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Alubias con pasta y pistou

Sí, sí, no se trata de un error. Este plato de legumbres con pasta y vegetales no se sirve acompañado de pisto ni de pesto sino de pistou. Que no, que no os estoy tomando el pelo ni se trata de ningún trabalenguas. El pistou, al igual que Teruel, también existe. Y vaya si está rico. Es la versión francesa del puré de albahaca que los italianos han hecho mundialmente famoso con el nombre de pesto (alla genovese). El pistou es típico de una de las regiones con más encanto del país galo, la Provenza y para sorpresa de algunos su uso es tan antiguo como el de sus vecinos italianos con quienes rivalizan respecto de su paternidad. En ambos casos se trata de una salsa en la que se emulsiona y aromatiza el aceite con un puré ajo y albahaca. Los italianos la enriquecen incorporando también piñones y parmesano.  Si os gusta el pesto, el pistou también os encantará.


Es una salsa muy versátil y que está muy rica. Podemos guardarla en la nevera en un tarrito de cristal y se conservará en perfecto estado durante 4 ó 5 días e incluso más. Sirve para darle vidilla a cualquier plato de verduras, a la pasta, a la carne, al pescado, a un arroz blanco. Una simple ensalada de tomate con una cucharadita de pestou se transforma en algo superior, sobre todo teniendo en cuenta que hoy en día resulta imposible encontrar tomates que sepan justamente a eso. Y además, es más barato que el pesto porque nos ahorramos los piñones que cuestan un dineral. ¡Qué más se puede pedir!

Y en cuanto a la receta, es una manera pecfecta de disfrutar de un plato de legumbres en estos días de verano en el que las temperaturas (al menos por el norte) nos dan un respiro.  Aquí en Logroño incluso se necesita una chaqueta.

INGREDIENTES

2 botes de alubias blancas cocidas de 580 grs., 1 cebolla morada, 3 cazos de ditalini o cualquier otra pasta hueca de pequeño tamaño como las conchas,  1 cacito de caldo de pollo Knorr,  3 tomates maduros de tamaño medio, 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, sal, agua para cubrir, sal y aceite de oliva para aliñar el tomate.

PARA EL PESTOU

35 grs. de albahaca fresca, 1 ó 2 dientes de ajo (al gusto), 100 grs. de aceite de oliva virgen extra suave y sal


La elaboración de la receta es muy sencilla. Picamos muy finamente una cebolla morada y la ponemos en la cazuela con un par de cucharadas de aceite de oliva a fuego medio-fuerte (6/7) durante cinco minutos removiendo para que no se pegue. Queremos que coja color. Cuando esté lista incorporamos las alubias bien lavadas bajo el grifo y escurridas. Cubrimos con agua al gusto (dependiendo de si las queremos más o menos caldosas). Seguidamente añadimos el cacito de caldo de pollo y dejamos al fuego el conjunto durante 5 minutos. 

Mientras tanto cocemos la pasta en abundate agua con sal siguiendo las instrucciones del fabricante. Una vez que esté cocida la escurrimos y la incorporamos a la cazuela donde teníamos la legumbre. Seguidamente vamos a preparar los daditos de tomate. 

Si os da pereza escaldarlos para quitarles la piel podéis omitir este paso aunque el plato queda mejor si lo hacemos. Para ello ponemos al fuego una cazuela con la cantidad de agua necesaria para sumergir los toamtes. Mientras tanto hacemos una cruz con el cuchillo en el culo de los mismos. Cuando se produzca el primer hervor los introducimos en la cazuela y los dejamos durante 30-40 segundos (dependiendo del tamaño). Los sacamos a continuación y los metemos en un recipiente en el que habremos puesto agua y  abundantes hielos. Los dejamos enfriar durante varios minutos antes de pelamos. Veréis que la piel sale sola simplemente tirando un poquito con ayuda de un cuchillo. A continuación los partimos en cuartos retiramos la pulpa y picamos la carne en forma de daditos. Si queremos simplificar el proceso podríamos añadir en su lugar tomates cherry partidos por la mitad y nos ahorramos el proceso de escaldado, pelado y troceado. Es importante sazonar los tomates justo antes de servir y aliñarlos con un buen chorrito de aceite de oliva virgen extra. Se añaden en el último momento en el plato, por encima.

Ya sólo nos queda preparar el pistou triturando todos los ingredientes bien en el mortero o con ayuda de un robot. Lo servimos en una jarrita a parte para que cada cual se añada un poquito al gusto. Y ya está, listo para comer. Espero que os guste.

Ay, se me olvidaba deciros que para los amantes del pesto, siempre podéis espolvorear un poquito de parmesano en el momento de servir el plato. 

Espirales con rúcola y grana padano

Hace muy poquito la red se llenaba de sugerentes ideas para celebrar el día de los enamorados y a mi hoy me apetecía dedicaros este post a todos los que encontráis un buen motivo para amar los 364 días restantes. Por eso hoy quiero felicitaros a los que amáis la vida, a los que amáis a la gente que os rodea. A los que dais amor a cambio de una sonrisa. A los que amáis los pequeños milagros que suceden a nuestro alrededor constantemente. A los amáis los sueños que se hacen realidad. A los que amáis una buena comida, una buena tertulia, un buen libro, una buena fotografía. A los que hacéis con amor vuestro trabajo. A los que con amor atendéis a los demás.  También a los que amáis las imperfecciones.  A los que siempre encuentran una buena excusa para amar a alguien. A los que ponen su amor en todo lo que hacen. A los que a pesar de todo siguen amando. A los que a pesar de todo volverán a amar. A todos los que han conocido o conocen el amor verdadero, a todos vosotros felicidades porque 364 veces al año es nuestro día.


La receta que hoy comparto con vosotros es muy sencilla y si sois incondicionales de la rúcola seguro que os va a encantar. A mi me chifla ese toque como a mostaza que tiene. Es curioso porque no se parece a ninguna otra hoja verde para ensalada. Tiene personalidad y eso me gusta. Su sabor me recuerda más bien al de la carne, deliciosa. Por eso cuando vi la receta en el libro La cuchara de Plata: Pasta de la editorial Phaidon, me pudo la curiosidad. ¿Rúcola en un plato de pasta caliente? ¿Como si fuera una verdura?  He hecho alguna modificación y el resultado me encantó. No sé si soy muy objetiva porque ya os digo que la rúcola me vuelve loca. Si sois de los míos aquí tenéis un plato sencillo y delicioso que se prepara en 10 minutos. Perfecto para esos días en los que no os apetece cocinar pero tampoco queréis renunciar a comer en condiciones.


 INGREDIENTES para 4-6 personas:

500 grs. de espirales, 3 cucharadas de aceite de oliva, 3 dientes de ajo, una cucharada de azúcar (colmada), 175 grs. de rúcola, 2 latas de tomate triturado EXTRA de 850 grs., 80 grs. de queso grana padano, sal y pimienta.

Antes de seguir sólo quería haceros un comentario. El único secreto de esta receta es elaborar una deliciosa salsa de tomate casera. Es uno de los ingredientes básicos en la cocina y me temo que su sabor dista mucho del de las latas de tomate frito que encontramos en el súper. Yo ahora que he acostumbrado a utilizarla para casi todo ya no me apaño sin ella, en sus distintas variantes. El caso es que hasta hace relativamente poco yo siempre empleaba tomate triturado de lata cuando quería prepararla pero en los últimos tiempos, por mucho que la dejara reducir, me quedaba demasiado líquida, como si las latas de triturado de tomate tuvieran más caldillo que el habitual. Un día haciendo la compra como no tenían la marca que yo suelo utilizar me llevé a casa otra y cual fue mi sorpresa al abrir el bote y comprobar que era mucho más espesa que las que yo había gastado hasta el momento. Entonces caí en la cuenta de una palabrita que aparecía en la etiqueta "extra". Acabáramos, ahí está la madre del cordero. Así que cuando vayáis a hacer salsa de tomate, aseguraros de emplear tomate triturado EXTRA si no queréis que vuestra deliciosa salsa casera parezca más bien una sopa. Y si para algún plato necesitáis una salsa de tomate densa, colad el contenido de la lata antes de freírlo. La única precaución es aseguraros de que el colador tenga los agujeritos pequeños.


La elaboración de la receta no puede ser más fácil. Primero hacemos la salsa de tomate. Si la queréis más espesa (como yo) acordaros de escurrir primero el contenido de la lata para quedaros sólo con la pulpa. El tomate ya de por sí tiene mucho líquido. Seguidamente ponemos 2 cucharadas de aceite en una cazulea. La receta del libro le añade cebolla pero yo he preferido ponerle sólo ajo.Cuando coja temperatura añadimos los 3 dientes bien picados y los rehogamos durante 30 segundos a fuego medio-alto. Antes de que empiecen a coger color añadimos el tomate triturado, algo de sal, la cucharada de azúcar y 10 vueltas de pimienta negra. Removemos bien y dejamos a fuego suave  durante 25 minutos. Bueno, ya hemos hecho lo más difícil. Ahora sólo nos queda cocer la pasta, en abundante agua con sal, el tiempo que indique el fabricante. Cuando esté lista la escurrimos y sin refrescar mezclamos con la salsa de tomate. Servimos en los platos y repartimos la rúcola por encima. Si queréis podéis añadirle también queso parmesano o grana padano aunque con así tal cual está riquísimo. Lo importante es que seáis generosos a la hora de poner la rúcola. En la receta original la rehoga junto con la salsa de tomate durante unos minutos para que se ablande, como se hace por ejemplo con las espinacas. A mi personalmente me gusta colocarla con la salsa de tomate en el último momento, justo antes de servir, porque queda con mucha más textura y para mi gusto más sabrosa. Prefiero notar al morder no sólo el sabor sino también el crujiente de los tallos. Si sois perezosos podéis utilizar tomate comprado, a ser posible estilo casero aunque el resultado no será igual pero a veces hay quién prefiere sacrificar algo de sabor en aras a la comodiad. La elección es vuestra. Ya me contaréis si os animáis a probarla, espero que os guste.

Lentejas con tomate y parmesano -deliciosas-

Hoy quiero traeros una receta que si la probáis os va a sorprender, seguro. Cuando la descubrí en una de mis series favoritas "La Dolce Vita"  de  David Rocco  no podía imaginar ni por un momento que aquel plato tan sencillo, rápido y fácil de preparar podía resultar tan sumamente delicioso. Tanto que desde que lo descubrí hace más de dos meses lo he hecho ya unas cuantas veces y siempre nos ha encantado así que tenía ganas de hacerle por fin las fotos para compartir la receta con vosotros. Sin duda alguna es el ejemplo perfecto de cómo se puede disfrutar comiendo sin necesidad de complicarnos en la cocina. Por eso, con este plato, inauguro hoy un nuevo apartado en el índice de recetas: Cocina triple R (rápida, rica y realmente fácil). Perfecta para los que se inician en la cocina, para los que andan  escasos de tiempo o para los que simplemente quieren disfrutar al máximo con el mínimo esfuerzo.  Y quiero dedicarle este apartado a una persona a la que quiero mucho y que para mi es muy especial. Hace poco tiempo que se ha independizado y a veces me llama para pedirme alguna receta o preguntarme cómo hacer tal o cual plato. Oscar, espero que  a partir de ahora aquí encuentre esas recetas con las que disfrutar comiendo sin complicarse.  Un beso muy grande.


La verdad es que la versión original utilizaba lentejas como las que habitualmente se encuentran en nuestras cocinas pero yo tenía en la despensa un paquetito de lentejas naranjas al que no le había dado ninguna utilidad y decidí que por fin había llegado su momento. Las lentejas naranjas o de coral son uno de los alimentos básicos de Oriente Próximo, y su textura y sabor es más delicado que la variedad más consumida en nuestra dieta, la lenteja castellana. A simple vista se diferencian de éstas por el color  y su tamaño más pequeño, semejante al de la lenteja pardina.  Como todas las legumbres son una fuente excelente de hidratos de carbono complejos, proteínas vegetales, fibra, vitaminas y minerales. Entre los minerales encontramos  zinc, selenio, aunque destaca fundamentelmente el aporte de hierro, cuya absorción aumenta en el organismo si incluimos en las preparaciones alimentos ricos en vitamina C. Sin embargo las lentejas carecen de un aminoácido esencial (metionina). Por eso a veces se recomienda acompañarlas con cereales como el arroz, que complementan esa ausencia del aminoácido convirtiendo el plato elaborado en una fuente de proteínas similar a las proteínas de origen animal. Aunque si os soy sincera a mi las lentejas con arroz no me entusiasman demasiado . Volviendo a nuestras lentejas de coral no podemos olvidarnos de mencionar su principal ventaja con respecto a las demás y es que al no tener piel no necesitamos ponerlas a remojo previamente y su cocción es mucho más rápida. El estar desprovistas de la cáscara hace que produzcan menos gases por lo que son perfectas para las personas que tienen problemas digestivos. Pero, por supuesto, la receta se puede hacer exactamente igual con lentejas pardinas o incluso castellanas adaptando los tiempos de cocción. ¿Nos ponemos a ello?



INGREDIENTES

500 grs. de lenteja de coral, un buen manojo de perejil fresco, 4 dientes de ajo grandes, 2-3 pequeñas cayenas,  1'250 Kg. de tomate triturado (una lata grande y otra pequeña), 20 vultlas del molinillo de pimienta, 3 cucharadas de azúcar, aceite de oliva, sal, agua y 80-100 grs. de queso parmesano o grana padano.
 
Empezamos cogiendo un buen manojo de perejil fresco y lo picamos finito (no importa si cae algún trozo del tallo). Ya sé que muchos de vosotros no tenéis hierbas frescas en casa pero hoy en día el perejil en bolsitas se encuentra en cualquier supermercado. Y como la compra la tenemos que hacer todos pues es tan sencillo como que la próxima vez que vayáis al super os acordéis de comprar la correspondiente bolsita. Yo lo suelo comprar en Simply. La mejor manera de conservarlo una vez que llegamos a casa es sacarlo de bolsa y colocarlo con agua en un recipiente de cristal, como si fuera el ramo de rosas que nos regalaron por San Valentín, así se nos conservará entre siete y diez días (dependiendo de lo fresco que esté cuando lo compremos). Tampoco hace falta que tengáis un jarrón. Cualquier bote de cristal que tengamos por casa nos servirá siempre y cuando sea lo suficientemente alto como para que los tallos queden sumergidos  y las hojas fuera del agua. No me digáis que tampoco tenéis un bote vacío. Pues no, no os váis a escaquear: un vaso de cristal también sirve.  Pues ale, ya no hay excusa para empezar.  Pero si aún así seguís encontrando alguna, antes que quedaros sin probar la receta, qué le vamos a hacer, utilizáis  perejil seco y listo.

Pues manos a la obra. Para empezar ponemos un poco de aceite en la cazuela donde vayamos a guisar las lentejas. Los que tengáis perejil fresco picáis un buen puñado y los que no pasáis directamente al segundo paso: picar bien finitos los dientes de ajo. Si tenéis un triturador es más rápido y sencillo, ni siquiera hace falta pelar los ajos.  Para los que os iniciáis en la cocina debéis saber que es una "herramienta" muy útil pero si no la tenemos lo hacemos a mano y listo. Ahora ponemos el aceite a calentar e incorporamos el perejil fresco, las cayenas que desmenuzaremos con las manos y los ajos. Si no queremos que esté muy picante debemos quitarles las semillas (al menos una parte) porque pican a rabiar. Rehogamos durante unos segundos hasta que el ajo empiece a chisporrotear. Si vamos a utilizar perejil seco se lo ponemos justo ahora. Seguidamente añadimos el tomate triturado y 3 cucharadas de azúcar (para contrarrestar  su acidez). Removemos y nos olvidamos de la cazuela durante 15 minutos. La dejaremos a fuego bajo. En mi placa de inducción yo la pongo al 4. Pasado ese tiempo lavamos las lentejas y las incorporamos al tomate. Ahora tenemos que añadirles agua. Ya sé que hay mucha gente que le gusta ponerle caldo a todo pero hay cosas que están más ricas así. La cantidad de agua la vamos a medir aprovechando la lata de tomate grande que hemos utilizado. Si las lentejas os gustan más espesas, como a mi, añadís tres medidas de agua. Si por el contrario os gustan bien caldosas añadís cuatro. Y si soís de los que ni chicha ni limoná, pues tres y medio. Añadimos la sal y dejamos a fuego suave durante 13-14 minutos. Yo la última vez las hice a fuego más fuerte y luego se me deshicieron más, como véis en la foto. Si las probáis en este momento seguramente os parecerá que todavía les falta un poco pero terminarán de hacerse con el reposo así que las retiramos del fuego, añadimos un chorrito de aceite de oliva virgen extra y queso parmesano rallado. Ahora las tapamos y las dejamos reposar 15-20 minutos. El tiempo de reposo es imprescindible para conseguir el sabor deseado así que calculad bien antes de poneros a cocinar.

Desde luego esta es una forma sanísima de comer lentejas sin la pesadez de otras preparaciones más contundentes típicas del invierno.Y auque me he enrollado un poco, es un plato fácil, fácil. Sólo hay que poner los ajos, el perejil y la cayena. Luego añadimos el tomate. Después las lentejas, el caldo y listo. Sacar y ponerle parmesano.

Si utilizamos lenteja pardina es mejor ponerla en remojo la noche anterior para acortar los tiempos de cocción. Si las ponemos directamente tardan más en cocer (40-50 minutos) y también necesitarán más agua. Si vais a utilizar una olla a presión  super rápida, sin remojo con diez minutos también estárán listas pero entonces les tenemos que añadir algo menos de caldo porque en la olla no se produce tanta evaporación. Si es una olla a presión normal necesitarán entre 20 y 30 minutos.

Espero que os guste esta deliciosa manera de disfrutar de las lentejas. Para los niños si quereís las podéis pasar y dárselas como una crema o bien dejarlas 5 minutos más al fuego para que ellas mismas se deshagan. 

Que disfruteís del fin de semana. Os veo en vuestras cocinas.  

Calabacines gratinados con jamón

Hoy os traigo un plato de verdura muy rico con el que trataré de resolver un enigma que durante algún tiempo me ha traído por el camino de la amargura y veréis que nunca mejor dicho. Como es un plato sencillo, con ingredientes que seguramente todos tenemos en la nevera, sobra decir que lo más importante de esta receta es la calidad de la materia prima. Y ahí es precisamente donde empiezan los problemas. Porque ¿qué pasa si nos amarga el calabacín? ¿Os ha sucedido alguna vez? A mi sí que me ha pasado sin que hasta ahora hubiera podido encontrar una explicación que resultara medianamente convincente. Y después de mucho investigar por fin he conseguido dar con una respuesta que satisface mi curiosidad. Parece ser que la culpa la tiene el etileno. Pero, ¿qué es el etileno?

El etileno es un gas producido de forma natural por las frutas durante su proceso de maduración. En general, es el responsable de los cambios de color en la piel o cáscara de algunos frutos (p.ej. tomate, pimiento, plátano, cítricos), de su endulzamiento o de los cambios en el aroma. También produce el ablandamiento de los frutos y en algunos casos, como en el plátano, mejoras en su sabor. Por sus efectos fisiológicos sobre las plantas, el etileno es conocido también como la hormona de la maduración. Precisamente por eso comenzó a utilizarse en tratamientos artificiales que permiten anticipar la recolección de frutas y verduras, cuando todavía están "verdes" pero tienen el grado de desarrollo suficiente para permitir su maduración separados de la planta. De ese modo se posibilita su almacenamiento o transporte sin que se produzca sobremadurez o podredumbre. Luego, una vez en su destino, las frutas y verduras son introducidas en cámaras de maduración en donde, con las condiciones de humedad y temperatura necesarias, la aplicación de este gas probocará los mismos cambios que se habrían producido de forma natural si los frutos hubieran permanecido en la planta.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando el etileno entra en contacto con frutas o verduras que ya están maduras? En este caso lo que sucede es que se acelera el deterioro de las mismas y por consiguiente se estropean antes. Pero además en el caso de algunas verduras como el calabacín o la berenjena, especialmente sensibles a este gas, la exposición al mismo les confiere un sabor amargo. Y como ya hemos dicho que el etileno lo segregan durante la maduración ciertos vegetales en mayor proporción, es importante no almacenar calabacines y berenjenas junto a las frutas que producen este gas durante su almacenamiento (plátanos, melocotones, melones, manzanas, peras, tomates) para evitar que adquieran un sabor amargo. Así que ya sabéis a partir de ahora a fijarse bien en el súper donde están los calabacines y cuidado luego cuando los guardemos en casa. Así podremos disfrutar del delicado sabor de esta verdura sin sorpresas desagradables.


INGREDIENTES

3 calabacines de tamaño medio-grande, 1 cebolla hermosa, 150 grs. de jamón serrano picado finito,  aceite de oliva virgen, una cucharada de mantequilla y queso emmental rallado.

La elaboración es muy sencilla. En una cazuela vamos a poner un chorrito de aceite de oliva virgen y una cucharadita de mantequilla. A continuación añadimos la cebolla y el ajo bien picados, salamos y dejamos rehogar durante 4 ó 5 minutos a fuego medio-alto.  Mientras tanto pelamos el calabacín y los cortamos a lo largo en forma de cruz (en cuatro) y luego vamos cortando horizontalmente haciendo trozos más o menos gruesos. Picamos también el jamón serrano (no hace falta que sea ibérico pero tampoco uno que no nos guste para comerlo a secas). Añadimos este último a la cazuela y removemos para que se rehogue y se mezcle bien con la cebolla. Seguidamente añadimos los trozos de calabacín y repetimos la operación. Salpimentamos y dejamos rehogar con la tapa puesta durante 30-35 minutos removiendo de vez en cuando con la cuchara sin importarnos si se van deshaciendo un poco los trozos. Al final nos tienen que quedar los trozos blanditos y algo rotos pero sin llegar a ser del todo un puré. Llegado ese momento ponemos la mezcla en una fuente de horno. Cubrimos con el queso rallado, repartimos por encima unas pequeñas nueces de mantequilla (optativo) y llevamos a 180ºC hasta que se gratine bien el queso. Si queréis podéis espolvorear un poco de perejil picado cuando lo saquemos antes de servir y listo. Os va a sorprender el resultado porque si los calabacines están buenos, es un plato muy, muy rico.