de ajo grandes, un puñado de perejil fresco, sal y pimienta

Para nuestro falso alioli necesitaremos:

6 cucharadas colmadas de mahonesa, un diente de ajo grande y 8-10 gotitas de limón
Antes de empezar con la receta tenemos que desalar el bacalao. Lo mejor es preguntar en la tienda donde lo hemos comprado cuanto tiempo necesita pues dependerá en buena medida del grosor de las piezas. Lo normal es tenerlo a remojo en la nevera bien cubierto con agua durante 48 horas y realizando 2 ó 3 cambios al día. En el último podemos sustituir el agua por leche para conseguir que quede más cremoso. 

Una vez desalado el bacalao lo introducimos en un cazo con agua fría, sal y una hoja de laurel y lo dejamos hasta que empiece a hervir. El agua debe cubrir por completo el bacalao. Cuando empiece el primer hervor apagamos el fuego, tapamos el cazo y dejamos reposar durante unos 10 minutos.  Transcurrido ese tiempo pasamos el bacalao a un plato y reservamos el líquido resultante de la cocción. Cuando se haya templado el pescado con ayuda de un tenedor retiramos la piel. A mi me gusta aprovecharla para darle un plus de sabor a las patatas que ya tendremos peladas y cortadas como si fuesen para tortilla. Seguidamente las incorporamos al cazo donde hemos puesto a hervir el bacalao y añadimos también las pieles que le acabamos de quitar. Dejamos al fuego durante unos 15 minutos hasta que las patatas estén bien cocidas y empiecen a deshacerse. Durante este tiempo absorberán el sabor que el bacalao y sus pieles han dejado en el agua quedando así más sabrosas.  Mientras se hacen vamos desmenuzando el bacalao procurando quitarle bien todas las espinas. Cuando las patatas estén listas retiramos las pieles y las escurrimos bien para evitar un exceso de agua. Seguidamente, con ayuda de un tenedor las machacamos y mezclamos con el bacalao. Salpimentamos y reservamos.

Mientras tanto en otro cazo ponemos a hervir 300 ml de agua junto con dos cucharadas de aceite de oliva. Cuando se produzca el primer hervor retiramos del fuego y añadimos la harina que mezclaremos con ayuda de una cuchara de madera para que se integre bien, hasta formar una pasta. Conviene dejarla reposar unos minutos antes de incoroporar los huevos para evitar que cuajen por un exceso de temperatura. Una vez que se ha enfriado un poco los añadimos uno a uno. Nos ayudaremos de una cuchara de madera de para incorporarlos bien a la pasta. Hasta que no se haya integrado totalmente el primero no incorporaremos el siguiente, siguiendo el mismo proceso con los otros dos.

Una vez lista la pasta le añadiremos la mezcla de patatas y bacalao, los dientes de ajo bien picados y el perejil fresco al gusto. Llevamos nuevamente nuestro cazo al fuego para conseguir espesar la mezcla, como si estuviéramos trabajando con una bechamel. Es importante que el fuego esté suave (yo lo puse al 5) y que no dejemos de remover constantemente durante unos 10 minutos. Transcurrido ese tiempo nuestra pasta tendrá un aspecto como de bechamel para croquetas. Ya podemos pasarla a una fuente y dejarla reposar al menos 30 minutos para que coja algo de cuerpo. También podemos prepararla con antelación y dejarla reposando toda la noche en la nevera que es exactamente lo que hice yo. En ese caso es mejor cubrir la fuente con papel film para evitar que se forme una costra en la superficie. Al día siguiente, cuando los vayamos a freír ponemos un par de dedos de aceite en una sartén y con ayuda de una cuchara vamos haciendo bolitas o quenelles como hice yo y las echamos en el aceite. No importa si quedan irregulares.  Lo importante es que el fuego no esté muy alto para que no se quemen. Yo lo puse al 5 y los dejé hasta que se doraban por una cara, entonces les daba la vuelta. Cuando estén listos sacamos con una espumadera y añadimos sal en escamas por encima.

Quedan estupendos si los acompañamos con una salsa tipo alioli para mojar. Yo para no complicarme la vida la suelo preparar batiendo 6 cucharadas soperas de mahonesa de bote con un diente de ajo grande y unas 8 gotitas de limón y queda deliciosa. Y con los buñuelos forman la pareja perfecta. Espero que os gusten.

Paté de sardinas

Hace algunos meses publiqué el paté de atún de Tessa Kirós, típico de Portugal y hoy os traigo la receta hermana, el paté de sardinas. Como os decía entonces, este paté tampoco puede faltar en las mesas de nuestros vecinos y se sirve en pequeños recipientes cerámicos. Al ser un plato tan popular podéis imaginaros que hay tantas variantes como personas que lo elaboran. Algunas recetas utilizan cilantro fresco, aceitunas, alcaparras, mahonesa o zumo de limón. Si os animáis seguro que vosotros también podéis encontrar la vuestra propia.


INGREDIENTES

100 grs. de mantequilla en pomada, 3 cucharadas de concentrado de tomate, 240 grs. de sardinas en aceite de oliva virgen (4 latas rectangulares), 2-3 cucharadas de whisky, un puñado de perejil picado (opcional), 1 cucharadita rasa de pimentón dulce, 1 pizca de cayena (al gusto)

Yo he variado un poco las cantidades de la receta original. Por ejemplo: Tessa utiliza sólo 120 grs. de sardinas. Si queréis hacerla podéis empezar añadiendo 120, probáis a ver qué os parece y en ese momento decidís si queréis seguir poniendo más o no.


La elaboración no puede ser más sencilla. Se trata simplemente de poner todos los ingredientes en un bol y batirlos hasta que no queden grumos y la mezcla sea homogénea. Podéis servirlo acompañado de unas tostadas de pan de maíz doradas en el mismo momento del aperitivo o simplemente sobre unos biscotes. Está igual de rico.

Lo más importante, como os comentaba también para el paté de atún, es dejarlo reposar en la nevera un día completo, antes de hincarle el diente. De este modo se amalgaman y se asientan los sabores consiguiendo un resultado espectacular. De verdad, vale la pena esperar porque se nota mucho la diferencia.  

Paté de Atún -delicioso-

Bueno, después de unos días de merecido descanso vuelvo con más recetas y ganas que nunca. Hoy os traigo un delicioso aperitivo, perfecto para picar entre horas. Según Tessa Kirós, este paté de atún típico de Portugal no falta nunca en las mesas de nuestros  vecinos y se sirve en pequeños recipientes cerámicos. Tan pronto como los comensales se sientan a comer lo tienen a su disposición para  disfrutarlo extendiéndolo sobre deliciosas rebanadas de pan, lo que me recuerda esa vieja costumbre (importada de Francia)  de esperar a la comida untando la correspondiente pastilla de mantequilla sobre pequeños bollitos individuales. Seguro que lo habéis visto más de una vez en algún restaurante.  El paté, la verdad, está delicioso y es perfecto tanto para un pequeño aperitivo antes de comer como para un tentempié a media tarde, ideal ahora que llega el buen tiempo. Es toda una tentación tenerlo en la nevera. ¿Os podréis resistir?


Pero según parece no sólo nuestros vecinos lusitanos aprecian  este delicado bocado. Me sorprendió encontrar una receta similar en uno de mis libros de cocina italiana dedicado a  la famosísima Costa Esmeralda de Cerdeña. Sin duda alguna, uno de los muchos rincones paradisiacos que jalonan las aguas del Mediterráneo. El libro, Under the Olive Tree, escrito por Manuela Darling-Gansser es una delicia y su autora una mujer sorprendente. Manuela pasa la mayor parte de su tiempo viajando por el mundo y recogiendo recetas para sus libros. Seguro que más de uno nos pondríamos en su lugar, ¿verdad? Yo ahora mismo firmaba. En sus obras además de gastronomía encontramos explicaciones sobre la cultura y el estilo de vida de los distintos lugares que recorre. Y como colofón unas fotografías que hacen volar la imaginación de cualquiera: rincones paradisiacos,  fotos del album familiar y excelentes presentaciones de la gastronomía más sencilla. En definitiva, todo un lujo y un auténtico placer para los sentidos. Como os decía, en su libro nos muestra su propia receta de paté de atún que incluye más ingredientes que la versión que nos propone Tessa Kirós. La proporción de mantequilla y atún cambia mucho de una receta a otra.  Mientras que Manuela utiliza 400 grs. de pescado azul por 150 de mantequilla, Tessa emplea la misma cantidad de ambos ingredientes. A mi sinceramente, esta última versión me resultaba demasiado grasienta sin llegar a apreciar los matices del pescado.  Así que como siempre os traigo una tercera alternativa: rápida, sencilla y para mi gusto, deliciosa. Vosotros tenéis la última palabra.


INGREDIENTES

100 grs. de mantequilla en pomada, 300 grs. de atún en aceite (6 latas de las pequeñas que vienen en packs de tres), 6 filetes de anchoa en aceite de oliva, un chorrito de zumo de limón recién exprimido, una pizca de cayena (optativo)  y sal (si fuera necesario).

Parece mentira que con tan pocos ingredientes el resultado sea tan delicioso. No tengáis miedo si no os gustan los filetes de anchoa porque en esta proporción simplemente acentúan el sabor del conjunto pero sin llegar a predominar. Vamos que no los notaréis porque  yo soy la primera que sino no me lo como. Bueno pues es tan sencillo como poner en el vaso de la batidora todos los ingredientes y triturar hasta que no quede ni un pequeño grumito. La única precaución es acordarse de sacar la mantequilla fuera del frigorífico  un par de horas antes de prepararlo para que esté a temperatura ambiente. Yo no le puse cayena pero si os apetece seguro que queda bien.

Manuela además añadía una cebolla y una chalota pochadas, algo de estragón y un vasito de oloroso made in Spain. Ella sugiere que si queremos que rinda más también se le puede incorporar patata cocida.

Para mi la receta tal y como os la pongo está perfecta pero se me ocurre que también  quedaría estupendamente bien si lo aromatizamos con unas hojitas de salvia fresca. Su delicado sabor le iría de maravilla. A mi me encanta, la tengo siempre a mano en la cocina. Es todo un lujo poder disfrutar de hierbas frescas en casa además de un importante ahorro porque si las compramos en pequeñas bolsitas en el super valen un dineral. Si tenéis la ocasión, haceros con varias macetas de vuestras hierbas aromáticas preferidas, de verdad, los platos tienen otra dimensión. Que lo disfrutéis mucho.

Por cierto, casi olvidaba comentaros lo más importante. Tenéis que dejarlo reposar en la nevera un día completo antes de hincarle el diente. De este modo se amalgaman y se asientan los sabores consiguiendo un resultado espectacular. De verdad, se nota mucho la diferencia.