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Risotto de pera y queso de cabra de Tessa Kirós

Hace tiempo que debería haber compartido esta receta con vosotros porque fue una de las primeras que me enamoró de Limoncello and linen water (el último libro de Tessa Kirós). Sabéis lo que adoro sus libros y sus recetas así que podéis imaginar que no tardé mucho tiempo en ponerme manos a la obra. Después de descubrir el sorprendente resultado del risotto de fresas estaba segura de que éste también me iba a encantar y así fue. La verdad es que que los italianos son unos maestros a la hora de utilizar las frutas en sus risottos, algo que sinceramente jamás se me hubiera ocurrido antes. Es asombroso como con ingredientes tan sencillos se puede conseguir un plato con tanto sabor. Si os gusta la combinación de la fruta con el queso seguro que esta receta os va a encantar y a vuestros comensales, sin duda alguna, les sorprenderá.
Podéis utilizar el queso que más os guste. Incluso uno azul podría quedar bien aunque en ese caso tendréis que ser más comedidos con las cantidades porque su sabor suele ser más fuerte. Os aconsejo entonces que lo incorporéis poco a poco en el momento final y que vayáis probando hasta dejarlo a vuestro gusto, sin que el queso enmascare el sabor del resto de los ingredientes. La receta original empleaba pecorino (queso de oveja curado) aunque yo he preferido sustituirlo en parte por rulo de cabra porque junto con la pera hacen una de mis combinaciones de sabor favoritas. ¿Os apetece disfrutarla?

Filetes de lomo empanados (Pork schnitzels) de Tessa Kirós

Como os decía el otro día, ésta es la primera de las entradas programadas que os prometí. Es una receta sencilla pero de esas que merece la pena guardarse para diario porque su sabor conquista tanto a los mayores como a los más pequeños de la casa. Aunque se trata de una receta finlandesa de mi querida Tessa Kirós (de ahí lo de Pork schnitzels), la forma de prepararlos es muy parecida a como siempre los ha hecho mi madre y el resultado en ambos casos es igualmente sorprendente. Parece mentira que con ingredientes tan sencillos un simple filete de lomo pueda transformarse en algo sublime para el paladar.
Lo bueno es que se trata de un básico que podéis tunear añadiendo los sabores que os resulten más apetecibles. Podéis incorporar un poco de jengibre o salsa de soja a la marinada para darle un toque oriental. Si preferís un aire moruno podéis añadir ras el hanout o una pizca de orégano y un poco de comino. También podéis sustituir el romero por cualquier otra hierba que os guste más aunque procurad que sea fresca pues para esta preparación queda mucho mejor. Si preferís podéis eliminar el ajo picado, incluso el pimentón y añadir curry o mostaza en polvo en su lugar. Si os gusta podéis exprimir un poco de limón justo antes de servirlos o acompañarlos de una mayonesa aromatizada con limón y unas hojitas de estragón. Las posibilidades son casi infinitas aunque os recomiendo que probéis primero esta sencilla versión que os reconfortará en los días fríos del invierno.  Si servís los filetes de lomo acompañados de una ensalada verde y unas patatas fritas tenéis un plato completo. 

La verdad es que en casa nos encanta en cualquier época del año y es un plato que se prepara a menudo. Ya lo hacía mi abuela, después también mi madre y ahora yo. Además este todoterreno es la solución perfecta para los calurosos días de verano. Una propuesta  estupenda para llevar de picnic o a la piscina y es que está igual de rico recién hecho que una vez se ha enfriado. Por eso en verano es mejor hacer una fuente grande y guardar lo que sobre en la nevera para poder echar mano de un socorrido segundo plato, en cualquier momento. Incluso para preparar un buen bocata. ¿Os animáis a probarlo?

Espaguetis con ragú de lentejas y nuevo libro de Tessa Kirós

Una de las cosas que esperaba con impaciencia a la vuelta de mis vacaciones era el nuevo libro de Tessa Kirós, Limoncello and Linen water y por fin ha llegado, ya es mío. Así que aunque ando bastante liada estos días no he podido resisitirme a compartir con vosotros este momento tan emocionante. No sé que tienen los libros de Tessa Kirós que me reconfortan tanto. Y me temo que éste que tengo ahora entre mis manos se convertirá rápidamente en uno de mis favoritos. No sólo está lleno de buenas recetas (como los anteriores) sino que además tiene un encanto especial que lo hace único, diferente, maravilloso, irresistible. En este libro Tessa ha querido rendir homenaje a las madres, las suegras y en especial a todas las matriarcas que han pasado por su vida y de las que ha aprendido tantas lecciones. Y qué mejor manera de hacerlo que recopilar algunas de sus recetas y todos esos consejos que ha ido heredando de su sabiduría popular. Seguro que muchas os sentiréis identificadas.


La primera parte recuerda el estilo de los libros de principios del siglo pasado en los que se instruía a las futuras amas de casa sobre las tareas del hogar. Sus páginas destilan un aire retro absolutamente maravilloso, lleno de nostalgia. Me ha hecho recordar a mis dos abuelas que ya no están. El libro tiene el encanto de los tiempos pasados, de las cosas hechas con cariño, sin prisas, de los detalles que convierten cuatro paredes en un verdadero hogar. Podemos aprender a preparar desde un delicioso licor de limón casero (limoncello) hasta un agua de plancha (linen water) para conseguir que nuestra ropa limpia huela estupendamente bien. Entre medias encontramos multitud de sugerencias imprescindibles para un buen fondo de despensa: aceites, vinagres o sales aromatizadas, azúcares perfumados, licores, conservas, mermeladas. También hay consejos. ¿Sabíais que el membrillo se coloca dentro de los armarios como ambientador porque desprende una fragancia muy agradable? Eso sí, nos recomiendan ponerlo dentro de un bol para evitar que pueda manchar algo. Aunque de todos los consejos me quedo con éste, absolutamente genial, de la madre de Tessa Kirós: "Nunca corráis detrás de un hombre o de un autobús - simpre hay otro en camino." Cierto.


Pollo frito marinado en buttermilk -delicioso-

Por los mails que recibo ya sé que algunos esperáis como agua de mayo una nueva receta. No sabéis cómo me llenan de satisfacción esos comentarios aunque al mismo tiempo sienta también una responsabilidad muy grande que espero no defraudar. Me encanta cuando me escribís para contarme vuestras impresiones sobre lo que más os gusta o simplemente para perdirme consejo sobre algo y tengo que decir que me ha sorprendido muy gratamente comprobar que los más decididos a la hora de utilizar el correo sois los chicos así que esta receta de hoy va dedicada especialmente a todos vosotros. Gracias por estar ahí, por seguir este blog y por animarme siempre con vuestros comentarios, es muy gratificante.

Tanto como encontrarme con el premio Indalo de Diamante que me concedió el otro día Trini Altea. No sabéis que sorpresa tan agradable. Recibir el reconocimiento de una compañera y magnífica cocinera siempre es una satisfacción y un orgullo enorme. Los que no la conozcáis podéis pasaros por su blog para comprobarlo. Aunque agradezco enormemente el detallazo de Trini al pensar en mi para este premio, hace ya tiempo que decidí no participar en este tipo de cadenas porque me resulta imposible escoger a quién entregárselo después. Siempre me parecería que injustamente se quedan otros muchos compañeros en el tintero así que permitidme que simplemente lo comparta con todos vosotros y le de las gracias a Trini, otra vez.

Y bueno, volviendo al tema que hoy nos ocupa, hoy traigo otra receta de Tessa Kirós. Algunos pensaréis que quizá soy un poco exagerada pero como ya he confesado muchas veces, puede que mi absoluta admiración por ella tenga muy poco de objetiva, lo sé. Pero es que cuando pruebas una de sus recetas y te sorprende y luego pruebas la siguiente y te vuelve a sorprender y lo intentas de nuevo y otra vez se te escapa un ummmmmmm.... muy, muy, muy, muy largo, es imposible no enamorarse de su cocina. Y lo que más me gusta es que sus recetas te conquistan sin necesidad de utilizar espumas, deconstrucciones, escerificaciones ni ingredientes que parecen sacados de la lista de la compra de algún vecino extraterrestre. La cocina de Tessa conquista por sus sabores, por su exquisita sencillez, por su honestidad a la hora de cocinar. Nunca se olvida de nombrar a las personas de las que ha aprendido las distintas recetas.

Y lo que más me gusta de sus libros es que siempre incluye algún comentario personal que suele ser muy clarificador. Por ejemplo, la receta de pollo de hoy llamó mi atención porque Tessa decía que se la dió una amiga quien a su vez le aseguraba que esta forma de cocinar el pollo frito, muy popular en todo el sur de Estados Unidos, conseguía una carne más blandita y jugosa y puedo aseguraros que estaba en lo cierto. El pollo queda suave, suave al morderlo, un auténtico placer. ¿Queréis saber cuál es el secreto que utilizan los profesionales americanos del pollo frito? Pues muy fácil, dejar marinar el pollo en buttermilk. ¿En qué has dicho? ¿Butter, qué? Si, ya sé, ¿pero no acabas de decirnos que tu no eres de esas que llenan la lista de la compra con ingredientes extraterrestres? A ver bonita si te aclaras. Sí, lo sé, parece una contradicción pero no lo es. Es que detrás de ese nombre tan grandilocuente se esconde algo que todos tenéis en la nevera, seguro: Una mezcla de leche y zumo de limón, eso es lo que vamos a utilizar para marinar nuestro pollo. Ah vale, haber empezado por ahí. No os asustéis porque al contrario de lo que pueda parecer la receta es fácil, fácil y el resultado serguro que os sorprenderá.


El buttermilk en español suero de mantequilla o mazada (también llamado a veces suero de leche) es un ingrediente muy común en la repostería de los países del Este de Europa o de Estados Unidos. También es muy apreciado como bebida en la India, en los Países Bajos, Dinamarca o Alemania. Se trata de un producto lácteo de color blanco-amarillento, líquido, menos espeso que la nata, con un contenido bajo en grasa y de sabor ligeramente ácido. En realidad si montamos la nata en exceso ésta se separa en dos componentes: la parte grasa se transforma en mantequilla (si le añadimos las hierbas que más nos gusten tenemos una mantequilla casera con el sabor que nosotros queramos) y si escurrimos bien la mantequilla nos encontraremos con otra parte líquida que es nuestro buttermilk (suero de mantequilla). Si alguien alguna vez se ha pasado al intentar montar la nata, sin saberlo, habrá obtenido el suero que andamos buscando. Sin embargo, con este método se consigue poca cantidad por lo que en la actualidad bajo el nombre de buttermilk lo que se comercializa (en la mayor parte de los casos) es leche desnatada o semidesnatada a la que se le ha añadido bacterias de ácido láctico para conseguir un sabor ligeramente ácido mediante la correspondiente fermentación. Este es precisamente el proceso que vamos a emular para marinar nuestro pollo de un modo sencillo. Por supuesto, los que queráis comprar buttermilk en algún hipermercado o lo tengáis ya en casa, os ahorraréis este pequeño trabajo que bien merece la pena.

INGREDIENTES

 1 pollo entero troceado, 4 dientes de ajo, 2 tallos de romero, 500 ml de buttermilk ( ó 500 ml de leche semidesnatada tibia más 3-4 cucharadas de zumo de limón), 125 grs. de harina, 3-4 cucharaditas de pimentón dulce, aceite de oliva, unas rodajas de limón y 1 bolsa la plástico para congelar alimentos.

ELABORACIÓN

La elaboración es muy sencilla. Lo importante para conseguir una carne tierna y jugosa es el tiempo de marinado. Tessa recomienda dejarlo entre 12 y 24 horas. Yo hice dos tandas. La primera (la de la fotografía) estuvo marinando unas 14 horas y la segunda cerca de 30. Tengo que decir que la diferencia entre una y otra fue significativa así que os recomiendo dejarlo cuanto más mejor. Alrededor de 24-28 horas estará bien. 

Para hacer nuestro adobo necesitaremos 500 ml de leche semidesnatada y 3 ó 4 cucharadas de limón. Para obtener un buen resultado es importante que la leche esté tibia. No podemos utilizar la leche directamente del frigorífico. Mezclamos con una cuchara y dejamos reposar mínimo 15 minutos. Transcurrido ese tiempo observaremos que la leche adquiere una consistencia más densa y que se forman pequeños "grumitos" como si estuviera cortada.  Los que vayáis a utilizar buttermilk comprado omitís este paso y empezáis directamente aquí. 

Ahora vamos a troceando nuestro pollo. A mi además me gusta quitarle la piel así que si sois de los míos, este es el momento. Seguidamente añadiremos los dientes de ajo bien picados (es mejor utilizar un triturador) y las ramitas de romero troceadas, procurando repartirlo todo homogéneamente. Cuando tengamos listo el pollo, lo sazonamos, cogemos una bolsa para congelar alimentos y lo metemos dentro. Añadimos la mezcla de leche y el zumo de limón o nuestra buttermilk comprada. Cerramos bien la bolsa de manera que quede lo más ajustada posible. Así conseguiremos que todos los trozos de pollos estén cubiertos con el buttermilk. Metemos nuestra bolsa en un bol grande y dejamos macerar en la nevera durante 24 horas.  Ya véis que no es muy complicado. Cuesta más explicarlo que hacerlo.

Para freír el pollo una vez que esté listo necesitamos mezclar previamente 125 grs. de harina con 3 ó 4 cucharaditas de pimentón dulce. Tessa ponía sólo 2 pero yo utilicé 3 porque me parecía poco. Con 3 el resultado fue muy sutil. Si queréis más sabor añadir una cucharadita extra. Id sacando uno a uno los trozos de pollo de nuestra marinada y rebozándolos bien en la mezcla de harina y pimentón. No importa si algún trozo de ajo o de romero se queda pegado. A continuación los freímos en abundante aceite (como 2 ó 3 dedos). Para que se hagan bien por dentro sin que se nos quemen por fuera, el aceite no tiene que estar muy, muy caliente. Mi cocina de inducción tiene hasta 10 intensidades de fuego y yo utilicé el 5. Los dejé 13 minutos por cada y al sacarlos los puse sobre papel absorvente para eliminar el exceso de grasa.Y ya podéis lanzaros sobre ellos porque los trozos de pollo van a volar, nunca mejor dicho :)  Si os gusta podéis esprimir por encima un poco de zumo de limón.

Pero lo más importante no es la receta en sí, sino que os quedéis con la técnica para darle vuestro toque personal porque tiene mil posibilidades. A lo mejor queréis añadir otros sabores en el rebozado: una mezcla de vuestras hierbas preferidas, queso parmesano, curry, pimentón picante, maíz frito triturado, mostaza en polvo, etc... O tal vez queráis utilizar solo filetes de pechuga de pollo. Tessa nos da una idea para servirlos: dentro de pan de hamburguesa acompañados simplemente con un poco de lechuga y mahonesa. ¿Quién se puede resistir? Si hacemos los filetes finitos con 2-3 minutos por cada lado será suficiente para disfrutar de un manjar digno de dioses. No me digáis que no os he avisado.

Alubia verde sencilla

Bueno, por fin os traigo el resultado del sorteo así que sin más preámbulos, los ganadores son: en la modalidad robot de cocina el número 70 (Cuinera del blog Cocinando en un rincón del mundo) y en la modalidad regalo sorpresa el número 50 (Señorita mandarina del blog que lleva ese mismo nombre). Enhorabuena a las dos, me pondré en contacto con vosotras para enviaros el regalo. Espero que lo disfrutéis mucho.

Y antes de ponerme con la receta de hoy quería deciros que para los que no os vaís de vacaciones en estos meses estivales, os tengo preparadas algunas sorpresas. La primera será el día 15 de julio. Anotad esa fecha en vuestras agendas. No quiero adelantaros demasiado sólo os diré que será un juego en el que todos podáis participar, una aventura en la que disfrutarán todos vuestros sentidos, un viaje muy especial sin moveros de casa. Conforme se vaya acercando la fecha os iré contando más cosas y os diré qué tenéis que hacer en los días previos si queráis participar. Será una experiencia mágica, os lo aseguro.



Hoy quería compartir con vosotros una receta sencilla pero no por ello menos deliciosa, aprovechando que ahora es el momento perfecto para añadir a nuestra cesta de la compra un poco de alubia verde que está ahora en todo su esplendor. La mejor manera de saborear intensamente una buena materia prima es utilizando una receta sencilla que realce su sabor, por eso hoy la protagonista absoluta es la verdura. A veces nos complicamos tanto la existencia que acabamos preparando platos con cien mil ingredientes que están muy ricos, sí, pero que camuflan completamente los sabores de lo que queremos cocinar. Al final se nos van a olvidar a qué saben las cosas. Por eso hoy toca comer una alubia verde que sabe a eso, a judías. Si no las habéis probado nunca así tenéis que hacerlo al menos una vez porque es otro mundo, están deliciosas. A mi particularmente me parece que cortadas en tiras saben mucho mejor así que lo primero será coger nuestra alubia verde y limpiarla. Hay unos aparatitos que les quitan las hebras de los bordes y directamente cortan las judías en juliana. Pero si no los tenéis se  puede hacer igual. Yo utilizo un pelador para quitarles las hebras de los costados. Luego con el cuchillo les corto las puntas y seguidamente a lo largo las corto en dos. Podéis hacer los trozos tan largos como queráis. Cuando las tengáis todas limpias sólo tenéis que poner en una cazuela algo de aceite. Debéis ser generosos. Si vais a preparar un kilo de alubia verde debéis poner unas 5 ó 6 cucharadas. Peláis 4 dientes de ajo grandecitos y los picáis tan finos como os sea posible. Si lo hacéis con un triturador de ajos mucho mejor. Ponéis a calentar la sartén con el aceite y cuando empiece a coger temperatura añadís los ajos. Removéis y cuando empiecen a chisporrotear y se note el olor a ajo rápidamente añadimos la alubia verde. No tenemos que dejar que los ajos cojan color. Ahoar removemos la verdura para que se impregne del aceite por todas partes, salamos y dejamos a fuego medio durante un par de minutos para que se rehogue bien. Seguidamente añadimos medio vaso de agua y dejamos cocer a durante 15-20 minutos. El tiempo dependerá de cómo os guste la verdura, de si la queréis más o menos al dente. Lo importante es que se vaya evaporando el agua que le hemos añadido y que cuando termine el tiempo de cocción quede sólo el aceite. Si por el contrario vemos que la alubia verde está todavía dura y ya se ha evarporado todo el líquido le añadimos un poquito más. Cuando estén en el punto que os gusta, retiradlas y dejarlas reposar unos cinco minutos antes de servir. Si no las habéis probado nunca así os van a sorprender. Que disfrutéis del fin de semana.


 


Las deliciosas patatas con bacalao de mamá

Hoy tengo que confesaros algo: no he cocinado yo. Hoy vengo a mesa puesta. Sí, estas deliciosas patatas con bacalao las ha hecho mi madre pero no he podido resistirme a hacerles unas fotografías para compartirlas con todos vosotros porque están tan ricas que las tenéis que probar. Es una de esas recetas que ha ido pasando de generación en generación en mi familia. Mi abuela se la enseñó a mi madre y ahora ella me la ha enseñado a mi. Y como las dos son excelentes cocineras el resultado está para chuparse los dedos. Así que aprovechando que parece que bajan otra vez las temperaturas, este fin de semana podemos darnos el gustazo de disfrutar con un auténtico manjar que más fácil no puede ser.


La única complicación que tiene este plato es que al utilizar bacalao seco primero lo tenemos que desalar pero ya veréis que es muy sencillo. Como sabéis la salazón es una técnica  de conservación de los alimentos casi tan antigua como la humanidad. Sus orígenes se remotan al Egipto de los faraones quienes ya secaban, salaban y prensaban las huevas de mújol para preservarlas durante más tiempo. Aunque fueron los fenicios los que dieron a conocer este alimento así como el método utilizado para su conservación a lo largo y ancho de todo el Mediterráneo. Según algunos expertos la etimología de Málaga provendría precisamente del término fenicio Malaka que significa "saladero de pescado". Lo cierto es que tiene su lógica que fueran los egipcios quienes descubrieran esta técnica porque no sé si alguna vez os habéis parado a pensar que la salazón tiene mucho que ver con otro proceso en el que los egipcios eran auténticos maestros: el embalsamamiento.  Egipto es un país rodeado de desierto. En los comienzos de la civilización egipcia los muertos eran enterrados en un simple agujero excavado en el suelo. En ocasiones esos enterramientos no eran lo suficientemente profundos y con el paso del tiempo el viento o los animales carroñeros terminaban por desenterrar los cadáveres y cual era su sorpresa: Gracias a la sequedad del clima y de la arena del desierto de forma totalmente natural el cadáver en a penas cuestión de días se había transformando en una momia. Conforme fue avanzando la civilización egipcia los métodos de enterramiento de las clases altas de la sociedad (para diferenciarse de los curritos) también se fueron sofisticando y pronto dejaron de enterrarse en el suelo del desierto para hacerlo en cómodos hipogeos y mastabas. Pero entonces se dieron cuenta horrorizados de que los cadáveres que no se enterraban bajo la arena del desierto sino en un cómodo ataúd bajo una costrucción de adobe, lejos de momificarse, seguían un proceso de deterioro que acababa por descomponer totalmente el cuerpo. Así que empezaron a investigar para encontrar la manera de conseguir artificialmente lo que el desierto de Egipto lograba de forma natural: la momificación de los cadáveres. Esto era importantísimo porque los antiguos egipcios creían en la vida en el más allá así que debían preservar su cuerpo para la eternidad. Con el tiempo, a través del método de ensayo y error acabaron perfeccionando el proceso de momificación que consistía fundamentalmente en retirar primero los órganos internos del cadáver (realizando varias incisiones) y posteriormente sacar la humedad del mismo para evitar la putrefacción. ¿Y cómo lo hacían? Pues si hacemos caso a Heródoto, utilizando una sal llamada natrón con la que cubrían el cuerpo durante 70 días hasta que la humedad del cadáver había desaparecido por completo.  Y como en ausencia de humedad las bacterias no pueden proliferar, los cuerpos mantenían su aspecto reconocible durante miles y miles de años. Algunos han llegado en perfectas condiciones hasta nosotros (casi 3.000 años después).  Si los egipcios fueron capaces de conservar sus propios cuerpos con tanto éxito, cómo no iban saber qué hacer para conservar unas huevas de mújol. Así que aplicando los mismos principios, es decir, utilizando la sal para extraer la humedad del producto consiguieron también en este caso preservar las huevas de mújol durante más tiempo, para evitar que con el calor de Egipto algo que para ellos constituía un auténtico manjar, se echara a perder fácilmente. Para que luego crean algunos que los antiguos egipcios no eran inteligentes. La de cosas que hemos heredado de ellos. ¿A qué nunca se os hubiera ocurrido pensar que el bacalao seco es en realidad un bacalao momificado?.... Por eso para consumirlo antes lo tenemos que volver a hidratar, matando así dos pájaros de un tiro: por un lado convertimos nuestro bacalao seco en un producto fresco y jugoso y por otro retiramos el exceso de sal.

Tortiera di patate e carciofi -lasaña de patata y alcachofas-

Siempre he pensado que esos cuadernos de cocina en los que nuestras abuelas apuntaban sus recetas son un auténtico tesoro. Muchos merecerían seguro ser editados. Están llenos de platos sencillos pero sabrosos, elaborados con ingredientes de temporada entre otras cuestiones porque en la mayoría de los casos era una cocina de subsistencia.  Se trataba de cocinar con lo que tenían más a mano. Ahí es donde entraba en juego el talento de cada uno para conseguir con algo de cariño e ingredientes bastante humildes un resultado sorprendente y vaya si lo conseguían. Apuesto a que algunos seríais capaces de vender vuestra alma al diablo por uno de esos cuadernos. Lo confieso, yo sí. ¿Os imagináis tener en vuestras manos los secretos de una auténtica mama italiana?   Pues eso es lo que sentí al ojear por vez primera My Calabria, un libro escrito por Rosetta Constantino. En la portada puede leerse: Cocina rústica familiar de una región desconocida del sur de Italia. Y eso es precisamente lo que nos vamos a encontrar.


Para los que no lo localicéis en el mapa os diré que Calabria es la península que conforma la punta de la bota italiana. Una remota porción de tierra con grandes contrastes en cualto al clima, tipo de cultivos o al paisaje: podemos encontrar majestuosos castillos y antiguas fortalezas en medio de parajes siempre verdes, frondosos bosques, cumbres nevadas que nos recuerdan a los paisajes suizos y miles de playas que conforman una costa virgen excepcional, la más larga de Italia, con vistas al Adriático y al Mar Tirreno. 

Calabria
 
Calabria

La economía de la Calabria rural se articula en torno a pequeñas granjas familiares. Rosetta creció en esta tierra montañosa, en una familia dedicada a la ganadería y a la elaboración de sus propios quesos.  Con tan sólo 14 años inmigraron a California (sí, habéis leído bien, vaya cambio). En su nuevo hogar recrearon una pequeña Calabria dentro de su propiedad manteniendo así las tradiciones familiares: siguieron elaborando su propia pasta o el queso ricotta. Como buenos calabreses cultivaban sus propios pimientos que después secaban para poderlos utilizar también durante el invierno. Aprovechaban los higos frescos para hacer mermelada que podían disfrutar después durante todo el año. Conservaban el atún en aceite de oliva. ¿Os recuerda esto a algo?  Pues eso es precismente lo que encontramos en este libro, la cultura gastronómica más popular, la de las abuelas, la que aprovecha los recursos que le brinda la tierra. El libro es igual de sencillo que sus recetas pero es simplemente maravilloso, como estos paisajes.  

Costa calabresa del Mar Tirreno

Vibo Valentia

Parque Nacional de Sila

Para estrenarlo me decidí a preparar el plato que os traigo hoy, aprovechando que todavía podemos encontrar alcachofas en el mercado. Me hizo gracia descubrir que también es uno de los preferidos de la autora. Je,je,je, ¡qué ojo tengo! Claro que no me extraña porque es una combinación de sabores deliciosa. Es el tipo del cocina del que antes os hablaba: pocos ingredientes pero con un toque especial (en este caso una costra crujiente) que transforma en sorprendente algo que de otro modo resultaría corriente. Me encantan estos pequeños descubrimientos porque son todo un tesoro. Ya lo intuía cuando compré el libro precisamente por tratarse de una región más bien pobre y con pocos recursos, algo que como véis no significa tener que renunciar a disfrutar con la comida. Los calabreses preparan de este modo muchos vegetales como tomates, setas, champiñones, calabacines. Hay mil posibilidades. Dejad volar vuestra imaginación, es nuestro mejor aliado en la cocina.

INGREDIENTES

900 grs. de patatas peladas y cortadas bien finitas con ayuda de una mandolina (si no tenéis cortadlas a mano tan finas como os sea posible), un buen ramillete de perejil fresco (o en su defecto la piel de un par de tomates), dos docenas y media de alcachofas, aceite de oliva, sal, pimienta, 6 lonchas de pan bimbo o unos 150 grs. de pan fresco, 100 grs. de queso pecorino (lo podéis sustituir por un queso de oveja español, uno ahumado timpo Idiazábal iría perfecto y sino podéis utilizar parmesano o grana padano que es lo que utilicé yo),  6 cucharadas de perejil finamente picado (si no tenéis fresco utilizad de que viene en frasquitos de cristal), 5 dientes de ajo grandes.


En primer lugar vamos a pelar las patatas y las trocearemos finitas con ayuda de una mandolina. Si no tenemos, lo haremos a mano procurando que las rodajas nos queden tan delgadas como sea posible (unos tres milímetros de grosor). En esta ocasión no utilicé la mandolina y como las corté sin mucho miramiento quedaron demasiado gorditas aunque de sabor impresionantes. Así que os recomiendo tomaros vuestro tiempo para cortarlas bien finas si no utilizáis ningún artilugio. A continuación  las ponemos en un bol con agua templada, la suficiente para cubrir por completo todas las patatas. Reservamos.

A continuación vamos a limpiar las alcachofas. Antes de empezar debemos preparar un bol grande con agua en el que podamos ir echando las que estén ya limpias. A mi no me gusta utilizar limón para evitar que se oxiden porque se come todo el sabor de la alcachofa así que utilizo siempre un buen manojo de perefil fresco o la piel de un par de tomates. Cualquiera de los dos remedios es infalible para impedir que se nos oxiden sin renunciar al sabor de esta verdura que es la reina de la huerta. Para evitar que las manos se nos pongan negras es mejor limpiarlas utilizando unos guantes. Con ayuda de un cuchillo vamos retirando las hojas exteriores hasta llegar al corazón. Nos daremos cuenta porque las hojas cambian de color y pasan del verde al amarillo. Una vez que hemos retirado las hojas partimos también el rabito. En esta ocasión no los vamos a utilizar pero si los pelamos están igual de ricos. Incluso en tortilla son un manjar. Bueno ahora que ya hemos retirado las hojas exteriores cortamos la alcachofa en horizontal y retiramos la parte superior que es más dura. El corazón lo partimos en dos ahora en vertical. Para esta preparación vamos a cortar cada corazón en cuatro trozos así que repetimos la operación e inmediatamente metemos en el bol donde tenemos el agua fría con perejil fresco. Es importante colocar una tapa o algo en nuestro bol para que todas las alcachofas se mantengan sumergidas mientras las vamos limpiando porque sino la parte que estuviera en contacto con el aire se oxidaría. Cuando estén ya todas limpias en una cazuela grande ponemos algo de aceite de oliva y un diente de ajo con piel. Encendemos el fuego y una vez que el aceite coja temperatura añadimos las alcachofas. Probablemente tengamos que hacerlo en dos tandas. Una vez las alcachofas en la cazuela ñadimos un chorrito de agua y algo de sal y dejamos a fuego medio-fuerte durante 12 minutos. Si se nos evapora todo el agua durante la cocción volvemos a añadir más. Al final nos tiene que quedar sólo el aceite.


Ahora vamos a preparar la mezcla de pan rallado con la que espolvorear las verduras para darles ese toque delicioso del que os he hablado. ¿Habéis probado alguna vez un mismo plato en dos sitios distintos y en uno de ellos tiene algo especial que nos hace pensar que está ummmm.....? Pues a eso me refiero. Para hacer la mezcla ponemos en nuestro robot de cocina (o en la batidora) el pan bimbo, el queso rallado, el perejil y los 4 dientes de ajo y trituramos bien. No importa si se quedan algunos trozos de pan más "grandecitos" así estarán más crujientes.

Ahora vamos a montar el plato para llevarlo al horno donde tiene que terminar de hacerse. Cogemos el bol donde habíamos colocado las patatas y sacamos unas cuantas con la mano sin molestarnos en escurrirlas ni en secarlas bien. Ese agua que nos llevamos es la que va a generar algo de vapor en el horno facilitando así una mejor cocción. Como las hemos cortado bien finitas hacemos una cama, solapándolas cuando sea necesario. El fondo debe quedar bien cubierto. Salpimentamos y regamos con un chorrito de aceite de oliva. A continuación reparitmos uniformemente sobre las patatas la cuarta parte de nuestra mezcla de pan rallado. Hacemos encima otra capa con la mitad de las alcachofas y otra vez espolvoreamos con la mezcla de pan rallado y añadimos un chorrito de aceite de oliva. Repetimos la operación con otra capa de patata, otra más de alcachofas y terminamos con una capa de patatas.  Todavía nos debe sobrar 1/4 parte de la mezcla de pan rallado. La reservamos. Cubrimos la fuente con papel albal y llevamos al horno a 180ºC durante 30 minutos.

Es importante utilizar una fuente que sea bien profunda porque sino no podremos hacer tantas capas. El plato podemos hacerlo justo antes de comer o cocinarlo a primera hora de la mañana y luego antes de servir darle un último golpe de calor. En este caso una vez transcurridos los 30 minutos apagamos el horno y lo dejamos reposar dentro hasta media hora antes de comer. En ese momento encendemos nuevamente el horno, retiramos el papel albal y ponemos el gratinador para que la capa superior de patatas coja algo de color. Una vez transcurridos 15 minutos espolvoreamos con la mezcla de pan rallado que habíamos reservado y dejamos hasta que ésta coja color. En ese momento sacamos del horno, dejamos reposar 5 minutos y ya está listo para hincarle el diente. Que lo disfrutéis, está delicioso y no es tan laborioso como parece. Sólo hay que ponerse.

P.D. Gracias a todos los que os habéis animando a participar en el concurso, os deseo mucha suerte y buen fin de semana.

Tortilla de patatas guisada -deliciosa-

Ay madre, que blogger me ha triplicado el borrador de esta receta. A ver si hoy tampoco la voy a poder publicar. Muchos sabréis (lo habéis vivido en vuestras propias carnes) que la semana pasada blogger se volvió loco. A mi me desapareció esta receta, bastantes comentarios, algunos seguidores. En fin, un desastre. Llevo intentando publicarla desde el miércoles. Primero se me borró y luego durante varios días no me dejaba acceder para poder editar y enviar. Así que crucemos los dedos para ver si por fin hoy puede ser....

La tortilla de patata es sin duda alguna la receta estrella de la cocina española. No hay un hogar en el que no se prepare con cierta frencuencia ni una receta que, con tan pocos ingredientes tan sumamente humildes, nos proporcione mayor satisfacción. Como la mayoría sabéis hacerla hoy os propongo otra alternativa, una vuelta de tuerca más, la tortilla guisada. Pero no quiero olvidarme de que precisamente por ser algo tan común en nuestras cocinas siempre damos por sentado que todo el mundo sabe cómo hacerla y no siempre es así.


Cuando estaba en el primer año de carrera al finalizar los exámenes de junio me fui a la playa con unas amigas. Alquilamos un apartamento y nos tiramos descansando una semanita: sol, playa, piscina y más sol. El único esfuerzo que teníamos que hacer consistía en preparar la comida. Por aquel entonces todavía no sabía cocinar así que a parte de salchichas y la socorrida pasta con tomate de bote (por supuesto hervir y servir) nuestras cuatro cabecitas pensaron en algo rápido, fácil y rico y entonces se nos ocurrió hacer una tortilla de patata. Alguien preguntó ante el estupor de las demás, ¿sabéis exactamente cómo se hace?  Por favor, qué pregunta, era sólo una tortilla así que muy difícil no podía ser. A fin de cuentas todo el mundo sabía hacerla, ¿no? así que no hacía falta llamar a mamá, todo estaba controlado. Y dicho y hecho, nos pusimos manos a la obra de inmediato. Pelamos las patatas, batimos los huevos, lo mezclamos todo y a la sartén. Sí, habéis oído bien, ni se nos pasó por la cabeza que las patatas primero se tienen que freir así que bien cruditas fueron directas a la sartén por supuesto con el fuego fuertecito para que se hicieran bien. Sí, lo habéis adivinado, también se nos quemó la tortilla y para completar la ley de Murphy al ir a darle la vuelta se nos cayó la mitad en la encimera, salvo la costra chamuscadita que se quedó bien pegada al fondo. Aún así nos animamos a probar un pegote que se podía salvar pero ¡qué horror! la patata estaba ¿cruda?  Así que imaginaros dónde acabó todo: directamente en la basura. Por eso la primera parte de la receta de hoy se la quiero dedicar a todos aquellos que se enfrentan a su primera tortilla de patata. Para que no os pase como a mi. Veréis que si seguís mis consejos os va a quedar deliciosa.

Lentejas con tomate y parmesano -deliciosas-

Hoy quiero traeros una receta que si la probáis os va a sorprender, seguro. Cuando la descubrí en una de mis series favoritas "La Dolce Vita"  de  David Rocco  no podía imaginar ni por un momento que aquel plato tan sencillo, rápido y fácil de preparar podía resultar tan sumamente delicioso. Tanto que desde que lo descubrí hace más de dos meses lo he hecho ya unas cuantas veces y siempre nos ha encantado así que tenía ganas de hacerle por fin las fotos para compartir la receta con vosotros. Sin duda alguna es el ejemplo perfecto de cómo se puede disfrutar comiendo sin necesidad de complicarnos en la cocina. Por eso, con este plato, inauguro hoy un nuevo apartado en el índice de recetas: Cocina triple R (rápida, rica y realmente fácil). Perfecta para los que se inician en la cocina, para los que andan  escasos de tiempo o para los que simplemente quieren disfrutar al máximo con el mínimo esfuerzo.  Y quiero dedicarle este apartado a una persona a la que quiero mucho y que para mi es muy especial. Hace poco tiempo que se ha independizado y a veces me llama para pedirme alguna receta o preguntarme cómo hacer tal o cual plato. Oscar, espero que  a partir de ahora aquí encuentre esas recetas con las que disfrutar comiendo sin complicarse.  Un beso muy grande.


La verdad es que la versión original utilizaba lentejas como las que habitualmente se encuentran en nuestras cocinas pero yo tenía en la despensa un paquetito de lentejas naranjas al que no le había dado ninguna utilidad y decidí que por fin había llegado su momento. Las lentejas naranjas o de coral son uno de los alimentos básicos de Oriente Próximo, y su textura y sabor es más delicado que la variedad más consumida en nuestra dieta, la lenteja castellana. A simple vista se diferencian de éstas por el color  y su tamaño más pequeño, semejante al de la lenteja pardina.  Como todas las legumbres son una fuente excelente de hidratos de carbono complejos, proteínas vegetales, fibra, vitaminas y minerales. Entre los minerales encontramos  zinc, selenio, aunque destaca fundamentelmente el aporte de hierro, cuya absorción aumenta en el organismo si incluimos en las preparaciones alimentos ricos en vitamina C. Sin embargo las lentejas carecen de un aminoácido esencial (metionina). Por eso a veces se recomienda acompañarlas con cereales como el arroz, que complementan esa ausencia del aminoácido convirtiendo el plato elaborado en una fuente de proteínas similar a las proteínas de origen animal. Aunque si os soy sincera a mi las lentejas con arroz no me entusiasman demasiado . Volviendo a nuestras lentejas de coral no podemos olvidarnos de mencionar su principal ventaja con respecto a las demás y es que al no tener piel no necesitamos ponerlas a remojo previamente y su cocción es mucho más rápida. El estar desprovistas de la cáscara hace que produzcan menos gases por lo que son perfectas para las personas que tienen problemas digestivos. Pero, por supuesto, la receta se puede hacer exactamente igual con lentejas pardinas o incluso castellanas adaptando los tiempos de cocción. ¿Nos ponemos a ello?



INGREDIENTES

500 grs. de lenteja de coral, un buen manojo de perejil fresco, 4 dientes de ajo grandes, 2-3 pequeñas cayenas,  1'250 Kg. de tomate triturado (una lata grande y otra pequeña), 20 vultlas del molinillo de pimienta, 3 cucharadas de azúcar, aceite de oliva, sal, agua y 80-100 grs. de queso parmesano o grana padano.
 
Empezamos cogiendo un buen manojo de perejil fresco y lo picamos finito (no importa si cae algún trozo del tallo). Ya sé que muchos de vosotros no tenéis hierbas frescas en casa pero hoy en día el perejil en bolsitas se encuentra en cualquier supermercado. Y como la compra la tenemos que hacer todos pues es tan sencillo como que la próxima vez que vayáis al super os acordéis de comprar la correspondiente bolsita. Yo lo suelo comprar en Simply. La mejor manera de conservarlo una vez que llegamos a casa es sacarlo de bolsa y colocarlo con agua en un recipiente de cristal, como si fuera el ramo de rosas que nos regalaron por San Valentín, así se nos conservará entre siete y diez días (dependiendo de lo fresco que esté cuando lo compremos). Tampoco hace falta que tengáis un jarrón. Cualquier bote de cristal que tengamos por casa nos servirá siempre y cuando sea lo suficientemente alto como para que los tallos queden sumergidos  y las hojas fuera del agua. No me digáis que tampoco tenéis un bote vacío. Pues no, no os váis a escaquear: un vaso de cristal también sirve.  Pues ale, ya no hay excusa para empezar.  Pero si aún así seguís encontrando alguna, antes que quedaros sin probar la receta, qué le vamos a hacer, utilizáis  perejil seco y listo.

Pues manos a la obra. Para empezar ponemos un poco de aceite en la cazuela donde vayamos a guisar las lentejas. Los que tengáis perejil fresco picáis un buen puñado y los que no pasáis directamente al segundo paso: picar bien finitos los dientes de ajo. Si tenéis un triturador es más rápido y sencillo, ni siquiera hace falta pelar los ajos.  Para los que os iniciáis en la cocina debéis saber que es una "herramienta" muy útil pero si no la tenemos lo hacemos a mano y listo. Ahora ponemos el aceite a calentar e incorporamos el perejil fresco, las cayenas que desmenuzaremos con las manos y los ajos. Si no queremos que esté muy picante debemos quitarles las semillas (al menos una parte) porque pican a rabiar. Rehogamos durante unos segundos hasta que el ajo empiece a chisporrotear. Si vamos a utilizar perejil seco se lo ponemos justo ahora. Seguidamente añadimos el tomate triturado y 3 cucharadas de azúcar (para contrarrestar  su acidez). Removemos y nos olvidamos de la cazuela durante 15 minutos. La dejaremos a fuego bajo. En mi placa de inducción yo la pongo al 4. Pasado ese tiempo lavamos las lentejas y las incorporamos al tomate. Ahora tenemos que añadirles agua. Ya sé que hay mucha gente que le gusta ponerle caldo a todo pero hay cosas que están más ricas así. La cantidad de agua la vamos a medir aprovechando la lata de tomate grande que hemos utilizado. Si las lentejas os gustan más espesas, como a mi, añadís tres medidas de agua. Si por el contrario os gustan bien caldosas añadís cuatro. Y si soís de los que ni chicha ni limoná, pues tres y medio. Añadimos la sal y dejamos a fuego suave durante 13-14 minutos. Yo la última vez las hice a fuego más fuerte y luego se me deshicieron más, como véis en la foto. Si las probáis en este momento seguramente os parecerá que todavía les falta un poco pero terminarán de hacerse con el reposo así que las retiramos del fuego, añadimos un chorrito de aceite de oliva virgen extra y queso parmesano rallado. Ahora las tapamos y las dejamos reposar 15-20 minutos. El tiempo de reposo es imprescindible para conseguir el sabor deseado así que calculad bien antes de poneros a cocinar.

Desde luego esta es una forma sanísima de comer lentejas sin la pesadez de otras preparaciones más contundentes típicas del invierno.Y auque me he enrollado un poco, es un plato fácil, fácil. Sólo hay que poner los ajos, el perejil y la cayena. Luego añadimos el tomate. Después las lentejas, el caldo y listo. Sacar y ponerle parmesano.

Si utilizamos lenteja pardina es mejor ponerla en remojo la noche anterior para acortar los tiempos de cocción. Si las ponemos directamente tardan más en cocer (40-50 minutos) y también necesitarán más agua. Si vais a utilizar una olla a presión  super rápida, sin remojo con diez minutos también estárán listas pero entonces les tenemos que añadir algo menos de caldo porque en la olla no se produce tanta evaporación. Si es una olla a presión normal necesitarán entre 20 y 30 minutos.

Espero que os guste esta deliciosa manera de disfrutar de las lentejas. Para los niños si quereís las podéis pasar y dárselas como una crema o bien dejarlas 5 minutos más al fuego para que ellas mismas se deshagan. 

Que disfruteís del fin de semana. Os veo en vuestras cocinas.  

¿Arroz con leche? -delicioso y sorprendente-

Os propongo un juego para que lo pongáis en práctica este fin de semana. Hoy os tragio un arroz con leche muy especial. La receta es de mi querida Tessa Kirós. Pero no penséis que es un arroz con leche convencional, no. Mirad bien la foto. ¿Qué veis? ¿Un delicioso tazón de arroz con leche espolvoreado con canela? Pues la verdad es que no. Está exquisito, sí pero no es un arroz con leche, al menos no estrictamente, ¿o si? Me explico, en realidad es un "Risotto al latte", o sea un risotto con leche. Es decir que no se trata de un plato dulce sino de uno salado aunque curiosamente los ingredientes en ambas preparaciones son muy parecidos. El resultado en ambos casos es espectacular. De verdad, es uno de los mejores arroces o risottos que he probado nunca. Y lo que véis por encima no es canela sino nuez moscada. La verdad es que si lo servís en tazones o cuencos individuales dará el pego. Seguro que vuestros comensales os dicen: Pero bueno, en esta casa qué pasa, hoy empezamos por los postres.... Y veréis cómo se van a sorprender. Y vosotros también porque más fácil y rico no puede ser.


Como suelo hacer casi siempre la receta que yo he elaborado es una adaptación de la que Tessa Kirós nos propone en su libro Venezia, Food&Dreams . La verdad es que junto con Apples for jam, para mi son sus dos mejores obras grastronómicas. Tessa utiliza cebolla para aromatizar el arroz pero yo he preferido emplear ajo porque deja un toque muy sutil que combina a la perfección con el sabor del queso (Grana Padano). De verdad, está increíble. Así que os dejo la lista de los ingredientes que he utilizado yo y los que propone ella, vosotros decidís.


MIS INGREDIENTES

1'5 litros de leche entera, 3 cazos de arroz (rasos), 2 dientes de ajo de tamaño medio/grande, 1 cucharadita de mantequilla, 4 ó 5 cucharadas de aceite de oliva, 100 grs. de queso Grana Padano (en su defecto se puede utilizar también Parmesano, un buen queso de oveja tipo Idiazábal o un manchego curado) y nuez moscada al gusto.

Los ingredientes de Tessa Kirós

1'5 litros de leche entera, 3 cucharadas de aceite de oliva, 1 pequeña cebolla o chalota, 300 grs. de arroz, nuez moscada, 1 cucharadita de mantequilla y 4 cucharadas de parmesano.


La elaboración es muy sencilla. En un cazo ponemos a hervir la leche. Mientras tanto en la cazuela donde vayamos a cocinar el arroz ponemos el aceite de oliva y seguidamente pelamos y picamos los ajos muy finitos (mejor con un triturador de ajos). Cuando estén listos los incorporamos al aceite en frío. Ahora sí, encendemos el fuego al 6-7. Cuando los ajos empiecen a "chisporrotear" removemos durante 5 segundos y añadimos rápidamente los cazos de arroz. No queremos que el ajo coja color, simplemente que perfume un poco el aceite. Rehogamos bien el arroz con una cantidad de aceite generosa para que se impregne bien. Cuando esté comenzaremos a añadir la leche (que tiene que estar bien caliente) cazo a cazo, conforme veamos que el líquido va desapareciendo. Es importante poner sal en la leche antes de incorporarla al arroz. Dejamos al 4 durante 22 minutos removiendo constantemente. Si en cualquier risotto es importante aquí mucho más porque si dejáramos de remover la leche se pegaría al fondo de la cazuela de inmediato. Cuando hayan transcurrido los 22 minutos debemos tener un arroz de apariencia bastante caldoso. Tenemos que tener en cuenta que con el reposo y lo que le vamos a añadir a continuación va a espesar y sino nos quedaría algo más parecido a una pasta para croquetas que a un risotto cremoso y delicado. Ya fuera del fuego incorporamos la cucharadita de mantequilla y a continuación el queso Grana Padano en tres veces. Dejamos reposar 2 ó 3 minutos para que se asienten los sabores y servimos inmediatamente. Os encantará, probadlo.

Deliciosa alubia verde con orzo en salsa de tomate y chorizo

¿Quién dijo que la verdura tiene que ser aburrida? Os aseguro que quien fuera no había probado este plato delicioso al que nadie se puede resistir, es la combinación perfecta. Ya sabéis que he utilizado orzo otras veces pero por si todavía hay alguien que no sabe qué es, puede echar un vistazo aquí a la ensalada que preparé este verano. Estaba exquisita aunque como era la primera vez que empleaba este tipo de pasta cocí demasiada cantidad y al final me quedaron unas sobras en la nevera. Para aprovecharlas al día siguiente las incorporé al guiso de alubia verde que estaba preparando y el resultado es este que veis. Nos gustó tanto que lo he vuelto a repetir muchas veces así que bendita casualidad. Seguro que vosotros también habéis descubierto recetas interesantes un poco por azar, ¿a qué sí? De hecho, que sería de nuestras vidas sin esa casualidad, porque fruto de la misma son, entre otros muchos descubrimientos, la penicilina, los Rayos X, el microondas y tantas y tantas cosas que hoy forman parte de nuestro día a día.

Por cierto, la combinación de pasta y verdura tal vez sea novedosa para nosotros pero en Grecia y sobre todo en Italia, es algo muy común. Claro que ellos no tienen ese toque made in Spain que le da el choricito y que creedme, marca la diferencia. Ummmm, no os podéis imaginar cómo está esto.



INGREDIENTES

Alubia verde congelada, orzo, salsa de tomate casera, chorizo, albahaca, aceite, ajo y sal

Para empezar ponemos a cocer en abundante agua con sal el orzo, como haríamos con cualquier otro tipo de pasta. Como es pequeña enseguida estará lista. Con 4 minutos es suficiente pero a quién le guste un poco más blandita lo puede dejar 5. Mientras se hace, aprovechamos para elaborar nuestro aceite de albahaca con ajo, simplemente poniendo en la turmix todos los ingredientes. No queremos hacer un pesto consistente sino un aceite ligeramente aromatizado por lo que bastará con utilizar unas pocas hojas de albahaca y un pequeño trocito de ajo, como medio diente. No os puedo decir las cantidades exactas porque lo hago siempre a ojo pero probad con 6-10 hojitas de albahaca, dependiendo de la cantidad. La única regla de oro es que sea albahaca fresca, no se puede sustituir por la seca que viene en frasquitos. De todos modos, si no podéis conesguirla no os preocupéis, no es el fin del mundo, podéis hacer la receta prescindiendo de este aceite, también os quedará muy, muy rica. Cuando la pongamos en la minipimer podemos rebajar la mezcla con un par de cucharadas de agua para que no nos resulte tan pesada. Para entonces ya estará lista nuestra pasta. La escurrimos y la aliñamos con el aceite que acabamos de aromatizar, sin refrescarla previamente. Así es cómo lo hacen en Italia y ya que ellos son los maestros, mejor les hacemos caso.

A continuación tenemos que cocer la alubia verde. Si utilizamos una olla superápida estará lista en 4 ó 5 minutos dependiendo de como os guste, sino la coceremos siguiendo las instrucciones que nos inidica el fabricante en el envase. Una vez lista la escurrimos y reservamos.

En una sartén incorporamos un chorro generoso de aceite de oliva para hacer el refrito. Mientras tanto picamos en daditos nuestro chorizo. Cuando el aceite empiece a calentar se lo añadimos y lo rehogamos bien. Es mejor utilizar un chorizo picante que no esté demasiado seco. En cuestión de segundos tendremos listo el refrito. Ahora se lo añadimos por encima a la alubia verde y mezclamos en la misma cazuela con el orzo que ya habíamos aliñado. Sólo nos falta incorporar la salsa de tomate casera y dejar hervir el conjunto durante 2 ó 3 minutos para que se mezclen los sabores. Para esta receta la salsa de tomate que hago lleva simplemente tomate de lata triturado, unos dientes de ajo, pimienta, sal y algo de azúcar (para contrarrestar la acidez del tomate). Lo dejo cocer lentamente durante 25-30 minutos y ya está lista. Animaros a probar así porque el resultado os gustará mucho más que si utilizáis tomate frito preparado. Espero que os guste.

Chuletas de cerdo con tomate y pimientos asados


Hoy me apetece compartir con vosotros un plato tradicional muy típico de mi tierra. El cerdo es un alimento importante en nuestra cocina, sobre todo en la sierra. Fueron los pastores cameranos los que lo trajeron de Extremadura ya que de la matanza dependía su sustento durante la mayor parte del año. Y según relatan algunas fuentes, la Virgen de Lomos de Orio hizo el milagro de proveer de los mejores frutos a las hayas y encinas de la región para procurar una excelente alimentación a los animales destinados después a ser popularizados en uno de los platos más sabrosos de nuestra gastronomía, las archiconocidas patatas con chorizo. Tan importante resulta la industria chacinera en la Sierra de Cameros que incluso hoy en día se siguen manteniendo algunas tradiciones muy vinculadas a la misma. Según cuenta la leyenda en 1520, durante la Guerra de las Comunidades, unos pastores trashumantes que regresaba a sus tierras cameranas desde Extremadura fueron asaltados por una partida de comuneros que intentó robarles sus ganados. Sin medios con los que poder defenderse en igualdad de condiciones, los pastores estaban perdidos así que rogaron a la Virgen para que les protegiera. A cambio de sus favores se comprometieron a que cada hombre que contara con más de sesenta cabezas de ganado entregaría a la Virgen de Lomos de Orio una cordera para que su carne fuera distribuida entre los pobres. Según cuenta la leyenda una vez llevado a cabo el voto, la niebla cubrió a los pastores, despistando así a los comuneros. Desde entonces, todos los años en la ermita de Lomos de Orio se celebra una romería el primer domingo de julio para cumplir con el rito de la "caridad grande", concentrando a miles de personas de toda La Rioja. Hace décadas que la donación de la carne la realizan descendientes de emigrantes de Villoslada de Cameros que partieron hacia Argentina, Chile o México, como agradecimiento a su buena fortuna. Y para buena suerte la nuestra al poder disfrutar hoy de estas viandas. Espero que os gusten. Están deliciosas.




INGREDIENTES

12 chuletas de cerdo de unos 150 grs., 12 pimientos del piquillo asados (o de bote), 1/2 l. de salsa de tomate casera, 6 dientes de ajo, azúcar, aceite, perejil y sal.




Es mejor empezar la elaboración de víspera, poniendo la carne en adobo con un majado de aceite, ajo y perejil (al gusto) y dejándola macerar en la nevera durante toda la noche para que se empape bien de los aromas. Aunque si tenemos mucha prisa un par de horas bastarán. Es mejor utilizar para su elaboración chuletas de riñonada que aunque tienen peor aspecto resultan más jugosas. Cuando las vayamos a freír conviene hacerles un par de cortes en la parte más grasa para que no encojan cuando las pongamos al fuego. Entonces, se echan en la sartén con el aceite bien caliente y se fríen por ambos lados. Cuando estén fritas se sazonan y se retiran (la carne se sazona siempre después de haberse sellado para que no pierda los jugos). En ese mismo aceite se fríen los ajos y cuando empiecen a dorarse se añaden los pimientos asados cortados en tiras. Espolvoreamos un poco de azúcar (como si los fuéramos a salar), bajamos el fuego y dejamos al mínimo durante un par de minutos. Seguidamente en la fuente en la que lo vayamos a servir ponemos una pequeña cama de salsa de tomate casera (yo la hago sólo con tomate, aceite y ajo durante 25 minutos). Sobre ella colocamos nuestras chuletas, cubrimos con el resto de la salsa y los pimientos. Metemos al horno y dejamos cocer a 180ºC durante 5 minutos. Si las hiciéramos en una cazuela no sería necesario meter al horno sino simplemente dejar cocer el conjunto durante 5 minutos más. Espolvoreamos con un poco de perejil y listo para servir.

Garbanzos de Adelina


Ya sé que últimamente tengo un poco abandonado el blog y los vuestros también. La verdad es que ahora mismo tengo que dedicar todas mis energías a otra cosa más importante así que os pido un poco de paciencia. No me voy a olvidar de vosotros. No penséis que os vais a deshacer de mi tan fácilmente, justo ahora que nos ibamos conociendo y que os he ido cogiendo cariño a todos. Pero de momento me temo que tendré que desaparecer como el Guadiana, aunque no os digo que de vez en cuando no aparezca por aquí en los próximos meses. Seguro que cuando tenga un ratito seguiré visitando vuestros blogs aunque probablemente no tenga tiempo de dejaros algún comentario. Pero cuidadín con lo que hacéis que aunque parezca que no, os vigilo (je,je,je) Así que a portarse bien, que no me entere yo.

Hoy os dejo una canción de Taxi que voy a tener muy presente durante los próximos meses. Alguien que me conocío muy bien me dijo en una ocasión que le admiraba que siempre que me proponía algo acababa saliéndome con la mía, por muy disparatado que pudiera parecer y efectivamente tenía razón. El único problema es que a veces nos da miedo soñar, no sea que nuestros deseos se hagan realidad. Pues nunca debemos olvidar que, como dijo Henry Ford, "Tanto si cree que puede como si cree que no puede, tiene usted razón." Así que señor Ford, esta vez quiero, luego puedo. ¡Sí!

GARBANZOS de ADELINA



Antes de irme os dejo una receta facilita y rica a más no poder. La encontré en el blog de Adelina que podéis visitar aquí. Tiene cosas estupendas. Os dejo con sus explicaciones.

INGREDIENTES

Uno o dos botes de garbanzos , 1/2 cabeza de ajos, un paquete de beicon y perejíl.



ELABORACIÓN

Primero freimos los garbanzos en aceite de oliva. Mientras se hacen troceamos el resto de los ingredientes. Cuando los garbanzos estén doraditos los sacamos y escurrimos bien sobre papel absorvente para quitar el exceso de grasa. Vaciamos de aceite de nuestra cazuela y freimos los ajos con el beicon. Cuando esté listo mezclamos todo, añadimos el perejíl, le damos unas vueltas y a servir. La verdad es que es sencillo y está rico, rico. El truquito es que el ajo no se haga demasiado. Espero que os guste. Un besito y gracias por pasaros por aquí.

Magdalenas de coco al instante


No os ha pasado alguna vez que os apetece tomar algo dulce y no tenéis en casa ni siquiera una triste onza de chocolate. Y basta que no tengáis nada para que os apetezca todavía más. Os recomiendo que vayáis a vuestra despensa a ver si os queda un bote pequeño de leche condensada y un paquetito de coco rallado porque en 2 minutos tenéis listo un dulce con el que quitaros ese antojo. Eso sí, absteneros los que no seais muy golosos.

La verdad es que la idea no es mía. La encontré hace tiempo en un blog portugués cuyo nombre no soy capaz de recordar. Ni siquiera sé cómo llegué hasta allí pero si me encuentra ella a mi la citaré encantada. El caso es que varias semanas después, al descubrir que no tenía nada dulce para acompañar el café, mi subconsciente vino al rescate refrescando mi memoria con aquella receta. Este fue el resultado. Rico, rico y más fácil y rápido no puede ser. Lo más difícil esperar los 15 minutos de horneado. ¿Os atrevéis?


INGREDIENTES
1 bote pequeño de leche condensada, 1 huevo y coco rallado (100-125 grs.)

ELABORACIÓN
Lo primero es poner el horno a calentar porque lo demás no nos va a llevar a penas tiempo. Todo el esfuerzo que debemos realizar consiste en abrir nuestro bote de leche condensada y verterlo en un bol donde vamos a añadir la yema de huevo y el coco rallado. Difícil, verdad. Mezclamos y después de tan agotador esfuerzo que nos habrá llevado menos de un minuto rellenamos con esta mezcla nuestras cápsulas. Podemos colmar los moldes porque no se nos van a salir. Y a esperar 15 minutos hasta que estén listas. Os aconsejo descansar durante ese tiempo porque del esfuerzo estaremos agotados (je,je,je).

Patatas con chorizo

Este plato que os presento hoy es una de las señas de identidad de La Rioja y su cocina y por supuesto no podían faltar en este blog. Seguro que todos las conocéis. Incluso las habréis probado alguna vez, aunque no todos hayáis tenido la suerte de degustarlas con el ingrediente estrella que confiere a este plato su sabor exisito: el chorizo riojano. Y es que en esta tierra famosa por sus vinos tenemos también una industria chacinera que está a la altura de nuestros mejores caldos. No es por presumir pero, en mi opinión, tenemos uno de los mejores chorizos del mundo, incluso si tenemos en cuenta los ibéricos que para mi gusto no tienen color. Desde luego unas patatas con chorizo ibérico como que no son lo mismo, no.


Es una pena que nuestros productos cárnicos no tengan todavía el reconocimiento de nuestros vinos aunque cada vez se conocen más y son más valorados. Quienes los han probado sin duda no los olvidarán aunque todavía resulte difícil encontrar buen chorizo riojano fuera de nuestra comunidad. Por eso, para evitar la picaresca que ha surgido en torno al mismo (etiquetando como embutido riojano algo que no lo es) se ha puesto en marcha la Indicación Geográfica Protegida Chorizo Riojano que ampara el chorizo en forma de sarta de categoría Extra elaborado artesanalmente en La Rioja en instalaciones que controlan el proceso de elaboración, maduración y secado, así como la calidad y manipulación de las materias primas. Os podría seguir contando más cosas pero lo mejor es que si tenéis ocasión lo probéis vosotros mismos. Si pasais por La Rioja veréis que casi todas las carnicerías elaboran sus propios embutidos y es en estas donde se encuentran los más auténticos y exquisitos. Todo un manjar.




INGREDIENTES

Una rastra grande de chorizo riojano, costilla de cerdo, pimentón dulce, cebolla, unos ajos, perejil, 2 hojas de laurel y patatas