Mostrando entradas con la etiqueta tomates. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tomates. Mostrar todas las entradas

Mi Calamarata Amalfitana - Deliciosa

Bueno, por fin llegó el día de retomar el blog. Sé que muchos lo esperábais impacientes porque durante estos meses en los que ha permanecido inactivo me habéis escrito un montón de correos pidiéndome que volviera a publicar pronto. Por eso me gustaría agradeceros de nuevo todo el cariño que siempre me hacéis llegar, en especial a aquellos que seguís normalmente el blog desde el anonimato y que os habéis tomado la molestia de escribirme para contarme lo que disfrutáis leyendo mis recetas y también poniéndolas en práctica, lo cual (como diría su majestad) me llena de orgullo y satisfacción (je,je,je). De verdad, un millón de gracias por todos los comentarios maravillosos que me habéis enviado durante todo este tiempo. Ellos son en buena medida los responsables de que la aventura continúe. Hay mucho trabajo detrás de cada entrada y a veces es complicado sacar tiempo para ir publicando con asiduidad pero me decís cosas tan increíbles en vuestros correos que ya solo por eso, merece la pena hacer ese gran esfuerzo.

Por supuesto no podía olvidarme de todos los amigos y de tantos compañeros blogueros a los que tan injustamente tengo abandonados y que a pesar de todo se han seguido pasando por aquí para preguntar por mi de vez en cuando. Aunque no siempre tenga tiempo para visitaros tanto como os merecéis y tal vez precisamente por eso os agradezco todavía más, si cabe, el que siempre estéis ahí. Es una motivación increíble saber que a vosotros que cocináis como los ángeles también os gusta mi cocina. Gracias de corazón.
Bueno, antes de entrar en materia os voy a confesar algo: he estado varios días pensando en qué receta publicaría a la vuelta. Siempre me pasa cuando retomo el blog después de un periodo de inactividad largo. Me siento igual de "nerviosa" que si publicara por vez primera. Sumida en ese mar de dudas estaba cuando la calamarata se cruzó en mi camino y supe de inmediato que tenía que ser ella. Una pasta con forma de anillas de calamar que se cocina en una salsa que lleva ese mismo ingrediente, no me negaréis que no tiene su gracia. Pero el mayor atractivo de este plato, sin duda, es su insuperable sabor. Os sorprenderá. Cierto es que mi calamarata no se parece mucho a la versión italiana que me sirvió de inspiración porque, la verdad, no terminó de convencerme. Pero, como sabéis que adoro el Mediterráneo, pensé que un plato con ese nombre tenía que estar a la altura de la costa amalfitana, uno de los enclaves más paradisiacos del Mare Nostrum. Así que, saqué mi varita mágica y después de darle un toque por aquí y otro por allá: ta-chan, el resultado fue espectacular. Ni siquiera yo podía creer que aquel plato sin gracia se hubiera transformado en un bocado exquisito. ¿Queréis saber cuál es mi secreto?

Tomates rellenos, dos versiones -deliciosos-

Como diría Jesulín, en dos palabras: im-presionantes. Da igual si los coméis en crudo o asados en el horno, vuestras papilas gustativas van a experimentar un placer insospechado. Sí, sí, sí ya sé que os dije no hace mucho que los tomates al horno no me entusiasmaban demasiado porque quedan muy deslavados pero sin duda, eso fue antes de probar esta receta. Mon dieu, qué cosa más rica, ¡incluso saben a tomate!  La verdad, son uno de los bocados más maravillosos que he disfrutado últimamente. En casa han tenido un éxito rotundo en sus dos variantes: tanto en crudo como asados en el horno aunque a mi son estos últimos los que de verdad me han robado el corazón. No puedo sino recomendároslos encarecidamente.

Llegados a este punto seguro que alguno os estaréis preguntando, con buen criterio, cómo es que me dio por preparar una receta que acabo de reconocer que nunca me ha entusiasmado. Pues bien, la culpable es Diana Henry, una de mis escritoras gastronómicas favoritas. Ya os he hablado de ella en otras ocasiones. Me encantan sus libros, su forma de cocinar. Por eso cuando vi esta receta inmediatamente me sentí identificada con el comentario: "Sé lo que estáis pensando, los tomates rellenos al horno están entre las peores cosas que podéis comer: insípidos, aguados, poco sazonados. Pero si te encargas de condimentarlos y preparas un buen relleno, estarán gloriosos." Así que me dije: por qué no voy a darles otra oportunidad, seguro que Diana Henry tiene razón. Y vaya si la tenía, por algo me encanta esta mujer.


INGREDIENTES

3 cazos de arroz blanco, 12 tomates en rama (es importante que sean todos más o menos del mismo tamaño, en este caso medio), el zumo de 1 limón (o medio si es demasiado grande), 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra,  2 dientes de ajo finamente picados, 40 grs. de mantequilla, un puñado generoso de hojas de albahaca frescas (unos 30 - 40 grs.) y 100 grs. de queso parmesano rallado.
Yo he hecho algunas modificaciones en las cantidades respecto de la receta original y en alguna otra cosa más. Además de quitar algún ingrediente (cebolla y nuez moscada) he añadido también algún  otro, zumo de limón.

ELABORACIÓN

Bueno, vamos a empezar preparando el arroz. Ponemos en un recipiente abundante agua y algo de sal.  Cuando rompa a hervir lo añadimos. Los tiempos de cocción no son demasiado precisos porque incluso dos paquetes de la misma marca no siempre tardan igual. Lo importante es saber cual tiene que ser el resultado: Los granos de arroz nos deben quedar al dentes, con un puntito crujiente en su interior. Con el calor que guardan dentro se terminarán de cocinar. Si los vais a hacer al horno no los dejéis más de 11-12 minutos porque luego se os pasarán. Si los vais a tomar en crudo podéis dejarlos un par de minutos más, como mucho. 

Mientras el arroz se va haciendo vamos a preparar los tomates. Después de lavarlos bien les cortamos la parte de arriba en horizontal como si quisiéramos quitarles una tapa y con ayuda de una cucharilla sacabocados retiramos fácilmente la carne del interior. También se puede hacer con un cuchillo o con una cuchara pero de la otra manera es más rápido. Una vez los hemos vaciado todos picamos la pulpa que hemos sacado para hacer pequeños daditos, picamos también los trozos que hemos cortado del sombrero y deshechamos la parte gelatinosa con las pepitas. A continuación ponemos un par de cucharadas de aceite de oliva virgen extra en una cazuela, picamos los dientes de ajo bien finitos y los dejamos a fuego medio durante un minuto. En ese momento añadimos los trozos de tomate que hemos picado, los salpimentamos y los dejamos al fuego durante 3-4 minutos.

Ahora salamos generosamente el interior de los tomates y los colocamos sobre una fuente boca abajo dejándolos reposar durante unos 15 minutos mínimo. La sal sacará el agua de vegetación que tan desagradable resulta cuando se encharcan los tomates en el horno. Así ya no nos pasará más.

Para entonces debemos tener el arroz ya casi listo. Comprobamos la textura para ver si lo podemos retirar ya del fuego. Una vez esté listo, escurrimos bien, lo pasamos a un bol grande y a continuación lo mezclamos con la mantequilla que se derretirá repartiéndose homogeneamente.  Seguidamente añadimos el parmesano, las hojas de albahaca frescas finamente picadas (reservar unas pocas para espolvorear por encima antes de servir si los vamos a comer crudos), el zumo de limón. Y finalmente incorporaremos los trozos de tomate picados que teníamos en el fuego. Es importante que los saquéis con una espumadera porque no nos interesa el caldillo del tomate sino sólo su pulpa así que recordad escurridlo bien para evitar que se queden aguados. Mezclamos todo y reservamos.

Cuando los tomates hayan reposado el tiempo necesario cogeremos un trozo de papel de cocina limpio para pasárselo por el interior eliminando así cualquier resto de aguilla que haya podido quedar. Tienen que estar bien secos. Ahora los rellenamos con el arroz que ya hemos condimentado.

Si los vais a comer en crudo sólo tenéis que meterlos en la nevera para que se refresquen antes de servir. Quedarán todavía más deliciosos si los acompañáis con un poco de pistou.

Si los vais a comer asados (es mi recomendación) los ponéis sobre una bandeja de horno y los dejáis durante 15 minutos a 180ºC. A continuación apagáis el horno y los dejáis dentro otros 30 minutos más. Pasado ese tiempo podéis sacarlos. La mejor manera de degustarlos es cuando están a penas tibios. No hay ni punto de comparación. Si los tomáis calientes, recién salidos del horno, os perderéis un montón de matices y el resultado aunque no será malo ya no será espectacular. De verdad, la diferencia es abismal. Merece la pena esperar un poquito.

Cuando los hice como no sabía si me iban a gustar en el horno, decidí servirlos todos en crudo salvo uno que fue el que me comí yo para probar (para mi gusto el más rico de todos con diferencia). Es el que se ve ahí al fondo de la fotografía. Se puede apreciar que, una vez asado, la piel se desprende fácilmente con solo tirar un poco. Podéis incluso servirlos ya sin piel en la mesa o bien que la retire cada comensal, al gusto. Y resultado, de verdad, espectacular. Los mejores tomates asados del mundo. No puedo imaginar un sabor mejor, de veras. Y si no sabéis que versión os gusta más probad a hacer las dos y ya me contaréis. 

Tarta provenzal de tomate y albahaca -deliciosa-

¿Queréis una cena rápida y deliciosa para este fin de semana? Pues anotaros esta receta porque os va a encantar. Ejemplifica a la perfección mi regla de oro favorita: máximo sabor, mínimo esfuerzo. Cuando la descubrí por primera vez en el maravilloso libro Food from Plenty de Diana Henry no podía imaginar que me gustaría tanto. En realidad, me animé a probarla sólo porque la recomendaba una de mis escritoras de cocina favoritas. Los tomates al horno nunca me han entusiasmado, los encuentro muy deslavados. Pero cual fue mi sorpresa al comprobar que en esta tarta se intensifica su sabor y se vuelven más dulces. El resultado es un bocado exquisito, frangante, una superposición de matices insuperables. ¿Os lo imagináis? Mascarpone, parmesano, albahaca, tomates y un toque secreto que luego os desvelaré y que acaba de redondear el plato con un toque muy especial. Un magnífico ejemplo de la cocina Provenzal: refinada y exquisita. La tenéis que probar.



Y como es una receta triunfadora la preparé la noche de la final para celebrar que íbamos a ganar, claro que entonces no imaginaba que sería por goleada (en la porra yo había puesto 2-1). Desde luego estos chicos son el mejor ejemplo de que en España cuando tiramos del carro todos juntos, podemos hacer grandes cosas. No deberíamos olvidarlo. El problema es que hay demasiados intereses en juego. Mucha gente que se preocupa sólo de lo suyo que es mirar a ver cómo pueden pegarse la vida padre a costa de los demás. Estos chicos les han dado a todos una lección y no sólo en lo deportivo. Me maravilló cuando Fernando Torres le regaló a Mata el pase para marcar el último gol, cuando él se quedaba sólo frente al portero y de superarlo se convertía automáticamente en el mayor goleador de la eurocopa. Sólo los campeones con mayúsculas, los que lo son dentro y fuera del campo, son capaces de semejante generosidad. Desde aquí toda mi admiración y mi más sincera enhorabuena. 


INGREDIENTES

1 plancha de hojaldre, 1 tarrina de queso mascarpone de 250 grs., 75-100 grs. de queso parmesano rallado, 2 dientes de ajo grandes, 6 tomates de tamaño medio, un puñado de hojas de albahaca frescas (no se pueden sustituir por albahaca seca), sal, pimienta y dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra.

La única dificultad que tiene esta receta consiste en tener a mano un puñado de albahaca fresca. Siento deciros que no podéis sustituirla por albahaca seca, si lo hacéis arruinaréis el plato. Puestos a utilizar tarritos es mejor poner orégano aunque ya os aviso que el resultado estará rico pero ya no será espectacular. La diferencia es algo así como pasar de conducir un Porsche a tener un Fiat Panda. Sin el aroma de la albahaca fresca el plato está más triste que Marilyn sin su Chanel Nº5. Para los que todavía no lo hayáis hecho, animaros a poner una maceta de albahaca en vuestras vidas. Vuestra cocina de verano lo agradecerá. Yo ya no sabría vivir sin ellas durante estos meses. 

Por lo demás, ya os he dicho que es una receta escandalosamente fácil. Primero desenrollamos la plancha de hojaldre. A mi de todos los que he probado hasta ahora el que más me gusta es el de Lidl. A continuación extendemos la tarrina de mascarpone sobre él, como si fuéramos a huntar el queso en un pan de molde. La única precaución es dejar una distancia de 2-3 dedos desde el borde para evitar que el queso se salga durante la cocción en el horno. Sobre el mascarpone espolvoreamos el parmesano repartiéndolo homogéneamente. Picamos unas hojitas del albahaca y las esparcimos sobre el relleno. Y ahora nuestro toque secreto, los dos dientes de ajo. Es importantísimo que estén picados lo más finamente posible. Si tenéis un machacador os quedarán perfectos, si no trocearlos con el cuchillo. La clave está en repartirlos bien sobre los quesos para que a cada bocado nos encontremos un trocito. Como no se van a dorar en el horno pero tampoco se van a quedar crudos, aportan al plato un matiz muy interesante. No llega a tener la suavidad del ajo asado ni la fuerza del crudo, es un término medio que como casi todo en la vida, resulta muy equilibrado. Ahora sólo nos queda extender sobre nuestra plancha de hojaldre las rodajas de tomate que habremos cortado previamente. Es importante que intentemos hacerlas lo más finas posibles, todas del mismo grosor. Si utilizáis la placa de hojaldre de Lidl lo más cómodo es hacer la tarta rectangular (yo esta vez me empeñé en hacerla redonda pero es más engorroso). Haced dos os tres filas de rodajas de tomate que pondremos  sobre la capa de quesos de modo que toda la superficie quede cubierta. Las rodajas deberán colocarser montándolas unas sobre otras (como se aprecia en la fotografía). Cuando hayamos terminado, salpimentamos los tomates y los regamos con las dos cucharaditas de aceite. Metemos la bandeja al horno y seguimos las instrucciones del fabricante para hacer el hojaldre. Cuando utilizo el de Lidl precaliento el horno a 220ºC y luego lo dejo durante unos 20 minutos a 200ºC, hasta que está dorado. Pero ojo, no intentéis avalanzaros sobre ella nada más salir del horno. Hay que dejarla reposar unos minutos. La mejor manera de saborear intensamente esta tarta es tomándola cuando está tibia. Entonces ummmm...empieza la magia y ya solo queda disfrutar. Espero que os guste. Buen fin de semana.


Deliciosas berenjenas con jarría

Hoy os traigo una receta que seguro os va a encantar. En realidad son dos por el precio de una ya que el acompañamiento de estas berenjenas es un plato en si mismo pues la jarria es una deliciosa variante del salmorejo típica de La puebla de Cazalla, un pueblecito de la provincia de Sevilla.

Veréis, siempre que voy de viaje a algún sitio procuro buscar libros de cocina que recojan las recetas de la gente del lugar, lo que habitualmente se come en las casas. No siempre es fácil encontrar pequeños tesoros gastronómicos, que se lo digan a mi amiga Mari Carmen que la vuelvo loca cuando vamos a algún sitio juntas. La de vueltas que le hice dar en Córdoba una vez hasta que encontré lo que estaba buscando. Y eso que en Andalucía resulta fácil porque las distintas Diputaciones Provinciales tienen editados libros con recetas regionales de cocina casera, muy, muy interesantes. La jarria que os presento hoy está inspirada precisamente en uno de esos libros, en concreto el de cocina sevillana aunque como acompañamiento de estas berenjenas, la receta aparece en el libro 120 Tapas sevillanas de ayer y hoy de la mano de la Taberna Berrocal, así que si os pilla cerca podéis pasaros por allí a probarlas, están deliciosas. Sobra decir que podéis preparar la jarria sin necesidad de hacer las berenjenas, ya que por si sola es un manjar. La verdad es que en casa ha sido todo un éxito. Ya me han pedido que haga más así que animaros vosotros también y ya me contaréis.


INGREDIENTES para la JARRIA

1,250 Kg. de tomates rojos y bastante maduros, 2 pimientos verdes de cristal de tamaño medio, 3-4 dientes de ajo grandes (dependiendo de si os gusta más o menos fuerte), medio vaso de vino de aceite de oliva virgen extra (yo prefiero hojiblanca), un chorrito de vinagre de Jerez, un buen vaso de agua fría (o la que necesite), sal, 20 vueltas de pimienta y unos 250 grs. de pan duro.

Como os podéis imaginar no he seguido al pie de la letra ninguna de las dos recetas sino que, como siempre, he elaborado mi propia versión. Antes os decía que la Jarría es una especie de Salmorejo. La verdad es que los dos me encantan pero creo que si tengo que elegir me quedo con la Jarría y os digo por qué: He estado en  Córdoba unas cuantas veces y allí he probado el salmorejo en los sitios más conocidos (El Caballo Rojo, Casa Pepe, El Churrasco, Taberna Salinas, la Taberna de la Sociedad de Plateros, Bodegas Campos....) y si tengo que elejir uno, con los ojos cerrados me quedo con el salmorejo del Churrasco. No sólo está delicioso sino que cuando lo probé por vez primera me sorprendió muchísimo la guarnición de pimiento verde con la que lo acompañan. Simpre lo había probado con atún, huevo duro o jamón serrano pero con pimiento verde el contraste es realmente espectacular (al menos para mi). Por eso cuando descubrí la jarria pensé que habían dado con la solución perfecta incorporando al salmorejo algo de pimiento verde y efectivamente, está delicioso.


Para preparar la jarria tenéis que pelar los tomates. Yo lo hago con el cuchillo (como si pelara una manzana) pero si preferís los podéis escaldar para quitarles la piel más fácilmente. Los metéis unos 40-50 segundos en un recipiente con agua hirviendo y seguidamente los sacáis a otro con agua con hielo, para cortarles la cocción. Yo personalmente prefiero pelarlos porque así la carne del tomate me da la impresión de que queda más firme pero eso ya son manías de cada cual. Vosotros elegid el método que más os guste. Mientras vais pelando los tomates podéis poner el pan en remojo con el agua fría para que se vaya ablandando. Cuando lo tengamos listo lo escurrimos un poco y lo incorporamos junto con los tomates y los demás ingredientes al bol donde lo vayamos a batir. Ponéis en marcha la turmix y lo trituráis hasta que tenga la consistencia cremosa de una  mayonesa. Si no lo vais a hacer para acompañar las berenjenas al final podéis añadirle unos cubitos de hielo si os gusta menos espesa. Yo cuando hago salmorejo suelo ponerle una cubitera entera, así me lo puedo beber fácilmente. A continuación lo llevamos a la nevera al menos durante 4 ó 5 horas para que se enfríe bien y se mezclen los sabores antes de tomarlo. A mi me gusta servirlo con pimiento verde como guarnición pero se puede acompañar también con huevo duro troceado, atún de lata o pescaíto frito.  De cualquier manera está deliciosa esta jarria.


ELABORACIÓN de las BERENJENAS

Para hacer las berenjenas sólo necesitamos (además de la verdura): harina, aceite, leche y sal. La manera de preparar las berenjenas no tiene nada que ver con la que utilizan en la Taberna Berrocal pero os la quiero enseñar porque haciéndolas así resultan deliciosas. El problema de esta verdura es que al freírla absorbe gran cantidad de aceite y unas berenjenas grasientas y aceitosas no resultan demasiado apetecibles. ¿Cómo lo podemos evitar?

Veréis antes os hablaba de un viaje que hice a Córdoba con mi amiga Mari Carmen y del delicioso salmorejo que tomamos en El Churrasco. Bueno pues allí también probamos unas berenjenas fritas con miel de caña que estaban para chuparse los dedos. A Mari Carmen (como buena malagueña) le encantaron, tanto que quería llevarse la receta, así que me dijo: "Niña, por qué no la pides tú. A mi que soy de aquí no me la van a dar. Además a ti no te quita el ojo de encima así que bájate un poco más el escote y dile que venga, verás como te la da". Estaba claro que si no quería ir sola a comprar los libros de los que antes os había hablado no podía decirle que no. Así que allí estaba yo haciéndole un gesto sugerente al buen señor para que viniera.  En fin ¡la de cosas que hay que hacer por las amigas! Aunque al final le tengo que estar agradecida porque lo que aprendimos allí vale su precio en oro y sino mirad.

El secreto para que las berenjenas queden deliciosas es cortarlas en rodajas finas y uniformes y meterlas en un bol con leche durante una hora, antes de freír. Debéis ponerles un peso encima, por ejemplo un plato o un tazón, para que queden totalmente cubiertas. Os podéis imaginar que lo primero que hice nada más volver a casa fue probarlo y os aseguro que quedaron igual de deliciosas que las que probamos allí. En este caso, como decía la receta original, a continuación las he secado con papel absorbente, les he pueso sal y las he enharinado un poco, sacudiéndolas para evitar que tengan exceso de harina. Seguidamente las podemos freír. Es importante para que queden deliciosas que haya dos o tres dedos de aceite en la sartén para que en todo momento estén completamente sumergidas. O sea que el aceite las tiene que cubrir por completo y para conseguirlo nos podemos ayudar de una espumadera. En un par de minutos las tendremos listas. Las sacamos y las dejamos sobre papel aborbente antes de utilizar. En Málaga una vez fritas las suelen acompañar de un hilito de miel de caña y están deliciosas (las podéis probar otro día así). A nosotros hoy sólo nos queda ponerles por encima un poco de jarria y acompañarlas con un picadillo de huevo duro y un buen jamón serrano y están listas para disfrutar. Espero que os gusten. Hoy no os quejaréis, tres por uno.

Por cierto, se me olvidaba daros una idea estupenda para estos días tan calurosos. Si tenéis invistados en casa y queréis agasajarlos con una sopa fría podeís servirla en vasitos individuales dentro de una fuente con hielo. Echad mano de vuestra imaginación y seguro que encontráis algo que os pueda servir, incluso una tartera vieja. Es una forma estupenda y original de presentar nuestras sopas frías, muy apropiada para mantener nuestra jarría bien fresquita hasta el momento en el que la vayamos a tomar. Estará deliciosa. Ummm.....

Ensalada de bulgur a la italiana

Uf, con estos calores sólo apetecen cosas bien fresquitas así que inspirándome en el famoso Tabbouleh libanés (una refrescante ensalada a base de perejil, bulgur y tomate) preparé mi propia ensalada con bulgur y la verdad es que estaba muy rica. A lo mejor algunos os estáis preguntando qué es ese ingrediente del que seguro ya habéis oído hablar. Pues bien, el bulgur es uno de los imprescindible en la cocina de Oriente Medio. Con él se pueden elaborar deliciosos guisos, ensaladas, incluso postres. La palabra "bulgur" es sinónimo de "trigo partido", pues se elabora a partir de dicho cereal. El bulgur es en realidad trigo precocido sometido después a un procedimiento de secado antes de ser finalmente troceado. Según sea el color del grano (rubio o rojo) así como el tamaño de los trocitos resultantes (más o menos grandes), el tipo de bulgur varía. Los más grandes se emplean en preparaciones en las que se puede sustituir fácilmente por arroz y los de grano más fino se prefieren para la elaboración de ensaladas o en repostería. Si lo buscáis en las estanterías de las grandes superficies seguramente no lo encontraréis. Es más fácil dar con él en los herbolarios y tiendas de productos ecológicos. Pero si os apetece disfrutar de esta ensalada y no tenéis bulgur a mano la podéis hacer igualmente sustituyéndolo por cous-cous o por arroz.


INGREDIENTES

75 grs. de bulgur, 400 grs. de tomates frescos, 1 bote de garbanzos ya cocidos, 50 grs. de perejil fresco, 50 de rúcola, 75 grs. de aceitunas negras deshuesadas, 1/2 taza de aceite de oliva virgen extra, 1 cucharada de piñones, 1 cucharada de parmesano o grana padano, 12 hojas de albahaca frescas y 10 gotas de limón

Yo las aceitunas negras cuando las necesito deshuesadas las compro en Lidl. Me gusta cómo saben los botecitos que venden allí y además así nos ahorramos bastante trabajo. Pero si tenemos aceitunas con hueso tendremos que deshuesarlas una a una. Hay un aparatito que nos hace la vida más fácil y que sirve también para deshuesar cerezas pero sino podemos simplemente con el cuchillo ir quitando y picando la carne de las aceitunas.


Para empezar con nuestra ensalada tenemos que preparar el bulgur siguiendo las instrucciones del fabricante. El que yo utilicé tuve que cocerlo durante 15 minutos añadiendo el triple de agua que de bulgur. En estos casos suelo medir las cantidades en cazos así poniendo dos cazos de bulgur sé que tengo que añadir seis cazos de agua y me resulta más sencillo. Otros fabricantes indican simplemente que hay que tenerlo a remojo así que lo mejor es que sigáis las instrucciones que se indican en el embase. Si lo cocéis, como hice yo, aseguraros de refrescarlo bajo el grifo de agua fría una vez terminado para detener la cocción. Mientras se hace vamos picando los demás ingredientes. Los tomates los partimos en cuartos para sacarles las pepitas y retirar tanto jugo como nos sea posible. Yo no los pelé y quedaron muy ricos pero si preferís podéis hacerlo. Seguidamente partimos el tomate en pequeños dados y reservamos. A continuación cortamos las aceitunas en rodajas y reservamos igualmente. Picamos el perejil y la rúcola tan fino como nos sea posible y mezclamos todos los ingredientes en un cuenco junto con el bulgur. Ahora vamos a hacer nuestro aceite con sabor a pesto. Sólo tenemos que poner en el robot de cocina todos los ingredientes (aceite, piñones, parmesano, albahaca y gotas de limón) y triturar hasta que nos quede una salsa fina. Con esta salsita vamos a aderezar nuestra ensalada. 

Si la ensalada la preparamos con antelación (p.ej. a primera hora de la mañana) es mejor añadir las hojas verdes en el último momento para que no se queden demasiado mustias. Y si fuéramos a preparar la ensaladapor ejemplo la noche anterior, es mejor dejar a parte también el tomate porque de otro modo soltaría demasiada agua y estropearía igualmente nuestro plato.  Bueno pues si os animáis a prepararla espero que la disfrutéis tanto como yo.