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Espaguetis con ragú de lentejas y nuevo libro de Tessa Kirós

Una de las cosas que esperaba con impaciencia a la vuelta de mis vacaciones era el nuevo libro de Tessa Kirós, Limoncello and Linen water y por fin ha llegado, ya es mío. Así que aunque ando bastante liada estos días no he podido resisitirme a compartir con vosotros este momento tan emocionante. No sé que tienen los libros de Tessa Kirós que me reconfortan tanto. Y me temo que éste que tengo ahora entre mis manos se convertirá rápidamente en uno de mis favoritos. No sólo está lleno de buenas recetas (como los anteriores) sino que además tiene un encanto especial que lo hace único, diferente, maravilloso, irresistible. En este libro Tessa ha querido rendir homenaje a las madres, las suegras y en especial a todas las matriarcas que han pasado por su vida y de las que ha aprendido tantas lecciones. Y qué mejor manera de hacerlo que recopilar algunas de sus recetas y todos esos consejos que ha ido heredando de su sabiduría popular. Seguro que muchas os sentiréis identificadas.


La primera parte recuerda el estilo de los libros de principios del siglo pasado en los que se instruía a las futuras amas de casa sobre las tareas del hogar. Sus páginas destilan un aire retro absolutamente maravilloso, lleno de nostalgia. Me ha hecho recordar a mis dos abuelas que ya no están. El libro tiene el encanto de los tiempos pasados, de las cosas hechas con cariño, sin prisas, de los detalles que convierten cuatro paredes en un verdadero hogar. Podemos aprender a preparar desde un delicioso licor de limón casero (limoncello) hasta un agua de plancha (linen water) para conseguir que nuestra ropa limpia huela estupendamente bien. Entre medias encontramos multitud de sugerencias imprescindibles para un buen fondo de despensa: aceites, vinagres o sales aromatizadas, azúcares perfumados, licores, conservas, mermeladas. También hay consejos. ¿Sabíais que el membrillo se coloca dentro de los armarios como ambientador porque desprende una fragancia muy agradable? Eso sí, nos recomiendan ponerlo dentro de un bol para evitar que pueda manchar algo. Aunque de todos los consejos me quedo con éste, absolutamente genial, de la madre de Tessa Kirós: "Nunca corráis detrás de un hombre o de un autobús - simpre hay otro en camino." Cierto.


Tarta provenzal de tomate y albahaca -deliciosa-

¿Queréis una cena rápida y deliciosa para este fin de semana? Pues anotaros esta receta porque os va a encantar. Ejemplifica a la perfección mi regla de oro favorita: máximo sabor, mínimo esfuerzo. Cuando la descubrí por primera vez en el maravilloso libro Food from Plenty de Diana Henry no podía imaginar que me gustaría tanto. En realidad, me animé a probarla sólo porque la recomendaba una de mis escritoras de cocina favoritas. Los tomates al horno nunca me han entusiasmado, los encuentro muy deslavados. Pero cual fue mi sorpresa al comprobar que en esta tarta se intensifica su sabor y se vuelven más dulces. El resultado es un bocado exquisito, frangante, una superposición de matices insuperables. ¿Os lo imagináis? Mascarpone, parmesano, albahaca, tomates y un toque secreto que luego os desvelaré y que acaba de redondear el plato con un toque muy especial. Un magnífico ejemplo de la cocina Provenzal: refinada y exquisita. La tenéis que probar.



Y como es una receta triunfadora la preparé la noche de la final para celebrar que íbamos a ganar, claro que entonces no imaginaba que sería por goleada (en la porra yo había puesto 2-1). Desde luego estos chicos son el mejor ejemplo de que en España cuando tiramos del carro todos juntos, podemos hacer grandes cosas. No deberíamos olvidarlo. El problema es que hay demasiados intereses en juego. Mucha gente que se preocupa sólo de lo suyo que es mirar a ver cómo pueden pegarse la vida padre a costa de los demás. Estos chicos les han dado a todos una lección y no sólo en lo deportivo. Me maravilló cuando Fernando Torres le regaló a Mata el pase para marcar el último gol, cuando él se quedaba sólo frente al portero y de superarlo se convertía automáticamente en el mayor goleador de la eurocopa. Sólo los campeones con mayúsculas, los que lo son dentro y fuera del campo, son capaces de semejante generosidad. Desde aquí toda mi admiración y mi más sincera enhorabuena. 


INGREDIENTES

1 plancha de hojaldre, 1 tarrina de queso mascarpone de 250 grs., 75-100 grs. de queso parmesano rallado, 2 dientes de ajo grandes, 6 tomates de tamaño medio, un puñado de hojas de albahaca frescas (no se pueden sustituir por albahaca seca), sal, pimienta y dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra.

La única dificultad que tiene esta receta consiste en tener a mano un puñado de albahaca fresca. Siento deciros que no podéis sustituirla por albahaca seca, si lo hacéis arruinaréis el plato. Puestos a utilizar tarritos es mejor poner orégano aunque ya os aviso que el resultado estará rico pero ya no será espectacular. La diferencia es algo así como pasar de conducir un Porsche a tener un Fiat Panda. Sin el aroma de la albahaca fresca el plato está más triste que Marilyn sin su Chanel Nº5. Para los que todavía no lo hayáis hecho, animaros a poner una maceta de albahaca en vuestras vidas. Vuestra cocina de verano lo agradecerá. Yo ya no sabría vivir sin ellas durante estos meses. 

Por lo demás, ya os he dicho que es una receta escandalosamente fácil. Primero desenrollamos la plancha de hojaldre. A mi de todos los que he probado hasta ahora el que más me gusta es el de Lidl. A continuación extendemos la tarrina de mascarpone sobre él, como si fuéramos a huntar el queso en un pan de molde. La única precaución es dejar una distancia de 2-3 dedos desde el borde para evitar que el queso se salga durante la cocción en el horno. Sobre el mascarpone espolvoreamos el parmesano repartiéndolo homogéneamente. Picamos unas hojitas del albahaca y las esparcimos sobre el relleno. Y ahora nuestro toque secreto, los dos dientes de ajo. Es importantísimo que estén picados lo más finamente posible. Si tenéis un machacador os quedarán perfectos, si no trocearlos con el cuchillo. La clave está en repartirlos bien sobre los quesos para que a cada bocado nos encontremos un trocito. Como no se van a dorar en el horno pero tampoco se van a quedar crudos, aportan al plato un matiz muy interesante. No llega a tener la suavidad del ajo asado ni la fuerza del crudo, es un término medio que como casi todo en la vida, resulta muy equilibrado. Ahora sólo nos queda extender sobre nuestra plancha de hojaldre las rodajas de tomate que habremos cortado previamente. Es importante que intentemos hacerlas lo más finas posibles, todas del mismo grosor. Si utilizáis la placa de hojaldre de Lidl lo más cómodo es hacer la tarta rectangular (yo esta vez me empeñé en hacerla redonda pero es más engorroso). Haced dos os tres filas de rodajas de tomate que pondremos  sobre la capa de quesos de modo que toda la superficie quede cubierta. Las rodajas deberán colocarser montándolas unas sobre otras (como se aprecia en la fotografía). Cuando hayamos terminado, salpimentamos los tomates y los regamos con las dos cucharaditas de aceite. Metemos la bandeja al horno y seguimos las instrucciones del fabricante para hacer el hojaldre. Cuando utilizo el de Lidl precaliento el horno a 220ºC y luego lo dejo durante unos 20 minutos a 200ºC, hasta que está dorado. Pero ojo, no intentéis avalanzaros sobre ella nada más salir del horno. Hay que dejarla reposar unos minutos. La mejor manera de saborear intensamente esta tarta es tomándola cuando está tibia. Entonces ummmm...empieza la magia y ya solo queda disfrutar. Espero que os guste. Buen fin de semana.


Salsa boloñesa diferente -deliciosa y sorprendente-

Esta receta os va a sorprender y a encantar por igual, os lo aseguro. Muchos de vosotros ya sabréis que Jamie Oliver acaba de estrenar nueva serie en Canal Cocina, Jamie por Gran Bretaña. Y como nos tiene acostumbrados, siempre viene cargada de ideas interesantes y propuestas sugerentes así que cuando ví su nueva versión de la salsa boloñesa no me pude resistir y la verdad es que me alegro porque el resultado estaba delicioso y además me va a permitir compartir con vosotros algunos descubrimientos emocionantes que he hecho recientemente. Sé que muchos tenéis reparos a la hora de utilizar carne de conejo así que si preferís, podéis sustituirla por pollo y el resultado será igualmente increíble. La única pega que le encontraba a la receta de Jamie es que necesitaba 12 horas de cocción en el horno. Sí, habéis leído bien, 12 horas a fuego suave. Teniendo en cuenta que en la mayor parte de las casas se come entre las dos y las tres y media, siguiendo las indicaciones de Jamie deberíamos levantarnos en mitad de la noche para preparar nuestra boloñesa y meterla en el horno hasta "el día siguiente". Eso o prepararla a las nueve de la mañana y zampárnosla justo antes de irnos a dormir. Ninguna de las dos opciones parece muy divertida. Bueno, a lo mejor alguien se ha emocionado porque siempre hay algún masoca. Claro que la emoción se le pasará pronto cuando reciba la factura de la luz.

Para evitar posibles disgustos y reclamaciones a posteriori os propongo mi propia versión de esta salsa boloñesa que seguro, seguro, seguro os va a sorprender por varias razones. La primera es que vamos a utilizar la olla superrápida para convertir el plato de 12 horas de Jamie en una deliciosa salsa que tendremos lista en sólo 3 minutos (sí, habéis leído bien). Me imagino la cara de algunos al leer lo de olla superrápida seguido de la palabra deliciosa. Estaréis pensando que es una paradoja pero pronto veréis que no es así. Sé que las ollas a presión han tenido y yo creo que siguen teniendo aún hoy en día cierta mala reputación (probablemente porque la calidad de las más baratas dejaba y deja mucho que desear) como si utilizarlas fuera sinónimo de comida de peor calidad o de falta de pericia en los fogones. Yo misma le he recriminado a mi madre algunas veces su utilización pensando que de la manera tradicional se obtenían mejores resultados.

Supongo que todos hemos sucumbido al mito romántico de los pucheros de nuestras abuelas haciendo chup, chup sobre un fuego de leña durante horas. La verdad es que la imagen hoy nos puede parecer de lo más idílica pero la realidad es bien distinta. Para empezar porque nuestras pobres abuelas no podían elegir. Se limitaron a utilizar la tecnología que en su época estaba disponible. Ya hubieran querido ellas disfrutar de una fuente de calor con solo apretar un botón, sin la tediosa labor de ir a recoger leña. Hubieran sido las primeras en apuntarse a preparar sin esfuerzo una deliciosa comida en apenas unos minutos porque no eran tontas, eran simplemente hijas de su tiempo y por lo tanto no podían utilizar una tecnología que todavía no existía o no se había perfeccionado y popularizado lo suficiente. ¿Os acordáis de los primeros coches? Eran auténticos mastodontes que a penas si podían avanzar dejando tras de sí una estela de humo y ruído. Hasta 1895 superar los 25 km/h parecía ciencia ficción y era algo que casi nadie se podía permitir. Hoy, a penas cien años después, el coche de Fernando Alonso  o cualquiera de nuestros utilitarios no sólo les haría palidecer de envidia sino que a buen seguro pensarían que algo así sólo podría ser cosa de brujas. Sin embargo a nadie se le ocurriría hoy hacerse 200 Km en una de esas cafeteras. Sí, aunque a veces nos lleguen cantos de sirena diciéndonos eso de "cualquier tiempo pasado fue mejor", la tecnología avanza para facilitarnos las cosas y mejorar nuestra calidad de vida.


No se trata simplemente de cocinar más rápido. Lo que os voy a contar ahora seguro os va a sorprender muchísimo a los que no lo sepáis ya, como me pasó a mi cuando lo leí en la fabulosa web de Cristina Galiano: Según el libro Alimentación y nutrición: Manual teórico-práctico publicado por Clotilde Vázquez (jefa de Nutrición del Hospital Ramón y Cajal de Madrid) y Ana Isabel De Cos (de la sección de Nutrición del Hospital Puerta de Hierro): “Se sabe que las vitaminas se pierden menos con temperaturas elevadas durante poco tiempo que con temperaturas más bajas durante un tiempo más largo. La cocción a presión es pues el mejor método de cocción cuando se realiza correctamente, pero puede ser el peor si se prolonga más de lo necesario” ¿Sabéis qué quiere decir? Pues que la forma más saludable de cocinar (si queremos que nuestros alimentos conserven el mayor número de nutrientes posibles) es con las actuales ollas superrápidas que, como pasa con los coches, nada tienen que ver con las antiguas ollas expréss, empezando por la seguridad. O sea que después de todo mi boloñesa  tiene muchas más vitaminas que la de Jamie aunque la suya desde el punto de vista del marketing sea mucho más interesante. Y respecto del sabor, os sorprenderá si os digo que a lo mejor nos llevamos una sorpresa. ¿Sabéis que reconocidas personalidades del ámbito culinario internacional ( Heston Blumenthal, Harold McGee o Ángel Palacios) han confesado que elaboran sus fumets (caldos) utilizando este tipo de ollas porque obtienen sabores más intensos que con una cocción prolongada en el horno que a veces puede incluso superar las 24 horas?  Pues sí, la olla superrápida no sólo facilita nuestra labor en la cocina y nos permite ahorrar energía sino que además es la mejor manera de comer sano, no sólo porque se conservan mejor la mayoría de los nutrientes sino porque además nos permite utilizar menos cantidad de grasa y cuando empleamos los tiempos y la técnica adecuada el resultado es espectacular, os lo aseguro. La verdad es que creo que es el imprescindible de toda cocina. Una olla superrápida es la mejor inversión que podemos hacer y no es que yo tenga una fábrica de ollas o que me hayan pagado por anunciarlas. Es que desde que he redescubierto mi olla superrápida os tengo que confesar que soy mucho más feliz en la cocina. ¿A quién no le gusta trabajar menos y disfrutar el doble? Si no me creéis comprobadlo vosotros mismos.

INGREDIENTES

Un conejo entero troceado o en su defecto un pollo
500 grs. de macarrones
4 lonchas de bacon ahumado
230 grs de zanahorias peladas
300 grs de puerros
150 grs. de cerveza negra
300 grs. de cebolla morada
14 vueltas de molinillo de pimienta negra
2 ramitas de romero
2 hojas pequeñas de laurel
1 cabeza de ajos
1 lata de tomate natural extra triturado
1 cucharada de concentrado de tomate, opcional (Jamie la utilizó pero yo no le puse porque no tenía en ese momento)

Justo antes de servir
tomillo para espolvorear por encima
125 grs. de queso tipo pecorino (yo utilicé idiazába ahumado) o en su defecto parmesano o grana padano

ELABORACIÓN

La elaboración de la receta no puede ser más sencilla. Empezaremos dorando las lonchas de bacon enteras en tres cucharadas de aceite. Cuando empiecen a tomar color añadiremos dos hojas de laurel pequeñas y dos ramitas de romero. Seguidamente incorporamos los trozos de carne (conejo o pollo) para dorarlos.  La receta de Jamie era con conejo y yo así lo hice y el resultado me encantó pero si no os gusta podéis sustituirlo por pollo. No es necesario que la carne esté muy troceada. Yo sólo saqué los muslos traseros y el resto del cuerpo lo partí en dos a lo ancho. Cuando la carne esté doradita añadimos las verduras peladas pero enteras. Seguidamente vertemos la cerveza  y dejamos un minuto a fuego fuerte para que se evapore el alcohol. A continuación incorporamos el tomate triturado. Salpimentamos y mezclamos un poco.  Procuramos dejar la verdura abajo y la carne encima así luego nos resultará más fácil. Cerramos la olla superrápida y una vez que suban las dos rayitas la dejamos durante tres minutos al 6/7. Sí, con sólo tres minutos es suficiente, increíble, ¿verdad?. El fuego lo tenéis que dejar a la temperatura suficiente para que durante esos tres minutos se mantengan visibles los dos anillos de la válvula. Es muy importante que la presión no suba más de esas dos rayitas porque si se sobrepasan la presión aumenta en exceso y estaríamos destruyendo los nutrientes de nuestros alimentos además de que el tiempo de cocción podría variar.  Una vez transcurridos los tres minutos retiramos nuestra olla del fuego y dejamos que baje la presión por si sola (sin meterla debajo del grifo). Sólo una vez que la válvula ha bajado por completo podremos abrirla. En ese momento sacamos la carne y las lonchas de bacon y dejamos que se enfríen un poco. Mientras tanto ponemos a cocer la pasta siguiendo las indicaciones del fabricante.  Cuando la carne esté tibia la sacamos y desmenuzamos con ayuda de un tenedor (es muy fácil). Si queremos podemos trocearla más, eso como mejor os parezca. Hacemos lo mismo con las lonchas de bacon. A continuación sacamos las hojas de laurel y el romero de nuestra olla y trituramos las verduras. Yo saqué también la zanahoria para trocearla a mano pero perfectamente se puede triturar con el resto así es mucho más cómodo, rápido y fácil. Una vez hayamos pasado nuestras verduritas incorporamos la carne troceada a nuestra salsa. Mezclamos todo. Añadimos la pasta ya cocida y en el momento de servir espolvoreamos el queso rallado y algo de tomillo fresco. Y a chuparse los dedos. Veréis que está deliciosa.

ALGUNAS ACLARACIONES PARA ASEGURAR EL ÉXITO de NUESTRA RECETA

En el mercado hay muchos tipos de ollas a presión pero no todas son superrápidas y eso hace que los tiempos puedan variar mucho de unas a otras.  Como os decía antes, hoy en día sabemos que la mejor manera de conservar el mayor número de nutrientes de nuestros alimentos es cocinarlos en el menor tiempo posible. Por eso, desde el punto de vista de la salud, las mejores son las ollas superrápidas. Por supuesto la diferencia de calidad se nota también en el precio pero teniendo en cuenta que estas ollas suelen durar toda la vida, es la mejor inversión en salud que podemos realizar. Si queréis saber más sobre este asunto os recomiendo que visitéis la página web de Cristina Galiano porque es un pozo de sabiduría y sus consejos son siempre garantía de éxito asegurado.  

Para esta receta yo he utilizado una olla Duromatic de Kuhn Rikon pero tengo también la Perfect de WMF y los tiempos de cocción son muy similares así que mis referencias también os pueden servir si utilizáis este otro modelo.  Si vuestra olla es de otro fabricante tendréis que guiaros más por sus referencias. Es sólo cuestión de probar y una vez que hayáis conseguido el punto deseado, ya siempre os saldrá perfecta.

Una cuestión importante respecto del tiempo de cocción es la precisión. En las recetas con olla superrápida el tiempo en el que se mantienen visibles las dos rayitas tiene que ser exacto. En el caso de este guiso en concreto puede que se note menos, pero en el caso de la verdura por ejemplo, la diferencia es abismal. Dejar la alubia verde en el fuego 50 segundos más puede marcar una gran diferencia no sólo desde el punto de vista nutricional sino también estético. De conseguir una verdura tierna, saludable y con un bonito color verdoso podemos pasar a tener una verdura reblandecida en exceso, con un color más bien parduzco y con muchos menos nutrientes.  Yo tengo cocina de inducción y mis placas tienen un temporizador que me permite programar el tiempo de cocción que quiero aplicar a cada fuego así que es perfecta para estos menesteres. Cuando pongo tres minutos él se apaga sólo al llegar a ese tiempo. Eso me asegura que las recetas salgan siempre perfectas y siempre igual. Pero no todo el mundo tiene ese tipo de fuegos. Por eso, en ese caso es imprescindible disponer de un minutero que controle con precisión los tiempos de cocción pues de ello dependerá nuestro éxito o nuestro fracaso.

Los que no tenéis olla expréss podéis realizar la receta igualmente en vuestra cazuela convencional incrementando el tiempo de cocción y troceando un poco las verduras previamente. Normalmente con 20-25 (dependerá del tamaño) minutos será suficiente. Si fueran animales de caza o criados en casa ya sabéis que los tiempos de cocción aumentan considerablemente.


Ragú rápido

Antes de ponerme con la receta de hoy os quería comentar que al final de este post encontraréis las listas de participantes para las dos modalidades del sorteo, junto con el número que le ha correspondido a cada uno. El viernes haré públicos los nombres de los dos ganadores. Os deseo mucha suerte a todos.

Y aprovechando que hoy el tiempo parece que nos da un respiro quería compartir con vosotros esta receta realmente deliciosa, perfecta para un día nublado. Lo mejor es que se hace en un momento y la podemos servir así tal cual o acompañando a un puré de patatas, un poco de arroz o de pasta, como plato único. Para los que no lo sepáis un ragú es un guiso, un estofado, normalmente de carne pero puede hacerse también de ave, pescado o verduras. La ventaja de este plato es que se puede dejar hecho la noche anterior y así al día siguiente en los 8 minutos que tarda en cocerse la pasta,  tenemos lista nuestra comida. No os quejaréis A mi me sorprendió la mezcla de ingredientes, por eso precisamente me animé a probarla. ¿Queréis saber qué lleva?

500 grs. de carne picada (Nigella utiliza sólo carne de cordero pero yo puse 600 grs. de una mezcla de ternera y cerdo al 50%), 125 grs. de panceta a dados (yo no le puse), 75 grs. de cebolla (caramelizada si la compráis de bote ya preparada), 80 ml de vino de Marsala,  1 lata de 400 grs. de tomate triturado, 75 grs. de lentejas (yo utilicé de bote), 125 ml. de agua, 50 grs. de queso rallado (ella utiliza cheddar pero yo puse parmesano)

Si no tenemos cebolla de bote caramelizada y vamos a utilizar cebolla fresca lo primero que haremos será picarla finita y ponerla a dorar en una sartén con un dedo de aceite a fuego medio-alto, removiendo continuamente hasta que veamos que empieza a ponerse de color caramelo. En ese momento la sacamos y retiramos el exceso de aceite (si lo hubiera) porque queremos sólo el equivalente a 2 ó 3 cucharadas. En ese aceite vamos a freír la panceta en daditos hasta que empiece a dorarse. Cuando esté lista añadimos la carne picada y con ayuda de un tenedor o una cuchara la vamos "rompiendo" para soltar los "grumos" de carne y que no nos quede un bloque compacto. Cuando se haya dorado por todas partes incorporamos la cebolla carmelizada, el vino que hayamos elegido para aromatizar el guiso, los tomates, las lentejas y el agua y llevamos a ebullición. Dejamos cocer durante 20 minutos removiendo de vez en cuando y ya lo tenemos listo para servir. Una vez fuera del fuego si queremos lo mezclamos con la pasta o con un arroz blanco, espolvoreamos con queso y ya podemos disfrutar de un pequeño instante de placer. Ummm.....

Por cierto aunque en la receta Nigella utiliza vino de Marsala como es un vino que no se encuentra fácilmente en nuestras casas, si queréis podéis sustituirlo por un Oporto o incluso por un Pedro Ximénez. Pero si simplemente le añadís vino tino también resultará delicioso. Por otra parte yo nunca utilizo lentejas de bote pero en esta ocasión para mayor comodidad las incluí y la verdad es que me gustó el resultado así que para esta preparación son perfectas. Y nada más, solo animaros a probarlo un día que las temperaturas os den una tregua y ya me contaréis.



Garbanzos con pimientos, calabaza y pimentón

El otro día estuve buscando en mi carpeta de pendientes una receta de garbanzos con un toque oriental que tenía una pinta deliciosa pero no hubo manera de encontrarla, la página en la que la había visto había desaparecido. ¡Qué rabia! La vi en un blog precioso al que por supuesto ahora he perdido la pista. Seguro que os ha pasado más de una vez. Es fácil traspapelar un blog o una receta entre las miles que guardamos.


Pero como me apetecían unos garbanzos me acordé de una receta que vi en el blog de Marta y que se asemejaba un poco a la que yo quería preparar. La verdad es que fue una suerte porque el resultado es este delicioso plato que está igual de rico frío o caliente. Cuando los probé a Marta me la hubiera comido a besos, por Dios qué cosa tan rica, un millón de gracias. Seguro que en casa los repetiremos a menudo porque nos ha encatado, de verdad tenéis que probarlos. Si queréis ver su versión pasaros por el blog Marta's Kitchen and Co, es una verdadera delicia. 


INGREDIENTES

2 botes de garbanzos ya cocidos, pimientos del piquillo de bote (a ojo), 225 grs. de calabaza rallada, 1 cebolla morada, 2 cucharaditas de pimentón dulce, sal, pimienta, aceite de oliva y 2 huevos cocidos (esto es un añadido mío).


Veréis que es muy sencillo de preparar. En primer lugar con ayuda de un rallador o de un robot de cocina rallamos la calabaza que habremos pelado previamente. Si no tenemos ni lo uno ni lo otro, pelamos y picamos la calabaza tan finita como nos sea posible con un cuchillo. Hacemos lo mismo con la cebolla. En una cazuela ponemos un par de cucharadas de aceite y añadimos ésta última para que se vaya pochando. Dejamos a fuego medio durante unos diez minutos. Transcurrido ese tiempo añadimos la calabaza y dejamos que se rehogue todo junto otros diez minutos más. Mientras tanto vamos partiendo en tiras los pimientos. Podéis poner la cantidad que os parezca según vuestros propios gustos pero yo os aconsejo que seáis generosos porque dan un sabor exquisito. A continuación añadimos los garbanzos, salpimentamos y dejamos cocinar el conjunto cinco minutos más.  Trancurrido ese tiempo retiramos del fuego, añadimos el pimentón y los huevos cocidos y mezclamos bien. Dejamos reposar 5-10 minutos antes de servir. Si queremos podemos añadirle un chorrito de aceite de oliva justo antes de servir.  Y prepararos para disfrutar de un plato sencillo pero absolutamente delicioso. Espero que os guste.


 Por si hay algún despistado os recuerdo que está en marcha el sorteo de un robot de cocina junto con más premios. Si todavía no os habéis apuntado, simplemente pinchad aquí.

Lentejas con tomate y parmesano -deliciosas-

Hoy quiero traeros una receta que si la probáis os va a sorprender, seguro. Cuando la descubrí en una de mis series favoritas "La Dolce Vita"  de  David Rocco  no podía imaginar ni por un momento que aquel plato tan sencillo, rápido y fácil de preparar podía resultar tan sumamente delicioso. Tanto que desde que lo descubrí hace más de dos meses lo he hecho ya unas cuantas veces y siempre nos ha encantado así que tenía ganas de hacerle por fin las fotos para compartir la receta con vosotros. Sin duda alguna es el ejemplo perfecto de cómo se puede disfrutar comiendo sin necesidad de complicarnos en la cocina. Por eso, con este plato, inauguro hoy un nuevo apartado en el índice de recetas: Cocina triple R (rápida, rica y realmente fácil). Perfecta para los que se inician en la cocina, para los que andan  escasos de tiempo o para los que simplemente quieren disfrutar al máximo con el mínimo esfuerzo.  Y quiero dedicarle este apartado a una persona a la que quiero mucho y que para mi es muy especial. Hace poco tiempo que se ha independizado y a veces me llama para pedirme alguna receta o preguntarme cómo hacer tal o cual plato. Oscar, espero que  a partir de ahora aquí encuentre esas recetas con las que disfrutar comiendo sin complicarse.  Un beso muy grande.


La verdad es que la versión original utilizaba lentejas como las que habitualmente se encuentran en nuestras cocinas pero yo tenía en la despensa un paquetito de lentejas naranjas al que no le había dado ninguna utilidad y decidí que por fin había llegado su momento. Las lentejas naranjas o de coral son uno de los alimentos básicos de Oriente Próximo, y su textura y sabor es más delicado que la variedad más consumida en nuestra dieta, la lenteja castellana. A simple vista se diferencian de éstas por el color  y su tamaño más pequeño, semejante al de la lenteja pardina.  Como todas las legumbres son una fuente excelente de hidratos de carbono complejos, proteínas vegetales, fibra, vitaminas y minerales. Entre los minerales encontramos  zinc, selenio, aunque destaca fundamentelmente el aporte de hierro, cuya absorción aumenta en el organismo si incluimos en las preparaciones alimentos ricos en vitamina C. Sin embargo las lentejas carecen de un aminoácido esencial (metionina). Por eso a veces se recomienda acompañarlas con cereales como el arroz, que complementan esa ausencia del aminoácido convirtiendo el plato elaborado en una fuente de proteínas similar a las proteínas de origen animal. Aunque si os soy sincera a mi las lentejas con arroz no me entusiasman demasiado . Volviendo a nuestras lentejas de coral no podemos olvidarnos de mencionar su principal ventaja con respecto a las demás y es que al no tener piel no necesitamos ponerlas a remojo previamente y su cocción es mucho más rápida. El estar desprovistas de la cáscara hace que produzcan menos gases por lo que son perfectas para las personas que tienen problemas digestivos. Pero, por supuesto, la receta se puede hacer exactamente igual con lentejas pardinas o incluso castellanas adaptando los tiempos de cocción. ¿Nos ponemos a ello?



INGREDIENTES

500 grs. de lenteja de coral, un buen manojo de perejil fresco, 4 dientes de ajo grandes, 2-3 pequeñas cayenas,  1'250 Kg. de tomate triturado (una lata grande y otra pequeña), 20 vultlas del molinillo de pimienta, 3 cucharadas de azúcar, aceite de oliva, sal, agua y 80-100 grs. de queso parmesano o grana padano.
 
Empezamos cogiendo un buen manojo de perejil fresco y lo picamos finito (no importa si cae algún trozo del tallo). Ya sé que muchos de vosotros no tenéis hierbas frescas en casa pero hoy en día el perejil en bolsitas se encuentra en cualquier supermercado. Y como la compra la tenemos que hacer todos pues es tan sencillo como que la próxima vez que vayáis al super os acordéis de comprar la correspondiente bolsita. Yo lo suelo comprar en Simply. La mejor manera de conservarlo una vez que llegamos a casa es sacarlo de bolsa y colocarlo con agua en un recipiente de cristal, como si fuera el ramo de rosas que nos regalaron por San Valentín, así se nos conservará entre siete y diez días (dependiendo de lo fresco que esté cuando lo compremos). Tampoco hace falta que tengáis un jarrón. Cualquier bote de cristal que tengamos por casa nos servirá siempre y cuando sea lo suficientemente alto como para que los tallos queden sumergidos  y las hojas fuera del agua. No me digáis que tampoco tenéis un bote vacío. Pues no, no os váis a escaquear: un vaso de cristal también sirve.  Pues ale, ya no hay excusa para empezar.  Pero si aún así seguís encontrando alguna, antes que quedaros sin probar la receta, qué le vamos a hacer, utilizáis  perejil seco y listo.

Pues manos a la obra. Para empezar ponemos un poco de aceite en la cazuela donde vayamos a guisar las lentejas. Los que tengáis perejil fresco picáis un buen puñado y los que no pasáis directamente al segundo paso: picar bien finitos los dientes de ajo. Si tenéis un triturador es más rápido y sencillo, ni siquiera hace falta pelar los ajos.  Para los que os iniciáis en la cocina debéis saber que es una "herramienta" muy útil pero si no la tenemos lo hacemos a mano y listo. Ahora ponemos el aceite a calentar e incorporamos el perejil fresco, las cayenas que desmenuzaremos con las manos y los ajos. Si no queremos que esté muy picante debemos quitarles las semillas (al menos una parte) porque pican a rabiar. Rehogamos durante unos segundos hasta que el ajo empiece a chisporrotear. Si vamos a utilizar perejil seco se lo ponemos justo ahora. Seguidamente añadimos el tomate triturado y 3 cucharadas de azúcar (para contrarrestar  su acidez). Removemos y nos olvidamos de la cazuela durante 15 minutos. La dejaremos a fuego bajo. En mi placa de inducción yo la pongo al 4. Pasado ese tiempo lavamos las lentejas y las incorporamos al tomate. Ahora tenemos que añadirles agua. Ya sé que hay mucha gente que le gusta ponerle caldo a todo pero hay cosas que están más ricas así. La cantidad de agua la vamos a medir aprovechando la lata de tomate grande que hemos utilizado. Si las lentejas os gustan más espesas, como a mi, añadís tres medidas de agua. Si por el contrario os gustan bien caldosas añadís cuatro. Y si soís de los que ni chicha ni limoná, pues tres y medio. Añadimos la sal y dejamos a fuego suave durante 13-14 minutos. Yo la última vez las hice a fuego más fuerte y luego se me deshicieron más, como véis en la foto. Si las probáis en este momento seguramente os parecerá que todavía les falta un poco pero terminarán de hacerse con el reposo así que las retiramos del fuego, añadimos un chorrito de aceite de oliva virgen extra y queso parmesano rallado. Ahora las tapamos y las dejamos reposar 15-20 minutos. El tiempo de reposo es imprescindible para conseguir el sabor deseado así que calculad bien antes de poneros a cocinar.

Desde luego esta es una forma sanísima de comer lentejas sin la pesadez de otras preparaciones más contundentes típicas del invierno.Y auque me he enrollado un poco, es un plato fácil, fácil. Sólo hay que poner los ajos, el perejil y la cayena. Luego añadimos el tomate. Después las lentejas, el caldo y listo. Sacar y ponerle parmesano.

Si utilizamos lenteja pardina es mejor ponerla en remojo la noche anterior para acortar los tiempos de cocción. Si las ponemos directamente tardan más en cocer (40-50 minutos) y también necesitarán más agua. Si vais a utilizar una olla a presión  super rápida, sin remojo con diez minutos también estárán listas pero entonces les tenemos que añadir algo menos de caldo porque en la olla no se produce tanta evaporación. Si es una olla a presión normal necesitarán entre 20 y 30 minutos.

Espero que os guste esta deliciosa manera de disfrutar de las lentejas. Para los niños si quereís las podéis pasar y dárselas como una crema o bien dejarlas 5 minutos más al fuego para que ellas mismas se deshagan. 

Que disfruteís del fin de semana. Os veo en vuestras cocinas.  

Los mejores macarrones con chorizo para celebrar la medalla de bronce en balonmano


Bueno, al final nuestros chicos de la selección de balonmano se han venido a casa con la medalla de bronce así que enhorabuena a ellos y a sus familias. Fue un partido de infarto, igualadísimo hasta el final. Yo estaba que me comía las uñas. Los últimos cinco minutos me tuve que levantar porque no podía parar quieta, ¡qué nervios! Y al final ganaron. Es espectacular la progresión que ha tenido este equipo en tan sólo dos años. Después de quedar décimoterceros en el anterior mundial disputado en 2009 y ocupar la sexta plaza en el último europeo ahora han conseguido esa medalla de bronce que tantas veces se nos ha resistido (sí, a mi también je,je,je). Así que chicos, enhorabuena. Nos habéis hecho disfrutar de lo lindo. Ahora os toca a vosotros.... Si queréis ver un pequeño resumen de su periplo podéis pinchar aquí.




Y volviendo de nuevo a la cocina, hoy os traigo un delicioso plato de pasta un tanto especial. Veréis siempre he tenido la tentación de cocer la pasta en un líquido que no fuera agua para ver cual era el resultado. La primera vez lo intenté con leche y sólo a mi se me ocurre ponerme a experimentar en una cena con amigos. Y entre que éramos unos cuantos y que la cazuela era más bien pequeña para tanta cantidad, podéis imaginaros lo que pasó. Sí, eso, que el encargado de remover el invento no pudo evitar que aquello se agarrara y tomara un regustillo a quemado que ni la salsa de tres quesos pudo enmascarar del todo. Ya os podéis imaginar lo que vino después, que ya me decían todos que aquello no podía resultar bien. Claro, que la ley de Murphy no quiso que aquel fuera el único fiasco de la noche (je,je,je). De postre preparé una Mousse de turrón siguiendo al pie de la letra una receta de Reyes Farina. ¿Sabéis cual fue el resultado? Pues como dijo uno de mis amigos, aquello parecía chapapote. De sabor estaba rico pero la presencia era eso, como el chapapote, denso, denso. Claro que en mi descarga he de decir que yo sólo me limité a seguir las instrucciones al pie de la letra. Vamos que fue un estreno por todo lo alto. Todavía se acuerdan, casi los dejo sin cenar. Y como una testaruda es un rato decidí volver a probar, esta vez en casita y ahora sí, con mucho cuidado y mucha leche (buena) y removiendo sin parar. El resultado, un plato de pasta igual de rico que de la forma tradicional pero más engorroso, o sea hacer el tonto pa na. Así que decidí probar esta vez a cocerlos en caldo de carne aprovehando que los iba a servir acompañados de ragú (salsa de carne) y el resultado fue estupendo. Después, hace un par de años leyendo algo sobre una receta francesa que se llama macaronade se me encendió la lucecita y probé a cocerlos en salsa de tomate. Y despuès de que una amiga me dijera que ella los hacía en la olla express pensé, vale pues yo, por cambiar, pruebo en el horno. Y este es el resultado, espectacular y desde luego más fácil imposible. Mi hermano dice que son los mejores macarrones con tomate que ha probado nunca.

Pollo con salsa de mostaza y puerros


Quienes seguís habitualmente este blog ya habéis podido comprobar que me encanta la selección española de fútbol y la de baloncesto. Lo que todavía no sabíais es que también adoro a los chicos de la selección de balonmano. La verdad es que me parece espectacular verlos jugar y me da pena que a pesar de las medallas que han cosechado para el deporte español la única vez que los pobres han acaparado la atención de la prensa fue cuando saltó la noticia del noviazgo de la infanta Cristina con el entonces jugador del Barcelona y de la Selección nacional, Iñaki Urdangarín. Y eso que en 2005 fueron CAMPEONES del MUNDO tras arrollar a Croacia en la final (40-34) con un equipo que jugaba como los ángeles con nombres como Mateo Garralda, Juanín García, Juancho Pérez, Rolando Uríos, Raúl y Alberto Entrerríos, David Barrufet, José Javier Hombrados, etc. No sé si alguna vez habéis visto un partido de balonmano pero es impresionante verlos lanzar en suspensión. Parece que estuvieran flotando cuando arman el brazo antes de tirar. De verdad, espectacular.

Y, ¿por qué os cuento todo esto? pues porque estos días en Suecia se está celebrando el campeonato del mundo de balonmano y nuestros chicos han pasado ya a la segunda ronda. Ayer jugaban contra la favorita, Francia (actual campeona del Mundo, de Europa y medalla de oro olímpica, ya véis poca cosa) y fueron capaces de empatar un partido en el que siempre estuvieron por detrás en el marcador. Vamos que el resultado supo a victoria. Los diez últimos minutos fueron de vértigo, estaban que se salían. Les metieron un parcial de 7-1. Si queréis lo podéis ver aquí. La semana que viene les esperan rivales difíciles: Noruega, Islandia y Hungría. Daneses e islandeses no han sufrido ninguna derrota en estos primeros partidos por lo que ya han demostrado que son un hueso difícil de roer. Ojalá nuestros chicos tengan mucha suerte y puedan luchar por las medallas, se lo merecen. Ya os contaré.

Bueno cambiando de tercio, hoy os traigo una receta bastante sencilla, rápida, con pocas calorías y un sabor estupendo, si como yo, sois de esos a los que les gusta el puerro. Perfecta para salir del paso airosamente en un momento. ¿Qué más se puede pedir? Que os guste. Espero que sí.



INGREDIENTES


3 muslos de pollo partidos en dos por sus respectivas articulaciones, 1 yogur natural con azúcar de caña de Milbona (Lidl), el blanco de 2 puerros, 1 chorrito de vino blanco, la medida correspondiente a la 1/3 parte del yogur de mostaza Calvé, sal, pimienta, 1 cucharadita de aceite de oliva virgen, un poco de mantequilla.



La receta es muy sencilla. Si la hacéis en olla superápida, como yo, en 6 minutos la tenéis lista. En primer lugar cortaremos cada muslo de pollo en dos partes, por las articulaciones. En nuestra olla ponemos una cucharadita de aceite de oliva y un trocito de mantequilla. El aceite evita que se esta última se nos queme. Seguidamente troceamos el puerro. Si al final queremos triturar la salsa no hace falta que lo hagamos con mucho cuidado sino procuraremos hacer todos los trocitos del mismo tamaño. Rehogamos durante medio minuto. Salpimentamos y rápidamente incorporamos los trocitos de pollo a los que previamente les habremos quitado la piel. Yo prefiero utilizar sólo los muslos porque las pechugas tienen un punto de cocción diferente y no nos quedarían tan jugosas. Rehogamos durante medio minuto hasta que la carne se selle bien por todas partes pero sin coger color. Queremos que nos quede blanquita. A continuación incorporamos un chorrito de vino y dejamos rehogar hasta que se evapore el alcochol (un par de minutos). En ese momento añadimos nuestro yogur natural y mezclamos. Cogemos como medida el vaso del yogur y le añadimos al guiso 1/3 parte de mostaza Calvé. Cerramos la olla y esperamos a que suba. Yo la dejo 6 minutos antes de retirarla del fuego pero vosotros debéis guiaros por los tiempos de vuestra olla. Si es superápida (Perfect o Duromatic) con el tiempo que os he indicado os bastará. Sino tendréis que probar. Esperamos a que baje la presión y abrimos. Si queremos podemos sacar los trozos de pollo y triturar la salsa o bien lo servimos directamente, tal cual. Espero que os guste. Un besito.

P.D. A los que no os guste el puerro podéis probar a sustituirlo por champiñones y en la salsita cambiar la mostaza por curry en polvo. Está igual de rico. Los champiñones para que no se deshagan en vez de laminarlos, simplemente cortarlos en dos o en cuartos dependiendo del tamaño. Os quedará un platito muy rico.

Gratinado de morcilla dulce

La cocina no siempre requiere que nos pasemos un montón de tiempo para preparar cosas ricas. Sobre todo entre semana, buscamos algo fácil y rápido pero no por ello menos sabroso. Este es un plato excelente para solventar una buena cena. El protagonista principal es la morcilla dulce. Supongo que algunos estaréis más acostumbrados a ver la versión salada. Aunque existen muchas variantes (de cebolla, puerro, etc) la más conocida es la morcilla de Burgos que a mi particularmente no me gusta demasiado, al menos las que he probado hasta ahora. En cambio la dulce me parece realmente deliciosa, singular, exquisita por eso creo que es injustamente menos popular. La verdad es que me trae muchos recuerdos de mi infancia porque mi yaya Hortensia (a la que adoro) es de un pueblecito de Soria. Allí junto con sus hermanas cada año hacían la matanza en la que por supuesto no podía faltar la deliciosa morcilla de piñones y cómo les salía. Es imposible describirlo con palabras,  eran simplemente deliciosas, exquisitas, nunca he probado nada igual. ¡Lo que daría yo por volver a hincarle el diente a una! Por otra parte en la despensa de mi tía Pilar tampoco faltaban nunca el chorizo, el salchichón, las costillas y el lomo. Las viandas se guardaban una vez fritas en ollas de barro y se cubrían con aceite. Era un espectáculo y un auténtico manjar. La verdad es que ahora me da muchísima rabia no haber tomado parte en ese ritual con mi yaya. En los pueblos era casi una festividad que reunía a toda la familia. Nadie quería perdérsela. Mis primos de Barcelona venían ese fin de semana para tomar parte en el evento casi más importante del año. Lo recuerdo con nostalgia pensando en todas esas tradiciones que se van perdiendo y que servían para juntar a las familias con todos los primos y hermanos. Los niños comíamos en una mesa distinta de la de los mayores y cada uno ayudaba en lo que podía. Siempre había sito para uno más y todos eran bien recibidos. Qué recuerdos.




Supongo que gracias a la proximidad de la riojana Sierra de Cameros con las tierras sorianas, aquí tenemos la suerte de poder disfrutar de la morcilla dulce todo el año. Y lo cierto es que en la carnicería donde las compro se dan un aire a las que preparaba mi yaya aunque por supuesto no hay ni punto de comparación. Por eso hoy quiero dedicarle este post a ella que tanto me ha hecho disfrutar. Va por ti yaya, con todo mi cariño, en recuerdo de las mejores morcillas dulces del mundo, las que tu nos preparabas con tanto esmero.

Los que queráis saber algo más sobre la receta de la morcilla dulce podéis pinchar aquí. Y antes de ponerme con la elaboración de hoy quería deciros que la forma más habitual de disfrutar de esta delicia es como postre. Simplemente frita para mi es como más deliciosa está. Para ello se corta en rodajas gorditas y se fríe en una sartén a fuego fuerte durante poco tiempo para que la parte exterior se nos quede crujiente y el interior quede suave y jugoso. Es una delicia, probadla.

INGREDIENTES

1 Morcillas dulces, 3 puerros, bechamel y pan rallado


ELABORACIÓN

Lo primero de todo será lavar el puerro y picarlo bien finito. En una sartén ponemos una gotita de aceite y algo de mantequilla para saltear. Salpimentamos y mientras dejamos al fuego durante 2 ó 3 minutos retiramos la piel de la morcilla y colocamos el relleno en la misma sartén que el puerro para rehogarlo todo junto durante un par de minutos. No queremos dejarlo más porque se nos terminará de hacer en el horno. En la fuente en la que lo vayamos a hornear colocamos una capa de puerro y encima una capa de morcilla. Cubrimos con una bechamel muy ligera, espolvoreamos con algo de pan rallado y metemos al horno para gratinar. Si queréis también podéis añadirle una pera rallada, le va fenomenal pero así mismo ya está rico. Espero que os guste. Un besito.

Empanada de pimientos casi griega


Bueno, pues de momento mi ordenador sigue en la UVI a la espera de que nos digan si saldrá de esta o no así que continuo escribiendo desde la biblio. Parece que no pero hoy en día sin Internet, como que uno no se apaña. En fin, es lo que tienen las cosas, que muchas veces te das cuenta de lo que las necesitas cuando no las puedes tener.

Hoy quería compartir con vosotros una receta muy facilita y para mi gusto deliciosa, inspirada en la cocina griega. Creo que ya os he dicho en alguna otra ocasión que en Grecia se hacen empanadas casi con cualquier ingrediente. La tradición de elaborar este tipo de preparaciones se remonta muy atrás en el tiempo. De hecho ya en el siglo V a. C. aparecen referencias a este tipo de pasteles en las obras de Aristófanes. Aquí en España también tenemos, sobre todo en el norte, gran tradición en la elaboración de empanadas y sobra decir que también están muy ricas. Pero que queréis que os diga, he probado unas cuantas recetas de masa de empanada y ninguna me acaba de convencer así que esta vez decidí cambiar la masa hecha en casa por hojaldre comprado y el resultado ha sido simplemente espectacular. Claro que el relleno también estaba riquísimo y todo en su conjunto, delicioso. Si os gustan los ingredientes no dudéis en hacerla porque, de verdad, os va a encantar. La mezcla de pimientos y queso feta, ummm... ¡qué rica! No os la podéis perder. Para mi ha sido todo un descubrimiento.

INGREDIENTES
Dos placas de masa de hojaldre (yo utilizo el de Lidl porque me gusta más), pimientos de bote, atún en aceite, queso feta, azúcar, sal, nata líquida y 2 huevos (uno para el relleno y otro para pintar la empanada)

ELABORACIÓN
La elaboración es muy sencilla y rápida. Empezamos haciendo el relleno. Lo primero de todo será cortar nuestros pimientos en tiras. ¿Cuántos vamos a necesitar? Los suficientes para cubrir toda la superficie de la masa. Una vez los tengamos listos (en tiras) los espolvorearemos con una cucharadita de azúcar. Mezclamos bien y llevamos al micro durante 40-60 segundos para que el azúcar se funda y se adhiera a nuestros pimientos, de este modo luego se "caramelizarán" ligeramente en el horno mejorando su sabor. Una vez los tengamos listos los mezclaremos con el atún desmenuzado, al gusto. Finalmente añadiremos el queso feta en pequeños trocitos para que esté bien esparcido por la mezcla. Estiramos nuestro hojaldre y forramos la base del molde con una capa. Yo utilicé unos moldecitos individuales de Emile Henry que son una monada y que quedan estupendos pero cualquiera os puede servir. Lo único importante es que tengan algo de profundidad para que podamos meter bastante relleno y nos queden las empanadas gorditas. A continuación cogemos el huevo y separamos la llema de la clara. Utilizamos esta última para pintar el hojaldre que acabamos de colocar en nuestro molde, de ese modo crearemos una finísima película que lo impermeabilizará evitando que luego se reblandezca con la humedad del relleno. Seguidamente colocamos encima la mezcla de pimientos, atún y queso Feta llenando casi por completo el espacio. Una vez lista batimos un huevo con un chorrito generoso de nata y volcamos lo que quepa sobre el relleno. Cubrimos con la otra placa de hojaldre, doblamos los bordes para cerrarlos, pintamos con la yema de huevo y llevamos al horno siguiendo las indicaciones del fabricante. Normalmente el hojaldre se hornea a 180-200ºC durante 20-25 minutos. Cuando esté lista la empanada se saca, la dejáis reposar un ratito y a disfrutar. Tibia o incluso al día siguiente ligeramente templada en el micro está deliciosa. Espero que os guste.

Pastichio con puerros -delicioso-

Ya sabéis que me encanta la cocina mediterránea, sobre todo la europea. En realidad me chiflan los platos caseros que elaboran las mamás y las abuelas a lo largo y ancho de todo el Mediterráneo. Esa cocina tradicional, hecha con mucho amor, cuyos sabores ni siquiera Ferrán Adriá ha podido superar. Es curioso cómo compartiendo los mismos ingredientes básicos (aceite de oliva, verduras, frutas...) cada región tiene sus propios matices creados gracias a la utilización de hierbas, especias o quesos que la diferencian de las demás. El plato que hoy os traigo podría perfectamente pertenecer a esta categoría. Es un plato sencillo a la par que delicioso. Una de esas joyas a las que no se les hace justicia, tal vez porque nunca lo encontraremos en la carta de ningún afamado restaurante. Esa es la idiosincrasia de nuestros días, pagamos sumas significativas de dinero por platos que están muy lejos de resultar tan apetecibles como los que cocinamos en nuestra propia casa.

A veces cuando viajo, sobre todo a un país extranjero, me pregunto que comerán en sus casas las gentes del lugar y siempre pienso que me encataría poder entrar en sus cocinas para probar el auténtico sabor de la cocina tradicional y aprender de primera mano esas recetas. Claro que como no resulta muy factible eso de invadir la intimidad ajena, lo suyo es buscar sitios sencillos en los que come la gente del lugar, apartados de los locales típicos de comida para turistas. A veces se encuentran verdaderos tesoros.



Esta receta que os pongo hoy es uno de ellos. En realidad es una variación del Pastitsio que ya os he puesto aquí aunque el resultado de parecido sólo tiene el nombre. Sin embargo las dos recetas son igualmente deliciosas. Así que para aquellos que visitáis mi cocina desde el hemisferio sur y para los que, en el hemisferio norte, queráis aprovechar algún día más fresquito para encender el horno (aquí estamos teniendo un montón) os dejo esta receta con la que disfrutaréis como si estuviérais en una de esas cocinas maravillosas que mira al Mar Egeo.

INGREDIENTES

1/2 kg. de macarrones, 1 kg. de puerros ya limpios, mantequilla, 4 huevos, 350 ml. de nata líquida, queso feta (opcional), queso rallado, aceite de oliva, sal y pimienta


ELABORACIÓN

En primer lugar tenemos que limpiar bien, bajo el grijo, nuestros puerros. En la parte más gruesa conviene hacerles uno cuantos cortes en vertical para que el agua limpie bien la tierra que siempre queda entre las capas más externas. Una vez limpios los picamos finitos. Cuando los tengamos listos en una cazuela añadimos un chorrito de aceite y la mantequilla y seguidamente los puerros salpimentados. La combinación con la mantequilla resulta deliciosa pero es necesario añadir un pequeño chorrito de aceite de oliva para evitar que se nos queme. Los vamos a dejar rehogando durante cinco minutos. Mientras tanto cocemos la pasta. Cuando estén listas las dos cosas mezclamos bien. Si queréis podéis añadir a la mezcla trocitos de queso Feta desmenuzados, le da un sabor delicioso. Ponemos todo en la fuente que vayamos a llevar al horno. A continuación espolvoreamos generosamente con nuestro queso rallado que utilizaremos para gratinar. Seguidamente mezclamos los huevos y la nata y vertemos homogéneamente por la fuente. Llevamos al horno a 180º C durante 15-20 minutos. Sacamos, dejamos reposar 5 minutos y listo para servir.

Algunas variaciones de este plato utilizan el relleno para hacer capas alternando cada una con otra de rodajas de tomate. En otras versiones junto con el tomate se le añade también aceitunas negras bien picaditas. Otra opción es añadir algo de vino blanco cuando estamos rehogando los puerros. O si preferís podéis sustituir la nata líquida por una bechamel clarita. Y también tiene que estar delicioso si le añadimos unas gambas. No os quejaréis de que no os doy ideas. Ale, ahora a prepararlo y Kalí sas órexi (buen provecho).

Garbanzos de Adelina


Ya sé que últimamente tengo un poco abandonado el blog y los vuestros también. La verdad es que ahora mismo tengo que dedicar todas mis energías a otra cosa más importante así que os pido un poco de paciencia. No me voy a olvidar de vosotros. No penséis que os vais a deshacer de mi tan fácilmente, justo ahora que nos ibamos conociendo y que os he ido cogiendo cariño a todos. Pero de momento me temo que tendré que desaparecer como el Guadiana, aunque no os digo que de vez en cuando no aparezca por aquí en los próximos meses. Seguro que cuando tenga un ratito seguiré visitando vuestros blogs aunque probablemente no tenga tiempo de dejaros algún comentario. Pero cuidadín con lo que hacéis que aunque parezca que no, os vigilo (je,je,je) Así que a portarse bien, que no me entere yo.

Hoy os dejo una canción de Taxi que voy a tener muy presente durante los próximos meses. Alguien que me conocío muy bien me dijo en una ocasión que le admiraba que siempre que me proponía algo acababa saliéndome con la mía, por muy disparatado que pudiera parecer y efectivamente tenía razón. El único problema es que a veces nos da miedo soñar, no sea que nuestros deseos se hagan realidad. Pues nunca debemos olvidar que, como dijo Henry Ford, "Tanto si cree que puede como si cree que no puede, tiene usted razón." Así que señor Ford, esta vez quiero, luego puedo. ¡Sí!

GARBANZOS de ADELINA



Antes de irme os dejo una receta facilita y rica a más no poder. La encontré en el blog de Adelina que podéis visitar aquí. Tiene cosas estupendas. Os dejo con sus explicaciones.

INGREDIENTES

Uno o dos botes de garbanzos , 1/2 cabeza de ajos, un paquete de beicon y perejíl.



ELABORACIÓN

Primero freimos los garbanzos en aceite de oliva. Mientras se hacen troceamos el resto de los ingredientes. Cuando los garbanzos estén doraditos los sacamos y escurrimos bien sobre papel absorvente para quitar el exceso de grasa. Vaciamos de aceite de nuestra cazuela y freimos los ajos con el beicon. Cuando esté listo mezclamos todo, añadimos el perejíl, le damos unas vueltas y a servir. La verdad es que es sencillo y está rico, rico. El truquito es que el ajo no se haga demasiado. Espero que os guste. Un besito y gracias por pasaros por aquí.

Sopa de garbanzos con puerros a lo Jamie Oliver

Me voy de vaciones hasta la semana que viene pero antes no me resisto a compartir con vosotros esta receta que no por sencilla deja de ser menos deliciosa. A veces los platos sin demasiadas complicaciones son un auténtico manjar, pensad sino en la tortilla de patata. La que podemos montar con dos ingredientes tan humildes. Yo sé de más de uno que, como diría Belén Esteban, por una rica tortilla de patata MA-TA.


En mi casa los garbanzos casi siempre se han comido acompañados de verdura y es que mi madre hace un puré con berza que está para chuparse los dedos. Es una de esas recetas en las que siempre hay unanimidad, tanto entre los mayores como entre los niños. Por eso cuando hace 6 años descubrí de la mano de otro de mis cocineros favoritos, Jamie Oliver, una receta de garbanzos acompañados de una especie de puré de puerros no las tenía todas conmigo. Pensé que en mi casa, siendo como son tan exigentes con la comida, sería difícil contentarles con una alternativa diferente al plato de mi madre. Pero afortunadamente no fue así. Y esta receta que hoy os presento suscitó la misma unanimidad que la anterior. Si os gusta el puerro tenéis que probarla porque os encantará. Es un plato sencillo y rápido de preparar pero con un resultado de sobresaliente. A mi la verdad es que esta verdura cada vez me gusta más. Hace poco, gracias a un amigo al que adoro, tuve la suerte de probar unas cazuelitas de puerro y morcilla que estaban deliciosas. Desde entonces, cada vez que tomo esta verdura, me acuerdo de él. Así que va por ti Manu. Un beso, guapo.