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Espaguetis con ragú de lentejas y nuevo libro de Tessa Kirós

Una de las cosas que esperaba con impaciencia a la vuelta de mis vacaciones era el nuevo libro de Tessa Kirós, Limoncello and Linen water y por fin ha llegado, ya es mío. Así que aunque ando bastante liada estos días no he podido resisitirme a compartir con vosotros este momento tan emocionante. No sé que tienen los libros de Tessa Kirós que me reconfortan tanto. Y me temo que éste que tengo ahora entre mis manos se convertirá rápidamente en uno de mis favoritos. No sólo está lleno de buenas recetas (como los anteriores) sino que además tiene un encanto especial que lo hace único, diferente, maravilloso, irresistible. En este libro Tessa ha querido rendir homenaje a las madres, las suegras y en especial a todas las matriarcas que han pasado por su vida y de las que ha aprendido tantas lecciones. Y qué mejor manera de hacerlo que recopilar algunas de sus recetas y todos esos consejos que ha ido heredando de su sabiduría popular. Seguro que muchas os sentiréis identificadas.


La primera parte recuerda el estilo de los libros de principios del siglo pasado en los que se instruía a las futuras amas de casa sobre las tareas del hogar. Sus páginas destilan un aire retro absolutamente maravilloso, lleno de nostalgia. Me ha hecho recordar a mis dos abuelas que ya no están. El libro tiene el encanto de los tiempos pasados, de las cosas hechas con cariño, sin prisas, de los detalles que convierten cuatro paredes en un verdadero hogar. Podemos aprender a preparar desde un delicioso licor de limón casero (limoncello) hasta un agua de plancha (linen water) para conseguir que nuestra ropa limpia huela estupendamente bien. Entre medias encontramos multitud de sugerencias imprescindibles para un buen fondo de despensa: aceites, vinagres o sales aromatizadas, azúcares perfumados, licores, conservas, mermeladas. También hay consejos. ¿Sabíais que el membrillo se coloca dentro de los armarios como ambientador porque desprende una fragancia muy agradable? Eso sí, nos recomiendan ponerlo dentro de un bol para evitar que pueda manchar algo. Aunque de todos los consejos me quedo con éste, absolutamente genial, de la madre de Tessa Kirós: "Nunca corráis detrás de un hombre o de un autobús - simpre hay otro en camino." Cierto.


Ensalada de cuscús con trigueros, a la mostaza

Sí, ya sé que es la tercera receta con mostaza en lo que va de verano pero es que en casa es un ingrediente que nos encanta y yo la utilizo muy a menudo. Además, como sé que muchos la comprásteis para preparar el salmorejo de espárragos a la mostaza así tenéis otra receta más para disfrutarla. Y como este fin de semana promete ser axfisiante (aquí en España) hoy os traigo un plato sencillo, de esos que no necesitan demasiada preparación. Es fresquito y deliciosamente sorprendente gracias al toque especial que le aporta la mostaza, os gustará.


Supongo que todos o casi todos conoceréis el cuscús.  Es un plato muy popular en la cocina del Norte de África. En realidad el nombre se refiere tanto al grano de sémola de trigo duro que sirve de base al plato, como al estofado (de carne, legumbres, pescado o verduras) que lo acompaña.

Antiguamente, las familias compraban grandes sacos de trigo duro entero y lo llevaban al molino, mientas vigilaban  atentamente para asegurarse de que les devolvían molido su propio cereal. Se podían obtener diferentes grosores. A partir de ese momento comenzaba un proceso de elaboración largo y complejo que siempre ha estado rodeado de un halo de romanticismo. Una vez en casa, lo cribaban, lo humedecían y lo frotaban entre las manos con harina fina. De esta manera los granos de sémola, aumentaban de volúmen. Después se llevaba a cabo la tradiccional cocción al vapor en cuscusera.

Yo siempre había pensado que el cuscús que encontramos en España (precocido) seguramente estaba a años luz de ese otro elaborado a la manera tradicional, con cocción al vapor. Por eso me sorprendió mucho cuando vi que Claudia Roden, confesaba en varios de sus libros de cocina (Arabesque y El libro de la cocina judía) que en una visita a una fábrica de cuscús en Túnez allá por el año 1993, el propietario de la misma al ser preguntado sobre la mejor manera de prepararlo confesó que lo importante es que absorba un volumen igual de agua. A continuación lo único que hay que hacer es calentar el cereal en una cazuela, en el horno o en el microondas y deshacer los grumos (por ejemplo con ayuda de un tenedor). Y añadió: Si la gente lo cuece al vapor, es porque están acostumbrados a hacerlo así. Es un ritual, es parte de su cultura. 

O sea que con el cuscús precocido que encontramos en nuestros comercios el resultado es el mismo que obtendríamos de la manera tradicional, sólo que con menos esfuerzo. Asi que si no lo habéis probado nunca aquí tenéis una oportunidad. Os va a encantar salvo que no os guste la mostaza, claro, porque es lo que le da el toque especial a esta receta.


INGREDIENTES

250 grs. de cuscús, 250 ml. de agua, 35 grs. de mantequilla, 2 botes de garbanzos ya cocidos, 2 manojos de espárragos trigueros, 3 cucharadas de aceite de oliva, un paquete de lonchas de bacon ahumado (tipo Oscar Mayer) que cortaremos en tiritas, mostaza al gusto, 6 cucharadas de aceite de oliva virgen extra y 2 cucharadas de vinagre

ELABORACIÓN

Lo primero es cocer el cuscús siguiendo las instrucciones del fabricante. Los granos se hidratan siempre en un líquido. Para esta elaboración utilizaremos agua con sal y una cucharada de aceite.



Una vez que la sémola está rehidratada añadiremos la mantequilla mientras con ayuda de un tenedor "peinamos" los granos para soltar todos los grumos que se hayan podido formar.  

A continuación lavamos bien los espárragos trigueros. Lo más importante para que nos queden perfectos es desechar la parte más leñosa (la del culo) porque resulta demasiado dura. Pero, ¿cómo saber exactamente dónde hay que cortarlos? La mejor manera es hacerlo a mano. Si cogéis un espárrago sujetando cada extremo con una mano e intentáis partir el extremo más leñoso (justo en el lado opuesto de la yema) veréis que al hacer fuerza se rompe fácilmente por el sitio adecuado.  Los culos los podemos guardar, incluso congelar y utilizarlos para preparar una crema de verduras. La parte más tierna del espárrago la partimos en pequeños daditos y la salteamos en una sartén a fuego medio durante unos cinco minutos. Salpimentamos y esperamos a que los trigueros se terminen de hacer. Cuando estén listos veréis que cambian de color, pierden un poco de volumen y empiezan a arrugarse.  Entonces retiramos del fuego y reservamos. 

Seguidamente salteamos los trozos de bacon en una sartén con un poco de aceite (para evitar que se quemen aunque ellos ya tienen su grasita). A mi personalmente los paquetes de Oscar Mayer o similar son los que más me gustan para esta prepración pero lo podéis sustituir por otro tipo de bacon si os gusta más. Cuandoesté dorado y crujiente lo sacamos a un plato con papel absorbente y lo reservamos.

Ahora hacemos nuestra vinagreta mezclando seis cucharadas de aceite y dos de vuestro vinagre favorito. Seguidamente incorporamos mostaza al gusto, procurando ser generosos. Empezad añadiendo una o dos cucharadas y lo probáis para ver si está a vuestro gusto.

En un bol mezclamos todos los ingredientes: el cuscús ya cocido, los garbanzos bien lavados y escurridos, los espárragos trigueros, el bacon, la vinagreta con la mostaza. Lo llevamos a la nevera y lo dejamos enfriar. En un par de horas ya lo tenemos listo para servir.


SUGERENCIAS y COMENTARIOS

La verdad es que el éxito de este plato radica en la mostaza que es la que le va a aportar ese toque especial, por eso es importante elegir una mostaza de calidad. Utilizad la que más os guste.

Para los que todavía no hayáis encontrado vuestra mostaza (sí, es como el perfume, todos tenemos una) hace pocos días en la receta de salmorejo de espárragos a la mostaza, os hablaba de la mostaza Calvé y os explicaba por qué es la que me gusta a mi para este tipo de elaboraciones. Pues bien, la semana pasada fui al centro comercial donde solíamos comprarla y para mi sorpresa no tenían. De hecho, me ha sido imposible encontrarla en ningún otro establecimiento. Finalmente he llegado a la conclusión de que han dejado de fabricarla ya que el producto ya no aparece tampoco en su página web. Lástima, era realmente deliciosa. Así que después de esa pequeña decepción no me ha quedado otra, después de un montón de años, que comprar otra mostaza distinta. Me decidí por la de Hellmann's (por su aspecto me recordaba a la de Calvé) y al llegar a casa me llevé una grata sorpresa al comprobar que su sabor se parece mucho al de Calvé aunque la mostaza Hellmann's es algo más fuerte (se nota más el vinagre), la otra era un poco más dulce qué le vamos a hacer. Así que a partir de ahora ésta será mi nueva mostaza favorita.

Otra cosa que quería contaros es que esta vez preparé la receta con el cuscús de Intemón Oxfam y no sé si era porque tenía hambre cuando se estaba cocinando pero a mi me olía a caldo de jamón, riquísimo. Os cuento esto porque cuando puedo, colaboro con alguna receta para el facebook de Intermón Oxfam La Rioja. La "culpa" la tiene Eva (una de mis mejores amigas). Es una de las personas más increíbles que conozco y como siempre tiene que estar ayudando a los demás, pues esta vez me ha liado la manta a la cabeza para que de vez en cuando les haga alguna receta con los productos que venden en su tienda. Tienen un montón de cosas ricas con las que no sólo disfrutaréis vosotros sino que además (lo más importante) ayudaréis a que otras personas puedan ganarse la vida dignamente. Si tenéis oportunidad, pasaros por una de sus tiendas.

Bueno, no me enrollo más que disfrutéis del fin de semana.


Alubias con pasta y pistou

Sí, sí, no se trata de un error. Este plato de legumbres con pasta y vegetales no se sirve acompañado de pisto ni de pesto sino de pistou. Que no, que no os estoy tomando el pelo ni se trata de ningún trabalenguas. El pistou, al igual que Teruel, también existe. Y vaya si está rico. Es la versión francesa del puré de albahaca que los italianos han hecho mundialmente famoso con el nombre de pesto (alla genovese). El pistou es típico de una de las regiones con más encanto del país galo, la Provenza y para sorpresa de algunos su uso es tan antiguo como el de sus vecinos italianos con quienes rivalizan respecto de su paternidad. En ambos casos se trata de una salsa en la que se emulsiona y aromatiza el aceite con un puré ajo y albahaca. Los italianos la enriquecen incorporando también piñones y parmesano.  Si os gusta el pesto, el pistou también os encantará.


Es una salsa muy versátil y que está muy rica. Podemos guardarla en la nevera en un tarrito de cristal y se conservará en perfecto estado durante 4 ó 5 días e incluso más. Sirve para darle vidilla a cualquier plato de verduras, a la pasta, a la carne, al pescado, a un arroz blanco. Una simple ensalada de tomate con una cucharadita de pestou se transforma en algo superior, sobre todo teniendo en cuenta que hoy en día resulta imposible encontrar tomates que sepan justamente a eso. Y además, es más barato que el pesto porque nos ahorramos los piñones que cuestan un dineral. ¡Qué más se puede pedir!

Y en cuanto a la receta, es una manera pecfecta de disfrutar de un plato de legumbres en estos días de verano en el que las temperaturas (al menos por el norte) nos dan un respiro.  Aquí en Logroño incluso se necesita una chaqueta.

INGREDIENTES

2 botes de alubias blancas cocidas de 580 grs., 1 cebolla morada, 3 cazos de ditalini o cualquier otra pasta hueca de pequeño tamaño como las conchas,  1 cacito de caldo de pollo Knorr,  3 tomates maduros de tamaño medio, 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, sal, agua para cubrir, sal y aceite de oliva para aliñar el tomate.

PARA EL PESTOU

35 grs. de albahaca fresca, 1 ó 2 dientes de ajo (al gusto), 100 grs. de aceite de oliva virgen extra suave y sal


La elaboración de la receta es muy sencilla. Picamos muy finamente una cebolla morada y la ponemos en la cazuela con un par de cucharadas de aceite de oliva a fuego medio-fuerte (6/7) durante cinco minutos removiendo para que no se pegue. Queremos que coja color. Cuando esté lista incorporamos las alubias bien lavadas bajo el grifo y escurridas. Cubrimos con agua al gusto (dependiendo de si las queremos más o menos caldosas). Seguidamente añadimos el cacito de caldo de pollo y dejamos al fuego el conjunto durante 5 minutos. 

Mientras tanto cocemos la pasta en abundate agua con sal siguiendo las instrucciones del fabricante. Una vez que esté cocida la escurrimos y la incorporamos a la cazuela donde teníamos la legumbre. Seguidamente vamos a preparar los daditos de tomate. 

Si os da pereza escaldarlos para quitarles la piel podéis omitir este paso aunque el plato queda mejor si lo hacemos. Para ello ponemos al fuego una cazuela con la cantidad de agua necesaria para sumergir los toamtes. Mientras tanto hacemos una cruz con el cuchillo en el culo de los mismos. Cuando se produzca el primer hervor los introducimos en la cazuela y los dejamos durante 30-40 segundos (dependiendo del tamaño). Los sacamos a continuación y los metemos en un recipiente en el que habremos puesto agua y  abundantes hielos. Los dejamos enfriar durante varios minutos antes de pelamos. Veréis que la piel sale sola simplemente tirando un poquito con ayuda de un cuchillo. A continuación los partimos en cuartos retiramos la pulpa y picamos la carne en forma de daditos. Si queremos simplificar el proceso podríamos añadir en su lugar tomates cherry partidos por la mitad y nos ahorramos el proceso de escaldado, pelado y troceado. Es importante sazonar los tomates justo antes de servir y aliñarlos con un buen chorrito de aceite de oliva virgen extra. Se añaden en el último momento en el plato, por encima.

Ya sólo nos queda preparar el pistou triturando todos los ingredientes bien en el mortero o con ayuda de un robot. Lo servimos en una jarrita a parte para que cada cual se añada un poquito al gusto. Y ya está, listo para comer. Espero que os guste.

Ay, se me olvidaba deciros que para los amantes del pesto, siempre podéis espolvorear un poquito de parmesano en el momento de servir el plato. 

Ensalada de bulgur a la italiana

Uf, con estos calores sólo apetecen cosas bien fresquitas así que inspirándome en el famoso Tabbouleh libanés (una refrescante ensalada a base de perejil, bulgur y tomate) preparé mi propia ensalada con bulgur y la verdad es que estaba muy rica. A lo mejor algunos os estáis preguntando qué es ese ingrediente del que seguro ya habéis oído hablar. Pues bien, el bulgur es uno de los imprescindible en la cocina de Oriente Medio. Con él se pueden elaborar deliciosos guisos, ensaladas, incluso postres. La palabra "bulgur" es sinónimo de "trigo partido", pues se elabora a partir de dicho cereal. El bulgur es en realidad trigo precocido sometido después a un procedimiento de secado antes de ser finalmente troceado. Según sea el color del grano (rubio o rojo) así como el tamaño de los trocitos resultantes (más o menos grandes), el tipo de bulgur varía. Los más grandes se emplean en preparaciones en las que se puede sustituir fácilmente por arroz y los de grano más fino se prefieren para la elaboración de ensaladas o en repostería. Si lo buscáis en las estanterías de las grandes superficies seguramente no lo encontraréis. Es más fácil dar con él en los herbolarios y tiendas de productos ecológicos. Pero si os apetece disfrutar de esta ensalada y no tenéis bulgur a mano la podéis hacer igualmente sustituyéndolo por cous-cous o por arroz.


INGREDIENTES

75 grs. de bulgur, 400 grs. de tomates frescos, 1 bote de garbanzos ya cocidos, 50 grs. de perejil fresco, 50 de rúcola, 75 grs. de aceitunas negras deshuesadas, 1/2 taza de aceite de oliva virgen extra, 1 cucharada de piñones, 1 cucharada de parmesano o grana padano, 12 hojas de albahaca frescas y 10 gotas de limón

Yo las aceitunas negras cuando las necesito deshuesadas las compro en Lidl. Me gusta cómo saben los botecitos que venden allí y además así nos ahorramos bastante trabajo. Pero si tenemos aceitunas con hueso tendremos que deshuesarlas una a una. Hay un aparatito que nos hace la vida más fácil y que sirve también para deshuesar cerezas pero sino podemos simplemente con el cuchillo ir quitando y picando la carne de las aceitunas.


Para empezar con nuestra ensalada tenemos que preparar el bulgur siguiendo las instrucciones del fabricante. El que yo utilicé tuve que cocerlo durante 15 minutos añadiendo el triple de agua que de bulgur. En estos casos suelo medir las cantidades en cazos así poniendo dos cazos de bulgur sé que tengo que añadir seis cazos de agua y me resulta más sencillo. Otros fabricantes indican simplemente que hay que tenerlo a remojo así que lo mejor es que sigáis las instrucciones que se indican en el embase. Si lo cocéis, como hice yo, aseguraros de refrescarlo bajo el grifo de agua fría una vez terminado para detener la cocción. Mientras se hace vamos picando los demás ingredientes. Los tomates los partimos en cuartos para sacarles las pepitas y retirar tanto jugo como nos sea posible. Yo no los pelé y quedaron muy ricos pero si preferís podéis hacerlo. Seguidamente partimos el tomate en pequeños dados y reservamos. A continuación cortamos las aceitunas en rodajas y reservamos igualmente. Picamos el perejil y la rúcola tan fino como nos sea posible y mezclamos todos los ingredientes en un cuenco junto con el bulgur. Ahora vamos a hacer nuestro aceite con sabor a pesto. Sólo tenemos que poner en el robot de cocina todos los ingredientes (aceite, piñones, parmesano, albahaca y gotas de limón) y triturar hasta que nos quede una salsa fina. Con esta salsita vamos a aderezar nuestra ensalada. 

Si la ensalada la preparamos con antelación (p.ej. a primera hora de la mañana) es mejor añadir las hojas verdes en el último momento para que no se queden demasiado mustias. Y si fuéramos a preparar la ensaladapor ejemplo la noche anterior, es mejor dejar a parte también el tomate porque de otro modo soltaría demasiada agua y estropearía igualmente nuestro plato.  Bueno pues si os animáis a prepararla espero que la disfrutéis tanto como yo.