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Lentejas con tomate y parmesano -deliciosas-

Hoy quiero traeros una receta que si la probáis os va a sorprender, seguro. Cuando la descubrí en una de mis series favoritas "La Dolce Vita"  de  David Rocco  no podía imaginar ni por un momento que aquel plato tan sencillo, rápido y fácil de preparar podía resultar tan sumamente delicioso. Tanto que desde que lo descubrí hace más de dos meses lo he hecho ya unas cuantas veces y siempre nos ha encantado así que tenía ganas de hacerle por fin las fotos para compartir la receta con vosotros. Sin duda alguna es el ejemplo perfecto de cómo se puede disfrutar comiendo sin necesidad de complicarnos en la cocina. Por eso, con este plato, inauguro hoy un nuevo apartado en el índice de recetas: Cocina triple R (rápida, rica y realmente fácil). Perfecta para los que se inician en la cocina, para los que andan  escasos de tiempo o para los que simplemente quieren disfrutar al máximo con el mínimo esfuerzo.  Y quiero dedicarle este apartado a una persona a la que quiero mucho y que para mi es muy especial. Hace poco tiempo que se ha independizado y a veces me llama para pedirme alguna receta o preguntarme cómo hacer tal o cual plato. Oscar, espero que  a partir de ahora aquí encuentre esas recetas con las que disfrutar comiendo sin complicarse.  Un beso muy grande.


La verdad es que la versión original utilizaba lentejas como las que habitualmente se encuentran en nuestras cocinas pero yo tenía en la despensa un paquetito de lentejas naranjas al que no le había dado ninguna utilidad y decidí que por fin había llegado su momento. Las lentejas naranjas o de coral son uno de los alimentos básicos de Oriente Próximo, y su textura y sabor es más delicado que la variedad más consumida en nuestra dieta, la lenteja castellana. A simple vista se diferencian de éstas por el color  y su tamaño más pequeño, semejante al de la lenteja pardina.  Como todas las legumbres son una fuente excelente de hidratos de carbono complejos, proteínas vegetales, fibra, vitaminas y minerales. Entre los minerales encontramos  zinc, selenio, aunque destaca fundamentelmente el aporte de hierro, cuya absorción aumenta en el organismo si incluimos en las preparaciones alimentos ricos en vitamina C. Sin embargo las lentejas carecen de un aminoácido esencial (metionina). Por eso a veces se recomienda acompañarlas con cereales como el arroz, que complementan esa ausencia del aminoácido convirtiendo el plato elaborado en una fuente de proteínas similar a las proteínas de origen animal. Aunque si os soy sincera a mi las lentejas con arroz no me entusiasman demasiado . Volviendo a nuestras lentejas de coral no podemos olvidarnos de mencionar su principal ventaja con respecto a las demás y es que al no tener piel no necesitamos ponerlas a remojo previamente y su cocción es mucho más rápida. El estar desprovistas de la cáscara hace que produzcan menos gases por lo que son perfectas para las personas que tienen problemas digestivos. Pero, por supuesto, la receta se puede hacer exactamente igual con lentejas pardinas o incluso castellanas adaptando los tiempos de cocción. ¿Nos ponemos a ello?



INGREDIENTES

500 grs. de lenteja de coral, un buen manojo de perejil fresco, 4 dientes de ajo grandes, 2-3 pequeñas cayenas,  1'250 Kg. de tomate triturado (una lata grande y otra pequeña), 20 vultlas del molinillo de pimienta, 3 cucharadas de azúcar, aceite de oliva, sal, agua y 80-100 grs. de queso parmesano o grana padano.
 
Empezamos cogiendo un buen manojo de perejil fresco y lo picamos finito (no importa si cae algún trozo del tallo). Ya sé que muchos de vosotros no tenéis hierbas frescas en casa pero hoy en día el perejil en bolsitas se encuentra en cualquier supermercado. Y como la compra la tenemos que hacer todos pues es tan sencillo como que la próxima vez que vayáis al super os acordéis de comprar la correspondiente bolsita. Yo lo suelo comprar en Simply. La mejor manera de conservarlo una vez que llegamos a casa es sacarlo de bolsa y colocarlo con agua en un recipiente de cristal, como si fuera el ramo de rosas que nos regalaron por San Valentín, así se nos conservará entre siete y diez días (dependiendo de lo fresco que esté cuando lo compremos). Tampoco hace falta que tengáis un jarrón. Cualquier bote de cristal que tengamos por casa nos servirá siempre y cuando sea lo suficientemente alto como para que los tallos queden sumergidos  y las hojas fuera del agua. No me digáis que tampoco tenéis un bote vacío. Pues no, no os váis a escaquear: un vaso de cristal también sirve.  Pues ale, ya no hay excusa para empezar.  Pero si aún así seguís encontrando alguna, antes que quedaros sin probar la receta, qué le vamos a hacer, utilizáis  perejil seco y listo.

Pues manos a la obra. Para empezar ponemos un poco de aceite en la cazuela donde vayamos a guisar las lentejas. Los que tengáis perejil fresco picáis un buen puñado y los que no pasáis directamente al segundo paso: picar bien finitos los dientes de ajo. Si tenéis un triturador es más rápido y sencillo, ni siquiera hace falta pelar los ajos.  Para los que os iniciáis en la cocina debéis saber que es una "herramienta" muy útil pero si no la tenemos lo hacemos a mano y listo. Ahora ponemos el aceite a calentar e incorporamos el perejil fresco, las cayenas que desmenuzaremos con las manos y los ajos. Si no queremos que esté muy picante debemos quitarles las semillas (al menos una parte) porque pican a rabiar. Rehogamos durante unos segundos hasta que el ajo empiece a chisporrotear. Si vamos a utilizar perejil seco se lo ponemos justo ahora. Seguidamente añadimos el tomate triturado y 3 cucharadas de azúcar (para contrarrestar  su acidez). Removemos y nos olvidamos de la cazuela durante 15 minutos. La dejaremos a fuego bajo. En mi placa de inducción yo la pongo al 4. Pasado ese tiempo lavamos las lentejas y las incorporamos al tomate. Ahora tenemos que añadirles agua. Ya sé que hay mucha gente que le gusta ponerle caldo a todo pero hay cosas que están más ricas así. La cantidad de agua la vamos a medir aprovechando la lata de tomate grande que hemos utilizado. Si las lentejas os gustan más espesas, como a mi, añadís tres medidas de agua. Si por el contrario os gustan bien caldosas añadís cuatro. Y si soís de los que ni chicha ni limoná, pues tres y medio. Añadimos la sal y dejamos a fuego suave durante 13-14 minutos. Yo la última vez las hice a fuego más fuerte y luego se me deshicieron más, como véis en la foto. Si las probáis en este momento seguramente os parecerá que todavía les falta un poco pero terminarán de hacerse con el reposo así que las retiramos del fuego, añadimos un chorrito de aceite de oliva virgen extra y queso parmesano rallado. Ahora las tapamos y las dejamos reposar 15-20 minutos. El tiempo de reposo es imprescindible para conseguir el sabor deseado así que calculad bien antes de poneros a cocinar.

Desde luego esta es una forma sanísima de comer lentejas sin la pesadez de otras preparaciones más contundentes típicas del invierno.Y auque me he enrollado un poco, es un plato fácil, fácil. Sólo hay que poner los ajos, el perejil y la cayena. Luego añadimos el tomate. Después las lentejas, el caldo y listo. Sacar y ponerle parmesano.

Si utilizamos lenteja pardina es mejor ponerla en remojo la noche anterior para acortar los tiempos de cocción. Si las ponemos directamente tardan más en cocer (40-50 minutos) y también necesitarán más agua. Si vais a utilizar una olla a presión  super rápida, sin remojo con diez minutos también estárán listas pero entonces les tenemos que añadir algo menos de caldo porque en la olla no se produce tanta evaporación. Si es una olla a presión normal necesitarán entre 20 y 30 minutos.

Espero que os guste esta deliciosa manera de disfrutar de las lentejas. Para los niños si quereís las podéis pasar y dárselas como una crema o bien dejarlas 5 minutos más al fuego para que ellas mismas se deshagan. 

Que disfruteís del fin de semana. Os veo en vuestras cocinas.  

Deliciosa Schiacciata con l'uva de David Rocco

El fin de semana pasado estuve en el monte buscando setas. Y digo buscando por que lo que se dice coger no cogimos ni una. Así que nos volvíamos a casa con las cestas vacías y yo además con el mal cuerpo que se me pone a veces cuando hay que circular por carreteras llenas de baches y curvas. ¿Qué hacer en esa situación? Como me dice mi padre a veces, hija, tu todo lo arreglas comiendo. No sé si os habrá pasado alguna vez pero a mi viajar con el estómago vacío no me sienta bien y menos con tanto tragín. Pero el domingo la verdad es que, con las prisas, se me olvidó coger algo y no hacía más que pensar en la mala vela que se me pondría durante el camino de vuelta a casa cuando de pronto se me encendió una lucecita. Hace a penas un par de semanas que terminó la vendimia aquí en La Rioja. Y este año además los excedentes están por encima de los cien millones de kilos de uva. Lo que significa que en algunas fincas se queda parte de la uva sin recoger puesto que no podrá ser vendida porque se ha llegado al tope permitido por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen de Vino de Rioja que establece unos cupos para evitar que el precio del vino se desplome como consecuencia de exceso de producto en el mercado. La verdad es que, en esta época, es todo un espectáculo ver los viñedos vestidos con esas preciosas tonalidades rojas. Podéis ver a qué me refiero aquí. Así que ya de vuelta y aprovechando que ambos lados de la carretera estaban jalonados por inmensas avenidas de viñedos hicimos una parada para refrescar la boca con algunas uvas y de paso coger algún racimo más para por lo menos no volver con la cesta vacía. Aunque, si soy sincera, debo confesaros que lo del mareo fue más bien una excusa para poder coger algunos racimos.

Veréis alguna vez os he hablado de Rick Stein y de lo mucho que me gusta ese hombre (sus series, no penséis mal). Pues bien, hace pocos meses descubrí en Canal Cocina a David Rocco con una serie llamada "La Dolce Vita" y volví a enamorarme otra vez. Cuando lo vi por vez primera me recordó mucho el estilo fresco y desenfadado de Jamie Oliver pero con un toque todavía más mediterráneo. Sus programas me vuelven loca, me encantan, son simplemente deliciosos. Supongo que, al igual que con Rick Stein, disfruto muchísimo con esa mezcla de lugareños, gastronomía, paisaje mediterráneo y costumbres que desfilan por la pantalla. De verdad, es absolutamente maravillosa. Uno de los mayores placeres del día ha sido durante algún tiempo esperar un nuevo capítulo de La Dolce Vita y disfrutar de él como si estuviera en esos rincones maravillosos de Florencia o La Toscana que discurren ante nuestros ojos. De verdad, todo un placer. Las recetas de David son sencillas, cocina mediterránea de la que se hace en casa. Las recetas que aprendió de su madre. Yo ya me he enamorado de unas cuantas. Por eso desde que vi el episodio dedicado a la vendimia, tenía en mente probar esta receta. Pero las uvas que venden en las tiendas son uva de mesa y para mi gusto tienen el grano demasiado grande y yo quería algo más refinado. Así que en cuanto vi esos racimos colgando de las vides sabía que esta deliciosa Schiacciata me estaba esperando. Y no me equivoqué con lo de exquisita. Sólo un requisito, hay que comerla templadita, recién hecha porque al día siguiente pierde mucho. Claro que eso no supone ningún problema porque en mi casa nos la ventilamos enseguida. Por cierto, deciros que a mi la uva así sin más no me hace demasiada gracia y sin embargo la schiacciata me ha encantado. Este postre que se pronuncia esquiachiata es una versión más sencilla del pan típico toscano que lleva el mismo nombre. En algunas versiones la Schiacciata se parece más a una Focaccia mientras que otras son más tipo Torta. David la hace utilizando masa de pizza y de verdad, creedme, el resultado es delicioso.

Y para que se os haga la boca agua, os dejo aquí el trailer de la tercera temporada de la serie de David Rocco "La Dolce Vita". Alucinante.



INGREDIENTES

500 grs. de vuestra masa de pizza favorita (tiene que ser fresca, no la que venden en los supermercados), las uvas que se necesiten para cubrir la masa, azúcar, dos ramas de romero y 4 cucharadas de aceite de oliva


ELABORACIÓN
La elaboración es muy sencilla. Sólo tenéis que extender la masa hasta formar un rectángulo. Trazáis una señal para dividir la masa en dos partes iguales y en cubrís la parte derecha de vuestra masa con los granos de uva. Tenéis que poner bastantes dejando un pequeño bordillo alrededor para cerrar después nuestra masa. A continuación añadimos un chorrito de aceite, nuestra ramita de romero bien picada y espolvoreada por encima y una buena cantidad de azúcar de modo que se quede todo bastante blanco, como si tuviera el aspecto de unas frutas escarchadas. Aplastamos las uvas para que se metan bien en la masa sin importarnos si alguna se rompen. De hecho será todavía mejor si alguna se rompe porque se formará un delicioso juguito caramelizado en el interior. Con la otra parte de la masa cubrimos la que tenemos ya con las uvas (como si fueramos a cerrar nuestra empanada). Cerramos bien, bien los bordes para impedir que se salgan los jugos durante la cocción. Pintamos con aceite la masa de empanada y sobre ella colocamos más uvas. Apretamos para que se hundan en la masa esta vez teniendo cuidado de no romperla. Espolvoreamos nuevamente con azúcar y repartimos la ramita de romero que nos quedaba. Llevamos al horno a 200-220ºC durante 10-15 minutos y listo para comer. Nada más salir del horno se le puede hincar el diente. Está deliciosa. Si os animáis ya me contaréis. Todavía estáis a tiempo de encontrar uvas. Que la disfrutéis mucho.
Para los que queráis dentro de poco publicaré la receta de mi masa de piza favorita. La utilicé para esta ocasión aprovechando que siempre suelo tener alguna porción en el congelador. Pero podéis utilizar la que hagáis vosotros habitualmente.