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Filetes de lomo empanados (Pork schnitzels) de Tessa Kirós

Como os decía el otro día, ésta es la primera de las entradas programadas que os prometí. Es una receta sencilla pero de esas que merece la pena guardarse para diario porque su sabor conquista tanto a los mayores como a los más pequeños de la casa. Aunque se trata de una receta finlandesa de mi querida Tessa Kirós (de ahí lo de Pork schnitzels), la forma de prepararlos es muy parecida a como siempre los ha hecho mi madre y el resultado en ambos casos es igualmente sorprendente. Parece mentira que con ingredientes tan sencillos un simple filete de lomo pueda transformarse en algo sublime para el paladar.
Lo bueno es que se trata de un básico que podéis tunear añadiendo los sabores que os resulten más apetecibles. Podéis incorporar un poco de jengibre o salsa de soja a la marinada para darle un toque oriental. Si preferís un aire moruno podéis añadir ras el hanout o una pizca de orégano y un poco de comino. También podéis sustituir el romero por cualquier otra hierba que os guste más aunque procurad que sea fresca pues para esta preparación queda mucho mejor. Si preferís podéis eliminar el ajo picado, incluso el pimentón y añadir curry o mostaza en polvo en su lugar. Si os gusta podéis exprimir un poco de limón justo antes de servirlos o acompañarlos de una mayonesa aromatizada con limón y unas hojitas de estragón. Las posibilidades son casi infinitas aunque os recomiendo que probéis primero esta sencilla versión que os reconfortará en los días fríos del invierno.  Si servís los filetes de lomo acompañados de una ensalada verde y unas patatas fritas tenéis un plato completo. 

La verdad es que en casa nos encanta en cualquier época del año y es un plato que se prepara a menudo. Ya lo hacía mi abuela, después también mi madre y ahora yo. Además este todoterreno es la solución perfecta para los calurosos días de verano. Una propuesta  estupenda para llevar de picnic o a la piscina y es que está igual de rico recién hecho que una vez se ha enfriado. Por eso en verano es mejor hacer una fuente grande y guardar lo que sobre en la nevera para poder echar mano de un socorrido segundo plato, en cualquier momento. Incluso para preparar un buen bocata. ¿Os animáis a probarlo?

Sardinas a la plancha con semillas de hinojo

Me encanta cuando llega el verano y se pueden disfrutar unas buenas sardinas en todo su esplendor: buen precio, buen tamaño y mejor sabor gracias fundamentalmente a que las reservas de grasa de este pescado azul se encuentran en su momento óptimo y no es casualidad. En los meses de verano aumenta la temperatura del agua lo que hace que el placton sea más abundante. Y como hay más comida disponible, las sardinas aprovechan y se ponen moradas lo que produce un aumento en su grasa corporal y eso se traduce en que al comerlas resultan más sabrosas y aromáticas. Sólo durante estos meses es como si pasaran de ser jamón serrano a convertirse en un auténtico pata negra. Así que antes de que se acabe ese momento mágico, os invito a que disfrutéis de todo su sabor si todavía no lo habéis hecho.


Hay mil maneras de preparar las sardinas (las mejores a la brasa) pero ésta que os traigo hoy es la más sencilla de hacer en casa y la que nos permite disfrutar al máximo de todo su sabor. Es tan fácil que no requiere trabajo alguno. Hoy no os pongo cantidades ni ingredientes porque veréis que la cosa no tiene complicación. Se trata sólo de limpiar bien las sardinas bajo el grifo. Frotarlas con las manos para quitarles las escamas. A continuación las secamos con papel de cocina y mientras tanto vamos preparando la sartén tipo carmela. Para poner las sardinas tiene que estar bien caliente. No le ponemos nada de aceite porque con la grasa de las sardinas es suficiente. Salamos la sartén (según algunos cocineros esto ayuda a que no se peguen las cosas) y ponemos las sardinas enteras. Les añadimos sal en escamas. Las dejamos 3 ó 4 minutos por cada lado (dependiendo del tamaño) a fuego medio/alto y listas para comer. Cuando están bien hechas los lomos salen solos.

Atún a la provenzal con guarnición -delicioso-

Hoy os traigo un dos por uno que ha sido, en cierta manera, un descubrimiento totalmente inesperado. Para acompañar el atún por un lado una salsa de tomate a la provenzal y por otro una solución perfecta para todos aquellos a los que no les gusta complicarse en la cocina pero que, sin embargo, no están dispuestos a renunciar a disfrutar en la mesa. Sí, yo también pertenezco a ese club y por cierto, si tengo que elegir  me quedo con esta última opción: más rica y fácil imposible. ¿Queréis saber cuál es?

Creo que ya os he dicho en alguna ocasión que me encanta la cocina provenzal. Sus despensas rebosan de sabores mediterráneos: tomates, aceitunas negras, queso de cabra, higos frescos, anchoas, miel, hierbas provenzales. ¿Quién se puede resistir? Por eso cuando descubrí esta receta en un libro de cocina que me apasiona, The provençal cookbook me enamoré nada más verla y mi instinto no se equivocaba: ha superado con creces todas mis expectativas aunque no de la manera que yo imaginaba.

Veréis, si el atún con la salsa de tomate, chalotas y aceitunas negras (a la provenzal) está rico, si lo servimos acompañado de puré de patata se convierte en algo simplemente espectacular. Claro que no es un puré de patata cualquiera (ya lo veréis) aunque no por ello deja de ser igual de sencillo. En mi opinión es el acompañamiento perfecto para un buen atún a la plancha.  Y la verdad es que bien pensado tiene toda la lógica del mundo. Seguro que habéis oído en más de una ocasión decir que el atún "no sabe a pescado" ya que por su textura y su alto contenido en proteínas se parece más a la carne. Y qué mejor acompañamiento para una carne a la brasa que su guarnición de patatas fritas. Un clásico irresistible, ¿verdad? Pues aún más irresistible es este filete del mar acompañado de esta guarnición especial. ¿Quéréis descubrirla?


INGREDIENTES para el atún a la provenzal

450 grs. de tomates que estén bien maduros, 5 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, 2 chalotas, 2 dientes de ajo, 1 cucharilla de hojas de tomillo fresco (o en su defecto algo menos de tomillo seco), 2 cucharadas de albahaca fresca (si no tenemos prescindiremos de ellas porque la hierba en seco aruinaría el plato), 6 aceitunas negras a las que les vamos a quitar el hueso, 4 lomos de atún, pimienta negra y sal

Para la guarnición de puré de patata aromatizado con ajo y mostaza de Dijon

900 grs. de patatas, sal, 2 ó 3 dientes de ajo, 2 ó 3 cucharaditas de mostaza de Dijon en grano, 5 cucharaditas de aceite de oliva virgen extra y 2 cucharaditas de perejil fresco picado

Ensalada de cuscús con trigueros, a la mostaza

Sí, ya sé que es la tercera receta con mostaza en lo que va de verano pero es que en casa es un ingrediente que nos encanta y yo la utilizo muy a menudo. Además, como sé que muchos la comprásteis para preparar el salmorejo de espárragos a la mostaza así tenéis otra receta más para disfrutarla. Y como este fin de semana promete ser axfisiante (aquí en España) hoy os traigo un plato sencillo, de esos que no necesitan demasiada preparación. Es fresquito y deliciosamente sorprendente gracias al toque especial que le aporta la mostaza, os gustará.


Supongo que todos o casi todos conoceréis el cuscús.  Es un plato muy popular en la cocina del Norte de África. En realidad el nombre se refiere tanto al grano de sémola de trigo duro que sirve de base al plato, como al estofado (de carne, legumbres, pescado o verduras) que lo acompaña.

Antiguamente, las familias compraban grandes sacos de trigo duro entero y lo llevaban al molino, mientas vigilaban  atentamente para asegurarse de que les devolvían molido su propio cereal. Se podían obtener diferentes grosores. A partir de ese momento comenzaba un proceso de elaboración largo y complejo que siempre ha estado rodeado de un halo de romanticismo. Una vez en casa, lo cribaban, lo humedecían y lo frotaban entre las manos con harina fina. De esta manera los granos de sémola, aumentaban de volúmen. Después se llevaba a cabo la tradiccional cocción al vapor en cuscusera.

Yo siempre había pensado que el cuscús que encontramos en España (precocido) seguramente estaba a años luz de ese otro elaborado a la manera tradicional, con cocción al vapor. Por eso me sorprendió mucho cuando vi que Claudia Roden, confesaba en varios de sus libros de cocina (Arabesque y El libro de la cocina judía) que en una visita a una fábrica de cuscús en Túnez allá por el año 1993, el propietario de la misma al ser preguntado sobre la mejor manera de prepararlo confesó que lo importante es que absorba un volumen igual de agua. A continuación lo único que hay que hacer es calentar el cereal en una cazuela, en el horno o en el microondas y deshacer los grumos (por ejemplo con ayuda de un tenedor). Y añadió: Si la gente lo cuece al vapor, es porque están acostumbrados a hacerlo así. Es un ritual, es parte de su cultura. 

O sea que con el cuscús precocido que encontramos en nuestros comercios el resultado es el mismo que obtendríamos de la manera tradicional, sólo que con menos esfuerzo. Asi que si no lo habéis probado nunca aquí tenéis una oportunidad. Os va a encantar salvo que no os guste la mostaza, claro, porque es lo que le da el toque especial a esta receta.


INGREDIENTES

250 grs. de cuscús, 250 ml. de agua, 35 grs. de mantequilla, 2 botes de garbanzos ya cocidos, 2 manojos de espárragos trigueros, 3 cucharadas de aceite de oliva, un paquete de lonchas de bacon ahumado (tipo Oscar Mayer) que cortaremos en tiritas, mostaza al gusto, 6 cucharadas de aceite de oliva virgen extra y 2 cucharadas de vinagre

ELABORACIÓN

Lo primero es cocer el cuscús siguiendo las instrucciones del fabricante. Los granos se hidratan siempre en un líquido. Para esta elaboración utilizaremos agua con sal y una cucharada de aceite.



Una vez que la sémola está rehidratada añadiremos la mantequilla mientras con ayuda de un tenedor "peinamos" los granos para soltar todos los grumos que se hayan podido formar.  

A continuación lavamos bien los espárragos trigueros. Lo más importante para que nos queden perfectos es desechar la parte más leñosa (la del culo) porque resulta demasiado dura. Pero, ¿cómo saber exactamente dónde hay que cortarlos? La mejor manera es hacerlo a mano. Si cogéis un espárrago sujetando cada extremo con una mano e intentáis partir el extremo más leñoso (justo en el lado opuesto de la yema) veréis que al hacer fuerza se rompe fácilmente por el sitio adecuado.  Los culos los podemos guardar, incluso congelar y utilizarlos para preparar una crema de verduras. La parte más tierna del espárrago la partimos en pequeños daditos y la salteamos en una sartén a fuego medio durante unos cinco minutos. Salpimentamos y esperamos a que los trigueros se terminen de hacer. Cuando estén listos veréis que cambian de color, pierden un poco de volumen y empiezan a arrugarse.  Entonces retiramos del fuego y reservamos. 

Seguidamente salteamos los trozos de bacon en una sartén con un poco de aceite (para evitar que se quemen aunque ellos ya tienen su grasita). A mi personalmente los paquetes de Oscar Mayer o similar son los que más me gustan para esta prepración pero lo podéis sustituir por otro tipo de bacon si os gusta más. Cuandoesté dorado y crujiente lo sacamos a un plato con papel absorbente y lo reservamos.

Ahora hacemos nuestra vinagreta mezclando seis cucharadas de aceite y dos de vuestro vinagre favorito. Seguidamente incorporamos mostaza al gusto, procurando ser generosos. Empezad añadiendo una o dos cucharadas y lo probáis para ver si está a vuestro gusto.

En un bol mezclamos todos los ingredientes: el cuscús ya cocido, los garbanzos bien lavados y escurridos, los espárragos trigueros, el bacon, la vinagreta con la mostaza. Lo llevamos a la nevera y lo dejamos enfriar. En un par de horas ya lo tenemos listo para servir.


SUGERENCIAS y COMENTARIOS

La verdad es que el éxito de este plato radica en la mostaza que es la que le va a aportar ese toque especial, por eso es importante elegir una mostaza de calidad. Utilizad la que más os guste.

Para los que todavía no hayáis encontrado vuestra mostaza (sí, es como el perfume, todos tenemos una) hace pocos días en la receta de salmorejo de espárragos a la mostaza, os hablaba de la mostaza Calvé y os explicaba por qué es la que me gusta a mi para este tipo de elaboraciones. Pues bien, la semana pasada fui al centro comercial donde solíamos comprarla y para mi sorpresa no tenían. De hecho, me ha sido imposible encontrarla en ningún otro establecimiento. Finalmente he llegado a la conclusión de que han dejado de fabricarla ya que el producto ya no aparece tampoco en su página web. Lástima, era realmente deliciosa. Así que después de esa pequeña decepción no me ha quedado otra, después de un montón de años, que comprar otra mostaza distinta. Me decidí por la de Hellmann's (por su aspecto me recordaba a la de Calvé) y al llegar a casa me llevé una grata sorpresa al comprobar que su sabor se parece mucho al de Calvé aunque la mostaza Hellmann's es algo más fuerte (se nota más el vinagre), la otra era un poco más dulce qué le vamos a hacer. Así que a partir de ahora ésta será mi nueva mostaza favorita.

Otra cosa que quería contaros es que esta vez preparé la receta con el cuscús de Intemón Oxfam y no sé si era porque tenía hambre cuando se estaba cocinando pero a mi me olía a caldo de jamón, riquísimo. Os cuento esto porque cuando puedo, colaboro con alguna receta para el facebook de Intermón Oxfam La Rioja. La "culpa" la tiene Eva (una de mis mejores amigas). Es una de las personas más increíbles que conozco y como siempre tiene que estar ayudando a los demás, pues esta vez me ha liado la manta a la cabeza para que de vez en cuando les haga alguna receta con los productos que venden en su tienda. Tienen un montón de cosas ricas con las que no sólo disfrutaréis vosotros sino que además (lo más importante) ayudaréis a que otras personas puedan ganarse la vida dignamente. Si tenéis oportunidad, pasaros por una de sus tiendas.

Bueno, no me enrollo más que disfrutéis del fin de semana.


Escalopines de lomo en escabeche a la mostaza -deliciosos-

Como veréis yo sigo con mi colección de recetas fáciles y deliciosas para tratar de ayudaros un poco en estos días calurosos de verano. Y en esta época del año en la nevera no puede faltar nunca un buen escabeche.  El que os traigo hoy, además de exquisito es especial por varios motivos. Si echáis un vistazo a la lista de ingredientes probablemente os sorprenderá encontraros con mostaza en polvo, semillas de mostaza amarilla, azúcar y miel ya que los escabeches tradicionales suelen aromatizarse con verduras (cebolla, zanahoria, puerro) hierbas y  especias como la pimienta negra, el romero o el tomillo.


Antes de que pongáis cara de escepticismo permitidme que os diga que el resultado es espectacular: Un escabeche suave y deliciosamente aromatizado que en casa nos ha conquistado a todos. Y no penséis que es un público fácil de convencer, al contrario. Les gustan los clásicos y cuando intentas sacarlos de ahí, por inercia, oponen siempre cierta resistencia así que puedo tocar las campanas cuando con una receta como la de hoy hay unanimidad absoluta. Después de probarlo no tuvieron más remedio que rendirse ante la evidencia y la prueba es que ya me han pedido que lo repita así que quedaros con la copla.


El segundo motivo por el que esta receta es especial tiene que ver con los escalopines de lomo que he utilizado, de la gama extratiernos de ElPozo. La verdad es que me han sorprendido muy gratamente. Veréis, cuando estuve haciendo pruebas con esta receta para dar con el resultado que buscaba, en el primer intento utilicé unos filetes de lomo que tenía en la nevera y aunque de sabor estaban impresionantes, quedaron un poco secos. En cambio, cuando repetí la receta con los extratiernos ElPozo el resultado fue perfecto. De verdad, me sorprendió comprobar que efectivamente son mucho más jugosos.  Y todo se debe a su proceso exclusivo de tenderización y a la selección de materias primas que hacen que su la carne sea más tierna y jugosa que la que comemos habitualmente. Además podéis elegir entre una extensa variedad de productos para elaborar vuestros platos preferidos: escalopín de lomo adobado, chuleta de lomo, solomillo... podéis ver todas sus variedades pinchando aquí.


Si los probáis estoy segura de que no os van a defraudar. Y si os animáis a elaborar con ellos vuestra propia receta podréis participar en el concurso que ElPozo organiza en su página web. Sólo tenéis que registraros aquí y enviar vuestra propuesta junto con una fotografía. La receta tenéis que catalogarla como:

"Receta diabólica": Si se trata de un plato atrevido e inteso donde los Extratiernos de ElPozo son el ingrediente perfecto para que tu plato se convierta en un pecado.

o

"Receta celestial": Si se trata de un plato suave y delicado al paladar, elaborado con los Extratiernos de  ElPozo que hará que al comerlo sientas que estás en el mismísmo cielo.

Todas las recetas que enviéis serán publicadas en su web. Posteriormente un jurado elegirá de entre todas ellas las cien mejores para su publicación en el Gran libro de las recetas extratiernas de ElPozo, del que se le hará llegar un ejemplar a cada una de las ganadoras. Animaros a participar. Tenéis de plazo hasta el 20 de agosto. Yo ya lo he hecho con esta receta. Vamos con ella y veréis que fácil.


INGREDIENTES

3 cucharadas de semillas de mostaza amarilla (40 grs.), 2 ramitas de tomillo limonero fresco,  260 grs. de aceite de oliva virgen extra (taza y media), 4 cucharaditas colmadas de mostaza en polvo (16 grs.), 260 grs. de vinagre de vino blanco (taza y media), 180 grs. de vino blanco (una taza), 20 grs. de azúcar y una cucharadita de miel

La elaboración de esta receta no pueder ser más sencilla. Empezamos poniendo en una cazuela una cucharada de aceite en la que vamos a tostar las semillas de mostaza durante un par de minutos a fuego suave. Yo puse el fuego al cuatro. Transcurrido ese tiempo añadimos las ramitas de tomillo limonero fresco que previamente habremos lavado y secado convenientemente. Si no tenéis fresco podéis sustituirlo por media cucharilla de café de tomillo seco. A continuación incorporamos la mostaza en polvo y mezclamos bien intentando deshacer un poco los posibles grumos.


Seguidamente añadimos el aceite de oliva virgen extra, el vinagre de vino blanco, el vino blanco, los 20 gramos de azúcar y la cucharadita de miel. Subimos el fuego para que empiece a hervir y una vez alcanzado el primer hervor bajamos la intensidad del mismo y dejamos que hierva suavemente durante 4 minutos. Transcurrido ese tiempo vamos introduciendo uno a uno nuestros escalopines. Yo no les puse sal porque me pareció que los aromatizantes ya potenciaban el sabor de la carne suficientemente y la verdad es que fue un acierto, quedó en su punto. Dejamos que el conjunto hierva a fuego suave durante unos segundos o hasta que los escalopines empiecen a cambiar de color y se empiecen a poner blancos. En ese instante apagamos el fuego y dejamos enfriar. Cuando estén fríos los ponemos en un recipiente inalterable, los cubrimos con el líquido del escabeche, los tapamos y los guardamos en la nevera. Para disfrutar de nuestros escalopines en todo su esplendor debemos esperar por lo menos 24 horas para que la carne se vaya impregnando de todos los sabores. Pasado ese tiempo ya podemos hincarles el diente, os aseguro que os van a encantar. Que los disfrutéis.


SUGERENCIAS y COMENTARIOS

Como os decía al principio el escabeche es un plato perfecto para esta época del año. Yo diría que es más que eso, es un comodín, un imprescindible en los meses de verano, un todo terreno. Como la carne se conserva perfectamente en la nevera durante varios meses si está totalmente cubierta con la mezcla del escabeche, es de esas recetas que te salvan la vida en cualquier situación: Cuando hace demasiado calor como para encender la cocina, cuando tenemos una visita inesperada, ese día que llegamos a casa agotados y no nos apetece haceros nada para comer. 

Además nuestros escalopines nos sirven también como fiambre si nos apetece, por ejemplo, un sandwich a media tarde.

Y no os digo nada del "caldito" del escabeche, es adictivo. Su sabor suave y delicado es perfecto par convertir un simple trozo de pan en un bocado celestial. Vamos que si tienes hambre, te comes media barra unto tras unto. Ya quisieran muchas salsas comerciales estar la mitad de ricas. Y cuando os terminéis el lomo si todavía os ha sobrado algo de "caldito" podéis aprovecharlo para preparar más escabeche. Ya veis que con los escalopines que vienen precortados el trabajo se simplifica, basta con  abrirlos y ponerlos directamente en la cazuela. No os quejaréis, más fácil no puede ser y más rico tampoco. Espero que os animéis a probarlo. Que disfrutéis del fin de semana  a ser posible sin achicharraros demasiado.

Salmorejo de espárragos a la mostaza -delicioso-

Ya sé que últimamente no hago mas que deciros que todo está riquísimo pero qué queréis que diga si es verdad.  La crema fría de hoy es una de esas recetas que deberían convertirse en un básico del verano por su sabor absolutamente delicioso, sorprendente y refrescante. Por si ésto fuera poco, es ridículamente fácil de preparar. ¡No hay que cocinar nada!

Ya sé que cuando algo me encanta os doy la tabarra en grado sumo pero es que quiero asegurarme de que lo vais a probar sí o sí. ¿Por qué? Pues porque he descubierto un pedacito de cielo y quiero compartirlo con vosotros.


Veréis, normalmente pruebo muchas recetas que no siempre acaban publicándose en el blog. A veces porque es algo que ya está muy trillado, otras porque el resultado no es exactamente el que yo esperaba, a veces porque la fotografía o la receta no están mal pero tampoco acaban de convencerme.


Por eso cuando encuentro algo que me hace disfrutar muchísimo siento la necesidad imperiosa de compartirlo con vosotros para que podáis disfrutar igual que yo.

Y la receta de hoy es de esas que no quiero guardarme sólo para mi así que permitidme que os ponga deberes: aprovechad uno de estos días de calor axfisiante para regalaros un momento de placer en la cena o a media tarde. Cerrar los ojos, poner todos los sentidos en lo que estáis haciendo y simplemente, ¡¡¡disfrutad!!! que de momento es gratis.


INGREDIENTES

Una lata de espárragos blancos de medio kilo con su caldito, un yogur griego sin azúcar (yo utilicé el de Día), dos cucharadas de mahonesa colmadas, tres cucharadas de mostaza (yo utilicé Calvé), dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, unas hojas de albahaca para espolvorear (opcional).


Bueno, pues ahora llega el momento de realizar el esfuerzo titánico que requiere esta receta: poner todos los ingredientes en el vaso de la batidora y darle al botón de triturar. No añadáis desde el principio todo el juguito que trae la lata. En un primer momento poned sólo la mitad y luego vais incorporando el resto hasta conseguir que la crema tenga la textura y  el sabor deseados. Probad por si es necesario rectificar algún ingrediente, colad y llevar a la nevera para que se refresque antes de disfrutar.


SUGERENCIAS

No se os ocurra comprar para esta receta los espárragos más caros de la tienda. Aprovechad esas latas que traen más piezas y que por lo tanto son más baratas. Como los vamos a triturar nos da igual que los espárragos sean más delgados porque lo que nos importa es su sabor. Hombre, tampoco os paséis y compréis unos espárragos que sean todo hebras porque luego no saben a nada. Ya entendéis lo que os quiero decir, ¿verdad?

En casa nos encanta la mostaza, la utilizamos muchísimo. Yo recuerdo siempre que cuando era pequeña y mis padres me llevaban a la feria, me encantaba comer esos perritos calientes que tanto me gustaban y siempre, siempre, siempre les ponía mostaza. Después con el tiempo, todas las mostazas que he probado tratando de encontrar otra vez aquel sabor han sido un rotundo fracaso. No, no me estoy refiriendo a las mostazas tipo de Dijon, en grano, etc... que me encantan. El caso es que hasta que descubrí la mostaza Calvé hace ya muchos años, nunca había vuelto a probar una mostaza tan rica. De hecho dejé de comer mostaza una temporada hasta que descubrí ésta de la que os hablo. Desde entonces en casa ya no entra otra mostaza y aquí hay un consenso absoluto. No, no digo esto porque los de Calvé me hayan regalado nada para que les haga publicidad. Os hablo sólo de mi experiencia. Y os lo digo porque he probado otras mostazas por ahí que arruinarían el manjar más exquisito si le ponemos tres cucharadas. Por eso mi consejo es que si tenéis vuestra mostaza favorita que os encanta (siempre que no sea del tipo de Dijon o en grano porque son demasiado fuertes para esta receta) usadla. Pero si tenéis que comprar una de propio para esta receta, elegid la de Calvé, notaréis la diferencia y el resultado será absolutamente espectacular, os lo aseguro. Si os animáis a probarla vosotros mismos me lo diréis.

Ah, si la servimos en vasitos es perfecta para una comida o una cena con amigos, incluso para las celebraciones de Navidad. Sorprenderéis muy gratamente a vuestros comensales.

Carpaccio de calabacín al parmesano

Sí, sí, sí, estamos en la final después de un partido en el que hasta el último momento tuvimos el corazón en un puño. Creo que grité tanto que debieron oírme incluso desde Donetsk.  Lo mejor la prórroga: vibrante, emocionante, intensa pero el gol se nos resistía esta vez así que nos fuimos a los penaltis. Y ahí sí ¡qué nervios! Me temblaba todo y es que me pongo histérica, como si me fuese la vida en ello. Soy incapaz de verlos con tranquilidad. Necesito taparme los ojos, los cierro con fuerza como si eso pudiera ayudar un poquito a empujar el balón y entonces cruzo los dedos mientras espero escuchar la voz del comentarista radiando la parada de Casillas o cantando otro gol de los nuestros.  Qué alivio cuando por fin Cesc nos dio la victoria. Sí, no ha sido un sueño, ya estamos en la final. ¿Será verdad eso de que no hay dos sin tres? Señores, hagan sus apuestas.... 
  

Lo que sí apostaría tranquilamente es que con estos calores a nadie le apetece pasarse horas en la cocina. Uf, me entran sudores sólo de pensarlo. Por eso cuando descubrí esta ensalada de la mano de Manuela Darling-Gansser me dije, voy a darle una oportunidad y tengo que deciros que el resultado me encantó. No sólo no sabe a calabacín sino que además está riquísima y lo mejor de todo, es que se prepara en un santiamén.  ¿Os animáis a probarla?


INGREDIENTES

3 ó 4 calabacines pequeños, el zumo de un limón (si no os gusta lo podéis sustituir por vinagre de vino blanco), unas 8 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, pimienta negra recién molida y 50-75 grs. de parmesano o grana padano.


Es importante utilizar calabacines pequeños (cuanto más mejor) porque de este modo estarán más tiernos y tendrán menos semillas en la parte central. Ahora es la época del año perfecta para encontarlos así. Si tenéis un pelador en casa podéis utilizarlo, como he hecho yo, para cortarlos en tiras finitas. Deshechad la parte central si tiene semillas. Con este corte el calabacín no sólo queda genial, como podéis ver en las fotos, sino que además se prepara muy rápido. Si no tenéis alguno de estos artilugios podéis cortarlo en rodajas delgaditas. En ese caso una mandolina también os podría ayudar para ir más rápido pero no es necesaria, se pueden cortar a cuchillo.


Una vez que hemos troceado ya el calabacín, lo salpimentamos. Siempre es mejor utilizar pimienta recién molida. Podéis emplear la negra o una mezcla de vuestras pimientas preferidas. Eso sí, hay que ser generosos porque le va muy bien al plato (mirad las fotos). A continuación lo aliñamos como si se tratara de cualquier otra ensalada, a nuestro gusto. Las cantidades que yo os he dado son orientativas. Lo mejor es que probéis hasta conseguir el punto que os apetezca. Y ahora viene el parmesano, abundante. Espolvoreamos bien por todo y voilà, listo para servir. Que lo disfrutéis.

Espaguettis a la puttanesca

Seguro que todos conocéis esta receta aunque la versión de hoy tiene un toque especial: un poquito de canela que le aporta un matiz sorprendente y muy agradable al plato. Por supuesto se puede prescindir de él si preferís la versión más tradicional que está igual de rica.

Seguro que algunos estaréis pensando: ¿Canela en una salsa de tomate con atún? Sí, no me he vuelto loca, ni Jamie tampoco. Ya sé que muchos la asociáis sólo con cosas dulces pero si os invitara a probar una Moussaka seguro que os chuparíais los dedos sin imaginar si quiera que la culpa de ese sabor tan especial se debe en buena medida al toque de canela. Una moussaka sin canela es como un día sin sol y aunque esta versión de la puttanesca es originaria de Sicilia, no puede ocultar su clara influencia helénica. No en vano durante muchos años las ciudades del sur de la península Itálica así como de Sicilia fueron colonias griegas y su legado gastronómico se hace patente sobre todo en la zona este de la isla en ciudades como Mesina, Catania o Siracusa.

Los orígenes de este popular plato italiano (cuyo nombre en español podría ser algo así como: espaguetis al estilo  pilingui) parece que se sitúan en la zona del puerto napolitano. Según relata Claudia Roden Roden en su libro The Food of Italy, es un plato que surgió en la década de los cincuenta. Sin embargo, han sido muchos los estudiosos que han querido desvelar el secreto que se esconde detrás de su  peculiar etimología, sin llegar a ningún tipo de consenso. Son muchísimas las historias que circulan alrededor de este plato.

Para algunos su nombre se debe a que las prospitutas de Nápoles acostumbraban a prepararlo porque por su rapidez podían elaborarlo fácilmente entre servicio y servicio ya que los burdeles de aquella época eran casas particulares. Otra variante de la anterior cuenta que como las prostitutas trasnochaban, a la mañana siguiente ya era tarde cuando acudían al mercado y tenían que conformarse con comprar lo que quedaba. Con esos restos elaboraban la salsa puttanesca. Otras versiones hablan de una madame llamada Yvette que tenía una casa de comidas cerca de su burdel. En la carta del establecimiento habría incluído este plato como tributo a su profesión. Otros creen que el nombre vino dado porque en los prostíbulos, para atraer y seducir a los clientes, las chicas utilizaban ropa interior de colores brillantes y sugerentes. Los colores de esas prendas son los mismos que nos encontramos en la salsa que lleva su nombre: el verde del perejil,  el rojo del tomate, el negro de las aceitunas, el grante de las cayenas porque por supuesto lo que no podía faltar nunca era el toque picante. Desde luego, lo que no les faltaba era imaginación.


INGREDIENTES

4 cucharadas de aceite de oliva virgen, 2 cayenas, 3 dientes de ajo, una cucharadita de alcaparras previamente lavadas y escurridas, 3 filetes de anchoas, un buen puñado de perejil fresco, 175 grs. de atún en aceite, una pizca de canela, 10 aceitunas negras, 700 ml de salsa de tomate (si es casera mucho mejor), 35 grs. de parmesano, 500 grs. de espaguetis, una pizca de canela, un chorrito de aceite de oliva virgen extra para terminar

Empezamos poniendo 4 cucharadas de aceite de oliva en la sartén o en la cazuela donde vayamos a cocinar la salsa. Para aromatizarlo añadimos dos cayenas que desmenuzaremos con las manos, seguidamente tres dientes de ajo troceados muy pequeños (mejor con el machacador), una cucharadita de alcaparras y dos o tres filetes de anchoas. Picamos un puñado de perejil fresco y lo incorporamos a la sartén que tendremos a fuego medio junto con los demás ingredientes. Reservamos un poco más para espolvorear en el momento de servir. Seguidamente añadimos también el atún en aceite y ahora llega el momento de nuestro toque mágico, una pizca de canela. Si no os apetece no se la pongáis. Si os animáis con una pequeña cantidad es suficiente. Pero ¿cómo de pequeña? Pues bastará con lo que os quepa ente los dedos pulgar e índice. Haced ese gesto como si quisiérais coger un pellizco de sal y es pequeña cantidad bastará, sólo buscamos un ligero matiz. Lo mejor es probar la salsa antes de añadir la canela y luego a continuación. Si no notáis un matiz diferente podéis poner un poquito más, hasta que consigáis ese toque especial. Ahora cogemos diez aceitunas negras, las estrujamos entre los dedos para quitarles el hueso (así darán más sabor) y las añadimos también a nuestra sartén. Según decía Jamie, en esta receta no se trata de comer aceitunas sino de utilizarlas sólo para dar sabor. Y por último nos falta añadir la salsa de tomate. Mezclamos todo bien y dejamos al fuego durante un minuto para que se amalgamen los sabores.

Cocemos la pasta al dente en abundante agua con sal el tiempo que nos indique el fabricante. Cuando esté lista, con ayuda de unas pinzas la sacamos y la pasamos directamente a la cazuela donde reposa la salsa. No hace falta escurrirla del todo porque eso hará que se empape mejor de la salsa y no quede excesivamente seca. De hecho lo mejor es incorporar además una o dos cucharadas del agua de cocción a la salsa para logar que nos quede suelta. Removemos bien para mezclarlo todo. Espolvoreamos con el perejil que habíamos reservado y regamos con un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Jamie le añadía también un poco de zumo de limón pero yo no le puse porque en casa no gusta demasiado. Ahora ya sólo falta pasarlo a la fuente de servir y listo. Ya podemos disfrutar de una comida rica, rápida y realmente fácil.


Algunas acalaraciones sobre la receta

Hay que tener mucho cuidado después de manipular las cayenas y no tocarse los ojos sin lavarnos bien las manos  porque todos los chiles contienen una sustancia, la capsaicina, que al contacto con determinadas zonas sensibles produce una sensación profunda de escozor o quemazón. Hay quien para evitarlo incluso utiliza guantes de látex al manipular las guindilla. Yo utilizo las manos y nunca he tenido ningún problema pero si no os atrevéis también podéis desmenuzar las cayenas entre dos trozos de papel de cocina y luego incorporar los pedacitos en la sartén.

Para este plato es mejor utilizar aceitunas con hueso porque tienen más sabor. Cómo vamos a utilizar sólo unas pocas no resulta engorroso deshuesarlas. Pero si sólo tenemos de las otras, podemos utilizarlas indistintamente.

Si utilizamos perejil seco en vez de fresco añadiremos menos cantidad, casi la mitad.

A mi los espaguetis me gusta que sean más bien gorditos. Será una manía mía pero los de marca blanca que venden en el super no los utilizo nunca porque las salsas no me saben igual. Prefiero unos tallarines. Cuando utilizo espaguetis suelo comprar siempre Barilla Nº 7, me encantan.

En un plato donde la salsa de tomate tiene tanto protagonismo se nota mucho la diferencia entre utilizar una salsa comprada o una casera. No hay color. Si os da un poco de pereza procurad comprar una que sea buena. Y si os animáis a prepararla casera veréis que es muy fácil y el resultado es mil veces mejor. Sólo tenéis que poner en una cazuela 2 cucharadas de aceite de oliva virgen. Cuando empiece a coger temperatura le añadimos un par de dientes de ajo picados bien pequeños (mejor con el machacador). Los rehogamos hasta que nos suba el olor del ajo (unos segundos). En ese momento añadimos un bote grande de tomate triturado extra (tiene menos agua que el normal). Salpimentamos, añadimos una cucharada de azúcar (para contrarrestar la acidez) y dejamos a fuego medio durante unos 25 minutos. Transcurrido ese tiempo apagamos el fuego y ya tenemos nuestra salsa lista para disfrutarla.

Tarator -delicioso-

Después de este pequeño paréntesis vuelvo con un montón de cosas que contaros. Tenía muchísimas ganas de compartir con vosotros esta receta absolutamente deliciosa. La culpa es de la salsa que acompaña a las verduras, os va a encantar. Pero antes de hablaros del tarator os tengo que presentar a alguien. Es imperdonable que no os haya hablado de ella antes porque es, junto con Tessa Kirós, mi escritora de libros de cocina favorita. Se trata de Diana Henry, autora entre otros de Food from plenty, libro en el que aparece esta receta.
   

Y ¿quién es ella? os estaréis preguntando. Pues alguien que después de llevar 12 años trabajando como productora en televisión, un buen día decidió que quería ganarse la vida con la que siempre había sido su gran pasión: la cocina. Así que cogió lápiz y papel y se puso manos a la obra. Y gracias a ese pequeño milagro hoy podemos disfrutar de unos libros que son auténticos tesoros. Abrir cualquiera de sus páginas es como sumergirse en un viaje donde los protagonistas son los sentidos: historias que llegan desde rincones lejanos, evocadoras fotografías, el aroma de las especias y las hierbas frescas que convierten productos humildes en auténticas exquisiteces, como la receta de hoy, sencilla pero a la vez deliciosa y sorprendente.


Me pasa con Diana Henry como con Tessa Kirós: que soy capaz de sentir en sus páginas la pasión que ponen en todo lo que cocinan. La manera de contar sus recetas, ilustrándolas con anécdotas personales, les da una intensidad a sus libros que los convierte en algo más que simples recetarios. Son libros hechos para soñar: soñar con historias que nos llevan a descurbrir sabores que jamás imaginamos traídos de rincones que tal vez nunca visitaremos.

¿Os podéis creer que cuando me voy a dormir y necesito relajarme siempre acabo cogiendo algún libro de Tessa o de Diana? Ya sé que la mayor parte de la gente prefiriría una novela y sí, tenéis razón, los tengo todos y los he visto un millón de veces pero qué le voy a hacer si cada vez que los abro mi imaginación echa a volar y envuelta en esos sueños me resulta más fácil caer en brazos de Morfeo.


Pensad por un momento en la receta de hoy.  El protagonista indiscutible de este plato es la salsa que lo acompaña, el tarator. A algunos quizás os suene ese nombre porque en la zona de los Balcanes se conoce así a una sopa fría elaborada a base de pepino, yogur, eneldo, ajo y nueces. Pero nuestro protagonista de hoy es el tarator turco y a diferencia del búlgaro no se trata de una sopa sino de una salsa espesa aunque tan deliciosa que bien podría comerse a cucharadas y cuya consistencia recuerda a la de los pestos italianos. Como os podéis imaginar, al tratarse de un plato popular podemos encontrarnos infinidad de variantes pero por lo general se elabora utilizando nueces, pan, ajo, aceite, leche y zumo de limón. ¿A qua resulta sorprendente? No lleva nada raro y sin embargo seguro que no sois capaces de imaginar, ni por un momento, el sabor tan absolutamente delicioso que se crea con esa combinación de ingredientes. Es pura alquimia o simplemente magia.

Por supuesto que hay otras versiones en las que se sustituye el aceite por tahini (pasta de sésamo), algunas incorporan cayena o perejil e incluso hay quien lo elaborar utilizando otros frutos secos pero hacedme caso si os digo que la combinación que hoy os traigo es realmente espectacular. Si la probáis la vais a utilizar muchas veces este verano porque es perfecta para acompañar un pescado o una carne a la plancha. Incluso si lo utilizáis con una coliflor simplemente cocida o salteada transformaréis en segundos un plato aburrido en uno de otra galaxia. Pero es que el tarator está tan rico que incluso lo podéis huntar sobre unas tostadas, solo o acompañado de queso. De verdad, es un auténtico vicio, veréis como os engancha.


INGREDIENTES para el TARATOR

25 grs. de pan (yo utilicé una rebanada de pan de molde), 8-10 cucharadas soperas de leche, 50 grs. de nueces, 1 diente de ajo grande, 75 grs. de aceite de oliva virgen extra, el zumo de medio limón

Además para preparar nuestra receta de verduras que vamos a acompañar con el tarator necesitamos 500 grs. de judías verdes (mejor si son frescas pero si os da pereza podéis utilizarlas congeladas, no será lo mismo pero el tarator lo mejorará), 175 grs. de queso feta desmenuzado, 2 cucharaditas de perejil fresco bien picado (ella sugiere utilizar perejil, menta o cilantro pero yo esta vez no quise arriesgarme con sabores más intensos para apreciar merjor el tarator) 1 pimiento rojo mediano cortado en finas tiras, un chorro generoso de zumo de limón (yo no le puse) y la cáscara de un limón rallada (yo tampoco se la puse)

ELABORACIÓN

En primer lugar tenéis que cocer la alubia verde, como lo hacéis habitualmente. El año pasado ya os expliqué cómo conseguir que quede deliciosa cuando la compramos fresca así que podéis leerlo aquí. Si utilizáis la congelada, seguid las instrucciones del fabricante. Y si la queréis cocer con vuestra olla superrápida bastará con que pongáis un dedo de agua en el fondo, que coloquéis seguidamente vuesta cesta para cocer al vapor y dentro de ella la verdura ya limpia y troceada (si es fresca) o directamente congelada si es de bolsa. Una vez que suban las dos rayitas bajamos el fuego y lo dejamos al 4-5 (lo necesario para que se mantengan las dos rayitas sin que suban más) durante 3 minutos. Pasado ese tiempo apagamos la placa y esperamos a que la presión baje totalmente (unos 10-15 minutos) para abril la olla y sacar la verdura.

Mientras tanto preparamos nuestro tarator. Tan sencillo como poner todos los ingredientes en el vaso de la batidora y triturar. Es importante que la probéis una vez que todo se haya amalgamado para rectificar si fuera necesario. No todos los aceites de oliva tienen la misma intensidad, ni todos los dientes de ajo grandes son igual de grandes (a lo mejor tenéis que añadir más porque no se nota a penas) y lo mismo pasa con los limones. 

Colocad la verdura en una fuente de servir y espolvorear por encima el queso feta desmenuzado, el pimiento rojo en tiras y el perejil (o la hierba que vayáis a utilizar). Diana en ese momento aliñaba la alubia verde con aceite de oliva y zumo de limón pero yo no le puse nada y estaba riquísima. A mi como más me gusta es tomarlo tibio pero si preferís, ahora que llega el calor, también lo podéis comer directamente de la nevera, como si fuera una ensalada.

Os recomiendo que el tarator lo sirváis a parte para que cada uno pueda añadirse la cantidad que quiera. Probad primero con una cucharadita por persona y si queréis luego añadís más. Es importante que lo mezcléis bien para que toda la verdura se impregne de la salsa y luego a disfrutar. Por cierto, si os sobra podéis conservarlo perfectamente en el frigorífico durante 3 ó 4 días pero no creo que dure (je,je,je).

Que disfrutéis del fin de semana y sobre todo, animaros a probar el tarator. Ummmmm.........  La semana que viene os traeré algo igualmente delicioso. Gracias por estar ahí. Un besito.

Deliciosas berenjenas con jarría

Hoy os traigo una receta que seguro os va a encantar. En realidad son dos por el precio de una ya que el acompañamiento de estas berenjenas es un plato en si mismo pues la jarria es una deliciosa variante del salmorejo típica de La puebla de Cazalla, un pueblecito de la provincia de Sevilla.

Veréis, siempre que voy de viaje a algún sitio procuro buscar libros de cocina que recojan las recetas de la gente del lugar, lo que habitualmente se come en las casas. No siempre es fácil encontrar pequeños tesoros gastronómicos, que se lo digan a mi amiga Mari Carmen que la vuelvo loca cuando vamos a algún sitio juntas. La de vueltas que le hice dar en Córdoba una vez hasta que encontré lo que estaba buscando. Y eso que en Andalucía resulta fácil porque las distintas Diputaciones Provinciales tienen editados libros con recetas regionales de cocina casera, muy, muy interesantes. La jarria que os presento hoy está inspirada precisamente en uno de esos libros, en concreto el de cocina sevillana aunque como acompañamiento de estas berenjenas, la receta aparece en el libro 120 Tapas sevillanas de ayer y hoy de la mano de la Taberna Berrocal, así que si os pilla cerca podéis pasaros por allí a probarlas, están deliciosas. Sobra decir que podéis preparar la jarria sin necesidad de hacer las berenjenas, ya que por si sola es un manjar. La verdad es que en casa ha sido todo un éxito. Ya me han pedido que haga más así que animaros vosotros también y ya me contaréis.


INGREDIENTES para la JARRIA

1,250 Kg. de tomates rojos y bastante maduros, 2 pimientos verdes de cristal de tamaño medio, 3-4 dientes de ajo grandes (dependiendo de si os gusta más o menos fuerte), medio vaso de vino de aceite de oliva virgen extra (yo prefiero hojiblanca), un chorrito de vinagre de Jerez, un buen vaso de agua fría (o la que necesite), sal, 20 vueltas de pimienta y unos 250 grs. de pan duro.

Como os podéis imaginar no he seguido al pie de la letra ninguna de las dos recetas sino que, como siempre, he elaborado mi propia versión. Antes os decía que la Jarría es una especie de Salmorejo. La verdad es que los dos me encantan pero creo que si tengo que elegir me quedo con la Jarría y os digo por qué: He estado en  Córdoba unas cuantas veces y allí he probado el salmorejo en los sitios más conocidos (El Caballo Rojo, Casa Pepe, El Churrasco, Taberna Salinas, la Taberna de la Sociedad de Plateros, Bodegas Campos....) y si tengo que elejir uno, con los ojos cerrados me quedo con el salmorejo del Churrasco. No sólo está delicioso sino que cuando lo probé por vez primera me sorprendió muchísimo la guarnición de pimiento verde con la que lo acompañan. Simpre lo había probado con atún, huevo duro o jamón serrano pero con pimiento verde el contraste es realmente espectacular (al menos para mi). Por eso cuando descubrí la jarria pensé que habían dado con la solución perfecta incorporando al salmorejo algo de pimiento verde y efectivamente, está delicioso.


Para preparar la jarria tenéis que pelar los tomates. Yo lo hago con el cuchillo (como si pelara una manzana) pero si preferís los podéis escaldar para quitarles la piel más fácilmente. Los metéis unos 40-50 segundos en un recipiente con agua hirviendo y seguidamente los sacáis a otro con agua con hielo, para cortarles la cocción. Yo personalmente prefiero pelarlos porque así la carne del tomate me da la impresión de que queda más firme pero eso ya son manías de cada cual. Vosotros elegid el método que más os guste. Mientras vais pelando los tomates podéis poner el pan en remojo con el agua fría para que se vaya ablandando. Cuando lo tengamos listo lo escurrimos un poco y lo incorporamos junto con los tomates y los demás ingredientes al bol donde lo vayamos a batir. Ponéis en marcha la turmix y lo trituráis hasta que tenga la consistencia cremosa de una  mayonesa. Si no lo vais a hacer para acompañar las berenjenas al final podéis añadirle unos cubitos de hielo si os gusta menos espesa. Yo cuando hago salmorejo suelo ponerle una cubitera entera, así me lo puedo beber fácilmente. A continuación lo llevamos a la nevera al menos durante 4 ó 5 horas para que se enfríe bien y se mezclen los sabores antes de tomarlo. A mi me gusta servirlo con pimiento verde como guarnición pero se puede acompañar también con huevo duro troceado, atún de lata o pescaíto frito.  De cualquier manera está deliciosa esta jarria.


ELABORACIÓN de las BERENJENAS

Para hacer las berenjenas sólo necesitamos (además de la verdura): harina, aceite, leche y sal. La manera de preparar las berenjenas no tiene nada que ver con la que utilizan en la Taberna Berrocal pero os la quiero enseñar porque haciéndolas así resultan deliciosas. El problema de esta verdura es que al freírla absorbe gran cantidad de aceite y unas berenjenas grasientas y aceitosas no resultan demasiado apetecibles. ¿Cómo lo podemos evitar?

Veréis antes os hablaba de un viaje que hice a Córdoba con mi amiga Mari Carmen y del delicioso salmorejo que tomamos en El Churrasco. Bueno pues allí también probamos unas berenjenas fritas con miel de caña que estaban para chuparse los dedos. A Mari Carmen (como buena malagueña) le encantaron, tanto que quería llevarse la receta, así que me dijo: "Niña, por qué no la pides tú. A mi que soy de aquí no me la van a dar. Además a ti no te quita el ojo de encima así que bájate un poco más el escote y dile que venga, verás como te la da". Estaba claro que si no quería ir sola a comprar los libros de los que antes os había hablado no podía decirle que no. Así que allí estaba yo haciéndole un gesto sugerente al buen señor para que viniera.  En fin ¡la de cosas que hay que hacer por las amigas! Aunque al final le tengo que estar agradecida porque lo que aprendimos allí vale su precio en oro y sino mirad.

El secreto para que las berenjenas queden deliciosas es cortarlas en rodajas finas y uniformes y meterlas en un bol con leche durante una hora, antes de freír. Debéis ponerles un peso encima, por ejemplo un plato o un tazón, para que queden totalmente cubiertas. Os podéis imaginar que lo primero que hice nada más volver a casa fue probarlo y os aseguro que quedaron igual de deliciosas que las que probamos allí. En este caso, como decía la receta original, a continuación las he secado con papel absorbente, les he pueso sal y las he enharinado un poco, sacudiéndolas para evitar que tengan exceso de harina. Seguidamente las podemos freír. Es importante para que queden deliciosas que haya dos o tres dedos de aceite en la sartén para que en todo momento estén completamente sumergidas. O sea que el aceite las tiene que cubrir por completo y para conseguirlo nos podemos ayudar de una espumadera. En un par de minutos las tendremos listas. Las sacamos y las dejamos sobre papel aborbente antes de utilizar. En Málaga una vez fritas las suelen acompañar de un hilito de miel de caña y están deliciosas (las podéis probar otro día así). A nosotros hoy sólo nos queda ponerles por encima un poco de jarria y acompañarlas con un picadillo de huevo duro y un buen jamón serrano y están listas para disfrutar. Espero que os gusten. Hoy no os quejaréis, tres por uno.

Por cierto, se me olvidaba daros una idea estupenda para estos días tan calurosos. Si tenéis invistados en casa y queréis agasajarlos con una sopa fría podeís servirla en vasitos individuales dentro de una fuente con hielo. Echad mano de vuestra imaginación y seguro que encontráis algo que os pueda servir, incluso una tartera vieja. Es una forma estupenda y original de presentar nuestras sopas frías, muy apropiada para mantener nuestra jarría bien fresquita hasta el momento en el que la vayamos a tomar. Estará deliciosa. Ummm.....

Ensalada de bulgur a la italiana

Uf, con estos calores sólo apetecen cosas bien fresquitas así que inspirándome en el famoso Tabbouleh libanés (una refrescante ensalada a base de perejil, bulgur y tomate) preparé mi propia ensalada con bulgur y la verdad es que estaba muy rica. A lo mejor algunos os estáis preguntando qué es ese ingrediente del que seguro ya habéis oído hablar. Pues bien, el bulgur es uno de los imprescindible en la cocina de Oriente Medio. Con él se pueden elaborar deliciosos guisos, ensaladas, incluso postres. La palabra "bulgur" es sinónimo de "trigo partido", pues se elabora a partir de dicho cereal. El bulgur es en realidad trigo precocido sometido después a un procedimiento de secado antes de ser finalmente troceado. Según sea el color del grano (rubio o rojo) así como el tamaño de los trocitos resultantes (más o menos grandes), el tipo de bulgur varía. Los más grandes se emplean en preparaciones en las que se puede sustituir fácilmente por arroz y los de grano más fino se prefieren para la elaboración de ensaladas o en repostería. Si lo buscáis en las estanterías de las grandes superficies seguramente no lo encontraréis. Es más fácil dar con él en los herbolarios y tiendas de productos ecológicos. Pero si os apetece disfrutar de esta ensalada y no tenéis bulgur a mano la podéis hacer igualmente sustituyéndolo por cous-cous o por arroz.


INGREDIENTES

75 grs. de bulgur, 400 grs. de tomates frescos, 1 bote de garbanzos ya cocidos, 50 grs. de perejil fresco, 50 de rúcola, 75 grs. de aceitunas negras deshuesadas, 1/2 taza de aceite de oliva virgen extra, 1 cucharada de piñones, 1 cucharada de parmesano o grana padano, 12 hojas de albahaca frescas y 10 gotas de limón

Yo las aceitunas negras cuando las necesito deshuesadas las compro en Lidl. Me gusta cómo saben los botecitos que venden allí y además así nos ahorramos bastante trabajo. Pero si tenemos aceitunas con hueso tendremos que deshuesarlas una a una. Hay un aparatito que nos hace la vida más fácil y que sirve también para deshuesar cerezas pero sino podemos simplemente con el cuchillo ir quitando y picando la carne de las aceitunas.


Para empezar con nuestra ensalada tenemos que preparar el bulgur siguiendo las instrucciones del fabricante. El que yo utilicé tuve que cocerlo durante 15 minutos añadiendo el triple de agua que de bulgur. En estos casos suelo medir las cantidades en cazos así poniendo dos cazos de bulgur sé que tengo que añadir seis cazos de agua y me resulta más sencillo. Otros fabricantes indican simplemente que hay que tenerlo a remojo así que lo mejor es que sigáis las instrucciones que se indican en el embase. Si lo cocéis, como hice yo, aseguraros de refrescarlo bajo el grifo de agua fría una vez terminado para detener la cocción. Mientras se hace vamos picando los demás ingredientes. Los tomates los partimos en cuartos para sacarles las pepitas y retirar tanto jugo como nos sea posible. Yo no los pelé y quedaron muy ricos pero si preferís podéis hacerlo. Seguidamente partimos el tomate en pequeños dados y reservamos. A continuación cortamos las aceitunas en rodajas y reservamos igualmente. Picamos el perejil y la rúcola tan fino como nos sea posible y mezclamos todos los ingredientes en un cuenco junto con el bulgur. Ahora vamos a hacer nuestro aceite con sabor a pesto. Sólo tenemos que poner en el robot de cocina todos los ingredientes (aceite, piñones, parmesano, albahaca y gotas de limón) y triturar hasta que nos quede una salsa fina. Con esta salsita vamos a aderezar nuestra ensalada. 

Si la ensalada la preparamos con antelación (p.ej. a primera hora de la mañana) es mejor añadir las hojas verdes en el último momento para que no se queden demasiado mustias. Y si fuéramos a preparar la ensaladapor ejemplo la noche anterior, es mejor dejar a parte también el tomate porque de otro modo soltaría demasiada agua y estropearía igualmente nuestro plato.  Bueno pues si os animáis a prepararla espero que la disfrutéis tanto como yo.