Los mejores macarrones con chorizo para celebrar la medalla de bronce en balonmano


Bueno, al final nuestros chicos de la selección de balonmano se han venido a casa con la medalla de bronce así que enhorabuena a ellos y a sus familias. Fue un partido de infarto, igualadísimo hasta el final. Yo estaba que me comía las uñas. Los últimos cinco minutos me tuve que levantar porque no podía parar quieta, ¡qué nervios! Y al final ganaron. Es espectacular la progresión que ha tenido este equipo en tan sólo dos años. Después de quedar décimoterceros en el anterior mundial disputado en 2009 y ocupar la sexta plaza en el último europeo ahora han conseguido esa medalla de bronce que tantas veces se nos ha resistido (sí, a mi también je,je,je). Así que chicos, enhorabuena. Nos habéis hecho disfrutar de lo lindo. Ahora os toca a vosotros.... Si queréis ver un pequeño resumen de su periplo podéis pinchar aquí.




Y volviendo de nuevo a la cocina, hoy os traigo un delicioso plato de pasta un tanto especial. Veréis siempre he tenido la tentación de cocer la pasta en un líquido que no fuera agua para ver cual era el resultado. La primera vez lo intenté con leche y sólo a mi se me ocurre ponerme a experimentar en una cena con amigos. Y entre que éramos unos cuantos y que la cazuela era más bien pequeña para tanta cantidad, podéis imaginaros lo que pasó. Sí, eso, que el encargado de remover el invento no pudo evitar que aquello se agarrara y tomara un regustillo a quemado que ni la salsa de tres quesos pudo enmascarar del todo. Ya os podéis imaginar lo que vino después, que ya me decían todos que aquello no podía resultar bien. Claro, que la ley de Murphy no quiso que aquel fuera el único fiasco de la noche (je,je,je). De postre preparé una Mousse de turrón siguiendo al pie de la letra una receta de Reyes Farina. ¿Sabéis cual fue el resultado? Pues como dijo uno de mis amigos, aquello parecía chapapote. De sabor estaba rico pero la presencia era eso, como el chapapote, denso, denso. Claro que en mi descarga he de decir que yo sólo me limité a seguir las instrucciones al pie de la letra. Vamos que fue un estreno por todo lo alto. Todavía se acuerdan, casi los dejo sin cenar. Y como una testaruda es un rato decidí volver a probar, esta vez en casita y ahora sí, con mucho cuidado y mucha leche (buena) y removiendo sin parar. El resultado, un plato de pasta igual de rico que de la forma tradicional pero más engorroso, o sea hacer el tonto pa na. Así que decidí probar esta vez a cocerlos en caldo de carne aprovehando que los iba a servir acompañados de ragú (salsa de carne) y el resultado fue estupendo. Después, hace un par de años leyendo algo sobre una receta francesa que se llama macaronade se me encendió la lucecita y probé a cocerlos en salsa de tomate. Y despuès de que una amiga me dijera que ella los hacía en la olla express pensé, vale pues yo, por cambiar, pruebo en el horno. Y este es el resultado, espectacular y desde luego más fácil imposible. Mi hermano dice que son los mejores macarrones con tomate que ha probado nunca.

Guiso de calamares con chorizo


Sí, habéis leído bien, calamares y chorizo. Puede parecer algo disparatado pero si os gustan estos pequeños cefalópodos os aseguro que la combinación os resultará francamente apetecible. Si algún día tenéis calamares en la nevera y no sabéis qué hacer con ellos, probadlos y ya me diréis.



INGREDIENTES

1/2 Kg. de calamares, patatas, 1 tallo de chorizo picante, ajos, perejil, 1 buen chorretón de vino blanco, 3 cucharadas de tomate, laurel, (1 ó 2 cayenas, opcional)

La elaboración del plato es muy fácil. En la cazuela donde vayamos a hacer el guiso ponemos algo de aceite. Seguidamente pelamos y cortamos bien finitos cuatro dientes de ajo. Nos quedará mejor si lo hacemos con el triturador. Los rehogamos en nuestro aceite a fuego medio alto durante unos 20 segundos. Si quisiéramos darle un extra de picante a nuestro guiso añadiríamos una o dos cayenas justo en este momento. Seguidamente incorporamos el chorizo que previamente habremos cortado en cubitos y lo rehogamos bien durante otros 30 segundos más. A continuación añadimos las patatas ya cascadas y repetimos la misma operación y finalmente hacemos lo propio con los calamares que ya habremos limpiado con aterioridad. Podemos cortarlos como más nos guste (anillas, cuadrados). Una vez tengamos rehogados todos los ingredientes incorporamos el vino blanco y dejamos que se evapore el alcohol durante un par de minutos. Entonces es el momento de añadir la salsa de tomate. Revolvemos e incorporamos el agua o caldo de pescado junto con una hoja de laurel. Dejamos que hierva a fuego medio durante unos 20 minutos hasta que las patatas estén bien hechas. Dejamos reposar durante 5-10 minutos. Para servir espolvoreamos con perejil picado y listo, a disfrutar.


Delicioso risotto a la toscana para celebrar que estamos en la semifinal

Bueno, hoy tengo varias cosas que contaros así que empezaré por el principio. No sé si habréis notado algo diferente al entrar en el blog. He hecho un pequeño cambio, ¿lo adivináis? Sí, he suprimido la música de fondo muy a mi pesar. Así la mamá de Martín ya no tendrá que quejarse porque le despierto al niño cada vez que entra a leer el blog.

Bueno y ahora a lo que toca, celebrar el pase a semifinales de la selección española de balonmano. Ayer ganaron a una de las favoritas, Islandia (actual subcampeona olímpica y medalla de bronce en el último europeo) y se aseguraron así el pase a la semifinal. Estos chicos juegan como los ángeles. Aunque por su aspecto físico uno se los imagina más como héroes griegos de la antigüedad, sin el taparrabos, claro (je,je,je). Les pasaron por encima como una apisonadora. Teníais que haber visto el primer tiempo: sensacional. Al descanso se fueron con diez goles de diferencia en el marcador. Luego los islandeses se pusieron las pilas pero ya nada pudieron hacer para evitar el aplastante 32-24. Estos chicos son sensacionales, están hechos de otra pasta, como todos los grandes deportistas. Para que os hagáis una idea basta decir que dos de los mejores jugadores de nuestra selección (Alberto y Raúl Entrerríos) perdieron a su madre (todavía joven, con 60 años) el pasado 25 de diciembre. El duro golpe impidió que estuvieran presentes en la fase preparatoria del mundial. Desde entonces apenas si han pasado unas semanas y su enorme profesionalidad, su tenacidad y su capacidad de superación han sabido doblegar el dolor para sacar lo mejor de si mismos. Seguro que su madre, donde quiera que esté, se sentirá muy orgullosa de ellos. Lao Tse dijo en una ocasión: "Aquel que obtiene una victoria sobre otro hombre es fuerte pero quien obtiene una victoria sobre sí mismo es poderoso". Ojalá su esfuerzo y el de todos sus compañeros se vea recompensado, se lo merecen. Mucha suerte y gracias por hacernos disfrutar con vuestra magia.

Y para celebrar, como se merece, semejante acontecimiento (desde 2005 en que nos proclamamos campeones del mundo no estábamos en una semifinal), una receta igual de espectacular que el partido de ayer. Las imágenes en este caso no le hacen justicia, en absoluto, al resultado final. A pesar de que no es muy fotogénico este plato, creo que es el arroz más delicioso que he probado jamás, hasta la fecha. El vino le da un toque espectacular. Si no sabéis que preparar este fin de semana tomad nota, porque no os defraudará. Y claro, como no podía ser de otro modo, la receta está inspirada en uno de los libros de mi queridísima Tessa Kirós. Cómo, ¿que todavía hay alguien que no la conoce? Pues pinchad aquí y aquí. La verdad es que mi arroz a la Toscana no se parece en nada a la versión original, salvo por el toque del vino pero el resultado merece la pena compartirlo con vosotros proque es espectacular. La combinación de pollo y conejo con las setas, la longaniza, el vino... forman una mezcla de sabores explosiva. Animaros a probarla porque os va a sorprender, seguro.

Pollo con salsa de mostaza y puerros


Quienes seguís habitualmente este blog ya habéis podido comprobar que me encanta la selección española de fútbol y la de baloncesto. Lo que todavía no sabíais es que también adoro a los chicos de la selección de balonmano. La verdad es que me parece espectacular verlos jugar y me da pena que a pesar de las medallas que han cosechado para el deporte español la única vez que los pobres han acaparado la atención de la prensa fue cuando saltó la noticia del noviazgo de la infanta Cristina con el entonces jugador del Barcelona y de la Selección nacional, Iñaki Urdangarín. Y eso que en 2005 fueron CAMPEONES del MUNDO tras arrollar a Croacia en la final (40-34) con un equipo que jugaba como los ángeles con nombres como Mateo Garralda, Juanín García, Juancho Pérez, Rolando Uríos, Raúl y Alberto Entrerríos, David Barrufet, José Javier Hombrados, etc. No sé si alguna vez habéis visto un partido de balonmano pero es impresionante verlos lanzar en suspensión. Parece que estuvieran flotando cuando arman el brazo antes de tirar. De verdad, espectacular.

Y, ¿por qué os cuento todo esto? pues porque estos días en Suecia se está celebrando el campeonato del mundo de balonmano y nuestros chicos han pasado ya a la segunda ronda. Ayer jugaban contra la favorita, Francia (actual campeona del Mundo, de Europa y medalla de oro olímpica, ya véis poca cosa) y fueron capaces de empatar un partido en el que siempre estuvieron por detrás en el marcador. Vamos que el resultado supo a victoria. Los diez últimos minutos fueron de vértigo, estaban que se salían. Les metieron un parcial de 7-1. Si queréis lo podéis ver aquí. La semana que viene les esperan rivales difíciles: Noruega, Islandia y Hungría. Daneses e islandeses no han sufrido ninguna derrota en estos primeros partidos por lo que ya han demostrado que son un hueso difícil de roer. Ojalá nuestros chicos tengan mucha suerte y puedan luchar por las medallas, se lo merecen. Ya os contaré.

Bueno cambiando de tercio, hoy os traigo una receta bastante sencilla, rápida, con pocas calorías y un sabor estupendo, si como yo, sois de esos a los que les gusta el puerro. Perfecta para salir del paso airosamente en un momento. ¿Qué más se puede pedir? Que os guste. Espero que sí.



INGREDIENTES


3 muslos de pollo partidos en dos por sus respectivas articulaciones, 1 yogur natural con azúcar de caña de Milbona (Lidl), el blanco de 2 puerros, 1 chorrito de vino blanco, la medida correspondiente a la 1/3 parte del yogur de mostaza Calvé, sal, pimienta, 1 cucharadita de aceite de oliva virgen, un poco de mantequilla.



La receta es muy sencilla. Si la hacéis en olla superápida, como yo, en 6 minutos la tenéis lista. En primer lugar cortaremos cada muslo de pollo en dos partes, por las articulaciones. En nuestra olla ponemos una cucharadita de aceite de oliva y un trocito de mantequilla. El aceite evita que se esta última se nos queme. Seguidamente troceamos el puerro. Si al final queremos triturar la salsa no hace falta que lo hagamos con mucho cuidado sino procuraremos hacer todos los trocitos del mismo tamaño. Rehogamos durante medio minuto. Salpimentamos y rápidamente incorporamos los trocitos de pollo a los que previamente les habremos quitado la piel. Yo prefiero utilizar sólo los muslos porque las pechugas tienen un punto de cocción diferente y no nos quedarían tan jugosas. Rehogamos durante medio minuto hasta que la carne se selle bien por todas partes pero sin coger color. Queremos que nos quede blanquita. A continuación incorporamos un chorrito de vino y dejamos rehogar hasta que se evapore el alcochol (un par de minutos). En ese momento añadimos nuestro yogur natural y mezclamos. Cogemos como medida el vaso del yogur y le añadimos al guiso 1/3 parte de mostaza Calvé. Cerramos la olla y esperamos a que suba. Yo la dejo 6 minutos antes de retirarla del fuego pero vosotros debéis guiaros por los tiempos de vuestra olla. Si es superápida (Perfect o Duromatic) con el tiempo que os he indicado os bastará. Sino tendréis que probar. Esperamos a que baje la presión y abrimos. Si queremos podemos sacar los trozos de pollo y triturar la salsa o bien lo servimos directamente, tal cual. Espero que os guste. Un besito.

P.D. A los que no os guste el puerro podéis probar a sustituirlo por champiñones y en la salsita cambiar la mostaza por curry en polvo. Está igual de rico. Los champiñones para que no se deshagan en vez de laminarlos, simplemente cortarlos en dos o en cuartos dependiendo del tamaño. Os quedará un platito muy rico.

Coliflor gratinada con salsa de pimientos


Bueno, pues después de los excesos navideños siempre vienen bien unas verduritas. Y mira que a veces resulta difícil pensar en cómo prepararlas para que estén ricas si queremos salirnos del típico refrito de ajos, aceite y a lo sumo un poquito de tomate o pimentón. Siempre que ojeo libros de cocina encuentro mil y una formas de preparar la carne o el pescado pero las verduras, parece que se resisten. Por eso quiero compartir con vosotros esta forma sencilla de disfrutar de la coliflor con un saborcito rico y diferente.



INGREDIENTES
1 Coliflor, 2 patatas grandecitas, 1 cebolla, 6-8 pimientos del piquillo en conserva, un chorrito de nata, sal, pimienta, aceite de oliva virgen extra y queso emmental para gratinar



La elaboración es muy sencilla. Empezamos limpiando bien la coliflor. Para eso la partimos en ramilletes y con la ayuda de un cuchillo retiramos el tronco central que resulta demasiado duro. Pasamos los trozos debajo del grifo para dejarlos bien limpitos y los secamos con papel de cocina. Seguidamente pelamos las patatas y las cortamos de forma irregular en trozos más bien pequeños, ya que queremos que nos queden muy blanditos, incluso que se deshagan. Yo la coliflor suelo hacerla siempre en la olla porque es más rápido y el resultado es igual de bueno. Para ello pongo el cestillo y encima los ramilletes de coliflor. Sobre ellos las patatas troceadas. Añado algo de agua en el fondo, como 3 ó 4 dedos. No hace falta demasiada. Cerramos la olla y esperamos a que suba la presión. En mi olla con 6 minutos es suficiente pero en la vuestra tendréis que probar. Es importante recordar que para esta preparación no queremos que nos quede la coliflor al dente sino algo más hecha.
Mientras se hace la verdura pelamos la cebolla y la cortamos en tiras. Ponemos algo de aceite en una sartén e incorporamos la verdura para que coja color. Dejamos a fuego medio-alto durante 15 minutos. Cuando la tengamos lista añadimos los pimientos de bote que previamente habremos cortado en tiras. Salpimentamos y añadimos también una cucharilla de café de azúcar (para contrarrestar la acidez de los pimientos). Dejamos un minuto al fuego y a continuación incorporamos un chorrito de nata y dejamos otro minuto más. Si estáis a régimen podéis sustituir la nata por un poco de caldo de la cocción de la verdura y un par de quesitos bajos en calorías. Trituramos nuestra mezlca.
Cuando esté lista la verdura abrimos la olla (después de que baje la presión, claro). En una cazuela grande añadimos algo de aceite y refreímos un par de ajos en rodajas. Cuando empiecen a tomar color incorporamos la coliflor y la patata. Mezclamos bien ayudándonos de una cuchara de madera. No importa si se rompe la verdura o las patatas. De hecho si se deshacen un poco, mucho mejor. A continuación vertemos sobre ellas nuestra salsita de cebolla, pimiento y nata que no tiene que quedar muy ligera. Otra vez mezclamos bien y pasamos al recipiente que vayamos a utilizar para gratinar. Espolvoreamos con queso rallado y al horno hasta que se forme una costra crujiente.
SUGERENCIAS. - Ya os he dicho que si estáis a dieta podéis sustituir la nata por algo de caldo de la cocción de la verdura y uno o dos quesitos. Si os apetece hacer el plato más contundente también podéis añadir algo de atún desmenuzado o bacon, o incluso rodajitas de salchicha o algo de carne picada. Seguro que a vosotros se os ocurren mil ideas más. Ponerlas en práctica, os gustarán.

Albóndigas toscanas (con setas y queso pecorino) y una visita muy especial


Bueno, ya estoy de vuelta otra vez así que Feliz Año Nuevo y muchas gracias a todos los que estos días os habéis pasado por aquí para desearme Feliz Navidad. Espero que hayáis disfrutado mucho de las fiestas y que los Reyes hayan sido muy generosos con vosotros. Y a los que os hayan traido carbón, ya sabéis, a portaros mejor en 2011 (je,je,je).

No sé vosotros pero a mi estos días se me han pasado volando, bueno en general todo el mes de diciembre. Supongo que será porque he estado bastante liada. Y entre todas las cosas que he hecho estas Navidades hay una que quería compartir con vosotros. Se trata de una visita muy especial. Desde que descubrí el blog de Pandora siempre he disfrutado mucho leyendo todo lo que publica. Si hay alguien que todavía no lo conoce (lo dudo), no podéis dejar de visitarla porque no sólo es una excelente cocinera sino también una persona extraordinaria, pinchad aquí. Desde el principio yo sentía que había una sintonía especial entre nosotras, algo casi mágico que pasa a veces con algunas personas. Con frecuencia, cuando la leo, no puedo evitar dibujar una sonrisa de complicidad, porque parece que me estuviera leyendo el pensamiento. Y eso fue precisamente lo que pasó. Después de que lleváramos un tiempo intercambiándonos correos, contándonos muchas cosas y descubriendo todo lo que teníamos en común un día recibo un email suyo en el que me cuenta que su marido Jose es de Vitoria y que todos los años en Navidad se acercan para pasar unos días con su familia ya que ellos viven en Cádiz. Enseguida se me encendió una lucecita. Logroño y Vitoria están cerca, pensé, así que me encantaría acercarme un día para tomar un café. Y se me revolucionó la adrenalina como si fuera una adolescente a la que le dicen que va a conocer a George Clooney. Claro que entonces una vocecita interior me tranquilizó: Susana, calma, que sólo vienen unos días para disfrutar de su familia y de los amigos a los que durante el resto del año no pueden ver así que no creo que tengan tiempo para nada más. Tal vez en otra ocasión. Pero entonces para mi sorpresa, al seguir leyendo el correo, Pandora me decía que ya que ella no conocía Logroño y que estaba cerca de Vitoria, podía acercarse una mañana y así quedábamos y nos tomábamos un café. No podía parar de reírme. Otra vez me había leído el pensamiento. Estaba como loca de contenta porque me hacía muchísima ilusión y se lo agradecía de mil amores porque venir a pasar pocos días con la familia y guardar uno para venirse a hacerme una visita a mi, menudo detallazo. A los que seguís su blog, seguro que ya os suena la historia porque ella ya os lo había contado aquí. Pasó el tiempo y por fin llegó el día y nos encontramos al mediodía en pleno centro de Logroño, en el Espolón. Nada más verlos a lo lejos enseguida supe que eran ellos. Y fue exactamente como me lo imaginaba. Parecía que nos conociéramos de toda la vida, no parábamos de hablar, por los codos. Qué os puedo decir de Elvira y Jose para no quedarme corta. Son simplemente estupendos, gente extraordinaria. Vamos que fue un placer.

Pandora tuvo el detallazo de regalarme una caja de galletitas que había hecho ella misma y que estaban deliciosas. No me dio tiempo de hacerles ninguna foto porque no pude resistir la tentación y ya las iba probando camino de casa pero podéis verlas en su blog. Además estaban tan bien presentadas en su cajita metálica (monísima) y con su papel de seda. Se notaba que las había hecho con mucho mimo, como todo lo que ella hace. Y junto con las galletas había también un tarrito de mermelada de manzana casera que es una auténtica delicia. Como me dijo Pandora, sabía a tarta de manzana, exquisita, digna de estar en los mejores establecimientos Gourmet. Lo cierto es que nunca había probado una mermelada tan rica y en casa todos fueron de la misma opinión. No sabéis como estaba en una tostada sobre un lecho de queso mascarpone. Ummmmm...... Gracias Elvi, no te imaginas como la disfruté. Todavía me estoy relamiendo.

Bueno, el caso es que como llegaron al mediodía nos fuimos de tapas por la famosísima calle Laurel, conocida también como la Senda de los Elefantes, por las trompas que se pillan algunos. Situada en el casco antiguo de la ciudad, es la zona de chiquiteo por excelencia. En a penas 200 metros se concentran más de 50 establecimientos entre bares y restaurantes. Y a diferencia de lo que sucede en otros lugares cada bar está especializado en un tipo de pincho. Algunos, como El Soriano, se permiten el lujo de trabajar un sólo producto y tener siempre la barra llena, no en vano son uno de los bares con más solera. Vamos que nadie que pase por la Laurel se puede ir de allí sin probar su pincho de champis con gambas. Absolutamente recomendable. Delicioso diría yo. Así que claro, cómo no los iba a llevar allí. Y nada mejor para acompañar un buen pincho que un crianza de la tierra y para los que (como yo) no les guste el vino, pues un buen mosto que está igual de rico. Después de tapear en varios sitios acabamos en La Gota de Vino, donde degustamos su delicioso "Zorropito" con ese alioli que le da el sabor tan característico. Y allí que nos plantamos en una mesa hasta que nos dieron las tantas cotorreando sin parar. Para cuando quisimos darnos cuenta ya eran las cinco. La verdad es que estábamos tan a gusto que yo ni caí en que sólo nos habíamos tomado tres pinchos. Vamos que de la emoción casi los dejo sin comer, pobres. Luego volvimos al Espolón para merendar en la pastelería Viena, la más chic de la ciudad. Y para rematar la tarde nos fuimos a ver tiendas con cositas de cocina. Y claro, no podían irse sin que los llevara a la tienda de Genieve Lethu. Ya os he hablado de ella en otro post, aquí. A Elvi le encantó. Yo como siempre me lo hubiera llevado todo. La verdad es que el día se me pasó volando. Cuando quisimos darnos cuenta ya eran casi las ocho. Fue un día genial. Espero que ellos disfrutaran tanto como yo. Chicos, gracias por venir. Sois estupendos. Besos.

Bueno, ahora toca volver a la rutina así que para empezar el año algo sencillito, después de las complicaciones navideñas. Un plato de los de toda la vida aunque con un toque diferente. Es curioso porque las albóndigas son uno de esos universales de la cocina que están presentes en todas las culturas gastronómicas. Cada región (cada casa diría yo) tiene su propia versión. Resulta sorprendente cómo algo tan sencillo presenta tan amplia variedad gracias a la incorporación de distintos ingredientes y de especias que hacen que adquieran una u otra personalidad. Las que os traigo hoy si por algo destacan es por su jugosidad. Resultan muy, muy esponjosas. Nada que ver con esas bolas de carne apelmazada que nos encontramos a veces. La receta pertene a uno de los libros que me trajeron los Reyes "Cocina italiana. Recetas fáciles para disfrutar de una comida italiana." de Maxime Clark. El libro está genial y trae un montón de fotos. Hombre, no es como los libros de mi queridísima Tessa Kirós pero está muy bien.



En la propia Toscana hay varias versiones de este plato. El añadido de patata y miga de pan es típico del sentido toscano del ahorro. Algunas propuestas pasan las albóndias por harina o por polenta antes de ponerlas a freír. Si utilizamos más cantidad de patata eso ayuda a crear una película exterior crujiente que mantiene la forma del interior más cremoso. Yo no las hice así y me quedaron bien aunque resultan más quebradizas.

INGREDIENTES

100-150 grs. de boletus o en su defecto cualquier otra seta, 500 grs. de carne de ternera picada, 2 dientes de ajo, 150-300 grs. de puré de patata o arroz hervido, 9 cucharadas soperas de queso pecorino recién rallado o en su defecto queso idiazábal ahumado o parmesano, 4 cucharadas soperas de perejil picado y otra más para espolvorear por encima al servir, 100 grs. de miga de pan del día anterior, la cantidad de leche necesaria para empapar el pan, 1 huevo batido y una yema, sal y pimienta.

Para la salsa de tomate vamos a necesitar: cucharadas soperas de aceite de oliva, 2 cebollas pequeñas picadas, finas, 2 latas de tomate triturado de 4oo grs, 4 cucharadas soperas de albahaca picada fina.



En primer lugar tenemos que lavar bien las setas y trocearlas en cubitos pequeños. En una sartén con un diente de ajo entero, a fuego fuerte y con muy poquito aceite ponemos las setas a rehogar durante unos minutos. Seguidamente las sacamos y dejamos que se enfríen. Mientras ponemos las patatas a cocer en agua fría. Cuando empiecen a hervir dejamos durante 20-25 minutos dependiendo del tamaño. Debemos pincharlas de vez en cuando con la punta de un cuchillo para comprobar cuando están hechas. En ese momento las retiramos del fuego y las sacamos para que se enfríen. Una vez estén tibias las pelamos y con ayuda de un tenedor las machacamos al tiempo que salamos y le añadimos un chorrito de aceite de oliva. Seguidamente las ponemos en un cuenco grande con la carne picada, el queso pecorino, las setas, el perejil y el ajo picado bien, bien finito (mejor hacerlo con el triturador de ajos). Mezclamos todo bien. Empapamos el pan en la leche para que se humedezca y lo dejamos durante unos segundos. A continuación escurrimos para que no choree y lo añadimos a la mezcla junto con un huevo crudo (entero) y la yema de otro. Sazonamos con la y pimienta y mezclamos bien. Lo ideal es dejarlo en la nevera de un día para otro para que se amalgamen los sabores pero sino con un par de horas puede ser suficiente.

Para la salsa de tomate calentamos el aceite de oliva en una sartén. Añadimos la cebolla bien picadita y la rehogamos durante 5-10 minutos, hasta que se alande. Seguidamente incorporamos el tomate. Dejamos cocer a fuego medio durante 30 minutos removiendo de vez en cuando. En el último minuto añadimos las hojas de albahaca.

Al día siguiente sólo tenemos que hacer unas bolitas con la mezcla de carne y freílas en la sartén por tandas, unos 2 minutos por cada cara, hasta que estén hechas y de color marrón dorado. A continuación las pasamos a la cazuela donde tenemos la salsa de tomate y rehogamos todo junto unos 5 minutos, hasta que comience a hervir. Espolvoreamos con perejil picado y servimos.

NOTA. - Yo las hice con 300 grs de puré de patata y quedaron muy cremosas y más suaves de sabor. Si las queréis más contundentes añadirle menos cantidad de patata.