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Malloreddus alla campidanese

No sabéis las ganas que tenía de probar por fin los malloreddus. Siempre me ha intrigado esta pasta con una forma un tanto peculiar. No os diré a qué me recordaron la primera vez que los vi (seguro que más de uno lo habrá pensado también) pero sí que no he parado hasta dar con ellos y como el resultado me ha parecido muy interesante y sé que os gustará hoy ponemos rumbo a Cerdeña, esa enigmática isla bañada por las aguas del Mar Tirreno y el Mar Mediterráneo.


Todos sabéis que Italia es el país de la pasta. Cada región tiene sus especialidades. Algunas se diferencian casi exclusivamente en el nombre. Lo que unos llaman fettuccine, en Bolonia, por ejemplo, se conocen como tagliatelle, en Génova como Bavette y en Liguria como Linguine. Lo mismo sucede con los spaguetis, vermicelli, capellini o bigoli. Vamos, lo que viene siendo un lío de padre y muy señor mío. La verdad, siempre me ha parecido sorprendente que el ser humano sea el único animal sobre la faz de la tierra que parece no estar muy interesado en comunicarse con los de su misma especie. Sólo así se entiende que una misma cosa pueda tener diez nombres diferentes en un radio de 90 Km. ¿No es para volverse loco? Así no hay quien se aclare. Incluso en la misma Cerdeña los malloreddus se conocen también como gnochetti sardi (ñoquis sardos) y con algunos otros apelativos provenientes de otros tantos dialectos locales (maccarrones cravaos, maccarrones caidos, etc.) En lo que parece que hay unanimidad es en que los malloreddus (junto con la fregola de la que os hablaré en otra ocasión) son los dos tipos de pasta más populares de Cerdeña. Tradicionalmente se sirven con ragús/salsas a base de carne como ésta deliciosa que os traigo hoy, típica de una de las ocho provincias en la que se divide la isla, la región de Medio-Campidano. Y ¿qué tiene de especial esta receta? Pues un toque muy interesante que le aportan las semillas de hinojo y que hacen que la santísima trinidad de la cocina italiana, la base de casi todos sus sofritos  (la combinación de cebolla, apio y zanahoria) adquiera una dimensión totalmente diferente. ¿Queréis saber cómo prepararla?

Filetes de lomo empanados (Pork schnitzels) de Tessa Kirós

Como os decía el otro día, ésta es la primera de las entradas programadas que os prometí. Es una receta sencilla pero de esas que merece la pena guardarse para diario porque su sabor conquista tanto a los mayores como a los más pequeños de la casa. Aunque se trata de una receta finlandesa de mi querida Tessa Kirós (de ahí lo de Pork schnitzels), la forma de prepararlos es muy parecida a como siempre los ha hecho mi madre y el resultado en ambos casos es igualmente sorprendente. Parece mentira que con ingredientes tan sencillos un simple filete de lomo pueda transformarse en algo sublime para el paladar.
Lo bueno es que se trata de un básico que podéis tunear añadiendo los sabores que os resulten más apetecibles. Podéis incorporar un poco de jengibre o salsa de soja a la marinada para darle un toque oriental. Si preferís un aire moruno podéis añadir ras el hanout o una pizca de orégano y un poco de comino. También podéis sustituir el romero por cualquier otra hierba que os guste más aunque procurad que sea fresca pues para esta preparación queda mucho mejor. Si preferís podéis eliminar el ajo picado, incluso el pimentón y añadir curry o mostaza en polvo en su lugar. Si os gusta podéis exprimir un poco de limón justo antes de servirlos o acompañarlos de una mayonesa aromatizada con limón y unas hojitas de estragón. Las posibilidades son casi infinitas aunque os recomiendo que probéis primero esta sencilla versión que os reconfortará en los días fríos del invierno.  Si servís los filetes de lomo acompañados de una ensalada verde y unas patatas fritas tenéis un plato completo. 

La verdad es que en casa nos encanta en cualquier época del año y es un plato que se prepara a menudo. Ya lo hacía mi abuela, después también mi madre y ahora yo. Además este todoterreno es la solución perfecta para los calurosos días de verano. Una propuesta  estupenda para llevar de picnic o a la piscina y es que está igual de rico recién hecho que una vez se ha enfriado. Por eso en verano es mejor hacer una fuente grande y guardar lo que sobre en la nevera para poder echar mano de un socorrido segundo plato, en cualquier momento. Incluso para preparar un buen bocata. ¿Os animáis a probarlo?

Pollo en escabeche

Como sigo sin ordenador, hoy otra entrada programada. Un plato que me hace retroceder a la infancia. No recuerdo un sólo verano en el que mi madre no nos prepara un delicioso escabeche y es que, con el calor, nada mejor que un plato bien fresquito que podemos tener hecho de antemano. Este año todavía no habíamos comido ninguno y estos días me ha tocado prepararlo a mi. Como quería elaborar mi propia versión del escabeche decidí echar un vistazo a mis libros de cocina y sorprendentemente ni siquiera en los manuales antiguos aparecían muchas recetas de este tipo. Sin embargo el escabeche es un clásico de nuestra gastronomía nacido de la necesidad de conservar los alimentos en una época en la que, a falta de modernos frigoríficos como los actuales, resultaba imprescindible ingeniar la manera de conservar durante más tiempo las viandas perecederas. De esta necesidad nacieron también los ahumados, los salazones, las conservas en manteca o aceite. Gracias a ello hoy podemos disfrutar de platos deliciosos como el que os traigo. Son esos sabores tradicionales con los que disfruta toda la familia. He querido compartirlo con vosotros porque me parece una pena que este tipo de recetas se vayan olvidando cuando resultan especialmente deliciosas en verano. La versión que os traigo está inspirada en un libro de cocina muy interesante titulado "La cocina popular de Málaga". Está lleno de las recetas que se cocinan en los fogones de esa tierra tan maravillosa y como muestra el escabeche de hoy que, de verdad, si pudiérais probarlo, está delicioso.

INGREDIENTES

1 Pollo grande ya limpio y troceado, 1/2 ligro de vino blanco, 1/2 litro de vinagre de vino blanco, 1/2 litro de aceite de oliva virgen extra, 2 hojas de laurel, 4 dientes de ajo (sin pelar9, 1 zanahoria, tomillo fresco (al gusto), romero fresco (al gusto), pimienta negra en grano (al gusto aunque debe ser abundante


ELABORACIÓN

Es un plato sencillo. Sólo tenéis que sofreir el pollo para sellar la carne. A continuación salpimentamos y sacamos de la cazuela. Es mejor hacerlo en dos tandas. En la misma cazuela donde hemos rehogado la carne salteamos la zanahoria cortada en rodajitas durante un par de minutos. A contuinuación añadimos la carne y seguidamente los líquidos, los dientes de ajo, las hierbas aromáticas y los granos de pimienta negra. Dejamos cocer durante 15-20 minutos y retiramos del fuego. Tapamos bien la cazuela y dejamos reposar así durante media hora. Pasado ese tiempo podemos destapar la olla. Dejamos enfriar y metemos a la nevera. Es mejor dejar reposar un par de días antes de probarlo (si podéis) porque de ese modo se asientan los sabores y el resultado es, si cabe, más delicioso aún. Espero que os guste porque es una delicia. El escabeche se puede elaborar incorporando también otros vegetales o añadiendo sólo aceite y vinagre al puchero y también está igual de delicioso.

Manitas de cerdo en salsa de almendras

Hace unos días Ana publicó en su blog una deliciosa receta que no quería dejar en mi lista de pendientes hasta el año que viene así que he aprovechado estos días más fresquitos para ponerme manos a la obra. Estas manitas son uno de esos platos contundentes de la cocina de siempre que tanto nos reconfortan en los días más crudos del invierto. Son los sabores de antaño, la comida de puchero, de las abuelas. Y como no podía ser de otro modo, rico, rico. Aquí os dejo el enlace de Ana para que veáis su paso a paso, impresionante.



INGREDIENTES


3 manitas de cerdo partidas por la mitad, 1 vaso de vino blanco, una hoja de laurel, una cebolla, una cabeza de ajos, 2 tallos de chorizo, sal, una pizca de azafrán, unas bolitas de pimienta negra, 200 gr. de tomate frito casero, 150 gr. de almendras fritas, 3 rebanadas de pan frito y 2 ajos fritos.

ELABORACIÓN

Ponemos agua en la olla y le añadimos un buen chorrito de vinagre blanco. A continuación metemos muestas manitas de cerdo y dejamos cocer sin tapar hasta que comience a hervir. Dejamos hervir durante 3 ó 4 minutos, sacamos nuestras patitas y tiramos el agua de cocción. De ese modo eliminamos las impurezas de nuestras patitas y ese sabor fuerte del caldo. Volvemos otra vez a introducir las manitas en la olla esta vez junto con los gramos de pimienta, la cabeza de ajos, el chorizo cortado en rodajitas gruesas y la sal. Cubrir de agua. Yo le pongo también un vasito de vino blanco. Cerramos ahora sí la olla y cocemos hasta que estén tiernas las manitas. Como mínimo unos 30-35 minutos.